-¿Qué te hace pensar que quiero pasar el tiempo contigo, Van? Y menos comer en tu compañía de forma exclusiva. Estás aquí por mi Señora, no porque te guarde respeto o me caigas bien-
-Mujer, no seas tan amable, que me harás sonrojar- soltó un bufido, sarcástico -Es evidente que vas a descansar al igual que el resto de las Vakiri y yo no tengo con quién ir debido a que Ren está jugando a las casitas con el guaperas de los Shin- se encogió de hombros
-¿Es que acaso te molesta? ¿Estás celoso, Van? Mi Señora nunca ha estado a tu alcance. Y sabías bien que venía a casarse- contempló ella echándose a caminar, a sabiendas a su pesar que Shan la seguiría
-Me has descubierto. Tengo el corazón roto. Necesito algo de vino para reparar este rotísimo corazón- Ayesha se volvió para mirarle sorprendida. Shan ladeó la cabeza -Que estoy bromeando, mujer ¿Quién te crees que soy?-
-¿Un Van vagabundo que se pega al culo de mi Señora como se pega la piel al hielo?- comentó funesta
-Eso de pegarme al culo de Ren...- lo sopesó. No estaba mal en cuanto a físico, pero no lo valoraba de esa manera -Si ella quisiera sería de otra forma-
-¿Qué has dicho?- Ayesha se mostró ofendida y llevó una mano a la espalda para desenvainar uno de sus katar
-Hey, hey, calma- alzó las manos Shan -Que sigo bromeando-
-Tus bromas no tienen gracia alguna. Eres un hombre demasiado cargante. No sé cómo mi Señora te tolera en lo más mínimo- siguieron caminando
-Hablando de tolerarme- se echó a reir -¿Desde cuando soy su mano derecha?-
-Eso quisiera saber yo- comentó inquisitiva, seca, visiblemente molesta
-Uh-oh, creo que alguien sí está celosa- se mofó
-Me bastarán pocos segundos para arrancarte la lengua. Te lo aseguro, Van- amenazó con la mirada
-Venga ya, Ayesha, sé amable conmigo. Os he acompañado, os he ayudado. Y sigo aquí protegiendo a tu señora ¿No por ello me debes aunque sea algo de compañerismo?- apelaba al honor de la mujer, que no parecía surtir tanto efecto como ser un pesado insufrible -¡Veeenga, por favoooor!-
-Me tienes hasta las narices ¿Qué demonios quieres, Shan?- Ayesha casi se tiraba de los cabellos
-Uh, sabes mi nombre- se cruzó de brazos de nuevo -Bien, bien. Lo que quiero Ayesha es que vayamos a comer juntos y seamos compañeros, nada más. Buenos compañeros para alcanzar más fácilmente nuestro objetivo en común, que no es otro que Ren esté sana y salva y bien a gusto en su nuevo hogar- Ayesha le estudiaba con cuidado y desconfianza -Me temo que si me rechazas, me veré en la obligación de insistir-
-Quiero dejarte una cosa bien clara, Shan. No me eres mi tipo, ni lo más mínimo- aclaró
-Tampoco tú eres el mío. No quiero ligar. No temas por darme la espalda que no te empujaré contra la pared- se echó a reir, Ayesha no -Ejem...- carraspeó -Sólo quiero, si voy a ser parte del séquito de Ren, que me cuentes cosas de ella-
-No la conozco en profundidad- continuó Ayesha -Mi Señora y yo nos hemos conocido poco antes de salir de Ravat- pestañeó
-Bien, bien- sonreía Shan -Seguro, que aún así, puedes contarme algún dato interesante- en sus ojos brillaba una maldad oculta.
