jueves, 25 de mayo de 2017

[Final Fantasy XV OST - 70. Song of the Stars]

Las palabras de Ren, por un instante, tardaron en llegar a Ares. El hombre sostenía al pequeño con una sonrisa tan tierna y cálida, mientras trataba de que sus ojos no cayesen de lleno sobre el niño. Gin, tan frágil, tan hermoso. Ares jamás pensó encontrar nunca sentimiento semejante en su interior. Sólo de pensar en lo que podría haber sucedido si no hubiese recapacitado, de no haber reflexionado sobre Ren y sus sentimientos hacia ella. El hecho de que tuviese el sello en su pequeña barriguita aún significaba mucho, pero Ares había tomado la decisión inmediata de que no permitiría que nada, absolutamente nada, le sucediese a ese bebé. Pero fue entonces cuando alzó la mirada hacia la madre, hacia la mujer que quería -¿Ren...? Yo... quería decirte que...- la sonrisa poco a poco se congeló en su rostro -¿Ren...? ¿Me oyes?- entonces la sonrisa se desvaneció por completo y las últimas palabras que oyó de ella se hicieron realidad en su mente -No... espera. No... ¡Ren!- se acercó hacia ella arrastrando las rodillas, abrazando al pequeño, que se movía y lloriqueaba tembloroso en sus brazos -Espera, espera, espera... Ren por favor, no puedes hacerme esto. No ahora. Ahora no- la sacudió con suavidad, pero aún así la chica no reaccionó lo más mínimo. El reiki se esfumaba por momentos, al punto de alcanzar niveles peligrosos. No tardó en volverse completamente indistinguible -¡REN!- vociferó desesperado, con las lágrimas acudiendo a sus ojos. El bebé lloraba -No, no, no. No, no Ren. Ahora no, maldita sea. Ssshhh, ssshhh... espera pequeñín, aguarda campeón, deja que papá... deja que... papá...- se le rompió la voz, se le cerró la garganta, un lamento salió con fuerza de sus labios -Mierda...- habló con un hilo de voz, derrotado, doblado en sí mismo, amparando al niño. Entonces tomó una rápida decisión. No podía ser. No iba a permitirlo. Tenía que encontrar la manera. Quizá aún estaba a tiempo. Ares se quitó la ropa de la parte superior del cuerpo y envolvió el cuerpo del pequeño Gin para depositarlo junto a su madre. Tan tapadito, parecía un bultito adorable. El niño parecía estar a gusto. Los ropajes llevaban la mezcla del aroma de ambos padres. Era como estar en casa -Aguarda ¿De acuerdo? Duerme, duerme Gin. Mamá va a volver ¿Sí?- repetía y repetía, desesperado, moviéndose a toda prisa. A pesar de frío que hacía en el bosque en pleno amanecer, Ares se armó de valor para recolocar a Ren con cuidado contra e árbol que tenía detrás. Le abrió un poco los ropajes de la parte superior del tronco, en la zona de los pechos y cargó un poco sus manos con electricidad -Vamos Ren...- puso las manos sobre el corazón de la chica y una leve descarga sacudió el cuerpo de la mujer. Nada sucedió -Venga, no me hagas esto- sonrió entre lágrimas. Sonrisa desgarrada, triste y desquiciada -No le dejes solo- musitó volviendo a aplicar una descarga -No soy quién. Soy su padre y no he estado a su lado. Soy tu esposo y no he estado a tu lado- sollozó, volviendo a aplicar una descarga más -¡Ren...!- pero la chica no contestaba. Su rostro apagado seguía colgando pesadamente sobre uno de sus hombros, con los ojos cerrados y los labios destrozados por la sequedad. El calor desaparecía de su carne con mayor premura de la que Ares hubiese esperado. Signos de un corazón que había dejado de latir, señales de un alma que se había marchado. Ares no pudo contenerse más. Tomó al bebé, abandonándose al llanto, abandonándose a sí mismo. Se arrastró de nuevo hacia Ren con el pequeño en su regazo y se abrazó contra ella, para que Gin pudiese estar acompañados de ambos, aunque fuese sólo una última vez -Ren...- lloró el hombre desconsolado, tan roto, que ni su voz se alzaba en quebrantos. Su cuerpo se convulsionaba por el dolor, por los llantos, deseando, implorando, que todo hubiese sido de una manera diferente...

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La chica se despertó, sin esperarlo, en mitad de la nada. Le costó ponerse en pie, pero sorprendentemente no le dolía el cuerpo. Automáticamente, la imagen de Ares y el bebé acudió a su mente ¿Dónde estaban? Llamó por ellos, pero nadie contestó. Sólo la rodeaba una gigantesca penumbra, una oscuridad profunda y tangible. Estaba sola, no sentía frío o calor alguno. Sintió miedo, un miedo escalofriante que le recorrió cada ápice de su cuerpo. Se abrazó a sí misma. Tenía ganas de llorar. Aún tenía sangre en sus manos y entre sus piernas, con las ropas manchadas ¿Es que acaso... realmente ella había...?

[Persona 5 - The Poem of Everyone's Soul]

Mas de pronto sintió compañía. Alguien tras ella posó una mano suave y gentil sobre su hombro. La chica sintió recelos de darse la vuelta, pero cuando la dulce voz de una mujer la llamó por su nombre, su corazón se encogió. Reconocía esa voz, de entre todas las voces que existían en el mundo, esa voz siempre sería inolvidable para ella -Has pasado por mucho, mi pequeña...- susurró cálida, tierna, con un amor inconmensurable. Ren se volvió con la cara de piedra, incapaz de mostrar más expresión que mantener la boca abierta de puro estupor. Su madre. Estaba allí. Era ella. De verdad era ella. Le estaba hablando... y estaba más hermosa que nunca. Tan hermosa como el día del festival en que toda la masacre ocurrió -Hola mi amor- le acarició la mejilla y entonces Ren se desmoronó en unas lágrimas tan desbordadas a la vez que se lanzaba a los brazos de su adorada madre. Ella le correspondió con comprensión, acariciándole la nuca, estrechándola fuerte contra sus brazos -Llora querida, llora... Yo también lo haría si pudiera...-
-Siempre fuiste un corazón indomable. Me conmueve pensar en verte llorar- dijo entonces otra voz que golpeó a Ren en el corazón con la precisión de una flecha mortal. Al lado de su madre estaba Ryu, su padre, tan amable y risueño como siempre era -Permíteme a mí también abrazarla, Nara. La he añorado tanto como tú- y una vez el hombre abrazó también a su hija, Ren sabía que estaba en el lugar donde la felicidad alcanzaba su corazón. Les dijo cuanto les quería, cuanto los había añorado a ambos. También quiso saber de sus hermanos ¿Dónde estaban? ¿Podía verlos también? ¿Itto, Sadame? -Ren... cariño...- sonrió el hombre acariciándole los cabellos -No podrás verlos... nunca más- la chica no entendía por qué, si ellos estaban ahí -Esto... esto no es el otro mundo, querida-
-Escucha a tu padre y a tu madre, porque esto es importante. Muy importante: estás en el filo de la vida y la muerte. Tu alma aún no se ha marchado del mundo terrenal. Estás en las puertas... y no te permitiremos entrar- Ren no creía lo que oía ¿¡Cómo!? ¿¡Por qué!? ¡Podría estar con ellos! -Aah, Ryu... los corazones jóvenes olvidan rápido- dedicó una mirada profundamente cariñosa a su esposo
-Ren, mi niña- Ryu le tomó el rostro entre las poderosas manos -¿No olvidas nada? ¿No hay nada que hayas dejado atrás hace muy poco tiempo, antes de despertar en esta siniestra oscuridad?- entonces Ren se percató de que sus padres parecían desprender un halo de luz extraño, como si brillaran en contraste a esa penumbra. Sopesó la pregunta de sus padres y entonces cayó en la cuenta. Se llevó la mano al vientre. Gin... y Ares. Estaban en el bosque y ella... ¿Y ella...? Por las deidades, se llevó la mano a la boca para contener aquella amalgama de emociones que la envolvieron -No es tu momento- sentenció Ryu -No es la hora que te pertenece para venir aquí Ren. No es tu lugar. Aún falta mucho tiempo para ti- sonrió entusiasmado, como padre, alegre de que su hija siguiese viviendo -Y cuan curioso es... ese destino que te aguarda, volver al mundo de los vivos... está en manos del sucesor de quien nos condenó a estas tinieblas- dijo sin perder un ápice de alegría

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Con el fallecimiento de Ren y la desaparición de su reiki, los árboles del bosque volvieron a su estado natural. Ares no se había movido del sitio, aún llorando junto a Ren mientras Gin parecía haberse dormido, quizá mecido por los silenciosos lamentos de su padre. Ares estaba tan obnuvilado que no oyó los pasos acercándose, despacio, serenos y confiados. Un buen número de Sombras, al rededor de una patruya de quince soldados, rodearon el árbol en el que estaba Ren y por lo tanto, a Ares y al pequeño -En nombre de nuestra señora Umbra Hécate Shin, quedas detenido Ares Shin por alta traición. Serás llevado de vuelta hasta la torre donde nuestra máxima señora juzgará tus acciones de liberar a la prisionera Ren Radih y de poner en peligro el futuro linaje del clan Shin- el Sombra que parecía capitanear al resto desenvainó su katana y el resto hizo lo mismo. Ares seguía sollozando en el cuerpo de Ren, haciendo caso omiso a las advertencias de los perseguidores
-Sabes Ren... creo que lo he pensado...- le acarició la mejilla -La muerte de Helios me perseguirá de por vida pero... a mí... no me mataste...- masculló -Pudiste haberlo hecho tantas veces y... aún así...-
-Ares Shin. Señor- llamó el Sombra, acercándose -Por favor. Haznoslo fácil. No queremos combatirte- advirtió nuevamente
-Y este niño... lamento no haberme dado cuenta antes de que las cosas realmente pueden cambiar...- besó su fría frente con un cariño desmedido -Perdóname, allá donde estés... perdóname...-
-Entréganos al niño- el capitán se acercó definitivamente a Ares y extendió la mano hacia el bebé
-Si tocas a mi hijo te abriré en canal- advirtió, dejando a un lado la pena y abrazando a la ira, a la impotencia, a la rabia desmedida. El Sombra se detuvo, quieto como una estatua
-Son órdenes de la Umbra-
-Mi madre...- sonrió pesaroso -Mi madre... ¿Qué me ha otorgado mi madre, para que yo deba ofrecerle a ella...?- depositó al bebé sobre el regazo de Ren, tomando los brazos de la chica y poniéndolos de forma que abrazase al niño. Realizó una técnica tras unos sellos y una cúpula vaporosa rodeo a la mujer y al bebé. Un escudo del más allá -No le ofreceré más... que lo que yo desee ofrecerle. Mi madre ha perdido el juicio, Hades ha perdido el juicio, Assar Radih perdió el juicio...- un momentaneo llanto le golpeó el pecho -Sólo Ren terminó demostrando que la razón puede volver a quien ha entrado en una espiral de locura y obsesión...- se secó las lágrimas
-Nosotros... lamentamos oir eso. Pero debemos cumplir las órdenes. Por favor, entréganos al bebé y acompáñanos de vuelta a Shin-
-Este mundo ha perdido... toda razón de ser... Me doy cuenta- hablaba solo. Ni siquiera se dirigía al capitán Sombra -Todo por cuanto creí vivir... ahora se reduce a...- se giró para mirar a Gin y a Ren
-Lo lamento, Señor Ares. Unidad, tomad a Ares y al bebé. Dejad el cuerpo- aquellas palabras calaron en Ares El hombre realizó unos veloces sellos sin que los Sombras apenas se diesen cuenta

