Ren despertó en su
habitación, sola. Aún guardaba el recuerdo de un terrible dolor en su corazón y
a lo largo de todo el cuerpo. Se quejó, se dobló al sentir como todos sus
músculos se engarrotaban. ¡¿Qué demonios había pasado?! No pudo contenerse ni
esperar a que algo nuevo sucediese si tan si quiera habría pasado un día desde
que Ares se había marchado. Se puso en pie corriendo, lo que provocó que
tropezase contra el suelo al no poder ver. Se llevó una mano al vientre antes
de caer, por puro instinto. Mas se volvió a poner en pie rápidamente, tentando
con las manos todos los muebles hasta que encontró el tocador en el que estaban
sus ropajes. Tras ponérselos como pudo, se dirigió hacia la puerta, llevando
las manos por delante. –Shan… Ayesha… ¿Dónde estáis?- empezó a preguntar, pero
no parecía haber nadie en los pasillos. Apoyando una mano contra la fría pared,
empezó a caminar en el sentido en el que recordaba que estaban las
habitaciones. ¡Demonios! ¡¿Qué habían hecho con ella?! Recordaba cada
sentimiento, cada temor, cada grito, cada esencia de reiki que percibió… ¡¿Qué
le habían hecho?! -¡¿Ayesha?! ¡Shan!- volvió a llamarles, desesperada,
sintiendo que iba a entrar en un momento de locura si, además de no ver, se
quedaba en repleto silencio. Y entonces, lo sintió. Aquel frío, aquel enorme
frío. Podía sentir el reiki, podía casi sentir el aliento de Hades sobre ella.
¡¿La estaba vigilando?! ¡¿Qué complot contra ella era aquel?! Sin pensárselo
dos veces, corrió por los pasillos buscando alguna señal amiga. El resultado
fue terminar cayendo de nuevo de bruces contra el suelo. Esta vez se hizo daño
en la mano, pero no lo suficiente como para no poder volver a reponerse. Dejó
de sentir el frío en el momento en el que oyó la voz del Van andando a paso
rápido hasta a ella.
-¿Ren? ¿Qué haces
tirada en el suelo?-
-Yo… me…- no sabía qué
decir. Recordaba que Hades le había prohibido contar nada de lo que había
sucedido. Pensaba hacerlo, pero la estaba vigilando. ¡¿Qué hacer?! ¡¿Qué
supondría contarlo?! –Ayúdame a levantarme, por favor- El hombre la asió por el
brazo y en seguida pudo volver a estar sobre sus dos pies. –Ven. Ayúdame a
volver a la habitación. Tenemos que hablar-
-No seré yo quien te
diga que no, pero… a Hécate empieza a sentarle mal que sea yo quien esté
contigo en…-
-¡Ven! ¡Maldita sea!-
ante aquel grito, Shan pudo sentir que fuera lo que fuese que ocurría, no podía
ser nada bueno.
En seguida llegaron a
la habitación. La mujer pidió que cerrase la puerta a sus espaldas, muy
alterada.
-Relájate y cuéntame
qué diantres te…- el Van guardó silencio al ver como la mujer deshacía el nudo
que sujetaba su ropa superior, buscando desnudarse. -¿Ren…?- la chica
prosiguió, y cuando separó la ropa, procuró que esta pendiese sobre sus senos.
Sólo había una cosa que quería mostrarle.
-¿Qué tengo en el
vientre?- cuando Shan miró, se quedó petrificado, en silencio. – ¡Shan! ¡¿Qué
tengo?!- preguntó desesperada.
-Es un… sello de
cierre. ¿Qué ha pasado? ¿Cómo has hecho eso?-
-¿De verdad crees que
he sido yo?- preguntó, cerrándose de nuevo la ropa.
-¿Entonces quien ha sido?
¿Y que ha encerrado ahí?-
-Ha sido Hécate.
Apareció anoche y… no recuerdo demasiado. Sólo recuerdo dolor, muchísimo dolor
y un enorme rugido en mi cabeza. Había mucho reiki, casi ni podía soportarlo-
-Espera, espera… ¿Un
rugido? ¿Hécate ha encerrado a una Deidad en tu interior?-
-Es lo que llevo
temiendo desde que me he despertado. ¡Joder! ¡Joder! ¡Es Nibiru! ¡Es la única
Deidad que estaba encerrada en Shin!- gritó, alzando las manos.
-¿Y por qué ha…? Tienes
las manos heridas- señaló el hombre. Al decir aquello, Ren comprendió por qué
le dolían tanto las muñecas. Entonces recordó aquellas cadenas que no le habían
permitido moverse durante toda la noche.
