lunes, 1 de mayo de 2017

Dieciséis años después


[Naruto Shippuden OST II - Floating Dead Leaves]

El agua oscura se deslizada sobre la piel de la mujer, mientras ésta realizaba su labor totalmente abstraída. Sin querer formar parte de aquel lugar en el que estaba, frotaba sus cabellos húmedos con el mejunje que portaba en sus manos. Apenas pestañeaba, pues su mente navegaba lejos de aquella bañera, en un lugar más fresco, en un lugar más sombreado. A veces, los recuerdos aparecían en su mente sin tan siquiera convocarlos. Era parte de su vida, parte de su pena, el sentir como las raíces de su ser tiraban de ella misma hacia un pasado que no hacía más que doler en lo más profundo de su corazón. Suspiró cuando empezó a volver en sí. Alzó las pestañas, espesas y negras, para admirar el los rayos de atardecer que se colaban por el pequeño ventanal del baño. Se sentía una minúscula parte de un mundo repleto de guerra y resentimiento. ¿Que podía hacer ella? Si tan solo valiese el ímpetu y el tesón de su corazón para hacer frente a todo aquello contra lo que quería luchar... Volvió a suspirar, dejando de lado la actividad con sus cabellos, que habían quedado, una vez más, ennegrecidos como el carbón. Se enjuagó las manos en el agua, tan oscura como el tinte. Aquella tonalidad le molestaba, alterando su estado de ánimo. Se sumergió por completo en el agua, rodeada, una vez más, de oscuridad.

Cuando salió de la bañera, perfumada con aroma de lavanda y azahar, se colocó su qamis blanco con ribetes verdes, el cual quedó un poco oscurecido por la parte de la nuca cuando Ren dejó los cabellos caer a su espalda. Dejando atrás el baño, se encaminó hacia su habitación. Como un alma en pena, vagaba por los pasillos, dejando que su silueta fuese iluminada por la cada vez más tenue luz del sol, que se colaba por las celosías que componían casi todo el hogar del Vikar Radih, su clan, o eso quería intentar pensar. Sin embargo, su destino pareció alejarse a kilómetros de distancia de ella, cuando Rash, el único hijo de Assar, la interceptó. No dijo nada, pero Ren sabía que era una especie de obligación pararse a saludar, sobretodo, dado que no había visto a su hermano en todo el día. Rash se acercó a ella, y tras colocarle las manos en los hombros, le proporcionó un caluroso beso en la frente. Seguramente, para el joven, que no era demasiado alto, había supuesto un gesto de cariño inconmensurable. Para Ren, solo era un gesto carente de emoción. -¿Como estás, hermano?- preguntó la chica, carente de expresión.
-Cansado. Ha sido un día duro. Esperaba verte hoy con nosotros- comentó, con una sonrisa permanente en los labios.
-Ya... es que no me encontraba bien- mintió la chica.
-Tú y tus problemas de salud. Cualquiera diría que tu fortaleza debe asemejarse a la de un árbol centenario- aquello último, lo dijo en voz baja. Ren, por instinto, miró a todas partes.
-Cállate. No me gusta que digas esas cosas-
-Vale, perdona. No lo volveré a decir. No es mi intención tampoco decirlo. Mi deseo es que seas de aquí y no de allí- añadió con palabras clave -Llevo años intentando que lo sientas-
-Y lo siento-
-Por eso no vienen conmigo y con padre cuando entrenamos-
-Yo no tengo nada que ver con eso-
-Si que tienes-
-No es posible-
-No te digo que lo hagas posible. Te digo que aprendas por tu parte lo que te corresponde. Padre quiere ayudarte, siempre lo ha dicho. No quiere que te estanques. Haremos lo posible- Rash mantuvo la mirada a Ren, perdiéndola rápidamente cuando la chica agachó la cabeza.
-Es que...- suspiró -No consigo encontrar las fuerzas que me ayuden a hacerlo- Las manos del joven, de estar posadas sobre los hombros, pasaron a colocarse en cada mejilla de la chica, obligándola a mirarle. Los Ravat y su calidez... escapaban al entendimiento de la muchacha.
-Mañana vamos a repetir lo que hemos hecho hoy. Ven con nosotros, estaremos solos- Ren mantuvo el silencio un momento, para después suspirar.
-Esta bien, esta bien...-
-Has vuelto a teñir tu pelo ¿Verdad?- cuando Ren se percató de que la conversación había cambiado de dirección, encontró ahora, una de las manos del joven ondulando un mechón de pelo al rededor de su dedo con un mimo que resaltaba por si solo. 
-Si... bueno... lo de siempre- Ren se retiró ese mechón de pelo, colocando los cabellos tras la oreja.
-Me gusta más así. El oscuro te queda mejor, te realza los ojos. Eres una mujer bellísima, hermana- Por alguna razón, la chica se sintió incómoda y dio un paso atrás. A veces, su hermano era demasiado cariñoso con ella y eso la espantaba. Pensaba que debía ser, porque en el fondo, no lo consideraba un hermano de verdad, y cualquier muestra de cariño familiar era rechaza automáticamente.
-Mañana nos vemos ¿De acuerdo? Iré contigo y con padre a entrenar, pero no os prometo nada.-
-Procuraré que esos ánimos tuyos se levanten. Hablaré con padre. Algo podremos hacer- Ren no se despidió, sino que retomó su camino y se dirigió, por fin, hacia la puerta de su habitación.


[Naruto Shippuden OST III - Nostalgia]

Al cerrar la puerta a sus espaldas, se sintió acogida por la cómoda soledad que la rodeaba. Las celosías estaban tapadas por los visillos anaranjados, lo que daba a la habitación un toque lúgubre y alejado de toda claridad. Ren se dejó caer sobre su cama, envuelta en cojines redondos de múltiples colores. Escondió su rostro entre las sábanas, con las cuales se arremolinó sin volver a quitarle la ropa.

Estaba cansada, después de tantos años. Cansada de no ser ella, de fingir ser otra mujer. Cansada de tener que agradecer día y noche a Assar el haberla acogido como su padre y no tener manera de devolverle el enorme favor. Cansada, de no hacer más que pasar las noches en vela, envuelta en horribles pesadillas en las que recordaba aquella noche de la masacre. Cansada, de tener que admitir que en su mente, el rostro de sus familiares ya no era tan nítido, y que sus voces, el tono, la musicalidad de las mismas, ya las había olvidado. Y sobretodo, cansada de estar dolida y sin ánimos. Apagada, casi muerta.

Ren se miró las manos oscuras, aún teñidas de negro. Cerró el puño. ¿Cuanta veces había añorado la valentía de la que escaseaba? ¿Cuantas veces había deseado poder luchar? La sed de venganza, jamás había desaparecido de su interior, pero... ¿Como hacerla renacer? Ella sola, quizás junto con el clan Radih... contra todo imperio. No podía hacer nada. No había oportunidad alguna que tomar. Y sin embargo, la deseaba tanto que... Una lágrima se escapó de su ojo, la cual paseó por toda su mejilla hasta terminar desbordaba sobre la almohada. 

¿Por qué? Era la pregunta que muchas veces se había hecho... ¿Cuando... iban a pagar?.

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