[Naruto Shippuden OST - Otsutsuki Kaguya theme]

El ambiente del bosque se ensombreció. A pesar de ser de buena mañana, con el sol alzándose en el amanecer, una repentina noche yació sobre la arboleda. No había luz solar y el suelo se llenó de bruma. Una bruma fría y helada como el reiki de Ares en ese preciso instante. Sus ojos refulgían con un tono azulado blanquecino, mortecino, como si fuese la luz de la luna -Este lugar... no tiene valor cuando quienes merecen vivir se marchan, y quienes esperan a la muerte ríen sobre su triunfo- formuló un último sello. De la espesura del oscurecido bosque y la bruma surgieron susurros y voces. Unas extrañas siluetas se dibujaban tras los árboles. Ojos brillantes observaban desde todas partes, escondidos. Era un ambiente escalofriante y terrorífico. Los Sombras se quedaron paralizados ante el horror. El poder del clan Shin era aberrante, una blasfemia
-¡Debemos detenerle! ¡Cortadle las manos si hace falta!- gritó el capitán Sombra abalanzándose sobre Ares, sin saber que de la bruma surgirían unos zarcillos sombríos que rodearon el cuerpo del hombre hasta consumirlo por completo, como una crisálida de sombras. Entonces, se comprimió. Los huesos y la carne restallaron. La sangre comenzó a brotar de esa oscuridad
-Esta es mi decisión... Condenaré mi existencia, seré un monstruo. Llevaré la marca de la muerte en mis manos... pero no dejaré que Gin crezca sin su madre- sentenció -Es una criatura inocente que nada tiene que ver con las guerras de nosotros, los adultos monstruosos que queremos decidir su destino... ¡NO LO PIENSO TOLERAR BAJO NINGUNA CIRCUNSTANCIA!- todos los soldados se vieron atrapados por las sombras y sufrieron el mismo destino que el capitán, sepultados por la oscuridad. Entonces, la bruma blanquecina comenzó a rodear a Ren. Ares se giró hacia ella y se acuclilló ante el cuerpo de su esposa -Por favor Ren... regresa...- las lágrimas volvieron a agolparse en sus ojos -Lo sé... y lo he llegado a comprender... Yo también te quiero- formuló un último sello para ejecutar la técnica en su totalidad. Una marca apareció en su mano izquierda, como un círculo negro en la palma de su mano. Del mismo, surgieron unas lineas oscuras que se dibujaron por todo su brazo hasta alcanzar el pectoral izquierdo, a la zona del corazón. Allí arraigó el símbolo de la muerte, reduciendo la esperanza de vida que le quedaba a Ares a la mitad del tiempo que viviría hasta alcanzar la muerte natural. Podían ser varios años más, podía ser pocos años más, podían ser meses o días, él nunca podría saberlo. Pero sabía, de todo corazón... que merecía la pena.

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[Naruto Shippuden OST - The guts to never give up]

Ren, aún con sus padres en la más funesta oscuridad, se vio envuelta en un halo de luz al igual que ellos. Perpleja, la chica se miró las manos llenas de sangre seca por haber sostenido a su hijo. Se preguntó, preocupada, qué ocurría. Nara y Ryu sonrieron tan complacidos que hasta se abrazaron. La madre de Ren se limpió unas socorridas lágrimas mientras el hombre se llevaba una mano al pecho completamente esperanzado -Mi amor... mi vida... vuelves al lugar al que perteneces- Ren dijo que no, no aún, sólo unos minutos más ¡Necesitaba decirles tantas cosas y escuchar otras tantas! ¡Tenía muchas preguntas! -Pero también tienes un hijo al que ver... al que cuidar y malcriar. Un hijo precioso que espera, ansioso, los besos de su madre. Y un hombre que...- suspiró -Parece que da la vida por ti- Ren quiso saber qué significaba eso -Pregúntaselo tu misma- rió Ryu
-Cariño... no te desesperes. Hemos venido a verte, y estaremos a tu lado todo el tiempo del mundo, aunque no puedas vernos y no puedas escucharnos, recuerda que estamos ahí, al igual que tus hermanos. Tennos presente siempre como nosotros a ti... y no tengas prisa por volver con nosotros- sollozó Nara -Por favor... vive, hija mía. Vive, crece, envejece, madura, sé responsable, aliméntate como debes y no pases frío. Déjate querer tanto como hacías cuando eras una niña...- casi no pudo contener las lágrimas, tapándose los labios con las manos, viendo como Ren poco a poco iba alejándose de ellos, pues una fuerza invisible, lentamente, tiraba de ella, sin forma de luchar
-Ren- llamó Ryu mientras ella se alejaba y se iluminaba más -Has crecido y te volviste una vengadora. Has cometido actos que nunca podrás olvidar, pero tampoco olvides las buenas acciones que has hecho y harás para redimirte- recordó, caminando hacia ella, aunque no la podría alcanzar -Ocurra lo que ocurra, eres nuestra hija- alzó la voz para que lo oyese, ya estaba lejos -¡Eres nuestra hija, Ren! ¡Porta con orgullo el apellido Yanagi! ¡Equivócate y aprende de tus errores!- alzó aún más la voz -¡Estamos orgullosos de ti! ¡No lo olvides jamás!-

Porque eres nuestra hija, y te querremos siempre con todo nuestro corazón

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[Naruto Shippuden OST - I Have Seen Much]
Ren abrió los ojos y un montón de lágrimas acumuladas cayeron como cascadas por sus mejillas. Al sobresaltarse al volver en sí, Gin despertó y comenzó a llorar. Ren, al percatarse de que aquello no era un sueño, lentamente comenzó a comprender que de alguna forma había... regresado. Tanta fue la congoja que la envolvió, que abrazó al bebé con todo su amor y lo besó de formas infinitas, acurrucándolo contra su, de nuevo, cálido pecho. Fue entonces cuando reparó en la presencia de un hombre ante ella, algo alejado, apoyado contra un árbol, con mal aspecto. Estaba descamisado debido a que sus ropajes envolvían al bebé. Desde su mano izquierda, por el brazo y hasta el pecho, se alzaban unas extrañas ruñas que convergían sobre su corazón. Ares estaba completamente agotado. Su rostro estaba apagado y tenía hasta ojeras. Habían pasado horas. El sol de la mañana ya los iluminaba. No había rastro alguno de los Sombras, desvanecidos por completo. Al ver que la chica le miraba con mirada perdida, Ares sonrió y un fino hilillo de sangre cayó por la comisura de sus labios -Hola Ren...- dijo con una voz cargada de pesar. Ella le devolvió el saludo, sabiendo en la situación que ahora se encontraban, en paz, con el niño sano y salvo, y sin perseguidores al parecer -Me he ocupado de los Sombras... nadie más te molestará- la chica sonrió y volvió a mirar al bebé, haciéndole mimos con el dedo índice. Entonces, tras un pequeño silencio, ella recapacitó y decidió hablar con Ares, de tú a tú... cara a cara. Primero... ¿Cómo lo había logrado? ¿Cómo... la había traido de vuelta? -Una antigua técnica prohibida del clan Shin. Los Sombras me ayudaron, por decirlo de algún modo... y el reiki de tu... collar- ¿El collar? El reiki de su padre... ahora lo entendía. Debido a ese reiki ambos pudieron acudir a ella cuando falleció. Agarró el collar con fuerza y sollozó apretándolo contra su pecho. Luego quiso saber qué eran esas marcas en su brazo y pecho -El precio por traerte de vuelta- sonrió, simplemente, sin decir nada más. Ella no necesitaba saber la oscura verdad -¿Qué piensas hacer ahora, Ren...?- preguntó entonces Ares, contemplándola con el niño en brazos. La chica no apartaba los ojos de su bebé, y contemplándolo con tanto amor, viendo tanta belleza y tanta dulzura... decidió que no quería más batallas. Estaba harta, confesó. Con la barbilla encogida clamó que quería estar con su hijo, como sus padres querrían, que viviese una vida feliz, apartada del dolor, apartada de la miseria. Que simplemente... vivira y le diese a Gin la mejor vida posible -Comprendo...- ella entonces le miró y se preguntó lo mismo ¿Qué haría ahora él? Sabía la verdad, sabía lo que ella pretendía, lo que hizo y lo que estuvo a punto de hacer. Helios... murió por ella. Ares negó con la cabeza -Esta vida es muy frágil y corta, Ren... para sumirse en la venganza. Fuiste la causante, pero aunque suene cínico... tal vez mi hermano hubiese muerto de cualquier otra afección debido a la clase de vida imprudente que llevaba- suspiró pesadamente -Sólo... lamento que tuviese que llegar a ocurrir...- apretó los puños -Pero eso no cambia el hecho de lo que he llegado a sentir... y que seas la madre de mi hijo- Ren entonces suspiró -Quiero que te marches, Ren... Márchate para poder vivir una vida plena, feliz, con Gin, como ambos merecéis- ella asintió despacio. Recalcó que ella quería marcharse. No volvería a pisar Shin, y menos con Gin en sus brazos -Estoy de acuerdo...- para ambos, se volvió terriblemente difícil continuar con la conversación -Sabes... que no podré acompañarte. Volverás a Ravat, el que ha sido tu hogar desde que Assar te acogió- Ren asintió -Y para mí... es mi enemigo- Ren deseaba que no fuese así -Pero es así... conspiró contra nosotros. No puedo estar allí- la chica lo comprendía -Además... yo... debo volver y... aplacar los ánimos en Shin. Debo controlar a mi madre y a Hades. Impedir que cometan más locuras, más asesinatos. Frenaré la caza que se ha lanzado contra Shan... y quizá algún día pueda volver contigo. Tal vez con él, allí...- Ren le suplicó que no acabase esa frase -...De acuerdo...- entonces ambos se mantuvieron en un profundo silencio,  mirándose el uno al otro durante largos minutos.