-Recuerdo, recuerdo
algo… ella dijo algo sobre proteger y cuidar… usarme como recipiente… para
conseguir eso- otra vez, se instauró un nuevo silencio. Oía a Shan respirar,
pero no sabía que estaba mirando o haciendo. -¿En qué estás pensando?-
-Pienso que Hécate se
ha cobrado un seguro con su futuro nieto a costa de tu bienestar-
-¿Cómo…?-
-Piénsalo. ¿Por qué
daría Hécate a la mujer de su hijo, perteneciente al clan Radih, uno de los
seres más poderoso de todo el planeta? ¿Acaso no sería de temer que lo usaras
para tu propio beneficio? Cualquiera sospecharía de ti siendo la única que no
pertenece a la sangre que aquí reside, más aun viniendo de una mujer que acaba
de perder a su hijo favorito-
-No te entiendo…-
-Lo que digo es que te
ha usado para asegurarse de que no vuelven a arrebatarle lo que ella más desea.
La descendencia.-
-¿Y qué aun así? Podría
largarme de aquí, con este infierno dentro de mí y manejarlo a mi antojo-
-Ahí te equivocas. Tú
lo llevas dentro, pero es ella quien lo controla. Piensa que una Deidad no
responde ante nadie una vez está liberada. Cualquiera que temiese por su vida,
sabría que usarla y liberarla sería un suicidio. Si tú la usaras, si
encontraras la manera de sacarla de ti, serías la primera persona a la que
asesinaría. A ti y a tu hijo, porque hace falta demasiado reiki para controlar
a una bestia así. Sin embargo, si te fueses por tu cuenta, ella tendría la
potestad de abrir el sello desde cualquier parte que desease, pues es su reiki
el que se encargó de cerrarlo. Teniendo ese poder en sus manos, tu vida y la
del bebé penden de un hilo-
-Pero… no lo entiendo.
Si tanto quiere la descendencia de su clan, si yo me marchara y ella abriera el
sello… ¿No sería ponerla en peligro?-
-Sí, pero… quizá Ares
encuentre a otra mujer que le dé otro hijo. Ella quiere asegurarse un futuro
cercano con tu criatura. Te amenaza con destruirte a ti y a todos aquellos que
tengas cerca si hicieses cualquier cosa que ella entienda como traición sobre
el linaje. En tu caso, si te marchases a Ravat… supondría la destrucción de
toda la aldea, como poco.- Ren se quedó en silencio. Todo lo que Shan decía tenía
sentido y encajaba en una mente tan retorcida como la de Hécate.
-Hija de puta… si le
hace algo a…-
-Tranquilízate. Por muy
zorra que sea, aquí, sin Ares, tienes la de perder. Y aun así, cuando Ares se
entere, dudo que pueda hacer nada. Esa Deidad está encerrada ya en ti. Ahora
mismo te está usando como recipiente. Nunca antes se ha usado a una mujer
embarazada como tal, pero… no tiene por qué ocurrirle nada al bebé- Ren supo
que Shan se calló si algo podría ocurrirle a ella, sin embargo. Pero de momento,
decidió ignorarlo.
-Todo esto tiene que
ser… una cruel tortura del destino por lo que he hecho. Si no, no puedo
explicarme como todo se ha dado la vuelta de forma tan repentina y ahora tengo
todas las de perder. Si al menos no…- calló al momento. No podía contar lo de
Hades, no podía revelar que alguien más sabía ahora de su identidad sin saber
antes que pretendía hacer con ella.
-Si tienes las de
perder, Ren… encuentra la manera de ganar otra vez-
-¿Cómo? ¿Así?- se
señaló a sí misma. Shan alzó sus dos dedos, dejando fluir algo de reiki sobre
los mismos. Otra vez esa técnica que ya Ren conocía. No le vio, pero le sintió
venir por su derecha, de manera que se apartó. –No necesito que me tranquilices
ni que…-
-¿Ves?-
-¿El qué?-
-Has conseguido ver. No
con tus ojos, pero si con tu reiki. Has sentido perfectamente como he ido a
atacarte con mis traicioneros dedos de la paz por tu derecha- comentó burlón.
-Has sido muy lento. Si
fuese una técnica de verdad, yo no…-
-…Sabría cómo haberte
esquivado ¿Verdad? ¿Sabes, Ren? Una vez me preguntaste que por qué siendo de
Van, sabía usar técnicas que correspondían a alguien entrenado bajo el amparo
de un clan. Te conté que había sido mi curiosidad y mi experiencia la que me
había llevado a entrenarme a mí mismo hasta conseguirlo. ¿Tú te sientes en
peligro aquí, Ren?- ella asintió -¿Y a pesar de todo… quieres vengarte de
Hécate por lo que ha hecho?-
-Más que nunca-
-Pues entonces… vamos a
entrenarte- la chica jamás llegó a ver aquella sonrisa entre burlona e
intencionada que se dibujó en la cara de Shan.
