-Según- terció Ayesha, dando un paso al frente -Si me dispensáis, Señor, pero no toleraré ir con vos. Yo debo acompañar a mi Señora, allá donde vaya. Y todas mis mujeres opinan lo mismo. Podría ser más inteligente dejar que el Van os acompañe- dijo mirando a Shan
-Yo no tengo nngún problema- se encogió de hombros -Una persona que otra, me da igual a quién acompañar- Ren sin embargo no tardó en alzar la voz para dejar claro que él era su guardaespaldas ¿Qué sentido tenía si ahora se separaba de ella? -Tu guardaespaldas, sí- terció con sequedad -Pero sigo esperando mi pago- Ren fue rápida al apuntillar con una mirada significativa que lo tendría cuando su padre viajase hacia Shin. Ambos se miraron en silencio durante unos segundos
-Sea pues- finalizó Ares la conversación alzando la mano -Ayesha, acompaña a tu Señora. Vosotras venís conmigo- señaló a unas cuantas, que miraron a su capitana Ayesha, esperando instrucciones
-Obedeced a mi Señor en todo cuanto os ordene. Le debemos lealtad como a nuestra Señora- dijo autoritaria
-Por favor... dejad de dirigíos a mí como "vuestro Señor", "vos" o cualquier formalismo de ese modo- se rascó la nuca, sin tratar de ofender -No soy ningún Señor, no soy un rey o un lord, sólo soy un guerrero Shin-
-El futuro sucesor del clan Shin y futuro esposo de nuestra Señora- bajó la cabeza Ayesha en señal de respeto
-Eso no me convierte en Señor de nadie. Porque nunca lo he sido ni lo seré. Tengo entendido que los clanes sólo somos fuerzas militares que protegemos nuestro hogar y nuestra región, nuestro país. La política se la dejamos a los políticos ¿O no es así en tu tierra?- Ren arqueó ligeramente la ceja. Cierto era, en Ravat, Assar se comportaba a veces como un rey. Sin embargo, los Shin tampoco debían comportarse como si fuesen un simple ejército que obedecía sólo al deber. Tomaron la decisión equivocada de arrasar con Shizune al completo. Aniquilaron a los dos clanes y a los civiles sin miramiento alguno. En ese entonces no hubo convenciones de paz ¿Ahora les molestaba que los llamaran Señores? Tras la reflexión, la chica simplemente aceptó sus palabras. Ayesha y las demás entonces obedecieron la voluntad de Ares, tuteándole y dirigiéndose a él por su nombre de pila en lugar de otorgarle ningún título honorífico -Bien- sonrió -Pues lo que haremos será lo siguiente. Iré a interrogar a los lugareños de la zona. Hablaré con ellos y esperaré a que me den datos suficientes para saber por dónde empezar. Mientras tanto, Ren, junto a Shan y Ayesha y las demás, recorred y peinad la zona en busca de algún movimiento sospechoso. Si encontráis a algún Wulf, capturadlo y hacedle cantar cueste lo que cueste-
-A sus órdenes- dijo Shan con un suspiro. Ambos se miraron con tensión
-Procura no matarlos antes de tiempo- apuntó Ares
-No lo haré si no tratan de matarme antes- dijo sarcástico, refiriéndose a cómo fue Ares el que inició un ataque mortal en aquel combate "ceremonial" de entrenamiento
-Me parece lícito en ese caso, esto no es un entrenamiento-
-Lo sé, lo sé muy bien- se mantuvo con una sonrisa socarrona mientras Ares y la divisón de Vakiris que le pertenecía se marcharon a toda velocidad hacia la aldea más cercana a la frontera, donde habían avistado a los Wulfs. Por lo demás, Shan, junto a Ren y Ayesha y compañía, se dirigieron hacia el interior de aquella tierra baldía, rumbo a las montañas y los árboles muertos.