[Naruto Shippuden OST - Rainy day]

Momentos después, Ren emprendió el camino. Paso a paso, sentía la triste y desgarradora sensación de alejarse de Ares, del padre de su hijo, el hombre al que amaba. No hubo ningún abrazo, no hubo ningún beso. La despedida no hubiese acabado de haberlos habido y ambos lo sabían. Se entendieron con la mente. Los dos comprendieron el uno en el otro que, por mucho que lo deseasen, por mucho que les doliera, debían dejarse marchar con rapidez. Así se alejaba, quizá para siempre, del amor que había conocido. Del hombre que, a fin de cuentas, a pesar de su ira, a pesar de que ella hubiese matado a su hermano, la había salvado ya tantas veces... Miró atrás por última vez para verle allí, de pie, entre los árboles, mientras la luz del sol se filtraba entre las hojas de los árboles y le iluminaban a ratos. Sentía sus ojos atravesándola. Casi recordaba sus manos tocándola... pero era lo mejor. Ella lo hacía por Gin... y Ares también. Era el motivo por el que se separaban... y no por ello dejaba de ser descorazonador. Ares, al igual, la veía marchar con una enorme pesadumbre. Deseó que no hubiese vuelto a mirar atrás, pues sintió que si lo volvía a hacer una vez más no podría dejarla ir, o se marcharía con ella lejos, donde nadie los encontrase. Pero el buen hombre sabía que tenía trabajo que hacer. Por eso permaneció allí quieto, junto al árbol que vio nacer a su hijo, contemplando como en lo que se había convertido su vida se alejaba, madre e hijo, esposa y único amor en su vida, se alejaba de él para poder vivir en paz y dar la vida que se merecía el pequeño. Se sintió débil sólo de pensar en no volver a verles nunca, tanto que se apoyó en el tronco del árbol. Pensó en que quizá, en el futuro, lograra cambiar las cosas. Por ello, mientras llegaba el día en que pudiese cambiarlo todo, esperaba junto al árbol viendo como Ren había desaparecido y le bañaba la luz del sol por última vez, porque sin ella, sin el pequeño, la luz de su vida se había marchado para siempre -Adiós Ren, adiós Gin...-
Ren vio como Ares la cargaba a toda prisa, en mitad del silencio de la noche, en dirección a las afueras de la torre Shin. Sentir el aire fresco, después de tanto tiempo, fue como recibir una bocanada de vida, por mucho que el clima de Midna fuese tan apagado como siempre. Se sujetaba el vientre, pesado, abultado. Casi le daba pánico dejar de usar el reiki para retrasarlo todo, para evitar que el bebé se sintiese incómodo por mucho que, a aquellas alturas, debía estarlo demasiado. Sin embargo, cansada, viendo como poco a poco dejaban atrás el hogar de Ares y que corrían en dirección a la salida de la aldea, se obligó a hacerlo. Con un quejido, cortó aquel fluir que durante días, sin descanso, había mantenido constantemente trabajando. Casi se asfixió al hacerlo. Era como estar durante largos minutos siendo asfixiada, y que de repente, la soltasen. Ares se quejó al ver que por fin lo había hecho, sin dar crédito a aquella actitud –Tenía que protegerle… no podía dejar que… no podía dejar que tu madre se lo llevase o tu hermano lo asesinase.- le miró a los ojos –Si tengo que protegerlo con mi vida, lo haré- confesó con claridad, sintiéndose menos pesada y más ligera ahora que había dejado de luchar contra su propia naturaleza. –Ares, yo…- El hombre le pidió que guardase silencio. No era momento de charlas, no era momento de reflexionar, de disculparse o de echarse las cosas en cara. La prioridad era el bebé. Hacía tiempo que debería haber nacido y no lo había hecho. Había que darse prisa. Ren asintió. –Vamos a Shizune- Ares abrió mucho los ojos. ¡Shizune estaba demasiado lejos! –Llegaremos. Si cuando lleguemos no ha querido salir de aquí, lo provocaré. Pero quiero estar allí. Allí no podrán hacernos nada- le dijo con total confianza. –Sé que no tengo derecho a pedirte esto. Sé que me vas a odiar más de lo que ya lo haces… pero confía en mí. Allí es más seguro, para los tres- Tras suspirar y no pensarlo demasiado, Ares terminó por aceptar. Sujetó bien a Ren y corrió tan veloz como sus habilidades y su reiki se lo permitieron. Por un momento, la chica pudo respirar con tranquilidad.

Pero aquella tranquilidad, duró bastante poco. Manteniendo el ritmo de velocidad constante, no encontraron problema alguno hasta que, en plena madrugada, llegaron a la frontera de Midna con Shizune. Empezaron a sentir que los Sombras les perseguían, que empezaban a pisarles los pies, justo cuando Ren empezó a sentirse incómoda. –Espera, espera…- no podían esperar, no había tiempo –Es que no para de moverse- se quejó. –No… no me siento…- apenas tuvo tiempo de seguir hablando, cuando sintió un fluir acuoso correr entre sus muslos. No era demasiado, o al menos lo percibió así. Pero era cálido y había sucedido después de un sonoro crack que sólo ella llegó a escuchar. –Ares…- murmuró, intentando mantener la calma. Al ver aquello, el hombre se quejó. ¡Aún no habían pisado la periferia de Shizune! –No… no pasa nada. No nacerá ya… no noto nada, solo se está moviendo mucho. Hay que irse de aquí ya- el hombre volvió a sujetarla con fuerza, pero apretando la mandíbula. Si esos Sombras los alcanzaban en mitad del camino… -¡Sólo corre! ¡Yo me encargo!- gritó mientras le corría una primera gota de sudor por la frente. Ares asintió y desapareció del lugar. Aquello acababa de convertirse en una carrera con centra atrás.

Cuando por fin el clima cambió, los árboles empezaron a rodear a la pareja y la noche podía apreciarse clara y llena de estrellas, Ren comenzó a temblar. Nada más cruzar la frontera, empezó a sentir dolores en el vientre que se habían ido acrecentando cada vez más, creando una presión insoportable en su pelvis que empezaba a alcanzar cotas insoportables. Sobre los brazos de Ares, empezó a quejarse, a gritar y a doblarse sobre sí misma con una secuencia de tiempo medida y pausada. A rachas sentía esa presión, a rachas sentía la necesidad de apretar con todo su ser y aquello, a la vez, le provocaba un inmenso dolor. Entró en pánico al ver que no habían llegado hasta su extinta aldea y que todo estaba siendo mucho más rápido de lo que ella había imaginado. Empezó a sudar con más intensidad, empezó a sentirse muy cansada. El estar usando durante tantos días el reiki sin parar, había provocado que estuviese tan exhausta, que ahora carecía de fuerzas para afrontar aquello de mejor forma. Ares corría y corría sin descanso, sudando a mares. Y ella le observó… tan dedicado a pesar de que no tendría por qué hacerlo con ella. No podía más –Ares… para- dijo –Para ya- repitió, doblándose de nuevo en un grito horrible y desgarrado, que cuando pasó, la dejó casi asfixiada. –No puedo más. No puedo seguir más… para aquí- estaban en mitad de un enorme bosque espeso, sin claros, sin aberturas. Sólo arbustos, hierba y hojas. –Agh…- apretó los ojos, soportando el inmenso dolor. Ares la dejó reposar contra el tronco del árbol más ancho que encontró. Y cuando se sintió en el suelo, justo cuando Ares iba a desenfudar su daga, Ren se adelantó y elaboró cuatro sellos que hacía años que no usaba. Cerró los ojos y concluyó. La tierra empezó a temblar. Los árboles comenzaron agitarse. Si Ares se fijaba bien, se movían y duplicaban como si estuviese viendo una visión. Se quedó sin palabras al ver como los árboles se apegaban tanto los unos entre los otros, que crearon un laberinto tan enrevesado que era prácticamente infranqueable. Si miraba hacia arriba, las copas de los árboles habían hecho exactamente lo mismo. Las ramas se habían entrelazado las unas con las otras. Si hacía una vista general, podía decirse, que el propio bosque había creado una cúpula natural que los protegería mientras Ren mantuviese el reiki. Y eso fue lo que escamó al hombre. Cuando miró a Ren, ésta tenía muy mala cara. Agotada de reiki, había encontrado fuerzas para realizar una técnica más, una totalmente defensiva –Así no nos encontrarán… no serán capaces de cruzar entre los árboles- suspiró, falta de aliento –Me niego a dar a luz con esos Sombras acechándonos. Te recuerdo que uno intentó matarme y me dejó ciega durante meses. Era esto… o nada- de repente, otra contracción.

Ren volvió a doblarse sobre sí misma, para después hacer lo contrario, estirarse hacia atrás. Separó las piernas de pura necesidad. Aquello era un sufrimiento infernal. El mayor dolor que había conocido jamás. Ares se arrojó al suelo, arrodillándose ante ella. Alzó las faldas del vestido que había estado vistiendo desde que aquella barriga no le permitió vestir nada normal y examinó la situación. Con nerviosismo, confesó no saber que tenía que hacer –Yo… yo tampoco lo sé- tragó saliva –Nunca he visto a nadie hacer esto- añadió, respirando de forma cada vez más rápida. –Pero... por favor, no te quites de…- y otra contracción. Una vez más, más dura y prolongada que la anterior. Cuando terminó, casi estaba sin aliento. –No… esto no se puede soportar…- Ares la animó. Quizá si seguía haciendo esfuerzos, si empezaba a empujar ya, sería más fácil. –Vale... lo intentaré- Ren esperó a la siguiente contracción. Y lo intentó… lo intentó durante horas.

Tenía el pelo empapado y el rostro ceniciento. Las piernas le temblaban, así como el resto del cuerpo. Lloraba, lloraba a mares y sufría de aquel inmensísimo dolor entre gritos de angustia e impotencia. En aquella cúpula natural, las horas no parecían pasar y sin embargo lo hacían. Aunque las copas de los árboles les cubriesen, fuera ya empezaba a amanecer y Ren… Ren no estaba consiguiendo nada. -¡Agh!- gritó, después de otra contracción –No… no puedo más…- lloró. –No puedo más… ¿Por qué no sale?- preguntó asustada. Ares, impotente, angustiado por toda aquella situación que le superaba, afirmó que después de tantas horas, no encontraba mejoría. Se podía apreciar ligeramente la cabecita del bebé entre las piernas de la chica, pero llevaba en esa misma situación todo el tiempo. El bebé estaba encajado. No salía. –Dios… no… No por favor- lloró –No puedo más, Ares…. No puedo más…- lloró entre gritos –No tengo fuerzas, no puedo…- estaba asfixiada. Mantener la técnica y dar a luz siendo presa del miedo era lo más duro  que había hecho en su vida. Y sin embargo, Ares seguía animándola. Le decía que siguiese, que empujase. El bebé encontraría el momento de salir. Sólo debía empujar más. A la siguiente contracción, Ren puso todas sus ganas y entre gritos, empujó con todo su ser. A Ares se le enlagrimaron los ojos al ver que no hacía ningún movimiento. –Mi bebé… no…- la chica empezó a hacerse ideas oscuras y macabras en la cabeza. –No lo consigo… no consigo que salga… se va... se va a…- Ares hizo que callara. Aseguró que no pasaba nada. Sólo debía seguir… pero Ren sabía que no. Algo iba mal. Algo iba demasiado mal… y quizás solo estuviese ocurriendo por su culpa. Por retrasar su nacimiento. Por permitir que siguiese creciendo dentro de ella cuando debía estar fuera de su vientre. Miró a Ares… estaba sufriendo, estaba sufriendo otra vez por culpa de ella. Tomó una bocanada de aire y esperó.

