jueves, 18 de mayo de 2017

-Shan, te lo advierto por última vez- gruñía Ares, con los puños cerrados y apretando hasta el punto de que los nudillos se le tiñeron de un color blanquecino -Déjame buscar a Ren- ordenó
-Me temo que es imposible- Shan estaba ante él, de brazos cruzados, aunque tenso. Ares podía leer sus intenciones. Estaba preparado para desenvainar la katana si era necesario
-¿Qué me estás ocultando? ¿Te das cuenta de la hora que es y que lleva todo el día desaparecida?-
-Assar Radih ya nos ha comunicado que está bien- asintió Shan
-Lo que diga Assar, para mí, tiene tanta validez como el te quiero de una puta- contestó Ares furioso
-¿Estás versado en esos conocimientos? Nunca sabes cuando una puta se puede enamorar de ti-
-Shan- Ares advirtió con la voz mientras formulaba sellos despacio -No me obligues a apartarte del medio. Voy a encontrar a Ren, pase lo que pase, digas lo que digas-
-Muy bien- Shan comenzó a desenvainar la katana -Vamos a jugarnos la fortaleza y la opinión de Assar, así como el bienestar de la alianza, por encontrar a Ren- sonrió burlón
-Me jugaré tu vida si es necesario- un reiki siniestro comenzó a rodear a Ares. Estaba invocando parcialmente el reiki del Espectro. Shan retrocedió un paso
-¿Estás... loco, verdad?- tragó saliva -¿Vas a invocar eso aquí? ¿Contra mí?-
-Contra el mundo entero...- un destello púrpura destacó en los ojos de Ares y el ambiente comenzó a tornarse gélido, mientras se oía un ligero siseo, susurros fantasmales. Entonces, por fortuna para Shan, la figura de Ren apareció tras él, desde la puerta -Ren- llamó Ares, haciendo que Shan diese media vuelta para mirarla
-Parece que hoy es mi día- sonrió nervioso el Van. La chica observaba a ambos curiosa ¿Se podía saber qué pasaba?
-¿Se puede saber dónde has estado tú?- preguntó Ares, tenso, deshaciendo la convocación del Espectro. El reiki siniestro se esfumó y procedió a acercarse a Ren esquivando a Shan. La tomó de los hombros con suavidad y la estudió de cerca. Parecía tan, tan cansada -¿Dónde has estado? ¿Qué ha ocurrido?- la chica alivió las dudas de Ares alegando que simplemente había estado ayudando a recomponer la aldea en menor o mayor medida -¿Pero por qué tan de repente? He estado preocupado- la mirada cristalina de Ares, tan sincera, la hizo quedar sin palabras durante unos instantes. Luego, acariciando una de las manos de su esposo, le sonrió, alegando que todo estaba bien
-Habría sido un favor, desde luego, no hacerme enfrentar a la furia desmedida de un esposo que teme por su mujer- se quejó Shan, encogiéndose de hombros, apartando la mirada de la pareja. Ren se disculpó ante ambos por meterlos en problemas -A mí no me importa, pero se ve que Ares tiene cierto trastorno sobre el control y la vigilancia-
-Se llama protección- corrigió -Y preocupación por su bienestar. Ha estado algo extraña últimamente- Ren se apresuró a alegar que, de hecho, se encontraba mejor -No lo parece...- le fue a acariciar la mejilla, obviando la herida del rostro en la oscuridad del pasillo. Cuando Ren se quejó de escozor, Ares descubrió la tropelía -¿Qué es...? ¿Cómo te has hecho esto?- Ren se tapó la herida y le sonrió, sólo para decirle que había sido un pequeño accidente. Ayudando se tropezó y cayó sobre unas piedras, palos y tejas rotas. Lo que venían siendo escombro de los destrozos -Ya... claro- frunció el ceño. Ren alegó estar cansada y aprovechó esa oportunidad para dirigirse hacia la habitación -Descansa. Mañana tenemos que dirigirnos hacia Zavat. Puedes quedarte aquí si quieres- dijo mientras ella se alejaba ¿Quedarse en la fortaleza con Assar? No, no después de haberle hecho lo que le había hecho.
-Ves como sacas las cosas de quicio- Shan miró inquisitivo a Ares -Intentar usar ese monstruo contra mí... Te has excedido, muchacho- Ares no le estaba escuchando -Te estoy hablando-
-Lo siento- dijo, reflexivo -Estaba pensando que Ren ha debido de caerse en una piedra con forma de mano armada- Shan suspiró
-Eso es algo que debes hablar con ella en otro momento ¿Pero por qué iba a mentirte?-
-¿Por qué mienten las personas, Shan?- invitó a reflexionar Ares, con mirada fría
-Uh, no me apetece nada tener una conversación filosófica- agitó la mano en el aire -Marcho a descansar. Tenemos un largo viaje mañana- dijo sin más retomando rumbo por el pasillo. Ares aquella noche tardó en ir a la habitación para dormir.