No pasó mucho tiempo mientras recorrían el terreno cuando Ren abrió la boca. Quería hablar con Shan y este, en silencio, esperaba que ella empezase la conversación. Podía imaginar sobre lo que quería hablar. La chica le interrogó respecto a la pequeña batalla que tuvo contra Ares. Shan suspiró -¿Qué hay de malo en lo que hice?- mientras corrían y sus ojos se movían atentos a cualquier movimiento extraño, Ren seguía con sus cuestiones ¿Por qué así? ¿Por qué esa devastadora demostración de poder? ¿Esperaba conseguir algo? -Conseguir algo...- reflexionó -Quizá sí- soltó una risilla. Ren, por otro lado, le recordó que podría haber causado estragos -¿Estragos? ¿Cómo qué? ¿Matar al sucesor de Shin?- llegaron a un punto en el que las montañas empezaban a ascender hacia el cielo y un amplio bosque nevado repleto de árboles muertos y secos se abría ante ellos. Sería un laberinto. Ren ordenó a Ayesha y a las Vakiri separarse de ella y de Shan para peinar el bosque en dos direcciones. La capitana, aunque sin mucha ilusión, obedeció como siempre a su Señora. Por fin solos -¿Es eso lo que te preocupaba?- preguntó, mirando a Ren, cuando por fin estaban a solas sobre la nieve. Ella asintió -No sabía que te importase tanto tu matrimonio- dobló la sonrisa -Dabas la sensación de que no te sentías nada a gusto con la unión de vuestros clanes- ella frunció el ceño. No se refería a la boda. Era la condena de muerte que hubiese significado matar a Ares en un supuesto entrenamiento delante de todo el clan -Si Ares moría a mis manos en un combate tan corto y fugaz, por una simple convinación de técnicas elementales, quizá el clan Shin debería replantearse seriamente no nombrarle sucesor- rió, quitándole hierro al asunto, echándose de nuevo a caminar para buscar a los susodichos Wulf. Ren le seguía, aún sedienta de respuestas. Había algo, hubo algo. No fue un simple combate de entrenamiento. Shan pareció furioso mientras combatía con Ares ¿Por qué? En lugar de recibir una respuesta, Shan se detuvo. La chica quiso saber qué pasaba -¿Has oido eso?- alzó una mano para pedir silencio y atención. Ren bajó ligeramente la mirada para concentrarse en su alrededor. No, nada, sólo el ulular del viento. Entonces Shan veloz como el viento se volteó, agarró a Ren de la cintura con una mano y con la otra por la cabeza encapuchada, empujándola contra un árbol. Al chocar, abrazados, algo de nieve cayó de las ramas secas sobre ellos. De nuevo nada, sólo el silencio. Tras unos instantes, Shan se apartó ligeramente de Ren, quitándole la capucha para mirarle al rostro, acariciándole el pelo a la par -¿Estás bien?- preguntó cálido, muy cerca de ella, con esa mirada vibrante y alegre. Ren le contempló unos instantes. Era un hombre que olía bien, de tan cerca que lo tenía. Parecía oler a bosque, lo cual le traía agradables recuerdos. El frío ambiente de la nieve lo hacía más refrescante si cabía -Lo siento, creí notar que nos apuntaban con...- Shan fue silenciado automáticamente por un fuerte golpe en el estómago por parte de Ren, empujándolo hacia atrás, separándolo de ella. La chica le miraba con evidente frustración. No había nada ¿A qué coño estaba jugando? -Y-yo... yo...- levantó un dedo para pedir la palabra. Ren casi sentía un tic nervioso en el ojo ¿Es que era tonto? ¿Creía que ella no podía percibir nada? En ese instante estaban tan solos como esos árboles muertos -L-lo siento- sonrió con un ademán cómico -Sólo quería protegerte- ella se valía sola, demasiado bien por sí sola. No necesitaba protección ¿Era por eso por lo que no se marchaba pues de Shin? ¿Creía a caso que ella necesitaba protección y quería ser su héroe? No iba a sacar tajada de ello, desde luego -No...- se recompuso -Si no me voy de Shin es por varias razones, pero ninguna es porque te considere una inútil- de pronto parecía que ni siquiera le dolía un ápice el golpe -Si me voy, tras haber dicho que soy de confianza, va a resultar sospechoso. Lo cual significa que me has obligado de forma indirecta a permanecer aquí, a tu lado, hasta que todo esto acabe- ¿A qué se refería con "todo esto acabe"? No le dio tiempo a preguntar -Otra razón es precisamente que me conviene conocerles. Quiero aprovechar esta oportunidad para conocerles desde dentro. Por último, aunque parezcas permanentemente amargada y tengas un carácter insufrible- le sonrió pícaro -Me caes bien- Ren frunció los labios hasta dejarlos en una fina línea ¿Carácter insufrible? ¿Es que acaso él podría soportarse a sí mismo...?