Ares y Ren ya habían recorrido un gran trecho del castillo, puesto que el Shin le enseñaba sólo las partes destacadas, ya que en gran medida casi todas las estancias eran iguales. La guía finalizó en la habitación donde ella residiría, en una zona alta y con buenas vistas bajo el balcón, que daba tanto al patio de entrenamiento como a los valles nubosos y neblinosos que había en el horizonte. Desde allí, en ese momento, Ren pudo divisar un relámpago en la lejanía. Un escalofrío le sacudió la espalda -Puedo comprender que tengas frío- dijo Ares, sin mirarla, con la vista clavada en la niebla -Es... normal- suspiró -Vienes de tierras cálidas a uno de los lugares más fríos del continente, sin contar los altos picos de las montañas de Rodgar, donde el clan Wulf- entonces, sí la miró -¿Es por eso lo de la capa, no?- Ren salió de su ensimismamiento y rápidamente apuntó a que sí, claro, a eso se debía y no a la mancha oscura y desteñida que tenía en la espalda -Pediré que se te haga entrega de un futón cálido para dormir- señaló ¿Futón? ¿Ellos usaban futones, como cuando era pequeña? Dormir en uno sería toda una odisea y un golpe de dolorosos recuerdos. En Ravat, al menos los Radih, dormían sobre una especie de colchón rodeados de telas, cojines y sábanas. La chica empezaba a contemplar diferencias y, de cierta manera, le causaba repulsión que el clan Shin fuesen más parecidos al clan Yanagi de lo que ella esperó en un momento dado -Si gustas, puedo enseñarte los jardines- ofreció con una sonrisa amable, pero ella se negó ipso facto con tono seco y cortante. Ares la estudió con detenimiento y eso hizo que Ren se percatase de que su rabia había escapado un poco. Carraspeó y sacudió la cabeza. Se tragó el orgullo para disculparse y pedir excusas, ya que estaba cansada del viaje. Ares, para su sorpresa, se echó a reir. Por un momento parecía que iba a ejecutarla ahí mismo. Aunque sus ojos parecían tan cargados de odio y maldad como los de su madre y su hermano tullido, Ares parecía tener una personalidad más afable, educada y simpática. Mejor, pensó la chica, pues sería más fácil darle esquinazo -Siendo así, puedo dejarte acomodada en la habitación si quieres- asintió mientras hablaba a la chica -Si necesitas algo, pregunta a quien sea. Todos saben quién eres y te tratarán con el debido respeto. De no ser así házmelo saber y me ocuparé personalmente del susodicho o susodicha- inclinó con respeto la cabeza y se dirigió hacia la puerta para dejar sola a Ren, pero antes de abrirla, en cuanto posó la mano sobre la misma, se detuvo como una estatua. Se hizo una quietud extraña en el ambiente. Ren percibía que algo no iba bien. Había un tercer reiki en la habitación. Sus ojos empezaron a moverse nerviosos de un lado a otro ¿Dónde? ¿Quién era? No era Shan, ni Ayesha, ni ninguna de sus Vakiri. Era un reiki que la hacía enfermar, le daba nauseas, la mareaba. Un reiki siniestro, un reiki que casi olía a cenizas, un reiki en comunión con la muerte. Entonces fue cuando percibió un ligero movimiento sobre su cabeza. Ren desenvainó el katar con suma velocidad y lo alzó para contrarrestar la katana que descendió sobre su cabeza a toda velocidad. Las armas chocaron con fuerza y velocidad, expandiendo un ligero zumbido en el ambiente
-Eres rápida, pero no lo suficiente- dijo una voz joven tras la blanca máscara. Ren se vio sumida en una pequeña espiral de pesadilla al verse enfrentando a un Shin de forma tan brusca y despreocupada. Una de las manos del joven se disparaba hacia Ren con suma velocidad mientras la contenía ejerciendo fuerza sobre la katana. Era rápido y para ella tarde, la había tomado desprevenida. No, no iba a morir ahí, jamás. Estuvo a punto de desatar su reiki cuando una tercera mano apareció en discordia, agarrando la mano del atacante de Ren, lanzándolo contra el suelo y desarmándolo. Todo ocurrió en segundos. Demasiado veloz
-¿¡Qué crees que estás haciendo!?- rugió Ares, desenmascarando al joven. En efecto, era un adolescente. Todo un adonis, guapo, de facciones marcadas y varoniles. Un cabello medio largo perfectamente peinado hacia atrás, ahora despeinado contra el suelo. Reía a voces bajo la mirada amenazante de Ares
-¡Para, para, para, me haces daño!- reía y reía
-¿Daño? Eres un imbécil, idiota e irrespetuoso- regañó -Discúlpate en seguida, Helios- lo soltó, ordenándole con un gesto que se pusiese en pie. El joven obedeció. Ren pudo calcular que no debía tener más de dieciséis años y aún así, había demostrado ser hábil, ágil y rápido
-Mis más sinceras disculpas, señorita Radih- dijo con media sonrisa embaucadora -Me llamo Helios Shin, y soy el hermano menor de este garrulo con el que te vas a casar. El menor de los tres hermanos, en general- inclinó la cabeza -Lamento este ataque tan fortuito, quería ponerte a prueba. No puedo permitir que mi hermano se case con una mujer que no está preparada para defenderse por sí sola, por el bien del clan- dijo serio, hasta que recibió una terrible colleja de Ares que lo hizo enrojecer de rabia
-Si vuelves a intentar tocarla, te corto las manos. No toleraré insultos contra ella ni actitudes mínimamente libidinosas- terció. Ren arqueó la ceja ¿Libidinosas? Helios se echó a reir avergonzado y entonces ella se detuvo a pensar. Por un momento pensó que pretendía clavarle algo en el corazón, pero al ver que el muchaho estaba desarmado más allá de la katana, supo que lo que pretendía no era otra cosa que... tocarle el pecho -Lárgate- ordenó Ares. Helios le guiñó un ojo a la muchacha y alzó una mano ejerciendo un sello para canalizar el reiki. Sin embargo su expresión burlona se borró ipso facto. No tardó en casi echarse a llorar, gritando, agarrándose la mano. Ares le había dislocado la muñeca y no se había percatado ¿Cómo lo había hecho?