Al amanecer, Assar mandó preparar unos cuantos camellos para facilitar el transporte por las dunas. Los animales estaban preparados, recién bebidos y alimentados, de forma que soportarían el viaje hacia Zavat incluso a una velocidad elevada. Assar suponía que tardarían un par de días en llegar y sólo por ello, a pesar de que no se encontraba particularment bien, Ren decidió ir con los demás. De esa forma, la comitiva la encabezaba Ren junto a Rash como representates de Assar Radih, que se quedaba en la fortaleza para organizar las tropas Vakiri y mantener el curso de la ayuda humanitaria. A los hijos del Vikar les seguían Ares y Shan, con una Ayesha en mucho mejor estado anímico y unos cuantos soldados Vakiri como guardia en caso de peligro. Los desiertos de Ravat eran conocidos no sólo por el intenso calor, sino también porque había piratas en las dunas, pocos, pero los había, por no contar con las shahik, enormes serpientes, comunmente venenosas, que anidaban bajo la ardiente arena y tendían emboscadas a los incautos. Cuando llegaron a Zavat no habían encontrado ninguno de los susodichos peligros, pero era innegable que una buena protección había hecho que el viaje fuese mucho más cómodo, además de que las provisiones de agua fue mucho más amplia, por haber más personas que pudiesen cargar con la misma. Llegaron a la aldea Zavat, el clan menor de Ravat, tal y como Assar predijo. Salieron al alba y llegaron al alba. A ojos de Ares, todo seguía siendo una maravilla, pero Zavat incluso encandiló los ojos de Ren y Rash, que no habían estado con anterioridad en dicha aldea. Radih era un lugar muy ornamentado, con muchos tonos dorados y piedras blancas, nacaradas, beige o típico color crema. Zavat era, directamente, del color del fuego. Las casas estaban hechas con piedras anaranjadas y rojizas, terriblemente llamativas. Todo decorado que tenían estaba conformado por pañuelos de multitud de colores, de una tela tan suave y semi transparente que hipnotizaba. Allí fueron recibidos rápidamente por un hombre descamisado, de piel muy morena y con la piel brillante por los hilos de sudor que serpenteaban por sus músculos contorneados. Sólo vestía un pantalón blanco, de telas muy, muy amplias. Por lo demás, llevaba un turbante a modo de capucha que también le cubría el rostro, dejándole a la vista sólo dos ojos del color del oro -¿Los hijos de Radih?- preguntó con un marcadísimo acento Zavat - inclinó ligeramente la cabeza -Habéis llegado en buen momento. Por favor, acompañadme- les indicó amablemente que bajaran de los camellos. El hombre realizó unos sellos y de la arena del suelo brotaron figuras arenosas de forma humanoide. Los animales se asustaron, pero consiguieron agarrar las riendas con fiereza -No teman por sus animales-
-Creo que hay métodos más ortodoxos para hacer las cosas- observó Shan, arqueando una ceja
-Apuesto a que sí- dijo complaciente el hombre -Pero estamos en Zavat. Mi Señora os está esperando-
-Hace mucho que quiero conocer a la gran Zefir Savat- comentó Rash mientras los guiaba por las calles arenosas hasta la casa del clan, cuya arquitectura era de forma circular, a diferencia de las demás. Era verdaderamente alta y amplia -Curiosa edificación- el hombre moreno se giró hacia los invitados
-Lamento comunicaros que nuestra Señora Zefir falleció hace un año. Hoy día la sucesora es Sabine Zavat, su hija-
-¿Tenía una hija?- Rash no había oido hablar nunca de ello, al igual que Ren
-Maravilloso- terció Shan -Venimos a ver a una mujer que no conocen ni los Radih...- suspiró
-Un poco de fe- llamó Ares a la calma -Assar ya ha estado en contacto con ella. Si lidera este clan, será una mujer competente

[Nier Automata OST - Memories of Dust (Dynamic - vocals)]

Música de tambores, cascabeles, campanas y timbales inundaron sus oidos en cuanto entraron tras cruzar las cortinas. El hogar era enorme, amplio, pero sobre todo lo era porque estaba conformada por una gran y única sala. En el centro, se alzaba un altar con una forma serpentina que a su vez, recordaba a una ballena. La Bestia, Djini. Unas voces femeninas cantaban con pasión, con sentimiento, casi emocionadas y a la vez muertas de miedo, mientras otras tantas figuras bailaban al rededor de la estatua. El hombre de Zavat los guió hasta unos cojines donde se sentarían los invitados, para esperar a que acabase lo que el hombre llamó "Ritual de la Misericordia". Todas las figuras que bailaban, apreciaron entonces, eran mujeres. Todas ellas vestidas con los atavíos típicos del clan Zavat. Apenas usaban más que pañuelos semi transparentes envueltos en sus curvas, de forma que se movían con gracia natural. Movían los brazos como si fuesen serpientes, las piernas y las caderas parecían estar desconectadas del resto del cuerpo. Se retorcían, saltaban, se movían como si fuesen olas de arena movidas por el viento, todo por la estatua, entregando sus emociones a través del baile, sus súplicas, a ese altar monstruoso hacia Djini, la Deidad que ahora amenazaba sus vidas. Shan observaba curioso, acariciándose el mentón, con los ojos entornados. Rash se cruzaba de brazos y torcía la boca. Ren se hipnotizaba con los movimientos de las mujeres, mientras que por otro lado, Ares, sólo miraba a una mujer. La única de todas ellas, apreció Ren de pronto, que no miraba a la estatua, sino a ellos. Miraba a Ares. Los dos habían conectado sus miradas y aquella mujer se movía con más violencia, con más devoción que las demás. Lo que la diferenciaba del resto era una gran cantidad de tatuajes del color del oro que llegaban desde la punta de sus dedos hasta los hombros, reptando por el cuello hasta alcanzar el rabillo de sus ojos como serpientes de cuerpos finos. Por un momento, la mujer dejó de mirar a Ares y se volvió hacia el altar de Djini. Agitó los brazos con gracia y la arena del suelo comenzó a alzarse en torno a ella, formando figuras magníficas, preciosas, sublimes, que jamás nadie que no fuese Zavat habría visto. Finalmente la mujer alzó los brazos y la arena estalló en el aire, lloviendo sobre el altar con mimo, pretendiendo dormir a la furibunda Deidad. El baile concluyó, y con ello la música. Aquella extraña mujer se marchó quitándose los pañuelos del rostro sin dejar de mirar a Ares. Obtuvieron permiso pues para cruzar el umbral que había cruzado la extraña mujer. Allí les esperaba Sabine Zavat.