-Mi Señora- de entre los árboles apareció Sulima, llamando la atención de ambos -Ares nos convoca en la aldea. Por favor, venid conmigo- dijo con suma cortesía.
Al cabo de unos largos minutos, Sulima condujo a Ren, Shan y al resto de las Vakiri junto a Ayesha de vuelta con Ares una vez el grupo se reunió. El muchacho estaba hablando con un anciano de aspecto amable, aunque algo taciturno. Parecía enfermo y muerto de miedo. En cuanto estuvieron lo suficientemente cerca, Ren pudo percibir que efectivamente el hombre estaba casi temblando de terror, pero no por el peligro que significaban los Wulf, sino por el propio Ares. Temía a Ares por ser un Shin. Se refería a Ares como "Mi Señor Shin". Ren apretó la mandíbula para contener la lengua. Tenían aterrorizados hasta a los civiles de Midna. Era un clan malvado, terriblemente desalmado
-¿Y bien-? preguntó Shan, una vez Ares terminó de hablar con el anciano
-Al parecer, anoche se acercaron de más. Su nieta ha desaparecido, junto a su hija- Ares se cruzó de brazos
-¿Madre e hija han desaparecido?- preguntó Ayesha, curiosa
-Eso es. Tienen predilección por las mujeres. Cuanto más jóvenes mejor- suspiró
-Creo que tenían ganas de fiesta entonces. Simples violadores y corruptores- Shan alzó la mirada al cielo -Que los vientos los cojan confesados, porque les voy a dar una lección
-¿Alguna idea?- preguntó Ares mirando a Ren, que parecía más callada. La chica simplemente le miraba con un intenso intento de no estar de mal humor
-Yo sí- sonrió Shan -¿Buscan mujeres jóvenes no?- miró a Ren y a las Vakiri -Tengo un graaaan cebo- rió malicioso
Se quedaron en el pueblo hasta caer la noche, cuando los Wulf solían aproximarse. Habían encendido una fogata con una pequeña marmita donde se pusieron a cocinar algo de carne, que expelía un aroma delicioso. Ren, junto a algunas Vakiri, las más jóvenes y bellas, se sentaban y hablaban completamente expuestas al rededor del fuego. Apartados, amparados por las sombras de la noche, Ares, Shan y las demás Vakiris junto a Ayesha esperaban la señal -Esto me parece una terrible falta de respeto- inquirió Ayesha entre susurros -Estamos exponiendo a mi Señora a un peligro inminente-
-Oh, venga ya. Parece que no conoces a tu Señora. Ren los tiene bien puestos- se burló Shan
-Eres un guardaespaldas muy curioso- cuestionó Ares -Usas a tu protegida como cebo- arqueó las cejas -Recuérdame que nunca te contrate-
-Te lo recordaré. Aunqe yo tengo la memoria suficiente para saber que nunca trabajaré para ti- contraatacó con evidente desdén
-Guarda modales, Van- advirtió Ares -Eres el vigía de mi futura esposa y estás amparado por ella, pero no por eso se te permitirá hablar descaradamente o hacer lo que te plaza- advirtió el Shin
-No pretendía ofenderte- dijo sarcástico -Aunque recordando el entrenamiento, tal vez sí que me necesites como guardaespaldas-
-Serás...-
-¿Queréis callaros los dos?- gruñó Ayesha -Parecéis críos. Y tú, Ares, eres un destacado miembro del clan Shin. Te ruego que no pongas más en peligro la vida de mi Señora y estés atento a lo que las rodea-
-La Vakiri tiene razón- carraspeó Ares, calmándose -Poco a poco hay más de ellos-
-¿Más qué?- preguntó Ayesha
-Cuervos. Buhos. Murciélagos- contó Shan. También los percibía, los oía -El clan Wulf es muy dado al animalismo. Los controlan, los invocan. Son sus secuaces. Están vigilándolas. Pronto atacarán. Estad atentos- Ares bufó ante la muestra de sabiduría de Shan. No obstante, no estaba para nada equivocado.