-¡Maldito bastardo! ¡Duele! ¡Aagh!- se quejó Helios
-Con eso aprenderás. Ve con madre y explícale por qué te ha pasado, ella te ayudará. Y te destrozará- dijo, obviando definitivamente a su hermano menor, que se marchó a toda prisa. No dejaba de ser un niño, pensaba Ren. Un niño insufrible que moriría de la misma forma que sus hermanos -Perdónale- se inclinó respetuosamente ante ella. Tanto que hasta la chica se sintió incómoda. Parecía suplicar por su vida -Helios es el menor y por lo tanto es el más mimado por mi madre, Hecate. Eso le convierte en un arma de doble filo. Tiene la habilidad para ser un gran guerrero a la vez que es un mocoso consentido que se deja llevar por las pasiones de... la carne- volvió a mirarla a los ojos -No volverá a molestarte con semejantes ordinarieces. Suplico tu perdón y mi torpeza. Pensé que no lo haría, que me ponía a prueba- Ren arqueó las cejas y suspiró. Aceptó sus disculpas y esperó a que se marchara. Una vez se quedó a solas, se asomó de nuevo al balcón y contempló el horizonte. Tenía que arreglar el tema de su cabello cuanto antes, debido al tiempo de Shin. Luego, comenzaría su plan.
Al día siguiente, por la mañana, Ren despertó con el murmullo lejano de una gran batalla. Se sintió mareada al ver que realmente estaba en Shin y que no se trataba de un mal sueño. Todo cuanto la rodeaba le daba asco e impulsos asesinos. Aún así, aquellas voces no eran un sueño. Bajo el balcón, hacia el patio de entrenamientos, pudo distinguir a varias docenas de hombres practicando para la batalla con sus respectivas katanas de madera, combatiendo entre ellos con una maestría abismal ¿Pero por qué? ¿Se preparaban de nuevo para una batalla? ¿Era esa la realidad del clan Shin? De ser así, su benefactor Assar tenía razón. Eran animales rabiosos de mordedura venenosa. Hacía bien en colaborar con él para obtener su venganza. Sería un bien mayor para el mundo que gente así desapareciese para siempre.
La chica descendió de su habitación para encontrarse a Ayesha guardando la escalera que daba hacia sus aposentos. La mujer tenía aspecto de no haber descansado demasiado bien -Mi Señora- saludó con una inclinación de cabeza -¿Has dormido bien?- Ren mintió al decir que sí. Realmente hacía frío a pesar de que el futón era ancho y con propósito de ser cómodo. Aún así, le parecía que olía a tierra mojada y lluvia. Y el tacto del futón en su piel le traía recuerdos que antaño fueron felices y ahora eran capaces de romperle el corazón -¿Yo? Oh... no te preocupes- se llevó una mano a la frente -Es sólo que Shan quiso acompañarme a comer anoche, quiso beber, es muy pesado, muy insistente...- Ren ladeó la cabeza ¿Y lo consiguió? ¿Se emborrachó con Shan? ¿Es que acaso ellos dos ahora...? -¡NO!- tronó, sin esperar que su voz sonase tan fuerte -Quiero decir... no, mi Señora, por las arenas. Jamás se me ocurriría, quiero decir, es que yo...- Ren no tardó en restarle importancia al asunto. Ellas querían protegerla, debían protegerla, pero no eran su pertenencia. Podían coquetear, hacer amistad y yacer con quien les placiera -Aún así- insistió Ayesha -Entre ese hombre y yo no hay más que una delgada linea que separa la alianza de la enemistad- la mirada de la Vakiri era tan severa que Ren no pudo evitar soltar una risilla. Shan realmente era un tipo ofensivo y molesto. Y hablando del cual ¿Dónde se hallaba? -Está fuera, contemplando los entrenamientos- Ren frunció el ceño y asintió, destinándose hacia el lugar.