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Cuando Ares y los demás pasaron a aquella pequeña habitación a parte de la gran sala de adoración a Djini, la mujer que se sentaba en el trono de piedra rojiza no era otra que la chica de los tatuajes dorados. Le caían perlas de sudor por las sienes, por el cuello, por los hombros y algunas resbalaban traviesas por su vientre hacia sus caderas y otras hacia sus pechos, humedeciendo los pañuelos -Bienvenidos- dijo, por fin, con mirada brillante e interesada en sus invitados -No veo a Assar Radih entre vosotros- apuntó sin preámbulos, tamborileando con sus graciosos dedos de bailarina en los reposabrazos de piedra roja
-¿Sabine Zavat?- habló Rash -Soy Rash Radih, hijo de Assar Radih- Ren se presentó por igual -Me temo que mi padre está ocupado con los destrozos en nuestra aldea. Hemos venido en su nombre para...-
-Tu padre es un hombre osado- susurró. La forma de hablar de la chica recordaba a una serpiente, siseante, amenazante, pero terriblemente hipnótica y sensual -¿Envía a sus hijos a por mi apoyo mientras él arregla los desperfectos de vuestro hogar? Pobrecillo... Supongo que mi gente no debe gozar del privilegio ¿No es así?- Ren no entendía la diferencia que había entre ellos y Assar -La diferencia, chica, es que no me está respetando como líder- frunció ligeramente el ceño -Si no me equivoco, eso lo sabes bien, el cómo funcionan las alianzas- su mirada pasó de Ren a Ares -¿Eres tú el foraneo? ¿El extranjero? ¿El llegado de otras tierras, portador de la muerte y la oscuridad?- se puso en pie muy, muy despacio. No pasó desapercibido para Ren cómo apoyó su peso en una pierna para remarcar la curva de sus caderas. Los labios de la chica se fruncieron -¿El sucesor Shin?-
-Mi reputación me precede- dijo Ares diplomático, inclinando la cabeza -Es un honor conocerte, Sabine Zavat. Me llamo Ares-
-No inclines tu cabeza ante mí- sonrió coqueta -No me gusta que nadie se arrodille a no ser que estemos a solas-
-Yo... también soy extranjero- alzó la mano Shan, divertido
-He de imaginar que no eres de los Shin de Midna- observó ella
-No, soy Shan, de Van- sonrió amable. Sabine simplemente pasó de nuevo su mirada a Ares, ignorando automáticamente al Van. Shan no se ofendió. Sabía que por lo general ocurría hasta que conocían sus habilidades y dotes
-Y bien, Ares Shin ¿Qué tienes que decirme?- Rash carraspeó sonoramente
-Nosotros venimos para...-
-Me he dirigido a Ares- sentenció la chica con suma frialdad y prepotencia. Anduvo unos pasos hacia el frente, contoneándose tan sensualmente como podía, con la mirada fija en Ares -Dime Shin ¿Qué es lo que deseas de mí?- se quitó una gotita de sudor que caía peligrosamente hacia sus pechos con una caricia seductora. Ren dio un paso al frente y la interceptó. Sentía nauseas, pero por la Deidad que estaba dudando si se las provocaba ella con ese tono tan descarado ¿Debía recordarle acaso que era el esposo de Ren Radih? O peor aún... ¿Le provocaba nauseas el hecho de que se sintiera furiosa de ver a esa sierpe coqueteando con Ares? Con tono tajante, Ren se reafirmó en su posición y alegó que eran ellos, los hijos de Radih, quienes proclamaban la participación del clan Zavat y su poder para luchar contra la Deidad y aplacarla para socavar tanta destrucción. Sabine la miró desafiante
-Aplacar a Djini es imposible. Sólo podemos saciarla momentaneamente- Ren comentó sarcástica si era el ofrecimiento de su carne lo que creía que la aplacaba -¿Mi carne?- la mujer rió de forma encantadoramente irritante -¿Te refieres a mi cuerpo...?- se señaló a sí misma -Lo que ofrezco con nuestro ritual es mi reiki- Ren aseguró que no servía para nada -¿Tú crees, niña?- la llamaba niña a pesar de que debían tener aproximadamente la misma edad -Desde que realizamos el ritual, Djini se ha detenido en su destrucción. Bailaré cada día y cada noche si es necesario para mantener a la Bestia feliz y durmiente, pero no oses insultar nuestras sagradas costumbres-
-A pesar de vuestros ritos la Bestia despertó y arrasa Ravat. Por eso está aquí el clan Shin, para ayudarnos. Mi padre ya envió una misiva informándote de lo que necesitamos. Hemos venido a personarnos para afianzar nuestra colaboración y empezar con el plan en seguida-
-Ah, sí...- murmuró aburrida -Queréis mi fuerza, mis hombres y mis mujeres, la sangre de mi clan y nuestras arenas para tener una linea de defensa ¿Pero qué pensais hacer? ¿Cual es el plan?- Ren y Rash se miraron el uno al otro -Como suponía... una guerra a ciegas contra uno de los seres más poderosos que existen en el mismo sentido de la vida...-
-¿Qué podéis hacer con la arena?- preguntó Ares, cruzado de brazos. Sabine le sonrió
-Muchas, muchas cosas... desde protegernos, a atacar, y de atacar la utilizamos hasta para usos terapéuticos, masajes, a modo de cama...-
-¿Podéis encontrar cosas, verdad? He visto a un hombre hecho de arena antes llevarse nuestras monturas- Sabine asintió interesada -Entonces necesitaremos que antes de reunir a tus fuerzas con las de Assar Radih, analicéis el desierto- Sabine se echó a reir
-Querido, querido Ares Shin, me estás pidiendo peinar el vasto desierto de Ravat... Puedo encontrar muchas cosas, desde enemigos en la periferia...- se acercó a él, pasando entre Ren y Rash. Le puso una mano en el pecho -...hasta el corazón de un hombre- muy disimuladamente, se humedeció los labios -Pero el desierto es muy, muy grande...- Ares le devolvió la sonrisa ante una atónita y furiosa mirada de Ren, sólo para que la chica, acto seguido, viese cómo Ares se quitaba la mano de Sabine de encima
-Lo haréis- mantenía la sonrisa -Sois un clan. Unid vuestras fuerzas y encontraréis a la Bestia. Nosotros nos marchamos. Reuniremos nuestras fuerzas en el punto donde dormite la Deidad en dos días-
-Espera... ¿Qué?- Sabine no daba crédito -¿Me estás dando órdenes?-
-Así es- terció Ares
-¿Quién te has creido que eres, guapito?-
-Ares Shin, sucesor del clan Shin de Midna, portador de muerte y la oscuridad- imitó sus palabras -Si te niegas a colaborar, si no movilizas a tu gente ahora, en este mismo instante, lo tomaré como una afrenta por el bienestar de Ravat y el clan Radih, mi aliado. Entonces, por más que me pese, te consideraré mi enemiga- sentenció
-No te tengo ningún miedo- sonrió cándida -El clan Zavat es lo suficientemente poderoso como para resistir...- una oleada de reiki siniestro y frío sacudió toda la sala, con la fuerza de un vendabal, agitando los cabellos de Sabine -¿Q-qué...?-
-Tiene la mala manía de sacar a esa cosa... muy rápido- suspiró Shan -Ares últimamente parece no tener paciencia- se burló Shan
-Ya le has oido- dijo Ares complacido
-...Bien- suspiró Sabine -Pero nos llevas a la muerte, Shin- miró a Ren y a Rash. Las mujeres se miraron con furia -El clan Radih nos lleva a la muerte- Ren aseguró que, por lo que al clan Radih respecta, si Sabine moría, no sería precisamente por la batalla contra Djini. Sabine captó las intenciones de aquellas palabras y se limitó a sonreir -Tienes veneno, chica. Quizá nos hagamos amigas-
-Ponte a trabajar- concluyó Rash, mientras uno por uno salían de la sala y retomaban rumbo a Radih.