[Naruto Shippuden - Ikari (Anger)]
Las llamas que iluminaban a Ren y a las Vakiri se apagaron. La marmita quedó desprovista de fuego alguno. La chica exigió atención a sus guerreras cuando de pronto, la nieve que las rodeaba comenzó a alzarse como gigantescos muros blancos prístinos a la vez que buhos, murciélagos y cuervos empezaban a volar y a graznar con fuerza. Los gritos de los miembros del clan Wulf se alzaron, aullando como lobos. En sus manos portaban puñales y sobre sus cabezas y espalda, a modo de capas, pieles de lobos y oso. Ren y las Vakiri se prepararon desenvainando los katar para hacer frente a toda esa panda de salvajes. Era de extrañar que entre sus filas hubiesen mujeres ¿Por qué secuestrarían mujeres a otras mujeres para violarlas? Sin embargo, era obvio que eran muy, muy pocas en comparación con los hombres. Envueltas por los muros de nieve, no tenían por donde huir. La única apertura las dejaba encarando a un gran número de Wulfs, que aullaban con ferocidad
-Venid con nosotros sin oponer resistencia- dijo uno de ellos, con la cara pintada de sangre o algo que se le parecía. Tenía los ojos desorbitados -Prometo que no os haremos daño. Mi nombre es Hakron- se lamió los labios. Los tenía secos y le dolían -Es la única oferta que puedo haceros- Ren apretó la empuñadura del katar. No, no era la única oferta. También podían marcharse por donde habían venido y no regresar nunca más a ese pueblo -Me temo que no puedo hacer eso...- las observó con detenimiento -Esperad... Vosotras no sois de aquí...- Ren no contestó con palabras, sino con violencia. Utilizando la mano libre evocó el viento con el reiki y lanzó un fuerte golpe invisible contra los Wulf, expulsándolos con un fuerte empuje invisible. Ordenó a las Vakiri dispersarse para combatir al enemigo. Los Wulf se reagruparon y comenzaron a formular sellos con las manos y a plantarlas en la nieve. Olas de nieve blanca se alzaban con fuerza amenazando con engullir el pueblo
-¡Mi turno!- alzó la voz Shan echando a correr formulando sellos con la mano para canalizar el reiki en su pecho. Entonces abrió la boca con fuerza para lanzar una llamarada tan candente que derritió ipso facto la nieve, transformándola en una ola de agua vaporosa
-¿Fuego...?- se preguntó Hakron -No puede ser...-
-¡Un poco de lluvia!- pidió Shan mirando a Ren, que miró todo el agua que se acumulaba mientras el hielo se derretía. Ren sopesó las posibilidades. Formuló un par de sellos y se llevó la mano ante el rostro, convocando el viento a su alrededor con furia. Un torbellino comenzó a rodearla, arrastrando el agua consigo. Luego alzó una mano al cielo y el viento se alzó empujando el agua hacia arriba. Ren dio una palmada y comprimió el torbellino para hacerlo estallar. Comenzó a llover. Se puso la capucha de inmediato mientras empezaba a bañarse bajo una sucesión de gotas heladas
-¡Acabad con ellos!- ordenó Hakron -¡Apartadlos de nuestro camino!- gritaba a sus secuaces, que bajo la repentina llovizna ocasionada por la técnica de Ren, corrían veloces contra las Vakiri
-¡Fuera!- gritó Ares. Todos buscaron la procedencia de la voz del muchacho, pero no le encontraron, hasta que alzaron la mirada. Estaba en el aire, tan alto como si volara, al concentrar el reiki en sus piernas para dar un enorme salto. En sus manos brillaban los relámpagos concentrados como cuando luchó contra Shan -¡Largaos de mi país y no volváis a cruzar la frontera!- amenazó. De pronto, Ren, las Vakiri y Shan fueron empujados fuera de la zona de la llovizna por unas figuras espectrales con forma humana, pero sin rostro y semi tangibles. En el preciso instante que salieron despedidos sin recibir daño alguno, Ren tuvo ocasión de ver cómo un elevado Ares juntaba las manos electrificadas en una palmada que luego dirigió hacia el suelo. De las miles de pequeñas gotas de llovizna que terminaban de caer sobre los Wulf debido a la técnica de Ren, se cró una inmensa red de relámpagos que conectaba unas gotas con otras en un espectáculo luminescente que duró unos pocos segundos, pero aún así, fue tan aterrador como hermoso de presenciar. Los Wulf recibieron un sin fin de descargas eléctricas en sus cuerpos que los dejaron devastados y humeantes sobre la tierra mojada, anteriormente nevada. El hecho de estar empapados por la lluvia aumentó aún más el efecto, sobre todo si encima pisaban tierra húmeda. Tristemente alguno llegó a morir, pero sobrevivieron los suficientes y sobre todo, el aparente líder, Hakron. Ares cayó con gracia al suelo, aterrizando de pie como si fuese capaz de levitar. Las Vakiri, Shan y Ren se percataron en ese entonces de que realmente el muchacho tenía un gran potencial para aprovechar las posibilidades, además de un gran poder. La chica miró sobre todo a Shan acto seguido, para comprobar como éste contemplaba a Ares con suma curiosidad e incomprensión. Si era capaz de ejecutar tan complicado ataque ¿Se había dejado ganar? ¿O fue realmente su fanfarronería lo que lo llevó a ser derrotado por el Van? En cualquier caso, Ren comprendió que tal vez no sería tan fácil acabar con Ares. Tendría que posponer el plan de asesinato en la misión para culpar a los Wulf. Nunca fue una posibilidad.