[Naruto Shippuden OST - Decision]

Cuando apareció la siguiente contracción, Ren llevó la mano a su vientre. Si bien pensaba que ya apenas quedaba reiki en ella, éste apareció. Dejó que fluyese por su vientre y empujó en un grito desgarrador. Ares casi ni estaba siendo consciente de lo que ocurría, pues sólo observaba como la cabeza del bebé empezaba a coronar. Suspiró de alivió cuando la vio y le indicó a Ren que siguiera. La chica lo hizo otra vez. Ayudó a su bebé a empujar mientras ella se dejaba la vida en hacerlo también. El hombre intuía que quizá empujando pocas veces más, todo acabaría. Sonreía, empezaba a sonreír ilusionado, y eso le dio fuerzas a Ren para hacerlo otra vez. Una mano en el vientre y todo su ser en ello. La cabeza del niño comenzó a salir y Ren experimentó el mayor dolor de su vida. Sentía que se partía en dos. Sentía que se estaba desgarrando por dentro. Empezaba a entender que aquello acabaría con ella y continuó. Otro grito. Otro más. Ares ya sostenía la cabeza. –No lo sueltes… no lo sueltes- Otro grito. Otro más… y de repente, sus fuerzas desaparecieron por completo.

Se echó hacia atrás, sin aire… y el llanto desgarrador de unos pulmones fuertes pero pequeños llenó sus oídos. Tomó fuerzas para sonreír… porque aquel era el sonido más hermoso que había oído en toda su vida. Se atrevió a mirar por fin. Ares sujetaba al bebé entre sus brazos, emocionado, al borde de un ataque de ilusión y ternura. Aquella sonrisa en la cara del hombre al contemplar a su hijo… Ren se la quedaría para siempre.

Gin le llamó. –Gin…- sonrió la mujer –Quiero verle… dámelo…- Ares puso al bebé desnudo sobre los brazos de la mujer. Sostenerle fue como… como si todo hubiese acabado para siempre. Lloraba y lloraba, apretando las manitas y moviendo los pies. –Gin… ya está… ya está…-lo abrazó, aun estando lleno de sangre y fluidos. Mientras Ares se encargada de cortar el cordón y retirar cualquier molestia, Ren se dio prisa. Contó cada dedo de sus manos y cada dedo de sus pies. Le miró las orejitas y después esperó a que abriese los ojos al menos una vez. Estaba tan espabilado, tan lleno de pelitos oscuros, que no le costó en absoluto. Sus cabellos negros alborotados y sus ojos tan claros como el mar… era idéntico a Ares… y eso a la chica le produjo satisfacción. Entonces, reparó en su barriguita redonda. Tenía un sello en ella. –No… no… Ares…- lloró –Ares… tiene el sello… se ha quedado con el sello…- lo abrazó –No… Gin… tú no…- aquello fue lo más desgarrador que pudo sentir. Que su hijo hubiese heredado el sello… que tuviese parte de Nibiru en él… fue la mayor derrota que pudo sentir. Ares le dedicó palabras de ánimo. No iba a pasar nada. Lo solucionarían. No le pasaría nada. Él jamás sufriría. No lo iba a permitir –Gin…- le intentó acariciar. Le hubiese gustado darle alimento de su pecho, pero… ya no sentía gran parte de su cuerpo. –Gin… no llores más… no dejes que mamá te vea llorar más… no pasa nada…- tragó saliva. Los brazos empezaban a aflojarse. Empezaba a sentir que no le estaba dando ya calor a su hijo recién nacido. –Ares… cógelo- le dijo, sin poder mirarle. Empezaba a ver borroso. No ver nunca más el rostro de su hijo la destrozó por dentro –Se… se me va a caer. Cógelo…- se lo cedió –Cuidado con la cabeza… ¿Vale?... Todavía está blandita…- suspiró –Cuídalo…- Ares frunció el ceño. Ren ya no veía nada, ni sentía. Tampoco oía. Ya no quedaba reiki en su cuerpo, se había agotado todo, y con él, su vida. –Es la muestra… de… de que yo te quise de verdad…- se le escapó una lágrima –Dile a Shan… que…- no podía. No podía seguir. –Da igual… Sólo… no permitas que esto continúe…- ya no tenía fuerzas –Ares…- le llamó -Te…- y Ren calló. No cerró los ojos, no hizo nada.

[Naruto Shippuden OST - Maisou]


Su cuerpo muerto yacía sobre la hierba como una vez lo hicieron los cuerpos de sus familiares. Inerte, fría, con los labios rotos y llenos de pellejos y restos de sangre cubriendo toda sus piernas y parte del suelo... La última Yanagi hasta ese día, había muerto, una vez más… por proteger a su familia.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Shan se mantenía firme con la mirada clavada en Ren, penetrando sus pensamientos, intentando adivinar en vano una respuesta afirmativa de la chica. Los segundos se le hacían horas mientras ella permanecía ahí, quieta, de pie y en silencio, aguardando encontrar respuestas también en su propio interior -Debes responderme. Tengo que pleanearlo, Ren- insistió el hombre, aún sabiendo que era una situación difícil -Sé que es una locura lo que te estoy ofreciendo, sé que ese maldito monstruo que te han sellado dentro es un peligro letal para ti y para el bebé, y también lo será para mí, pero quizá sea un farol, quizá Hécate no sea capaz de...-
-Qué honor que se hable de mí- dijo la voz de la mujer mientras abría la puerta, con una severidad pocas veces vista con anterioridad por parte del Van y la chica -¿Interrumpo algo?- sonrió maliciosa
-Umbra Hécate- Shan bajó la cabeza -Sólo hablamos sobre...-
-Me da igual de lo que hablarais- interrumpió ella -Completamente igual. Oh, Van, no tienes ni idea, de corazón, de lo poco que me importan los temas de conversación que mantenéis tantas veces a solas últimamente, mientras mi hijo se marcha en busca de una solución para los ojos de una ingrata- acusó con voz alzada. Ren le dirigió la mirada pese a las vendas. Quiso contestar, pero Shan se adelantó
-¿Ingrata?- gruñó el Van -¿Cómo te atreves a llamarla ingrata? Ella simplemente ha soportado... de todo, en esta maldita tierra- estalló Shan
-Comprendo- asintió Hécate -De manera que por fin ponemos cartas sobre la mesa ¿No es así?- decía de pronto calmada, complacida por haber descubierto los sentimientos ocultos de ambos
-Las cartas están sobre la mesa desde hace mucho tiempo, maldita sea. Conozco bien ya tus intenciones. Sé que te desharás de Ren en cuanto de a luz. Confiésalo-
-¿Por qué me desharía de la esposa de mi hijo? Shan de Van, espadachín vagabundo, mucho me temo que estás enajenado. Y podría adivinar que es por rabia y celos, por lo que te diriges a mí con semejante altanería. Me hiere en el alma, de hecho, el silencio de Ren ¿Imagino que el sentimiento es mutuo?- Ren no comprendió -Ahora que Ares se marcha, en tu soledad, ingrata como acuso, te regodeas con la compañía de este hombre. Os observo cada día. Siempre juntitos, allá donde vayáis. Y mirad por dónde, os encuentro a solas en la habitación, hablando en un ambiente algo tenso- sonrió -Tal vez sí me empiece a interesar, ahora que lo pienso, vuestra conversación ¿De qué hablábais?- Shan estuvo a punto de decir algo, pero cerró la boca y mantuvo el silencio y la mirada a Hécate -Lo que me suponía...- la mujer alzó vagamente una mano y un par de Sombras entraron en la habitación
-¿Qué pretendes?- Shan echó mano a la katana -No deis un paso más-
-No te resistas, Van- advirtió Hécate -Será peor-
-Atrás he dicho- desenvainó su hoja -U os juro que...- Hécate suspiró y simplemente, se desvaneció. Cuando Shan se quiso dar cuenta, la tenía detrás -¿C-cómo...?- la mujer sostenía un kunai en el gaznate del hombre
-Pobre hombre- se lamentó Hécate con voz queda -Como todos soléis hacer, subestimáis a las mujeres- Hécate apartó el kunai y un Sombra golpeó fuertemente a Shan en el cuello, aprovechando su guardia baja, para dejarlo inconsciente -Encerradle donde no pueda volver a encontrarse con Ren hasta nuevo aviso- los hombres se lo llevaron. Ren gritó por Shan, por ayudarle -Hazte un favor a ti misma, Ren...- la agarró del cuello con fuerza, pero sin lastimarla, impidiendo que siguiera a los Sombras -... y no seas absurda. Estás demostrando que tengo razón, a fin de cuentas ¿Piensas engañar a mi hijo? ¿Es eso? Adelante, pero primero da a luz. No toleraré que ese niño se críe con una mujer adultera y un vagabundo Van piojoso- el reiki de Ren comenzó a descontrolarse debido a su rabia, pero Hécate, al contrario que Hades, no se asustó. La mujer clavó un dedo en el vientre abultado de la embarazada Ren y fortificó el sello, anulando por completo el reiki de Ren durante horas. La chica perdió la fuerza en las piernas y no cayó de bruces gracias a que Hécate la sostenía, que luego, la ayudó a sentarse sobre el futon -Descansa niña. Descansa por el bien de mi nieto. Una vez des a luz... tendremos tiempo de sobra para hablar sobre lo acontecido aquí- estuvo a punto de marcharse, pero disparó una última mirada afilada a Ren aunque ésta no la pudiese ver -Ah... Si te veo cerca de la celda del Van, te sacaré el niño yo misma y te colgaré de los riscos de Midna para que te devoren los pájaros-

A partir de ese entonces, el ambiente se volvió mucho más opresivo en la torre Shin. Con la ausencia de Shan, los minutos de Ren se hacían eternos. Ayesha también estaba mayormente apartada de la embarazada, debido a que Hécate mantenía a las Vakiri bajo una constante supervisión y les encargaba trabajos anodinos simplemente para mantenerlas ocupadas y alejadas. El día pasó como si estuviese encerrada en un pequeño cubo de pequeñas dimensiones, agobiada, con el corazón encogido y falta de respiración. Al día siguiente, tampoco se personó en la habitación de Hades para hacer una nueva entrega de sangre para los experimentos que el hombre estaba llevand a cabo, estaba harta, estaba enferma de todo y de todos. Sin embargo, sabía que tarde o temprano él llegaría, pues como él siempre decía, la muerte viene. Y lo hizo. El frío ambiente le erizó los vellos de la nuca. Hades se personó sin siquiera abrir la puerta. Ren comenzaba a cuestionarse si Hades estaba muerto y simplemente era un espíritu vengativo que la atormentaba en aquella torre. O simplemente, estaba desarrollando unas dotes que nunca antes había mostrado -Cuan valiente te muestras, mujer, por no aparecer en mi habitación. Requiero más de tu sangre- Ren se negó tras unos instantes de silencio, aún sentada sobre el futon -Entonces tendré que contarle a mi hermano la realidad de tu situación- Ren se mantuvo en silencio -Ya veo...- Hades afiló la mirada -Percivo una rabia ardiente en tu pecho ¿Es eso? ¿Has alcanzado ya tu límite?- Ren se concentraba en el reiki para poder verle, para poder apreciar cada movimiento que hiciese. No había persona en el mundo en quien confiase menos que en Hades, ni siquiera Hécate. Ella era fría, déspota, pero Hades era verdaderamente cruel y sus motivaciones desconocidas simplemente enervarían a cualquiera -Tendré que hacerlo por la fuerza- dijo a la vez que se avalanzaba hacia ella con una larga aguja en la mano. Ren se levantó veloz, tanto como pudo, para eludirle. Le pesaba el vientre. Demonios. No podía defenderse con todo su potencial. Sentía movimiento en su interior. El bebé sufría -Pones en riesgo la vida del monstruo. Bien- terció el hombre, a lo que Ren respondió que no pondría jamás la vida de su hijo, menos aún lo hacía al no darle más sangre para sus siniestros propósitos. Además, Hades, que siempre había sido frío y calmado, sereno, se había extralimitado y había demostrado interés en obtener la sangre. Ahora era ella la que sabía que no le interesaba tanto la idea de revelarle la realidad a Ares, sino obtener la preciada vitalidad Yanagi -Ya poseo más que suficiente. Realmente es otra sangre distinta que hay en ti la que quiero hoy- Ren entendió en seguida que se trataba de su hijo. El reiki comenzó a fluir de ella. Aseguró que destrozaría Shin. Que haría lo que fuera por liberar a la Deidad a cambio de que ese hombre no pusiera un dedo encima de su hijo. Hades se mantuvo en silencio, evaluando la situación a raíz de todo cuanto ya sabía de ella y su día a día. No obstante, sería un desperdicio que lograse romper el sello, que aunque improblable, no era del todo imposible -De acuerdo, mujer- dijo por fin tras un largo silencio -Por hoy, tú ganas. Mientras ese monstruo habite tu vientre. Cuando salga de ahí... será mío- tal como pronunció la última palabra, Hades y su reiki desaparecieron por completo. Ren cayó de rodillas a la tarima, temblando, con los ojos escociéndoles al llenarse de lágrimas. No soportaba Shin. No soportaba al clan. No lo aguantaría por mucho más. Deseaba irse de allí. Deseaba poder haberse ido con Shan.