Pasó casi una semana entre el camino de vuelta y la espera de las instrucciones por parte del clan Zavat. Finalmente, uno de los hombres de arena del clan se manisfestó en la fortaleza Radih para hacer saber al Vikar Assar que la Deidad había sido hallada definitivamente. Se encontraba dormitando en la zona llamada Corona de Dumas, una conjunción de montículos de arena circular que recordaba precisamente a una corona de oro. Assar reunió a todas las tropas Vakiri disponibles, así como a las Sombras que Ares trajo consigo de Shin. Se disponían a partir en el preciso instante en que llegó el informe. Ares se había preparado completamente para la batalla. Había estado meditando cada día mientras esperaban el informe de situación del clan Zavat para rehabilitar el flujo de reiki y entrar en comunión con el plano de las tinieblas, las almas y el Espectro, en caso de ser necesario que lo invocase. Por otro lado, Shan también había estado entrenando en el Jardín de los Reflejos contra Vakiris y Sombras por igual. Rash y Assar también habían tenido tiempo para quitarse el óxido del reiki, aunque padre e hijo aún tenían un tema pendiente del que hablar. Mientras Assar se ajustaba las protecciones de los antebrazos, de un llamativo color dorado y decorado con runas plateadas en su habitación, Rash se aclaraba la garganta -Padre... ¿Por qué hiciste aquello a Ren?-
-¿A qué te refieres?- comentó distraido, preparando su katar
-Hace una semana, antes de ir a visitar a los Zavat. Golpeaste... a Ren-
-¿Ah, sí?-
-No te hagas el estúpido- aquellas palabras llamaron la atención de Assar, que se giró despacio para mirar a su hijo
-Contén tu lengua, Rash. Así la conservarás por más tiempo-
-He tratado de contenerme, pero necesito respuestas. Quiero saber... por qué- apretó los puños
-¿Por qué? ¿Quieres saber por qué abofeteé a Ren?- sonrió malicioso -Sigue incordiándome, mocoso, y quizá te haga algo peor a ti-
-¡Contéstame!- ordenó, con el ceño fruncido, realmente molesto
-Vaya... resulta que Rash Radih tiene caracter ¿Donde lo ocultas?-
-Eres un maestro en las palabras ¿Verdad? Haces lo que sea por no responder. No me dejaré embaucar- Assar se echó a reir
-Ah, hijo mío, un maestro ilusionista debe saber engañar y tejer los hilos incluso sin usar sus técnicas. Está bien, está bien. Como veo que te importa tanto, te lo contaré. Si reaccioné así, si golpeé a Ren, fue un castigo. Un simple castigo por contrariarme y por poner en peligro el plan-
-¿El plan de acabar con los Shin está por encima que el bienestar de tu hija?-
-No es mi hija, Rash- sonrió -Y tú lo sabes bien. Si fuese tu verdadera hermana, tengo la sensación de que no te interesaría tanto su estado, ni lo que hace... ni con quién- apuntilló
-...No vuelvas a tocarla- ordenó
-¿O qué?- se acercó a Rash -¿Qué harás, hijo mío?-
-...- Rash no supo qué contestar
-Eso imaginaba- Assar descargó su puño con tanta fuerza en el estómago de Rash que casi lo hizo vomitar -Un hombre sólo debe hablar cuando ha encontrado las palabras. Una mente vacía de pensamientos es una mente vacía de verdad. Y sin la verdad en nosotros, nunca ganaremos con la espada- relató antes de salir por la puerta, señorial
-...Entonces a través de la espada encontraré la verdad...- musitó Rash, para sí mismo, aún doblado de dolor.