-¿Entrenarme para ser
capaz de defenderme solo con reiki? A Hécate le parecerá un acto de rebeldía-
-Y lo que ella ha hecho
es un acto de salvajada. Lo haremos de forma que no se dé cuenta nadie. Por la
noche, en la playa. Te esperaré allí todas las noches mientras duermen-
-¿Y cómo iré?-
-Ren…- suspiró –Creo
que es la hora de que le cuentes a alguien más tu secreto. A alguien lo
suficientemente confiable como para que todo esté seguro y… tu encuentres una
ayuda más en esto-
Ayesha entró minutos
después en la habitación, guiada por un Shan que le pedía guardar silencio en
todo momento. Ren le hizo prometer que guardaría el secreto a toda costa, aquel
que estaba a punto de contarle. La Vakiri se puso algo nerviosa, pero no escatimó
en palabras que aseguraban, que desde hacía meses, ya le era fiel. Más aún
ahora que había provisto a sus mujeres una solución para los hechos acontecidos
en Rodgar. Ren tomó aire…y comenzó a relatar su historia.
Pocos días después, la
Vakiri se encargó de escribir una carta a Assar en la que aseguraba que su hija
estaba en cinta, pero con el inconveniente de que a su vez, había sido usada
como recipiente de la Deidad de Midna, además de estar ciega. Ren no sabía cómo
sería capaz de reaccionar su padre ante aquel hecho, pero estaba segura de que
no lo haría de la misma forma que ella.
Durante semanas, Ren
evitó a Hécate en todo momento. Le inspiraba tal maldad y ella aún se veía tan
insegura, que era incapaz de sentir su reiki cerca. El reiki que sí que sintió
lo suficientemente cerca como para alertarla casi cada día, era el de Hades,
tan helado y escalofriante como siempre. La vigilaba, la estudiaba y ella lo
sabía. Estaba jugando y Ren empezaba a cansarse.
A lo largo de todo
aquel mes sin Ares, el vientre de Ren empezó a abultarse cada día más a la vez
que todo su cuerpo de transformaba. Las caderas se ensancharon ligeramente, los
pechos se apretaban contra su ropa a la par que dolían y sus mejillas se veían
más sonrosadas de lo normal. Empezaba a tener el aspecto saludable de cualquier
mujer en su estado. Sus ojos brillaban algo más de lo normal, aunque por
desgracia, no pudiese estar sin las vendas demasiado tiempo. Las heridas habían
sanado y empezaba a recuperar sus espesas pestañas, pero, las formas que
percibía cuando tenía los ojos abiertos apenas eran más distinguibles que
antes. Podía ver el color… pero poco más. Por eso, cada noche, tal y como Shan
le había pedido, Ayesha acompañó a la mujer hasta la playa. Como si de un sabio
se tratara, enseñó a Ren a controlar mejor su reiki, ahora que parecía estar
inestable con aquella bestia durmiendo en su interior. La chica no la notaba,
apenas la sentía, hasta que usaba el reiki para meditar, para sentir lo que
tenía a su alrededor tal y como el Van le pedía. Entonces lo notaba, un
inmensísimo poder… que le daba miedo llegar a poder soltar. También la ayudó a
luchar sin ojos y esquivar con el sentido. Ren era prudente. No se
extralimitaba, pues no deseaba perder al bebé. Era curiosa la manera en la que,
en un principio, estar embarazada le preocupó a la vez que lo odió, porque por
supuesto, no lo había deseado. Esa criatura no había sido fruto de ningún amor,
sino de un engallo. Sin embargo, ahora que cada día echaba más de menos a Ares
y empezaba a valorar lo que sentía cuando él estaba con ella… su punto de vista
cambió. Empezaba a imaginar el día en que nacería, el dolor y a la vez las
ganas de que dejase de estar ahí dentro para estar con ella, el hecho de que,
tal y como le había dicho Shan, no dejaría de tener sangre Yanagi, incluso
empezaba a pensar si se parecería a ella… y aquellos pensamientos se revertían
en Ares. Eran unos sentimientos que cada vez eran más difíciles de negar, sobre
todo cuando el hombre no aparecía. Llevaba demasiadas semanas fuera y nadie sabía
nada de él. Eso a Ren la desesperaba, constantemente preocupada, constantemente
preguntándose que estaría haciendo, pero a la vez con el temor de que cuando
volviese, Hades le contase lo que había descubierto. Si hubiese alguna forma en
la que Ren pudiese huir y buscarle, la tomaría… pero eso supondría despertar a
Nibiru. Estaba más encadenada a Shin que nunca.