Apenas un par de días después, regresó Ares, por fin. El hombre cruzó los patios de la torre Shin con una sonrisa exultante. Su viaje no había dado los frutos deseados pero había encontrado un objeto que quizá pudiese servir de alguna manera. Querría preguntarle a Shan, enseñárselo a Ren y discutirlo con ambos. Estaba completamente seguro de que de alguna forma podría funcionar. Una piedra reiki de los Yanagi, cargada con el viejo reiki de antes de la guerra. El reiki de la vida y la creación, el reiki de la sanación. El hombre no recibió bienvenidas aquella vez. Hécate ignoraba su regreso, así como las Vakiri y Shan no estaban por ninguna parte. De esa manera, Hades se dirigió raudo hacia la habitación que compartía con Ren. Cuando abrió la puerta, ella le detectó en seguida. Incluso antes de abrirla, ella ya sonreía sabiendo que era él. Ambos se abrazaron con una fuerza indescifrable y se fundieron después en un apasionado beso repleto de amor y cariño, hasta que Ares sintió que algo no iba bien -¿Ren? ¿Va todo bien?- preguntó amable, a lo que ella intentó afirmar que sí, pero no sonó convincente -No... algo ocurre- se extrañó -¿Te encuentras bien? ¿Está bien el bebé?- acudió veloz a palpar la barriga de su esposa, que cariñosa le acarició la mano. Insistía en que todo estaba bien -¿Y Shan? No le he visto por ninguna parte. Le dije que no se separara de ti... ¿Ha cumplido?- ella fue a asentir con velocida, pero se temió lo peor cuando le sintió llegar. Esa maldita sombra. La peor de las sabandijas. Hades estaba ahí
-¡Hermano!- llamó, extrañamente animado
-¿Hades?- Ares se giró extrañado -¿Qué haces aquí?-
-He podido apreciar que habías regresado de nuevo. Supuse que estarías aquí con tu agradable esposa-
-¿Te encuentras... bien?- Ares tenía un mal presentimiento -Te veo extrañamente cordial. Y tú nunca...-
-Oh... siempre fui muy cordial, hasta que los de su calaña me lo arrebataron todo. Nos lo arrebataron, Ares ¿Recuerdas?- sonrió. Maldita sea, sonrió profusamente. Y fue escalofriante
-¿Su calaña?- miró a Ren -¿De qué estás hablando? ¿Qué pretendes?- se puso serio -No hemos tenido problemas con los Radih en ningún momento-
-No, no con los Radih. Pero sí con los Yanagi-
-¿Y qué tienen que ver los Yanagi en todo esto?-
-En que estás casado con la última superviviente del clan-
-Deliras. Ren es hija de Assar Radih- bufó -Te estás volviendo completamente loco...- entonces Hades hizo lo impensable. Su brazo malherido, el brazo inmóvil que colgaba muerto a su costado, se alzó. Se movió, saludó con agilidad. Aún tenía un color pálido en la piel pero... podía moverlo -¿Cómo... es posible?-
-Sangre Yanagi- dijo entusiasmado -La sangre de los Yanagi, el reiki que en ella anida, tiene propiedades curativas, Ares. Lo sabes. Padre nos habló de ello... ¡Es la prueba definitiva!- se echó a reir de forma escandalosamente perversa -¡Los Yanagi aún viven! ¡VIVEN EN ELLA!- reía y reía -La tienes ahí... ¡Justo ahí!- la señaló -¡La última de todos ellos, casada contigo! Llevando el fruto de vuestra lujuria en sus entrañas mientras se ha reido de todos nosotros ¡EN NUESTRAS CARAS!- Ren alzó la voz para asegurar que no se trataba de eso en absoluto ¡No pretendía burlarse! -¿Entonces qué?- dio un paso al frente Hades, apoyado en la vara -¿Por qué? Di la razón ¡Di la razón, maldita mujer!- reía
-Ren...- Ares la miraba con estupor -Ren... ¿Es... cierto?- la chica tuvo la enorme tentativa de negarse -Dime la verdad... Yo...- Ares alzó una mano -Dime la verdad... sólo te daré una oportunidad. Sé sincera o te equivocarás conmigo para siempre-
-Eso, sé sincera- decía con voz carrasposa Hades -Di la verdad, hermana- Ren se mantuvo en silencio unos instantes
-Di la verdad... teniendo en cuenta que sé que debí morir en Ravat...- aquellas últimas palabras fueron un mazazo emocional para Ren, que se sintió terriblemente acorralada. Apretando los dientes y las manos, tratando de que el corazón no se le saliese por la boca, confesó la verdad. Sí... ella era descendiente de los Yanagi
-Aaah- gimió Hades -El placer de la verdad revelada...- había algo en su comportamiento inusual, o quizá fuese su verdadera naturaleza. Parecía estar loco, desquiciado. Realmente sentía placer observando la escena
-¿Pero... y Assar? ¿La boda...? ¿Todo...?- Ares no daba crédito -¿Cómo puedes ser Yanagi si...?- Ren procedió a narrar la verdad. Ella fue la única superviviente de la masacre Yanagi hacía más de dieciseis años, operada por Caronte Shin y su Segundo, Hades. Mataron a su familia, a los aldeanos, a todos. Ella escapó gracias a un guardián de madera que la llevó hasta la frontera, huyendo de la infestación Shin. Allí la recogió Assar Radih, que la crió como a su hija, mientras ella se devoraba a sí misma en el camino de la venganza y el odio -¿Pero por qué...? ¿Por qué Assar entonces querría casarte conmigo si somos tu mayor dolor?- no comprendía. Entonces Ren confesó el plan, como muestra de buena fe. Desesperada confesó los planes de Assar para borrar al clan Shin de la mera existencia y para eso ella sería el cebo, una Yanagi haciéndose pasar por una Radih que se casaría con el sucesor del clan, con Ares, para exterminarlos desde dentro. Así ella se vengaría por la destrucción de su clan y Assar conseguiría no tener mayores enemigos. Ares dio un paso atrás, como golpeado fuertemente por la realidad, intentando respirar con serenidad -Tú... viniste aquí para matarme...- musitó. Ella no lo negó, pero alegó amarle de verdad. Todo cambió con la forma en la que la trataba
-Pero no cambió para Helios- malmetió Hades, sonriente y sin máscara, antes de darse la vuelta -Creo que merecéis estar a solas...- y entre risas se marchó
-H-helios... ¿Lo hiciste tú?- la miraba desquiciado -Ren... ¿¡Mataste a mi hermano!?- Ren bajó la cabeza ante aquel colosal grito. Ares sabía tener presencia e intimidaba cuando se enfurecía. La chica no podía dar marcha atrás, de forma que asintió. Los ojos de Ares se llenaron de lágrimas -Viniste... para matarme- repitió -No lo hiciste... pero sí mataste a mi hermano Helios. Mataste al menor y más indefenso, al más joven, que tanto tenía por delante para descubrir- se le quebró la voz -Y aún así has sido capaz de dormir a mi lado, de acostarte conmigo... y de llevar a mi hijo en tus entrañas- Ren no sabía qué decir, más que derramar lágrimas desoladas y dolorosas -Ren...- Ares comenzó a llorar por igual, junto a la chica, aunque tratando de contenerse para poder hablar -¿Dónde más estaba la treta, Ren? ¿Shan es tu amante? ¿Ayesha y las Vakiri son también asesinas enviadas por Assar? ¿¡Qué más me ocultas!?- Ren aseguró que nada más y que todo había cambiado, sólo debía escucharla -¿¡Dónde está Shan entonces!?- ¡Encerrado, por su maldita madre! Le narró cómo Hécate apareció para llevárselo. Ares en ese preciso instante salió de la habitación, llevando a Ren del brazo hasta las mazmorras.

[Bleach OST - Compassion]