-
El pueblo por supuesto no quedó en buen estado tras el ataque de Ares. Muchas de las casuchas se vieron detrozadas, aunque por fortuna, los habitantes no estaban ahí. Ares se había ocupado de que se marchasen a un lugar seguro antes de la noche y se disculpó formalmente cuando regresaron y tuvieron a todos los Wulf apresados. El anciano que mostraba un gran temor a Ares quiso preguntar a Hakron sobre su hija y su nieta, pero el salvaje no contestaba más que un "no podrás volverlas a ver". Sorprendentemente para Ren, el salvaje Wulf se disculpaba en cuanto decía esas palabras ¿Sería posible que no fuesen tan malos? ¿Qué era lo que los hacía atacar y saquear las tierras vecinas? Shan era alguien que había estado en Rodgar, debía conocerlo, y sin embargo no soltaba prenda de ello. Tal vez hasta él mismo lo desconocía, pues el Van aseguraba que los Wulf tenían una gran particularidad dentro de la política de clanes en todas las regiones. Donde en Ravat, Shizune, Van y Midna los clanes se unificaban, el clan Wulf era un vestigio de lo que antaño pudo ser un clan unificado
-Mi clan es grande, glorioso y más unificado de lo que crees- gruñía Hakron mientras eran escoltados rumbo a Shin
-No es lo que me habéis parecido en mis viajes a Rodgar. Parecéis manadas de lobos que a veces se atacan entre sí-
-Vosotros jamás comprenderéis a mi pueblo. Vosotros, los Van, los Radih, los Shin... jamás comprenderéis a mi gente- decía alicaido, con voz grave, triste -Aún me pregunto cómo tú, espadachín, puedes usar el reiki- dijo mirando a Van
-Eso se preguntan muchos- se echó a reir
-Silencio Hakron- ordenó Ares -Reserva tus energías para Shin. Los interrogatorios te van a dejar exausto- el hombre de la piel de lobo se echó a reir
-Torturadme cuanto queráis, nunca comprometeré a mi clan, nunca os contaré nuestras motivaciones, ni os diré dónde están las mujeres- sonreía -Sé que me mataréis antes de tentarme siquiera a revelaroslo. Los Shin sois unos monstruos sanguinarios-
-Ya basta- dijo Ares, retirándole la palabra por completo hasta que tras un arduo viaje, por fin, regresarían a Shin.