En esos mismos instantes, mientras Ren se preparaba para la batalla, Ares la contemplaba en silencio, ya preparado. Ren intentaba hacer caso omiso de su insistente mirada, pero se sentía nerviosilla con tanto escrutinio. Una vez acabó, se giró para mirarle y preguntarle qué le pasaba -¿Vas a decirme qué te ocurrió en la cara?- Ren se tensó como un resorte. Con una sonrisa trató de aseverar que simplemente se golpeó en un accidente con unos escombros -¿Y los escombros tienen dedos?- la chica se quedó helada -Ren, llevo años combatiendo. He visto y he sufrido diversos tipos de herida y las más comunes son de combate cuerpo a cuerpo. Y tú, en la mejilla, tenías la ligera forma de unos dedos. Alguien te ha golpeado. Una bofetada ¿Me equivoco?- Ren no encontraba palabras. Estaba acorralada -¿Quién fue?- se puso en pie y se acercó a ella para tomala de la barbilla -¿Quién fue, Ren?- ella apartó la mirada. Trató de escabullirse alegando que tenían que ir a la batalla -Sí... tenemos que ir, pero Ren- le redirigió el rostro -No tienes por qué guardarme secretos ¿De acuerdo?- ella asintió despacio y Ares le sonrió. Le dio un suave beso en la frente -Y sigo pensando que deberías quedarte. Has estado algo enferma y débil estos días- la chica insistía en que se encontraba mejor -Pero...- ella le tomó del rostro a él en ese momento y le besó en los labios. Sin embargo, no lo hizo para envenenarlo. Ambos se sonrieron -Está bien...- cuando salieron de la habitación, se encontraron de frente con Assar. El ambiente se enrareció muchísimo entre Ares y el Vikar, sobre todo por parte de Ares, que lo miraba de forma penetrante
-¿Estáis preparados?- preguntó el líder Radih
-Listos- contestó secamente Ares. Assar, al presentir esa tirantez, disparó una mirada a Ren
-De acuerdo, partimos en seguida- ordenó, seguido por una notable distancia por Ares y Ren.

Como estaba pleando, una vez todas las tropas reunidas, tardaron un día completo en llegar a la zona designada. Allí aguardaba ya el clan Zavat, preparados para la guerra. Sabine se encontró con Assar y compañía una vez llegaron -Ya era hora- terció la chica, impaciente -Podría haber despertado en lo que habéis tardado en llegar-
-Un ejército tan amplio avanza más despacio que tus huestes, Sabine Zavat- comentó desdeñoso Assar -¿Estás segura de que duerme bajo la Corona?- la chica asintió -Muy bien- Assar dio la señal para que las tropas se dispersaran, rodeando toda la Corona de Dumas. Tardarían unos minutos
-¿Hay algún plan a seguir?- la lider Zavat preguntó a todos los presentes
-La prioridad es desenterrar a la Bestia- opinó Assar -Y una vez fuera, contenerla- asintió a Ares, que sacó de sus ropajes el pergamino
-¿Qué es eso?- la chica se aproximó a Ares. Ren se posicionó cerca de él por igual
-Una antigua técnica de sellado del clan Shin. Es lo suficientemente poderosa como para encerrar a la Bestia- comentó, guardándolo de nuevo en sus ropas, preparado para usarlo en cuanto fuese el momento oportuno
-Bien. Aún así, quiero saber el plan a seguir. Nos interesa que la Bestia no tenga oportunidad de atacarnos o seremos pasto para las serpientes shahik-
-Nuestras técnicas ilusorias no funcionarán contra la Deidad- observó Assar -Mis antepasados lo intentaron mil y una veces y perecieron. Es completamente inmune-
-Si me permitís...- comentó Shan
-Yo creo que si la aturdimos y acorralamos utilizando el viento...- opinó Rash
-Nosotros podemos usar el fuego para trazar una línea y que no cruce. Además de usar la arena para proteger al ejército- terció Sabine
-Oid...- Shan suspiró
-¿Y si el clan Zavat crea una prisión de arena y la retenemos dentro con presión de viento?- sugirió Rash nuevamente 
-No creo que funcione- bufó Sabine -Dicen las historias que la Deidad también domina las arenas, que obedecen su voluntad. Usarla de escudo puede que sirva, pero encerrarla con ellas es imposible...-
-Un modo debe haber- meditó Assar
-¿¡Queréis escucharme de una puta vez!?- tronó Shan, acallando las voces -Estoy harto de que se me menosprecie por ser de Van-
-Guarda modales- ordenó Assar -No toleraré...- Shan desenvainó la katana a la velocidad del viento y apuntó a Assar con ella
-Soy un hombre, Assar Radih, tanto como tú, da igual de donde provenga. Te respetaré siempre que tú me guardes respeto a mí. No me confundas con cualquier otro Van que hayas conocido en tu vida- le desafió entre dientes
-Canalla... ¿Te atreves a alzar tu arma contra mí?- Assar fue a realizar una técnica, pero Ren se interpuso, desafiando a su padre con la mirada -Niña...- musitó furioso
-Oid lo que Shan tiene que decir- pidió Ares, haciendo que el Van bajase la katana -Es un hombre sabio y poderoso- reconoció -Su opinión será quizá más inteligente que las nuestras juntas-
-Gracias, Ares- dijo de mala gana para luego carraspear -Veréis... la arena de este desierto es rica en minerales. Está conformada por muchos de ellos, muy distintos- se agachó y cogió un puñado para luego dejarla caer en cascada -Uno de esos minerales se llama magnetita y es susceptible a las corrientes magnéticas-
-No esperaba aprender de la naturaleza hoy- comentó Rash, burlón, para recibir un codazo reprovatibo de Ren que lo calló al instante
-Contamos con Sombras y con Ares, maestros del elemento eléctrico. Si utilizamos esta zona de la Corona como receptor de una gran cantidad de carga eléctrica, como una lluvia de relámpagos y rayos, cargaremos la zona de energía, de modo que la magnetita empezará a ejercer atracción consigo misma y endurecerá la arena, dificultando a la Deidad manejarla a su antojo o esconderse en ella-
-Eso también nos dificultará a nosotros- observó Sabine
-No si antes elevais arena que vosotros podáis usar- sonrió Shan -Entonces, opino que podriamos aprovechar la durza de la arena para empujar a la Deidad contra el terreno, quizá con el viento de los Radih- Ren asintió -Luego, lo conveniente sería inmovilizar a la Bestia- miró a Sabine -Utilizarieis la arena para ello. En cuanto retengáis a Djini, Ares y las Sombras descargarán rayos contra las ataduras para endurecerlas- Shan se cruzó de brazos -Entonces realizaremos la técnica de sellado-
-Fascinante- admitió Assar tras unos segundos de silencio -Un gran plan, Shan- lo llamó por su nombre
-Agradezco el cumplido-
-¿Pero y tú? ¿Qué papel cumples?- comentó Rash, haciendo reir a Shan
-Resulta que cumpliré papeles en todo. Sé manejarme con los elementos-