A pesar de haber sido pocos días, Shan estaba deplorable. Era el único en las mazmorras y se le veía sucio, sudoroso, con las ropas llenas de barro y la barba más larga de lo normal al no poder recortársela. El pelo le caía pegado sobre la frente. Las mazmorras de Shin eran especiales debido al clima del lugar. La humedad era constante, flotando en el ambiente, mientras que al no correr una gota de aire, el calor se hacía insoportable debido a las múltiples antorchas. Mezclado con la humedad, el cuerpo humano tendía a sudar de forma copiosa, dejando siempre con muy mal aspecto y sucios a los prisioneros. El Van escuchó llegar los pasos pero no prestó atención. Se sobresaltó al oir la voz de Ares llamándole -¡Shan!- el hombre alzó la mirada ipso facto
-¿Ares? ¿Ares, has vuelto?- se acercó a los barrotes, para ver cómo Ares traía con ojos vidriosos a Ren, que lloraba bajo la venda negra que le cubría los ojos -¿Qué... ha pasado?-
-¿Tú tienes algo que contarme, también?- preguntó
-¿A qué te refieres...?-
-¡A vuestro asqueroso plan de asesinato!- soltó a Ren, aunque no lo hizo con enfado -Ella ha confesado ¿Qué hay de ti?- Shan mantuvo un respetuoso silencio observando a Ren y valorando la situación -¿Y bien?- preguntó Ares impaciente
-De perdidos al río ¿No?- sonrió apagado -Está bien, Ares Shin. No soy su guardaespaldas. No al menos cuando la conocí. Estaba de camino a Midna con sus Vakiris cuando nos encontramos. Simplemente soy un viajero que se vio arrastrado voluntariamente tras sus pasos- se encogió de hombros -¿Por qué? Porque comparto su visión. Los Shin trajisteis la enfermedad al mundo. De la guerra vino el hambre y las enfermedades. Tenía una mujer y un hijo que murieron por vuestra culpa-
-¿Hay alguien que no me rodee hoy día que no tenga planes de asesinarme?- se cuestionó severo y con la mirada alta, altivo
-Pocas personas en este mundo querrían a los Shin vivos. Sois una enfermedad, sois la peste que asola los campos, los ganados y a las poblaciones. Un mal cáncer que debe ser erradicado a toda costa. Y voto a las Deidades porque no lloraré el día que desaparezcais- dijo vehemente Shan
-Eres muy valiente- valoró Ares
-Estar tras unas rejas te infunde valor a la hora de encarar a un miembro de la familia más hija de puta que jamás he podido conocer. Aunque es una lástima, tú parecías tener potencial. Aunque mirándote ahora, creo que lo has perdido-
-Tienes toda la maldita razón del mundo- Ares desenvainó la katana que llevaba a la espalda
-¡Eh! ¡¿Qué vas a hacer!?- Shan estiró el brazo entre los barrotes, pero no alcanzaba a Ares -¡No le pongas una mano encima, cabronazo! ¡Déjanos ir!- clamó -¡Le pedí a Ren que se marchase conmigo! ¡No le hagas daño! ¡Sólo déjanos partir y no volveremos nunca a esta tierra! ¡Hazlo aunque sea por el bebé!- Ares observaba furibundo al Van, con la katana temblando, tintineando, en su mano
-¿Qué clase de monstruo crees que soy?- de un rápido tajo, destrozó la cerradura de la celda y la puerta se abrió -Sal de ahí- ordenó. Shan obedeció con paso dudoso
-¿De verdad... vas a dejarnos ir? ¿Y tu madre?-
-Poco os importa lo que haga con mi madre- le entregó la katana a Shan -Idos. Partid de una maldita vez- Ren alargó una mano hacia Ares, pero éste apartó el brazo
-No me toques, Ren- las lágrimas le brotaron como cataratas de los ojos -Por favor... no me toques- la chica lloró a su vez. Ares cogió aquella piedra reiki de los Yanagi y se la entregó a Shan -Encontré esto durante el viaje. Quizá le pueda servir para algo, para... remediar sus ojos. Llévatela. Ayúdala. Sanala y protégela-
-Ares...- Shan no sabía qué decir
-Marchaos ya. No dejéis que os encuentren- concluyó
-Pero... quizá podríamos... si tú...-
-¡QUE OS MARCHÉIS!- rugió con fuerza. Un relámpago tronó en el cielo, en el exterior de la mazmorra. El reiki de Ares estaba terriblemente descontrolado. Se oían susurros en las mazmorras. Almas en pena. Espíritus que reaccionaban a su reiki, a su sangre Shin, a la muerte a la que él pertenecía -Porque si la sigo viendo aquí, Shan... si os sigo viendo aquí delante de mí...- se le quebró la voz -No... no podré contenerme... por favor...- dada la situación, Shan decidió ser práctico. Tomó a Ren de la mano y echó a caminar a toda velocidad. Ren forcejeaba. No quería. Tenía que hablar con Ares. Le llamaba gritando, pero él no respondía. Debía partir, era por su bien y por el del bebé. Ojalá pudiese haber acabado de otra manera. Ares salió de la mazmorra momentos después, con la mirada perdida. Estaba lloviendo de forma copiosa. Las gotas borraban las lágrimas de su rostro mientras él alzaba la cara al cielo nuboso. Ahora tendría que contener a Hécate, a Hades... y aplacar sus propios sentimientos, que sería lo más complicado. Al recapacitar sobre lo ocurrido, la rabia le invadió por completo. Abrió las manos y gritó desgañitándose hacia la tormenta sobre él. Comenzaron a caer rayos y relámpagos por doquier. Una tormenta eléctrica ocasionada por el desengaño y el dolor de un corazón roto en mil pedazos.

-

Habían pasado horas desde que marcharon y habían logrado recorrer unos kilómetros a pesar de que a Ren le costaba avanzar. A la chica le costaba seguir el paso de Shan con el alma tan rota, destrozada. El Van decidió parar a descansar unos instantes. Desde allí, él podía ver la lejana torre Shin, donde había un cúmulo de relámpagos que sabía, no eran precisamente naturales. La ira de Ares era incontrolable y sabía que había sido una sabia decisión el dejar atrás al hombre para que se calmara. Ayudando a Ren a sentarse bajo un árbol, extrajo la piedra reiki que Ares le entregó -Ren... esto... es lo mismo que lo que te regalé- la chica estaba distraida -El reiki de tu gente está aquí, el otro ojo del dragón...- la chica sacó el collar, siempre bien oculto, y lo acarició -Permíteme...- Shan se lo quitó un instante para engarzar la otra piedrecita, atada una junto a otra con una nueva cuerdecita, quedando una graciosamente sobre la otra -Oye... ¿Y si...?- le quitó las vendas. Ren seguía pensativa -Ren, escúchame- le agarró del rostro -Atiéndeme ¿De acuerdo? Intenta usar el reiki de las piedras. Intenta... curarte, como hiciste con Ares ¿Vale? Quizá funcione- Ren alzó la cabeza hacia Shan con pesadez -Vamos. Hazlo. Por tu bien y por el de tu ojo. Necesitas ver el mundo que te rodea. Necesitas verle la cara cuando nazca- a Ren se le encogió la barbilla, pero Shan tenía razón. La chica llevó sus manos hacia las piedras y comenzó a conectar su reiki con el collar, de forma que mutuamente intercambiaban energías y las transmutanab del uno al otro. De esa manera, Ren pudo comenzar a sanarse a sí misma, dedicando unos largos y tensos minutos a la labor. Finalmente, cuando abrió los ojos y miró a Shan, la forma del hombre se reveló definitivamente, clara como la luz de la luna. Podía verle. Sus ojos estaban bien... gracias al reiki de su padre, que perduraba en las piedras. La chica volvió a llorar desconsolada, abrazada a Shan. Ojalá hubiese podido ver a Ares una última vez.

Pasó un día completo desde entonces y la torre Shin parecía un cementerio. Ni siquiera había Sombras deambulando por los pasillos. Ares ordenó un completo silencio a todas las tropas, asegurando que decapitaría a cualquiera que le molestase. Esa orden, sin embargo, no se aplicaba a la Umbra Hécate, o así ella lo consideraba, pues se personó a la mañana siguiente en la habitación de Ares, abriendo la puerta con delicadeza. Allí estaba su hijo, arrodillado frente a la ventana, meditando, en silencio -Ares-
-Márchate- contestó él con poca paciencia
-Demando tu atención y sobre todo tu respeto. Quería hablarte de Ren-
-No tengo nada que hablar sobre ella-
-Es tu esposa. Seguramente te interese-
-No me interesa- concedió, seco y diligente. Hécate miró a todas partes de la habitación y arqueó una ceja
-¿Dónde está, por cierto? ¿Con el Van, otra vez? Venía a hablarte de ello-
-Se ha ido- dijo Ares
-¿Cómo que se ha ido? ¿Qué quieres decir?-
-Se ha marchado, con Shan. Para siempre-
-¿¡Qué!?- la mujer montó en cólera -Esa maldita ramera ¡Cómo se atreve! ¡He de recuperar al niño antes de que...!- se puso a formular sellos, pero Ares la detuvo con un veloz movimiento acercándose a ella
-No le harás daño-
-Idiota... estás tan ciego que no consigues ver...-
-No le harás daño- recalcó, más serio
-Suéltame- tiró de sus manos para que Ares la soltase, pues le estaba haciendo daño -¿Por qué tuvo que morir Helios y no tú o Hades?- dijo despiadad dándose media vuelta y marchándose. Ares, despacio, cerró la puerta de su habitación.

Shan y Ren intentaban avanzar lo más rápido que podían. Se acercaban a Chiriku, pero sabían que no lo lograrían. El Van hacía horas que había detectado un gran número de reikis aproximándose desde el este, seguramente Sombras que habían ido a buscarlos. Ren se preguntaba por qué, si había sido Ares el que les había permitido marchar -Posiblemente no sea cosa de Ares- terció el hombre, avanzando sin cesar. Entonces, Ren tropezó. Fue inevitable. No había dejado de llover desde que se marcharon y el terreno estaba cenagoso y húmedo, resbaladizo. La chica casi se torció el tobillo y afortunadísimamente, cayó de culo y el bebé no sufrió más daño que un repentino estrés que lo llevó a golpear desde el interior del vientre -¡Ren! Maldita sea...- intentó ayudarla, pero a la chica le dolía el tobillo demasiado. Intentó sanarse con su técnica Yanagi, pero el reiki de las piedras no se había restablecido todavía, no eran fuente de poder suficiente -Mierda, mierda, mierda...- Shan cerró los ojos y se concentró más allá de la lluvia. Casi podía verlos. Estaban cerca. Los reikis se acercaban -Ren... me temo que no hay escapatoria- musitó el hombre. La chica le miró lastimosa, llevándose las manos al vientre -Escúchame... yo...- le tomó una muñeca -Perdóname por esto- la mano de Shan se cargó de reiki y apretó. El hueso de la muñeca de Ren crujió, dislocado. La chica gritó -¡Lo siento!- dijo él -Pero debe aparentar que te he secuestrado, que realmente te he llevado a la fuerza, que tú querías regresar y yo no te lo permití- Ren alegaba que era una locura ¡Pondrían precio a su cabeza! -Posiblemente ya lo tenga- sonrió triste -Si no es aquí, es en Ravat. Recuerda que tuve un asesino arenoso en mi habitación- Ren le contemplaba estupefacta, sin saber qué decir -Por favor- le acarició la mejilla -Por favor... di que es mi culpa. Sobrevive. Y salva al pequeño- le puso una mano en el vientre -Por favor Ren- ella asintió con sumo dolor -Yo me ocultaré. Volveré cuando las cosas se hayan calmado. Buscaré la forma de estar siempre vigilándote. Velaré por tu bienestar- le sonrió -Ya vienen...- se recordó a sí mismo -Siento tener que dejarte sola Ren... pero te prometo que volveré. Da a luz y trata de ponerte a salvo. Regresaré a por ti- entonces, sin que la chica lo esperara, la tomó de la parte posterior de la cabeza y la besó dulcemente en los labios. Cuando se separó de ella, la chica no sabía qué decir. Él la miraba con un cariño cálido y sincero -Cuídate. Cuídate a ti misma, cuídate de los Shin... y de Assar- y desapareció, en la nada, como si fuese humo. Momentos después, una patrulla de Sombras rodeó a Ren, katanas en mano. La chica sollozaba con el ceño fruncido. Alegó que el Van que la había secuestrado había escapado tras dislocarle la muñeca y el tobillo.