Allí en el patio se congregaba un gran número de Sombras que entrenaban entre sí, pero toda la atención se centraba en un punto concreto, bajo una especie de pagoda, donde eran los hermanos del clan Shin quienes entrenaban. Bajo la atenta mirada de Hades y Hecate, Helios se enfrentaba contra tres guerreros Sombra a la vez. Desviaba sus golpes con suma precisión, enfrentándose en cuerpo a cuerpo, sin armas. A pesar de ser joven, Ares tenía razón. Poseía una gran habilidad para el combate. Ren supo que no debía desdeñarlo por ser un niño. Llegó junto a Shan, que se hallaba en una esquina, observando el combate -Mi Señora- dijo con tono sarcástico -Buen y propicio día- había algo en su mirada, en la forma de estudiarla, que la incomodaba. Era como si de pronto supiese más de ella de la cuenta. La chica quiso saber si ocurría algo -Oh, no, nada. Sólo admiro los entrenamientos Shin. Son bastante duros. Verdadermanete severos- dijo señalando al joven Helios -¿Ya conoces a tu cuñado menor?- ella asintió no de muy buena gana -Es un pequeño animal salvaje. Un lobo sin miramientos. Aún así hay flaquezas, tiene muchos puntos abiertos. Creo que todos los Shin los tienen- se cruzó de brazos
-¿Tú crees?- la voz de Ares los sorprendió a ambos, incluso a Ayesha, junto a Ren -Me ilumina tu conocimiento sobre el combate, Van- le sonrió con solemnidad
-He hecho mis pinitos. He viajado mucho y he vivido notoriamente más que tú. Creo que mi experiencia tengo- le devolvió la sonrisa con sorna a Ares. Era cierto. Shan parecía sacarle varios años de ventaja al Shin. Aún así se estaba creando un pequeño ambiente de animadversión. Ares era educado, mucho más que el resto de su familia, pero no por ello dejaba el orgullo de su sangre a un lado y menos por parte de un Van
-Supongo que no te importará demostrarlo- le ofreció entrar en el area de combate. Shan miró a Ren
-¿Puedo?- ella se cuestionó si realmente él se iba a dejar arrastrar a ello -No me importa patearle el culo a algún que otro Sombra- se encogió de hombros. De ser así, Ren le dijo que hiciese lo que quisiese. De esa manera Shan entró en el area de combate cuando Helios acabó con sus compañeros de combate. Se hizo un silencio. Hecate se deshizo en una amplia sonrisa
-Vaya... el guardaespaldas de nuestra señorita Radih- dijo dando un sorbo de vino -¿Qué necesitas, buen hombre?- preguntó con falsa cortesía. Hades, a su lado, lo mutilaba con la mirada
-Esto... a ver... Es que Ares me ha pedido que demuestre mi valía y...- se rascaba la nuca, nervioso por tantos ojos clavados en él -Aquí estoy, esperando algún compañero que...-
-Ares- llamó Hades, inclinándose hacia delante -Ares luchará contra ti- decía con voz cruel
-¿Qué?- Hecate lo miró con dureza
-Ningún líder que se precie envía a un hombre a luchar sin exponerse a sí mismo. Ares es el sucesor del clan y debe dar ejemplo- la voz sonaba hueca tras la máscara -¡Ares, sal y lucha! Demuestra a nuestro invitado Van- expelió el nombre con cierto tono de asco y vergüenza -lo que la sangre Shin es capaz de hacer- hubo un repentino silencio, hasta que Ares apareció dentro del area de combate. Los contendientes se miraron
-¿En serio vamos a hacer esto?- Shan miró a Ren
-No era mi intención luchar contra ti, pero he de admitir que puede ser instructivo a la par que interesante-
-Sobre todo instructivo, puedo enseñarte un par de trucos que...-
-Instructivo para ti, Van- dijo Ares con un pequeño deje de altivez -No perderé ante la mujer que será mi esposa. Es una deshonra- desenvainó la katana que llevaba a la espalda
-¿Una deshonra?- se echó a reir Shan -No vas a conquistar el corazón de una mujer ganándome en un combate. Eso se estilaba en tiempos mucho más antiguos- desenvainó la suya de la cadera