Entonces, una vez planeado y ubicado el ejército, comenzó a llevarse a cabo el plan. Los Zavat comenzaron a poner sus manos sobre las arenas para tomar el control. Las dunas se agitaban suavemente, como el oleaje del mar. Estaban despertando a la Bestia, molestándola, provocándola, empujándola hacia arriba. Todos estaban cargados de tensión hasta el cuello, temiendo estar frente a un poder tan inconmensurable -Vamos- ordenó Sabine a sus tropas -¡Sacad a Djini de su sueño!- los Zavat alzaron la voz en señal de aprobación y determinación. El ambiente se cargó del reiki de Zavat cuanto más lo explotaban. Entonces comenzó el terremoto. Todo el desierto parecía estar a punto de partirse en mil pedazos
-¿¡Qué sucede!?- preguntó Rash, inquieto
-Ya viene- entornó la mirada Assar, preparando los sellos para las técnicas del viento.

[Naruto Shippuden OST III - Otsutsuki Kaguya]

Una montaña pareció nacer de las profundidades del desierto de forma lenta y pausada, para pronto revelar que la forma que aparecía era la de un gigantesco, descomunal y titánico animal similar a una ballena, con el cuerpo largo como una serpiente. El retumbar de las toneladas de arena que caían de su cuerpo mientras se alzaba hacia el aire era ensordecedor, como su simple visión aterrorizaba los corazones de los que estaban presenciando el espectáculo. Era grotesca, de pesadilla. Las runas verdes de su cuerpo destellaban al igual que sus ojos. Su voluminoso cuerpo casi era tan grande como el desierto, alzándose al cielo y manteniéndose a flote favorecida por el viento que se alzaba. Cuando terminó de tomar el cielo por completo, alejada de las arenas, rugió con un fervor atronador que casi quebró el cielo en dos. Todos los presentes se quedaron sin habla.

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[Naruto Shippuden OST - Behind the mask]

-¡No rezongueis! ¡Atacad!- gritó Shan cuando se percató de que aquel ser primigenio dejaba de aullar para centrar su atención en todo el ejército -¡Ahora!-
-¡Sombras, conmigo!- ordenó Ares y la voz se corrió en cadena. Realizaron sellos para convocar una tormenta eléctrica sobre el monstruoso ser, que descargó rayos y centellas por todo el desierto, centrándose sobre la Corona de Dumas. Cuantos más rayos caían sobre la arena, el terreno comenzaba a cargarse de energía y pequeños retazos eléctricos se dejaban ver recorriendo las dunas -¡Preparad el viento!- ordenó el Shin
-¡Traedme la tempestad!- ordenó Assar con furia, ignorando que la Bestia se disponía a atacar
-¡Retiraos de ahí! ¡REN!- gritó Ares desesperado al ver cómo Djini abría sus gigantescas fauces para disparar una bocanada de viento comprimido, tan poderoso como un proyectil. Una porción de desierto, casi tan amplia como la propia aldea Radih, desapareció literalmente, fulminada por el golpe de viento. Ninguno de los presentes olvidaría la pesadilla. Primero fue el sonido, agudo como el silbido de una flecha. Luego simplemente aquel enorme trozo de desierto echó a volar como una furiosa tormenta de arena, dejando un gran surco en la Corona de Dumas. Casi la mitad de los Zavat y los Vakiri perecieron en un simple ataque.