Fue una misión de un par de días, ya que no pudieron volver con la misma velocidad con la que partieron debido a que llevaban prisioneros. Eran al menos unos 15 Wulfs los que habían conseguido apresar y en el castillo Shin fueron más que bienvenidos. La noche estaba en su auge cuando por fin, se mostraron todos ante Hécate, que esperaba el reporte de la misión -Veo que ha salido todo a pedir de boca- decía con evidente satisfacción -Y por buena fortuna, habéis regresado todos sanos y salvos-
-Así es, mi Señora- asintió Ares -Ha sido una maniobra rápida y elaborada-
-Muy bien- miró a Ren -¿Y qué tienes que decirme sobre nuestra jóven y bella invitada?- Ren entornó la mirada sin comprender a qué se refería
-Ha actuado como se esperaba de ella. Ha actuado en equipo y ha utilizado las técnicas de su tierra- al oir aquellas palabras, la chica comprendió. Fue enviada de misión para analizar sus actitudes de batalla. Ares era el observador que debía valorarla... y ella no había utilizado ninguna técnica ilusoria de los Radih. Se mordió ligeramente las mejillas en el interior de la boca, ansiosa porque no enumerase esa falta. Hécate la miraba con interés
-¿Nada más que aportar?- apoyó la barbilla sobre los nudillos
-Nada más. Es una gran luchadora. Digna hija de Assar Radih- miró a Ren y ella le miraba a él ¿Por qué le ocultaba esa información a su madre? -De no ser por ella, se habría complicado aún más la detención de los Wulf-
-Bien, bien...- Hécate sonaba algo decepcionada -Me alegra y alivia el corazón oir semejantes palabras. Por favor, id todos a descansar. Habéis hecho un muy buen trabajo. Nos ocuperamos de sonsacar toda información posible a los Wulf- se puso en pie y se despidió de todos ellos con una ligera inclinación de cabeza.
Ya bien entrada la noche, el grupo se había dispersado. Ares se esfumó en cuanto salió de la sala de reuniones, al igual que Shan. De ese modo, viéndose en intimidad suficiente, decidió darse un baño cuando la mayoría de la gente del castillo ya dormitaba. Aún así, Ayesha se quedaría vigilando la puerta del baño como máxima prioridad. Aquel movimiento no escapó de la curiosa atención de un Shan que, a pesar de haber "desaparecido", no dejaba de estudiar a Ren. Mientras la chica se bañaba en la terma interior del castillo, el hombre deambuló por el pasillo fingiendo desinterés, hasta pasar justo por delante de Ayesha -¿Qué haces aquí?- preguntó, fingiendo no saber los motivos
-Mi Señora se está aseando- dijo Ayesha con tono de aburrimiento. No tenía ganas de las bravatas de Shan
-¿Hay alguien más con ella?-
-¿Tú que crees? Está aquí para casarse ¿Con quién podría bañarse?- dijo de mala gana
-Oh, bueno, sólo era curiosidad- le dedicó una sonrisa velocísima antes de propinarle un golpe tan rápido y certero en el cuello que la derribó acto seguido, a pesar de lo alta que era -Perdóname, Ayesha. Eres una buena mujer, no te mereces esto- le susurró, a sabiendas que no la oiría. La tomó como pudo para arrastrarla por el pasillo, hasta llevarla hasta unas Vakiri que vigilaban las esquinas del largo corredor en el que estaban las termas -¡Eh! ¡Vosotras!- cuando las Vakiri se giraron y vieron a su convaleciente capitana, se apresuraron en su ayuda -Estaba haciendo su guardia y se ha desmayado. Quizá esté enferma, o algo débil debido al viaje. Llevadla a descansar- sugirió y sus guerreras le prestaron atención ipso facto, pidiendo a Shan que mantuviese el puesto de la capitana hasta que regresase una Vakiri para suplirle -Sin duda, descuidad- dijo para luego mostrar una sonrisa, antes de darse la vuelta.