Aquel día, por la
mañana, Ayesha se encargó de teñir el pelo de Ren para que no quedase rastro de
ninguna raíz cobriza. A la Vakiri, aún le costaba pensar que estaba ayudando a
la última Yanagi y no a una Radih. Era una idea que no rechazaba, al contrario,
la estimulaba. La hacía sentir importante, con una causa mucho más grande que
la de ayudar a la hija de Assar. Se sentía incluso orgullosa de que la chica le
hubiese revelado su secreto. Ahora, no quería hacer otra cosa más que servir.
Tras ayudarla a secarse
y a vestirse con unos ropajes más anchos de lo normal, ambas salieron del baño,
y al hacerlo, Ren sintió otra vez aquel frío helado en su piel.
-Últimamente, hace más
frío aquí en Midna que nunca- observó la mujer.
-Lo sé, Ayesha… es algo
que no es normal- dijo con intenciones. -¿Por qué no vas a escribir una nueva
carta a mi padre? Debe estar preocupado. Dile que estoy bien, que debo llevar
unas… dieciocho semanas ya y que ya puedo distinguir colores-
-Como quieras, pero
antes te acompañaré a la habitación-
-No, no te preocupes.
Me manejo bien ya, sé llegar sola-
-¿Estás segura?-
-Que sí, mujer. Ve por
favor. Assar debe estar tirándose de los pelos-
-Está bien. Ten cuidado
¿Vale?- Ren asintió y la mujer se marchó conforme. La sonrisa fingida que había
estado mostrando la chica, se esfumó en cuanto se giró. Tentando la pared,
caminó hasta su habitación, pero no entró. Siguió andando e incluso subió el
tramo de escaleras que encontró a su paso. Sabía dónde estaba la habitación de
Hades y no pensaba aguardar ni un minuto más de incertidumbre.
Cuando llegó, no llamó
a la puerta. Sencillamente, la abrió y entró. No había ruido, ni apenas sentía
el reiki allí dentro. El ambiente estaba cargado y olía a cerrado. Ren nunca
había estado allí y ahora sabía por qué. -¿A qué estás jugando? ¡¿Te pasas los
días persiguiéndome ahora que no está Ares, y cuando vengo a dar la cara te
ocultas?! ¿A caso eres un cobarde?- gruñó, llevando la vista oscura a todas
direcciones. De repente, volvió a sentir ese reiki helado envolverla. De no
estar, pasó a estar en todas partes. Respiró hondo, recordando como Shan le
había enseñado a identificar la fuente de la que el reiki procedía. De repente,
lo sintió frente a ella.
-¿Qué quieres, mujer?-
-He venido a que me
digas de una vez por todas quieres de mí y dejes de jugar como un niño- Al
decir aquello, oyó como Hades reía levemente a través de su máscara,
humillándola –Sé que sigues buscando algo. Si no lo hicieras, le hubieses
contado a Hécate quien soy y ya estaría muerta. Sin embargo no lo has hecho-
-¿Y quien te dice que
no lo haré? ¿Cómo sabes que no correré hasta Ares cuando él vuelva y le contaré
los oscuros secretos de su mujer?- su voz sonaba como un siseo escalofriante
que empezaba a poner de los nervios a la chica. Se estaba poniendo cada vez más
tensa y de momento sólo podía apretar los puños.
-Porque haré lo que me
pidas- dijo segura –Haré lo que quieras que haga con respecto a Ares, con la
aldea, con lo que quieras. Lo que sea… si no le cuentas nada de esto a Ares-
-Oh… ¿Es miedo por un
amor no correspondido lo que oigo? ¿A caso temes que él te rechace si se
entera? ¿La última Yanagi se ha enamorado de su único enemigo? No me hagas
reír, mujer… eres tan estúpida como el resto de tu clan lo fue-
-¡Te estoy hablando en
serio! ¡Deja de reírte! ¡Deja de darte esos aires porque aquí no eres más que
un repudiado! ¡¿Crees que no me he dado cuenta?!- gritó -¡Deja de reírte y
préstame atención!- apretó aún más los puños.
-¿Y cómo sabes que no
fallaré en el trato? ¿Cómo sabes que a pesar de todo, no se lo contaré a Ares y
te quitaré a ese niño de tus entrañas?- preguntó, esta vez con voz más seria y
cruel.
-Porque entonces no
tendré nada que perder y te juro que haré lo que sea por usar a Nibiru para
destruirlo todo. No me temblará la mano. Eso tenlo por seguro- admitió con voz
crítica –Así que dime qué quieres y a cambio, no le digas nada a Ares. Eso y…
cuéntame ¿Por qué…? Quiero oírlo de ti. Tú eres el único que queda de los que
estuvieron allí aquel día. Tú y yo. ¿Por qué, Hades?- preguntó -¿Por qué
asesinaste a mi hermano…? ¿Por qué asesinaste a mi clan?-
No hay comentarios:
Publicar un comentario