-¿Conquistar el corazón? Como digo, es un deshonor ¿Qué clase de hombre no puede protege a su familia? Si no eres capaz, no eres digno. Y si no eres digno, lo mejor es morir en lugar de ellos- recitó solemne
-¿Quieres cómo es la clase de hombre que no puede proteger a su familia...?- la sorna de Shan desapareció de un plumazo -Déjame mostrártelo...- musitó para sí mismo mientras Hades alzaba una mano
-¡Luchad!- vociferó con tono excitado
[Naruto Shippuden OST - Blind Animal [Extended]]
-Tantas cosas te quedan por aprender...- apretó la mandíbula Shan empujando a Ares hacia atrás con un fuerte golpe de espada. Los contendientes se separaron y volvieron a golpearse el uno al otro. Hubo una rápida sucesión de ataques que se repelían el uno al otro, creando un rítmico zumbido de acero en el ambiente. El reiki de ambos sobrecogía a los presentes. Ren incliso se permitió tragar saliva, pues no era capaz de adivinar quién de los dos era más poderoso ¿Sería posible que Shan estuviese al nivel del futuro sucesor de los Shin? ¿O es que Ares realmente no era tan poderoso como ella esperaba? La respuesta tardaba en llegar mientras los contendientes no cejaban en su empeño de cortarse en pedazos el uno al otro. Ares no paraba de moverse de un lado a otro, como una sombra, a veces tan rápido que parecía desvanecerse en el aire. Shan sin embargo se mantenía quieto, inmóvil, interceptando cada ataque con una gracia sobrenatural, como si fuese capaz de leer los movimientos del muchacho. Viendo ambos que ese combate no les llevaba a ninguna parte, Ares fue el primero en movilizarse. Con la mano desarmada, formuló unos sellos que canalizó el reiki en la misma liberándolo en una explosión de corriente y chispas eléctricas
-¿Podrás con ello?- preguntó burlón
-¿Tú que crees?- Shan mostró una sonrisa confiada mientras oía el tronar y chirriar de los relámpagos en la mano de Ares. Sabía que en ese instante, la mano del Shin era el triple de filosa y penetrante que un arma de acero. Si le tocaba, podría partirle en dos. Así fue como Ares se lanzó en una veloz carrera contra Shan, encogiendo el estómago de los espectadores, que esperaban ver cómo a Ares se le iba la situación de las manos y atravesaba de lado a lado el pecho del Van con su mano desnuda. Hades sonreía bajo la máscara, esperando ver semejante muestra de crueldad. Hecate sin embargo miraba a Ren, esperando ver alguna reacción reveladora por parte de la chica. Sin embargo, en la batalla, nadie esperaba ver que Shan clavase la katana en el suelo con fuerza, canalizando su reiki a través de la misma, alzando un muro de tierra y piedra ante él en el momento justo en el que Ares lanzaba la mano electrificada contra su cuerpo. La mano del Shin atravesó el muro con un estallido de polvo y fragmentos de minerales, absorto y sorprendido
-¿Cómo es posible...?- trató de desenterrar la mano del muro, pero estaba prisionero
-Como he dicho, aún eres un niño si crees que subestimar al enemigo es una sabia estrategia. Prejuicios, Ares Shin, son capaces de llevarte a la tumba. Ahora déjame enseñarte lo que un hombre incapaz de proteger a sus seres queridos es capaz de aprender. Podrás sacar tus propias conclusiones... o no- sus ojos brillaban de pura malicia. Con el gesto de una mano, un viento furioso comenzó a envolver a Ares hasta el punto de formar un pequeño torbellino, tan veloz y gélido que le provocaba pequeños cortes en la piel, como agujas que le atravesaban desde un millar de sitios distintos. Hecate se puso en pie en ese mismo momento con intención de detener la batalla, pero Hades la agarró del brazo y la obligó a sentarse
-No ahora, madre. Contempla el futuro del clan Shin- dijo lleno de resentimiento.