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[Naruto - Madara/Obito theme]

Con sólo aquel único y devastador ataque, los ánimos y la moral se vino abajo. Algunos soldados Zavat, Vakiri y Sombras tuvieron la tentación de huir. Algunos, muy aislados, lo hicieron, echando a correr hacia el desierto -Maldita sea...- Shan no tenía planeado que la Bestia reaccionase tan terriblemente rápido para su gigantesco tamaño, ni llegó a sopesar que su fuerza sería semejante
-¿¡Algún plan, genio!?- terció Rash
-¡Intentemos continuar!- dijo entre dientes -¡Viento!- los Radih convocaron el viento con todo el poder que tenían, uniendo sus reikis. Shan se sumó al ejército de los Radih usando su propia técnica de viento. Un gigantesco torbellino comenzó a formarse de entre las nubes, un huracán temible que amenazaba con arrastrar incluso al ejército, que cayó con toda su rabia sobre el temible ser primordial -¡Con fuerza! ¡Empujad!- todos daban su máxima capacidad, salvo Ren. La chica se lamentaba de no poder utilizar su verdadera naturaleza. Quizá utilizando elemento de agua, o sus plantas, podría retener o inmovilizar de alguna forma a la Bestia, pero tendrían que confiar en el plan de Shan -¡Derribadla!- volvió a gritar el Van, pero fue en vano. La gigantesca ballena monstruosa se revolvió y destrozó por completo el torbellino. Volvió a abrir la boca, amenazante -Mierda...- Shan bajó las manos ligeramente, pensando en su muerte
-¡No bajes la guardia, guapo!- gritó Sabine apareciendo junto a Shan, mientras alzaba un enormísimo muro de arena junto a sus Zavat -Aún no estamos muertos...- los relámpagos de la tormenta eléctrica cayeron sobre el muro de arena, endureciéndola. Djini disparó de nuevo su bocanada de aire. La barrera estalló en polvo arenoso y el ejército se vió barrido muchísimos metros hacia el desierto, pero las pérdidas fueron muchísimo menores. Ren, Assar, Rash, Shan y Sabine habían sobrevivido, aunque estaban magullados y doloridos. Sería imposible a este paso detener semejante poder. Ares, mientras tanto, que estaba en otro lado de la Corona de Dumas, contemplaba impotente la derrota del plan de Shan
-Hay que atraer su atención- formuló unos sellos distintos mientras sus Sombras atacaban sin cesar con relámpagos -Contempla el fuego del infierno- al rededor de Ares aparecieron doce orbes de fuego negro, fuegos fatuos de los espectros del más allá. Los orbes formaron un círculo ante Ares, girando a toda velocidad, mientras lanzaban llamaradas constantemente contra la inmensa criatura, que apenas se inmutaba -No funciona...- Ares desenvainó la katana y se provocó un profundo corte en la palma de la mano -De ser así...- formuló sellos con las manos manchadas de sangre y dio una palmada -Invoco a los antiguos...- musitó ceremonial para dar una nueva palmada y plantar las manos en la arena. Una densa niebla apareció entorno a Ares y la porción de desierto que le rodeaba. Una centena de figuras espectrales, neblinosas y sin rostro, portando espadas fantasmales, aparecieron tras él -Vamos- ordenó, observando cómo los cien fantasmas se dirigían con fervor y valentía hacia la Deidad. Comenzaron a rodearla y a atacar con fiereza. Djini comenzaba a devatirse. Sentía dolor. Comenzaba a sangrar. Ares sonrió. Pensó por un instante que la Deidad de Ravat, señora del viento, el fuego y las arenas, no sería capaz de resistir a las fuerzas de la muerte y la oscuridad. Sin embargo expulsó una fuerte onda de viento de sí misma, difuminando la niebla y los fantasmas, abatiéndolos por completo. Era una batalla que nunca nadie ganaría solo.

Ren y los demás se recompusieron tan rápido como pudieron. Aquella Deidad aún estaba frente a ellos, en lo alto en el cielo, orgullosa y juiciosa -Tenemos que sellarla cueste lo que cueste...- reflexionaba Shan agarrándose el brazo izquierdo, dislocado -Maldita sea... nunca imaginé tanto poder...-
-Debo concordar contigo, Shan...- confesó Assar, al que le caía sangre de la frente -Yo jamás llegué a pensar que... este poder... existiese-
-¿Ren? ¿Estás bien?- Rash ayudaba a la chica, que parecía aturdida, a ponerse en pie
-Venga monada, no te quedes atrás- terció Sabine -No quisiera quedar por encima de ti tan fácilmente- Ren frunció el ceño, molesta por la actitud de esa chica. Si estuviese bien, si se encontrase mejor, si pudieran coordinarse... Eso era, esa podía ser la respuesta. Ren recordó cómo había funcionado anteriormente el combinar los ataques de Ares, Shan y ella misma para vencer a los Wulf. La comunicación con Ares sería complicada, pero Shan, Assar, Rash y Sabine estaban a su lado... Ren decidió tomar las riendas en ese instante y pedir a Sabine que fuese con su ejército para, en lugar de esperar que la Deidad cayese, alzar la arena contra ella. A Assar y Rash les pidió que comandaran a los Vakiri para concentrar absolutamente todo el reiki en volver a crear un torbellino, pero en el ojo de la tormenta eléctrica. A Shan, por último, le encomendó la tarea de ir junto a Ares y pedirle que él y los Sombras concentraran todo su poder en el torbellino. Su unían y sincronizaban todo el ejército al completo todo su poder, quizá pudieran hacer algo. Todos estuvieron de acuerdo y Shan se esfumó tan veloz como pudo. Cuando llegó junto a Ares en cuestión de unos minutos, algo agotado, le explicó el plan. Ares asintió sonriente.