[Bleach OST - Never meant to belong]

Cuando regresaron, casi había pasado un día más. Llevarla a cuestas fue una tarea laboriosa, debido a que Hécate ordenó que no se le hiciese daño alguno al bebé que ella portaba en sus entrañas. Cuando llegaron a la torre Shin, Ren estaba echa un desastre. Empapada con la ropa enfangada y lo peor, el cabello casi desteñido por completo debido a las lluvias. Una vez estuvo de vuelta, la llevaron a la sala de reuniones, donde aguardaba Hécate para dar instrucciones. Allí estaba Ares también, y su mirada se clavó con tanto dolor en los ojos de Ren, que parecían haber recuperado su color, siendo consciente de que ella le miraba con la misma claridad que él a ella. Sin embargo, fue el color de su cabello, cobrizo en lugar de negro, lo que hizo que su corazón se detuviese por un instante
-¿Qué significa esto?- preguntó Hécate, poniéndose de pie cuando la vio ahí, con el rostro ceniciento y su cabello rojizo -¿Por qué ese cambio de...? Un momento... ese color...- Ares se puso en pie sin decir una palabra, simplemente se marchó. Al pasar junto a Ren, ésta quiso tocar sus ropas
-¡No oses tocarle!- vociferó Hécate con dureza -¿Te has atrevido a engañarnos?- dijo acercándose a ella y tomándole unos mechones de pelo -Astuta, muy astuta, pequeña zorra...- Ren no tenía ánimos ni para enfrentar a Hécate. Ésta le propinó una sonora bofetada capaz de girarle el rostro a la chica y de dejarle la mejilla colorada -Llevadla a la habitación de invitados. La quiero custodiada día y noche. Cerrad bien las puertas y ventanas. No saldrá de allí hasta que de a luz- sentenció. Ren fue arrastrada por los pasillos mientras un apagado y sombrío Ares contemplaba la escena desde la distancia, con un enorme nudo en la garganta. Fue a altas horas de la noche cuando Ares se personó en aquella habitación, donde Ren se dejaba caer contra una pared, pensativa. El hombre la observaba con dureza, aún preguntándose a sí mismo cómo ella había sido capaz de hacerle algo así, cuando él sólo trató de hacerla feliz en cada aspecto posible. La chica nisiquiera alzó la mirada para encontrar su mirada. No quería su odio, ni su rabia. Quería al Ares que había perdido y sabía que no lo iba a recuperar, no así, no suplicándole -¿Qué ha sido de Shan?- Ren suspiró apagada. Le contó que se había marchado -¿Va a volver a por ti?- la chica negó con la cabeza -¿Debería creerte?- Ren no respondió -Ojalá hubiese sido de otra forma Ren, si es que te llamas así- se dio media vuelta para marcharse. La chica le llamó una última vez, sólo para asegurarle que retenerla ahí era una estupidez. Alegó que no tenía intención alguna de dar a luz en la torre Shin, no cerca de Hécate, ni cerca de Hades. Pues Hades se había aprovechado también de ella. Le había extraido sangre bajo la premisa de no contarle a Ares la verdad y ahora estaba utilizando esa sangre para sanarse a sí mismo. También quería la de su hijo... y si lo traía al mundo bajo ese techo, tanto Hécate como Hades, hienas hambrientas, se abalanzarían sobre él. Ares no dijo nada, ni siquiera la miró. Sólo salió de la habitación sin más que decir.

[Bleach OST - Torn Apart]

Los días comenzaron a sucederse, uno tras otros. Daban igual los días y las noches, no paraba de llover. Las gotas furiosas repiqueteaban contra las ventanas cerradas y custodiadas de la habitación de Ren, mientras que iban y venían Sombras a traerle comida. A pesar de no tener hambre, la joven se obligaba a comer para dar fuerza a su bebé. Sin embargo, se genaba de verdad a dar a luz en el hogar de los Shin. Cuando pasaron dos semanas encerrada en esa maldita habitación, empezó a sentir que se acercaba el momento. Aferrada a la esperanza de encontrar alguna solución, o de que Ares recapacitase, la chica se llevó las manos al vientre y concentró su reiki para adormecer al bebé, para calmar su cuerpo, para impedir el parto y retrasarlo lo antes posible. Sin embargo, semejante esfuerzo comenzó a debilitarla. Con el paso de los días su piel se tornaba blanquecina, sus ojos se apagaban, su cara contraíauna expresión macilenta y de mejillas delgadas y chupadas. Ren enfermaría de seguir así y quizá hasta no pudiese concebir al bebé en un estado seguro, pero debía hacerlo. Debía proteger a su hijo a toda costa, de quien fuese, aunque ello la llevase a la muerte.

Fue quizá la providencia que Ares abriese la puerta aquella última noche, mientras la chica yacía tumbada en el suelo, debilitada, con grandes ojeras por apenas dormir. El hombre se arrodilló junto a ella y la tomó entre sus brazos, sosteniendo su apagado rostro. Los ojos de Ren se llenaron de lágrimas mientras sonreía apagada. Era él. Ares. Había vuelto. La estaba sosteniendo. La estaba mirando. Parecía un sueño, un sueño agradable. Él le preguntaba que qué había hecho para estar así, pero ella apenas le oía bien. Sólo una voz hueca, una voz ahogada que no se podía deletrear. Se limitó a sonreir mientras las lágrimas le rodaban por las mejillas -Tonta, maldita sea...- murmuró Ares, viéndola débil, cansada, con ganas de poca cosa más que de poder descnasar -Deja de forzar tu reiki- le dijo -¿Me oyes?- le acarició la mejilla por un instante -¡Ren!- la chica espabiló por un instante. Reaccionó por fin. No era un sueño -Deja de forzar tu reiki- ella se negó. No pariría ahí -No vas a parir aquí. Tú y yo, nos vamos- la cargó en brazos -Aguarda ¿De acuerdo? Resiste. Ya nos vamos- Ren se agarró al cuello de Ares mientras la cargaba. Con los ojos cargados de lágrimas susurró palabras de agradecimiento -No tienes nada que agradecerme... También es mi hijo- los dos se miraron a los ojos y por fin, se pusieron en marcha.

martes, 23 de mayo de 2017

Aquella misma noche, mientras Ares y Ren dormían desnudos bajo el futón plácidamente, la chica se desveló. No fue una de sus pesadillas, ni mucho algo malo que provocase su desvelo. Simplemente, había sentido algo. No sabía descifrar qué, ni de donde había provenido. Por un momento, temió que Hades se hubiese acercado, pero no hacía frío y estando Ares con ella, no lo hacía. Miró de un lado para otro de la habitación, pues no dormía con las vendas, y en la oscuridad, era mucho mejor percibir las formas para ella. Sin embargo, nada. Allí no había nada.

Ares se despertó al sentirla moverse. Pensando que se trataba de una de sus comunes pesadillas, le acarició el brazo y le pidió que volviese a acostarse. -¿No lo notas?- al decir aquello, el hombre abrió los ojos y se sentó junto a ella. No percibía nada. –Yo sí… Es como… Reiki- Ares frunció el ceño, extrañado. Allí en la habitación no había nadie, sólo estaban ellos dos. –No…- al decir aquello, sintió como algo en el interior de su vientre se movía. El bebé parecía mover las piernas, o los brazos o… a saber. Sólo pudo sentirlo ella, de manera que llevó la mano rápidamente al vientre. –Es… es él- dijo perpleja. –El reiki proviene de él- Ares llevó su mano también al vientre, y esta vez, si pudo sentirlo. Ambos se quedaron sin palabras. ¿Cómo algo tan diminuto y con tan pocas semanas podía mostrar una hilera de reiki tan notable? Ante aquel silencio, Ren sonrió. –Sólo espero que no sea un imprudente como tú- Aquellas palabras soltaron una risa sonora en Ares, que aún no apartaba la mano del vientre. -¿Estás bien?- quiso saber la chica, al contemplar al hombre algo obnubilado. No le pasaba nada, afirmó. Simplemente, le daba tristeza pensar que hubiese crecido tan rápido durante todo su viaje. –Y cada día lo hará más y más rápido…- continuó la chica, con un deje de preocupación que no escapó a oídos de Ares –Me preocupa Hécate. No quiero que intervenga más entre el bebé y yo. No es suyo… no quiero que piense que es suyo. Es nuestro. Me comprometí a casarme contigo, me comprometí a tener un hijo que no quería- dijo con dureza –Pero yo... es tuyo, Ares. Es tú hijo, y por eso le quiero. Pero aunque no lo desease, aunque entendiese esto como una tortura, tampoco tendría ningún derecho a decidir sobre nosotros- se quejó –Ya es suficiente tortura saber que tengo a un demonio encerrado en mí, justo donde él está creciendo- suspiró. Las manos de Ares ahora acariciaban las líneas oscuras del sello dibujadas a lo largo del vientre. -¿Y si sale?- No iba a salir, no podía salir, y eso era algo que Ares tenía claro. La ayudó a volver a recostarse sobre la cama, de manera que él hizo lo mismo. –Empiezo a tener miedo de todo esto. Me da miedo que el tiempo siga avanzando. Me da miedo que nazca- confesó, agarrándose la parte baja del vientre. -¿Y si no puedo con ello? ¿Y si el dolor me supera?- aquella pregunta volvió a provocar una risa en Ares, quien dudó que una mujer como ella, después de todo, no soportarse el dolor de un parto. –Qué sabrás tú…- gruñó con mimo en la voz. –A veces sueño que nace…- sonrió. Ares quiso saber cómo era en sus sueños su hija. -¿Hija? ¿Crees que es una niña?- sonrió. Colocando un brazo bajo la nuca, divagó despierto. Si, creía que era una niña. –Una niña…- Con los ojos claros y el pelo como una nube oscura, prosiguió el hombre. Al decir aquello, la sonrisa se borró del rostro de Ren. Si se parecía a ella… sería pelirroja o pelirrojo. ¿Qué haría entonces? Aquel silencio, Ares lo tomó como si a su mujer no le gustase la idea de que fuese una niña –No, no. Una niña está bien…- sonrió de nuevo –Nell, Nyx, Rainy…- Ares la miró sin entender –Son nombres bonitos. ¿No? Aun… no hemos pensado ninguno y el médico dice que nacerá en cuatro meses, más o menos- ¿Y si era niño? –Pues… no sé- dijo pensativa. Gin, dijo Ares. -¿Gin?- Era pequeño y sencillo. Conforme más se lo repetía en su cabeza, a Ren cada vez le sonaba mejor. Aun así, sería una niña, aseguró Ares. –Sí… es posible. Nell la poderosa. Nyx la del reiki prematuro- bromeó, consiguiendo que Ares también riese. Finalmente, acabó acariciándole el pelo a su mujer. Se alegraba de que al menos soñase con el bebé y no con aquellas pesadillas –Ya…- nunca le había contado con qué soñaba –Es que… son cosas de cuando era pequeña, sin importancia. No pasa nada, de verdad. Era muy asustadiza y cualquier cosa me provocaba malos sueños. Me sigue pasando ahora- mintió, abrazándose a él para evitar que siguiese indagando. -¿Te vas a ir mañana otra vez?...- preguntó con tristeza, a lo que el hombre asintió. –Estoy bien así, Ares… no me pasa nada por no ver… y cada vez distingo mejor las cosas- Aquello le daba igual. Iba a encontrar un remedio para antes de que naciese el bebé, sí o sí. Ren suspiró, apagada, sintiendo aún aquel reiki tan leve, que de alguna forma, la tranquilizaba y le aportaba serenidad. –Si tú tan solo comprendieras… que mi único remedio es tenerte aquí conmigo…-

A la mañana siguiente, todos se despidieron nuevamente de Ares. El hombre se cargó de provisiones, incluido un mapa en el que había señalado los puntos que ya había recorrido. Todo estaba listo para marchar. Sólo quedaba despedirse de su mujer.
Allí, en la puerta principal, una apagada Ren aguardaba con las manos entrelazadas y la cabeza cabizbaja. –No me gusta que te vayas, Ares. Cuando te vas… todo es más complicado- admitió –Casi no puedo dormir por las noches pensando que estarás haciendo o que te habrá pasado- Ares le tomó el rostro con las dos manos, pidiéndole que dejase de temer por él –No puedo si no te quedas- sintió un dulce beso en la frente y una caricia de despedida sobre su vientre. No podía hacer nada. –Dos meses, Ares- dijo –No tardes más de dos meses. No quiero que siga creciendo y tú no estés. No quiero que llegue el día que nazca y tú no estés. Júrame que no vas a tardas más de dos meses ¿Entendido? Júramelo- Ares se lo juró, sosteniéndole la mano. Y luego, se la soltó. Ares desapareció, como ya lo había hecho una vez. Y con él, todas las esperanzas de Ren se fueron y los temores aparecieron de nuevo. Una vez más, sintió un frío helado en la espalda… -Tú eres el remedio… Ares. No tardes-

Las semanas pasaron. El vientre creció. Ares no apareció.