El muro que mantenía prisionero a Ares se abrió en dos como las puertas del sésamo y lo rodeó, moldeándose, como una especie de cúpula de tierra que lo mantenía prisionero dentro, envuelto en el torbellino cortante. Aún así, Ares no gritaba ni suplicaba el cese del combate. Shan puso fin a la batalla entonces sacando la espada de la tierra y alzándola hacia el cielo. El reiki convocó un relámpago de los cielos nublados que cayó sobre la hoja de la katana, enlazándola con los cielos, como una especie de correa para atar a un animal salvaje
-Siente la ira del cielo, Shin... por los pecados que cometisteis- musitó antes de descargar la espada contra la tierra. El cielo rugió por un instante, como si un dragón anidase en las nubes. Un relámpago cayó justo sobre la cúpula de tierra que mantenía encerrada a Ares, un relámpago que a primeras instancias serpenteaba como un gran dragón. El estallido fue tal que la cúpula de tierra se deformó en miles de pedazos, levantando una nube de polvo. Ares apareció arrodillado en el suelo cuando ésta se disipó, apoyado sobre su katana, respirando con dificultad. Sus ropajes oscuros y su armadura del tronco y brazos estaban completamente chamuscadas y hechas pedazos. Le sangraba ligeramente la nariz y la comisura de los labios. Sus ojos cansados contemplaban con furia al Van -Sigues vivo- se sorprendió Shan
-Hace falta más que un Van para matarme...- desafió
-Me matarán por haberte presionado hasta tal punto, así que sólo hace falta un Van para matar a un Van- se echó a reir
-No te harán nada, yo te desafíe a entrar aquí y mi hermano me eligió como contrincante... Has luchado bien. Eres toda una caja de sorpresas...-
-¡¿Dónde están los médicos!?- rugió Hecate, viendo herido a su hijo mediano. Hades se había puesto en pie con la vara y se había marchado en silencio. Helios contemplaba en silencio, muy serio, la derrota de su hermano de parte de un Van. Aunque todos los presentes ya sabían que Shan no era un Van común. Era un Van en comunión con el reiki, capaz de dominar diversos elementos. Era un arma terrible y estaba empuñada por Ren, una Ren que trataba de mantener oculta una sonrisa cargada de placer y triunfo, pero sus ojos la delataban mientras observaba a Shan. Tenían mucho de qué hablar sin duda alguna. Ahora era ella quien sentía que sabía mucho más de él. Ver a Ares avergonzado ante su clan, ver el temor en los ojos de los Shin por un sólo hombre, era el mayor placer y gozo que jamás había sentido la chica. En cuestión de momentos después, llegaron unos médicos para llevarse a Ares a la enfermería para sanar cualquier herida. Shan no recibió ningún castigo, pero fue notoriamene más respetado y temido por los soldados Sombra de la aldea.
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[Naruto Shippuden OST - [Unreleased] Ritual V4]
Ares pasó todo aquel día y la noche bajo tratamiento médico para vendar sus heridas y controlar su estado de salud. A pesar de que había sido un durísimo golpe, según los médicos, no había sido con intenciones letales. De haber sido golpeado por aquel relámpago con forma de dragón sin la protección de la cúpula de tierra y la que el propio Ares se creó a sí mismo con elemento eléctrico, su cuerpo podría haber colapsado debido a la intensidad del impacto eléctrico sobre su cuerpo. En resumen y en feas palabras para Hecate, con sumo respeto a la líder del clan, le ofrecieron la enhorabuena porque su hijo no había estallado en mil pedazos. La mujer pensaba en ello detenidamente, tanto en el combate como en los resultados médicos de Ares. Luego pensaba en el Van, un hombre que trabajaba como guardaespaldas de Ren... Sabía que tenía que tenerlo bajo control, vigilado, a la vez que la chica se hacía a las costumbres de los Shin y de Midna en general. Aquella mañana había llegado una llamada de emergencia de un pueblo cercano con la frontera de Rodgar. Decían oir extraños ruidos durante la noche, fuegos en las montañas de la frontera y algunos decían haber visto hombres extraños que no habían visto jamás. Hecate y Hades sopesaron la idea de que fuesen miembros del clan Wulf que esperaban atacar la frontera y estuviesen valorando la situación antes de lanzarse a la conquista. Los Shin no podían permitir que de nuevo se llevase a cabo aquellos asesinatos como hacía dieciséis años -Debemos limpiarles de nuestro camino- terció Hades, siempre malhumorado