La puerta corrediza de la terma se abrió de forma tan suave que Ren ni siquiera se percató de ello en prima instancia. Fue cuando se cerró a espaldas de Shan cuando la chica alzó la mirada hacia él, estupefacta al verlo ahí, contemplándola con unos ojos severos y cargados de intenciones. El alma de la chica se rompió en mil pedazos cuando se vio rodeada de un agua tan oscura como la noche y su cabello derramando un espeso mejunje igual de oscuro, revelando raices cobrizas y rojizas. En cuanto se dio cuenta de que había sido descubierta, sus ojos se humedecieron a la velocidad en la que su ceño se frunció, de pura rabia y frustración. Alzó una mano para que el agua oscura se lanzase contra Shan en un vano intento de silenciarlo, pues nadie, jamás, debería haber descubierto su secreto hasta que todo el clan Shin se hubiese desvanecido para siempre. Shan, por su parte, fue igual de rápido en reflejos que ella. Desenvainó la katana y lanzó un tajo hacia la corriente de agua que se dirigía hacia ella, partiéndola en dos y pasando a través con la velocidad del viento. Entonces poco importaba que Ren estuviese completamente desnuda y empapada de agua. La chica se puso en pie para defenderse y acabar con el peligro para su plan, pero en seguida Shan la inmovilizó cuando el filo de la katana reposó sobre el cuello de la joven. Ren quiso gritar de frustración, pero entonces sintió el suave y cálido tacto de la punta de dos dedos en su pecho, entre los senos. De nuevo, un ligero bombeo de reiki entraba en su cuerpo y contra su voluntad, su ansiedad y su aceleradísimo pulso se calmaban como si el reiki de Shan estuviese drenando la rabia. Aún así, quedó el pesar. A Ren se le escapaban las lágrimas de simple impotencia -No grites. No huyas- ordenó Shan, al tiempo que apartaba la espada de su cuello y utilizaba un sello con la mano libre. El agua volvió de nuevo a la terma y comenzó a rodear a Ren como una maliciosa serpiente de hagua oscura, inmovilizándola por completo para que no volviese a atacarle. Derrotada, vencida, se preguntó si no hubiese merecido la pena atravesarle con mil raices en cuanto le vio -Tenemos mucho de qué hablar, tú y yo- dijo serio, carente de humor -Desde el momento en que te vi, Ren, supe que algo no iba bien contigo. Por eso empecé a seguirte, por eso me uní a ti- comentó a la chica con el rostro lleno de lágrimas y enrojecido por la vergüenza y la rabia contenida -Ren... desde un principio tu nombre no suena Radih- la chica se rebulló en el agua que la ataba ¿¡Cómo se atrevía a interrumpir así mientras se bañaba!? ¿¡Y cómo se atrevía ahora a retenerla y soltarle el discurso!? Se merecía que lo matara -¿Tú crees?- se encogió de hombros, como siempre, quitándole importancia al asunto -Te dije Ren que soy una persona muy, muy curiosa- afiló la mirada -Sé lo que sé por perseguir lo que me interesa, y me interesa descubrir la verdad. No voy a seguir ni ayudar a una persona que me miente, que trata de mostrar una faz que no es la suya. Está claro que no eres una Radih y que no has venido aquí con intenciones de casarte ¿No es así?- ella le miraba apretando la mandíbula -Los Radih tienen una fuerte semilla, el cabello siempre es negro como la noche. Y sus técnicas predilectas son ilusorias. Tú te resistes a utilizarlas y te limitas a usar el viento, porque no puedes usar las técnicas de sangre. No eres una Radih, Ren...- la expresión dura de Shan se suavizó enormemente, hasta rozar la pena -Tú... eres Yanagi ¿No es así?- ella se negó ipso facto -Tu verdadero color de pelo... lo ocultas bajo esa máscara oscura para parecer una Radih, pero sin embargo...- la observó -Tus cabellos parecen los últimos rayos de sol del crepúsculo, hojas de árboles otoñales. Y me has atacado con agua, sabes manejar el agua... nunca antes lo habías mostrado- ella volvió a intentar liberarse pero la técnica de retención que estaba empleando Shan era poderosa, incluso para ella, cuyo elemento natal era el agua. De entre todos, Shan era el peor candidato a enterarse, al parecer -Si yo sé utilizar el agua es por la cantidad de tiempo que he dedicado a estudiar Shizune, su historia, sus clanes, su gente y sus costumbres. He pasado años siendo un ermitaño en tu hogar... el hogar de tu gente- Ren cuestionó furiosa qué era lo que pretendía exactamente -Que lo digas, Ren. Quiero oirlo de tus propios labios- hubo un tenso silencio mientras se miraban a los ojos, ambos ignorando la desnudez de la chica. Ren se quiso mirar a sí misma un instante. Cabello cobrizo, piel blanca en lugar de morena, capaz de utilizar el agua... Se le encogió la barbilla y los ojos segregaron aún más lágrimas cuando admitió, con el corazón desencajado, que era una Yanagi. La última Yanagi.