Entonces el segundo plan se puso en marcha. La arena, que ya no estaba electrificada, ascendió con fuerza, como un colosal torrente, hacia la Deidad. Sobre la misma, se formó un enormísimo torbellino, tan amplio como la misma Djini, cayendo sobre ella. La arena alcanzó a la Deidad desde abajo y el torbellino desde arriba, que unido a la tormenta eléctrica, transformaba el huracán en la mayor tormenta que jamás haya contemplado el ojo humano. La Deidad desapareció dentro del tornado y la arena que la apresaba desde abajo, recibiendo las descargas de los tornados, comenzó a endurecerse. Pasaban los segundos y la Deidad comenzaba a rugir furiosa e impaciente, pero no conseguía liberarse -¡Ren, lo está consiguiendo!- rió Ares
-¡Bien!- gritó Assar desde el otro lado de la Corona -¡Parece que lo estamos consiguiendo, Ren!- la chica asintió, aún no cantaba victoria. Quedaba que Ares la sellara en el pergamino. Y eso mismo es lo que el joven pretendía. Dejó de atacar para sacar el pergamino de sus ropajes y lo extendió en la arena para formular sellos sobre el mismo. Los símbolos que había dibujados en círculo en el pergamino se iluminaron de color plateado -Bien, vamos allá- apuntó a la Deidad con la mano derecha abierta, mientras que con la izquierda sostenía el brazo -Te presento las Nueve Puertas de Thanatos...- sólo quedaba ejecutar la técnica, sólo sería un segundo y quedaría atrapada sin posibilidad de escapar, pero todos los presentes en la batalla pudieron sentir el intenso reiki que comenzó a manar de la tormenta. Tan fuerte que les costaba respirar. La arena, el tornado y la tormenta eléctrica se disiparon como humo movido por el viento cuando la Deidad alzó su voz en un fuerte gañido de dolor y angustia, mientras su cuerpo despedía corrientes de reiki puro y salvaje, en forma de un aura de color verde. El desierto se llenó de cadáveres mientras los cuerpos de los más débiles colapsaban ante la presión del reiki de la Deidad. El enorme ser volvió a abrir la enormísima boca para concentrar reiki en la misma, cargando una esfera de energía verdosa, de reiki puro, que momentos después dispararía contra el propio suelo que había bajo ella. Fueron momentos que se hicieron eternos. El mundo se volvió blanco ante el estallido. Ni siquiera oyeron la explosión hasta que la devastación les alcanzó a todos. Cuando Ren abrió los ojos, creyó estar muerta. Sólo había silencio, una suave brisa, poco más. Sin embargo Shan estaba a su lado. La sostenía mientras ella trataba de incorporarse ¿Qué había pasado? ¿Habían muerto? -No... aún no...- dijo Shan casi sin aliento. Cuando la chica abrió bien los ojos, vio que estaba dentro de un lugar que ya conocía. Estaba envuelta en el reiki oscuro del Espectro. 

[Naruto Shippuden OST - Departure to the frontlines]

Ares flotaba dentro del reiki, a la altura de la frente del enorme ser humaide. Lo había invocado por completo. El Espectro parecía un misterioso guerrero envuelto en una capa de vagabundo completamente destrozada, a pesar de ser reiki puro del mismo color entre gris y negro. Le faltaba un brazo, completamente destrozado por la gran explosión, que había logrado desviar hacia otra dirección. Realmente... era un poder enorme, gigantesco, capaz de rivalizar contra una Deidad ¿Qué demonios... eran los Shin? ¿Qué era... Ares? El Espectro miró hacia abajo a la vez que lo hizo Ares para comprobar que estaban bien. Había salvado una amplia porción del ejército, pero no a todos. No eran ni un tercio de lo que fueron al principio de la batalla -Están todos bien...- dijo el hombre para sí mismo. Sacó el pergamino que previamente había guardado y formuló los sellos. Esta vez, aunque le costase la vida, acabaría por encerrar a esa maldita criatura. Ren quiso saber qué estaba haciendo
-Ese idiota ha invocado al Espectro al completo- bufó -Puede que le cueste la vida-
-Es... impresionante- comentó Rash, sorprendido
-Parece un dios- balbuceó Sabine, asombrada y a la vez muerta de terror. Assar, mientras tanto, contemplaba con el ceño fruncido. El Espectro de Ares desplegó un aura aún más poderosa y comenzó a levitar, encarando a la enorme criatura. La Bestia abrió una vez más las fauces. Sería la última vez
-Me temo que no, amiga mía- Ares formuló los sellos. El Espectro extendió el brazo que le quedaba hacia la Deidad. La ballena Djini disparó de nuevo aquella bocanada destructora de viento, mas debido a la técnica realizada por Ares, el umbral hacia el más allá pareció abrirse gracias al poder del Espectro, tragándose el proyectil con esfuerzo. Ares sonrió al conseguirlo. Formuló otro sello y el proyectil salió disparado del umbral de nuevo contra su creadora. El impacto fue tan atronador que Djini gimió de dolor largamente. Ares aprovechó el instante para volar velozmente hacia la criatura. Formuló la sucesión de sellado y dirigió la mano hacia la Bestia. El Espectro lo imitó. De la invocación de Ares surgieron miles de cadenas de reiki que comenzaron a enredar a Djini hasta envolverla casi por completo y tiraron hacia el Espectro. Djini se fue deshaciendo, poco a poco, en jirones de reiki de tono esmeralda mientras era absorvida, entre aullidos, por la técnica de sellado. Ante la atenta mirada de los supervivientes, el imponente ser desapareció, encerrada por fin en el pergamino de las Nueve Puertas de Thanatos. El Espectro comenzó a descender hacia tierra lentamente, cada vez más y más despacio, hasta que en cuando tomó tierra, comenzó a desvanecerse y Ares cayó fulminantemente al desierto, derrotado, conociendo lo que le aguardaba. Pero la victoria, la vida de los que había protegido, el honor del clan Shin y Ren... sobre todo por Ren, moriría feliz si era necesario.

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