-No podemos ir a la guerra de nuevo, el clan Wulf es más extenso que el Yanagi y cuentan con el terreno a su favor- bebió un trago de su vino Hecate
-Podemos ir a la guerra. Son extensos pero no tan peligrosos. Los Wulf son salvajes- aporreó el suelo con el puño -Nuestros Sombras serán suficientes. No necesitamos que mi hermano...-
-No habrá declaración de guerra sin un Shin dirigiéndolo-
-¿Y qué hay de ti, madre? Sabes luchar, pero nunca lo haces ¿Por qué?- preguntó seco
-Porque mi batalla está aquí, en este castillo, contra ti y tu afilada lengua. Mide tus palabras y tus pensamientos Hades. En ocasiones, pareces el único enemigo que tengo cerca de mí y de tus hermanos-
-No toleraré insultos, aunque seas mi madre- hubo un tenso silencio
-¿Y qué pretendes que hagamos sin Ares, Hades? ¿Irás tú a las espaldas de algún Sombra? ¿O pretendes enviar a tu hermano Helios? ¿Quieres ver su cabeza colgando en lo alto de los picos de Rodgar?- frunció el ceño
-Pones palabras en mi boca que no he dicho. Y aunque así fuera, madre, nunca enviarías a Helios a la guerra. Es demasiado importante para ti. Más que Ares. Y mucho más que yo- le tembló la mano de frustración
-Mis tres hijos sois igual de importantes. Por eso no quiero declarar más guerras-
-Falacias. Desde hace dieciséis años yo no soy uno de tus hijos. No me tratas como tal. Aunque esté herido y tullido tengo el mismo derecho. No, más derecho que cualquiera de ellos a liderar este clan. Debería ser yo la mente militar pensante, debería dictar las sentencias, debería ser yo quien se casara con esa Radih que pulula por los pasillos del castillo- dijo asqueado
-¿Quieres una mujer después de tantos años? ¿Cuantas concubinas has rechazado?-
-¡No estoy diciendo tal cosa!- volvió a aporrear el suelo -Si por mi fuera, esa ramera Radih estaría colgada de un puente desnuda a merced de los cuervos. Ya sabes que opino del sacrílego matrimonio que tienes preparado para mi hermano. Será la perdición del clan. Manchar la sangre Shin con los falsos ilusorios de Radih. Nos condenas a un hijo engendrado que en un futuro nos supere en poder a todos nosotros y conquiste estas tierras para su abuelo- gruñó
-O Ravat para su abuela- sonrió pacífica -En cualquier caso, Hades, no estamos hablando de la boda entre la chica y Ares. Nos atañe de una maldita vez el peligro Wulf en la frontera. No voy a declarar la guerra, pero sí a imponer respeto por nuestros territorios. Y para mostrar la lealtad de esa ramera Radih que mencionas, la enviaré junto a sus Vakiri y el Van con nuestras unidades en misión de Clasificicación Negra- dijo tranquilamente
-¿Dejas el respeto por nuestro clan en manos de una forastera? Has perdido el norte, definitivamente- se quejó, poniéndose en pie -No tengo nada más que hablar con una traidora de nuestros principios, aunque seas mi madre- se marchó a paso lento, apoyado en la vara
-No necesito tus palabras, ni tu apoyo...- susurró, dando otro sorbo a su vino -Mis planes se llevarán a cabo, se oponga quien se oponga. Estoy segura de que tú me apoyarías si estuvieses aquí, y que lo haces aún en tu ausencia...- empezó a sonreir, dejando que una gota de vino escapara por sus comisuras como si fuese sangre. De su reiki, emanaba una forma sombría a sus espaldas, que evocaba el recuerdo del fallecido Caronte -No me temblará el pulso en sacrificar cualquier vida por la grandeza de nuestro clan y el devenir de nuestra sangre...- rió un poco -Y esta chica Radih... aún puede servirme de mucho mientras me demuestra su... valía...- la sombra de Caronte comenzó a desvanecerse mientras ella bebía y reía sola, perdida en sus delirios y sus planes siniestros, preparando las fichas sobre el tablero.
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