[Naruto Shippuden - Rakujitsu (Setting Sun)]
Si algo empezaba a caracterizar a Ren para Shan era que era una chica decidida, dura, fuerte. A pesar de que había sido descubierta y confirmaba su origen, a pesar de las lágrimas, parecía fiera. A ojos de Shan, era una llama envuelta en un halo de agua que, aunque amenazaba con apagarla, ardía con fuerza. Los ojos de Shan dejaron de brillar con perspicacia y se limitó, simplemente, a contemplar a la última Yanagi como lo que era. Una mujer que lo había perdido todo -Supe que nunca habías sido avistada en Radih hasta los diez años. Me he fijado en cada detalle que te rodea, cada detalle que te hace. Y aún así, ha sido duro atisbar tu verdadero origen. Eres una mujer salvaje para tolerar esto. Para tolerar estar aquí- Ren trataba de tragarse las lágrimas de ira ¿Qué era lo que esperaba? ¿Que le dijera que estaba a gusto? Él ya lo había dilucidado todo. Absolutamente todo -Tal vez no todo- Ren le miraba fijamente -Pero puedes contármelo tú misma... ¿Cual es la verdadera razón por la que estás aquí, Ren Yanagi?- oir que la llamaban por su apellido real era una daga en el corazón. De hecho, volver a sentirse Ren Yanagi tras tantos años viviendo como una Radih, era como quitarse un millar de losas de encima, para cambiarla por cuchillos. Se volvió a dar cuenta de lo terriblemente sola que estaba. Eso la enfureció de nuevo hasta niveles incalculables. Sus labios se moldearon de forma dulce y sabrosa en torno a la palabra "venganza", degustándola -Comprendo- asintió Shan de forma sensible -Quiero decirte algo, Ren Yanagi- la miró a los ojos -No me importa quién eres- alegó -No me importa si realmente eras una Radih, o si finalmente eres una Yanagi, aunque tengo que admitir que que seas la última de tu clan, para mí es verdaderamente importante- suspiró -Viajo para acabar con las guerras. Es una utopía, lo sé- el agua comenzó a soltarla, a rodearla, a cubrirla por completo, dejándola de nuevo en la terma, sana y salva, sin agobios -La venganza no es justicia- dijo finalmente, haciendo que Ren frunciera el ceño. La chica aseguró que su opinión no la haría cambiar -Pero- prosiguió -Lo que el clan Yanagi sufrió a manos del clan Shin ha sido una de las mayores injusticias y masacres desde...- fue a decir algo más, pero se calló. Apretó la mandíbula y frunció los labios. Ren se percató de que estaba conteniendo emoción y lágrimas ¿Por qué? -A veces, un hombre sólo puede aprender que para acabar con las injusticias, es necesario ser igual de injusto...- asintió despacio -Has contado conmigo hasta el día de hoy, Ren. Y quiero decirte que espero que sigas haciéndolo. Seré tu aliado, desde hoy, hasta que logres lo que anhelas, pues ello me acercará también a mi objetivo, a mi utopía- sin más, le dio la espalda a la chica -Me preguntaste sobre mi motivación, sobre mi rabia- no quería mirarla, ni siquiera por encima del hombro. Ren sabía por su voz rota que se le arrancaban lágrimas de los ojos -Mi motivación, Ren, es que soy un hombre que fue incapaz de proteger a su familia. Incapaz de salvarla. Incapaz de hacer frente a la gran sombra de un enemigo, de un peligro mayor- hizo una breve pausa -Por culpa del clan Shin... perdí...- suspiró -Perdí... todo cuanto llegué a amar una vez- confesó -Por culpa de su maldita sombra... de su oscuridad...- apretó los puños -Mi familia enfermó... murió de hambre y sed... y los vi desfallecer más cada día hasta que...- dejó de hablar por un instante para recomponerse -Por ello no soportaré que ningún Shin maldiga y deshonre a un hombre que no ha sido capaz de proteger a sus seres queridos, pues no los hace peor persona. A veces, todo escapa a nuestro control y...- se miró las manos. Ren se fijó en que le temblaban -...sólo podemos seguir, hacernos más fuertes, más sabios... y evitar que vuelva a suceder- entonces, se echó a caminar hacia la puerta. Ren, con los ojos fijos en él, concentraba su reiki. El agua se elevaba lentamente a su alrededor, tentada de silenciarle. Tenía la guardia baja, lo tenía en una perfecta posición para no poner en peligro su plan -Comparto... tu dolor- dijo finalmente, quieto ante la puerta, esperando su ejecución, o eso parecía. Ren bajó la mirada y sus hombres comenzaron a sacudirse en un sollozo. Shan abrió la puerta y la cerró muy suavemente detrás de él, dejándola a solas. Los dos tenían mucho que pensar sobre esa conversación, sobre esas confesiones.
-Realmente... conozco y comparto tu dolor, Ren...-
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