Quedaba un mes  para que el bebé naciera. Quizá menos. Ren se encontraba cansada continuamente. Le dolía la espalda y el pesado vientre casi hacía que no pudiese caminar durante demasiado tiempo. Quizá, parte de la culpa, tuviese que echarse sobre Hades. La chica y él cumplieron sus partes. Hades deseaba su sangre, como Ren ya había sabía. El fin, lo desconocía.

Fue una terrible tarea mantener ocultas sus visitas a la habitación del demacrado hombre, sobre todo cuando empezaba a tener a todos cada vez más encima. Que cada vez se acercarse más la fecha señalada y Ares no apareciese, empezaba a escamar a todos, y a Ren, a torturar por dentro, quien se veía así misma cargando sola con el embarazo y el parto. Tuvo que dejar de entrenar con Shan, porque no encontraba ganas ni fuerzas para hacerlo. Tuvo que dejar de pasear con Ayesha, para que esta no sospechase de sus planes ocultos. Prácticamente, tuvo que dejarlo todo de lado. Centrarse en ella, en el bebé, en que su secreto no fuese descubierto y en que Hécate dejase de controlar cada cosa que hacía, era ahora lo primordial. Por ello, aquella tarde, volvió a visitar a Hades.
Ya sabía cómo actuar. Cerró la puerta a sus espaldas y se sentó en pequeño banco. Sabía dónde estaba cada cosa, porque a pesar de todo, cada noche de entrenamiento con Shan le había servido de algo. Con dificultad, se acomodó de manera que la barriga no le molestase en la labor que iba a hacer. –Déjame a mí- dijo, sabiendo que Hades tenía el cuchillo de siempre en la mano.
-¿Por qué? ¿Ya te has cansado?-
-Porque no me fío de ti. No puedo permitir que me falte sangre ahora, ¿Entiendes?-
-Tú y ese monstruo… no seré yo quien se apene si muere-
-Tampoco seré yo quien lo haga si eres tú quien cae. Dame el cuchillo.-
-Ni hablar. Acatas mis órdenes ¿Recuerdas?- Ren suspiró, y en vez de cederle el brazo, le cedió la mano.
-En la palma. Saldrá la suficiente- Sin avisar, Hades le dio un tajo en la palma de la mano. Ren sintió el dolor y el escozor, pero lo aguantó. La sangre se derramó en uno de esos tarros que el hombre guardaba. –Estas buscando mi reiki ¿No? Quieres el reiki de mi clan-
-Te dije que esto no es asunto tuyo, mujer- Ren guardó silencio. No merecía la pena discutir. Se puso en pie, dispuesta a marcharse. –Mañana quiero más. También quiero ver qué puede darme ese monstro. Huelo su reiki desde aquí-
-¡¿Qué?! ¡¿Estás loco?!-
-Contén tus gritos. Mañana quiero saber si puedo encontrar lo que estoy buscando ahí dentro.- señaló a su vientre-  Si no quieres dármelo, Ares sabrá que has estado mintiendo todo este tiempo y morirás. ¿Se te olvida ya, hermana?- dijo con asco en la voz.
-No eres más que un cobarde que se esconde tras una máscara- dijo con asco y ojos acuosos, imaginando lo que podría pasar o… lo que podría estar buscando –No puedes pedirme eso… va a nacer dentro de poco y…-
-Me da igual. Si muere, para mí será un problema menos. O vienes mañana o muérete ya, tú decides- Conteniendo las lágrimas, Ren abrió la puerta y se marchó.

Anduvo de prisa, conteniendo las lágrimas, hacia su habitación. Estaba tan asustada y tan perdida, que no sintió el reiki de Shan acercarse a ella. Tan poco le sentía, que no pudo evitar que se colase dentro de la habitación.
-Eh, eh… Ren ¿Qué te pasa? Estás temblando-
-Déjame, Shan. Por favor, vete. Si te vas es mejor. Si no preguntas es más seguro-
-¿Seguro? ¡Por favor! ¡Ren!. Te he visto salir de la habitación de Hades y te está sangrando la mano.- Ren no dijo nada –No vienes a entrenar, estás apagada y cansada todos los días y apenas sonríes. Entiendo que Ares no esté, pero, te recuerdo que una vez tuve una mujer y que esa mujer estuvo embarazada de mi hijo. Tú no te estás pareciendo en nada a ella-
-Shan, por favor…-
-Si no me lo cuentas, tendré que enterarme por mí mismo. Si tan peligroso es, supongo que no querrás que lo haga. Y créeme, estoy muy cabreado hoy y no estoy dispuesto a soportar ninguna tontería.-
-¿Qué te pasa…?-
-Me pasa que esta noche casi me mata una ilusión-
-¿Una ilusión?-
-Una ilusión que ha dejado un camino de arena en toda la habitación. Una ilusión que casi me cuesta la vida. Por eso había venido a buscarte-
-Pero… solo en Ravat pueden…-
-Eso mismo pienso yo, así que habrá que buscarle una explicación. Pero primero, dime, ¿Qué te pasa? ¿Qué demonios quiere Hades y por qué te sangra la mano?- Aquella situación empezaba a sobrepasar a Ren, que solo quería estar tranquila de una maldita vez. No pudo aguantar más.
-Hades lo sabe. Sabe que soy Yanagi. Lo sabe desde hace ya un tiempo y a cambio de su silencio le estoy dando sangre. Quiere buscar algo en mi reiki y no se lo qué. Y ¿Sabes? Lo he aguantado porque me da igual, me da igual mientras Ares no sepa nada y nos deje en paz. Pero quiere… mañana quiere extraer algo de aquí- se tocó el vientre –Y no… por ahí no puedo pasar Shan. No quiero que le haga nada. No quiero que le haga nada a mi hijo- sollozó, intentando contener las lágrimas.
-Pues no se lo des. Es tu hijo. ¿Qué clase de madre estás siendo si permites que ese monstruo juegue con tu embarazo?-
-Pero… pero Ares…-
-¡Al cuerno con Ares, Ren! ¡Queda un mes para que nazca su hijo y ni si quiera se ha dignado a pasar todo el tiempo en el que se ha gestado contigo! ¡¿Piensas que puedes mantener una mentira toda tu vida?! ¡¿Piensas que él nunca se enterará de quien eres y de todo lo que has hecho?! ¡Espabila Ren! ¡Espabila!- gritó malhumorado. -¡Tus actos tendrán consecuencia tarde o temprano, y no estoy dispuesto a que siga en juego nuestra venganza, o por lo menos la mía!- al comprobar que Ren estaba asustada ante sus gritos y que estaba manteniendo la cabeza cabizbaja para soportarlo, se tranquilizó. –Tampoco estoy dispuesto a que te pase nada ¿De acuerdo? No estoy dispuesto a que ese hijo de puta juegue contigo… me da igual si Ares me ha pedido que te cuide o no. Si lo estoy haciendo es porque yo lo quiero así. Te valoro, Ren- confesó –Y porque te valoro, tengo que decirte que esto ya… está llegando al límite. Si Hades sabe quién eres ¿De verdad confías en que jamás lo cuente? Y si no lo hiciera ¿Confías en que jamás Ares te descubra? Aunque sólo sea porque sospeche de tus técnicas Radih, aunque sólo sea porque ve tu pelo… o yo que sé, porque el bebé nace enteramente Yanagi… Esto se está acabando Ren. No te queda mucho tiempo más si quieres que tú y tu hijo salgáis los dos ilesos de este plan- Ren siguió guardando silencio, porque todo cuanto decía, siendo los mayores miedos de la chica, eran todos verdad. – Si quieres que tu plan salga lo mejor posible… vámonos- Ren le miró –Vámonos esta noche. Huyamos de aquí. Ven conmigo a Chiriku, a las Tierras Baldías. Te ayudaré a tener a ese niño y huiremos de aquí hasta que puedas volver a reconstruir tu plan. El bebé va a nacer y ya no puedes hacer nada-

-Shan…- no sabía que decir. No sabía qué hacer. No sabía nada…
Las palabras de Ren cayeron en un completo saco roto en cuando Hades sólo se percató de la única palabra llamativa que había salido de sus labios, y aquella fue el nombre de la sagrada bestia Nibiru, la Deidad encerrada en Shin y custodiada por el clan desde hacía eones. La dura y mortecina mano de Hades se alzó a toda velocidad, como una serpiente con las fauces abiertas, hasta agarrar el cuello de la chica. La asió con tanta fuerza que Ren dio un respingo mientras sentía sus dedos cerrarse entorno a su gaznate, exprimiéndola de oxígeno -¿Qué... has dicho?- murmuró, lleno de ira. Estaba temblando. Era la primera vez que Ren veía en Hades algún tipo de emoción humana ¿Tenía miedo? ¿O simplemente estaba furioso? ¿Es que... él no lo sabía? -¿Qué clamas respecto a la Deidad, mujer...?- Ren trataba de respirar. Le era imposible hablar. Era impresionante, verdaderamente impresionante, el nivel de fuerza física que un hombre como Hades poseía. Nunca nadie le había agarrado con tanta fuerza. Incluso tratando de sacudirse, la mano de Hades no se aflojaba ni una milésima. Rayos, si ni siquiera fue capaz de sentir la mano aproximarse hacia ella. Ese hombre era verdaderamente peligroso, un enemigo a batir cuanto antes mejor -Habla- ordenó, aflojando un poco la presa. Ren inspiró ansiosa una bocanada de aire antes de poder articular palabra. Muy despacio, se limitó a narrar lo acontecido aquella noche. El cómo Hécate, su madre, la había arrastrado hasta el templo y le había depositado a ese monstruo en sus entrañas -¿Osas llamar a la Deidad monstruo...?- masculló sorprendido -Tú, sucia y repugnante Yanagi, no cuentas con la menor de las potestades para llamar monstruo a Nibiru ¡Y menos aún para amenazarme, a mí, con desatar su ira para destruir mi aldea!- vociferó como un demonio. Quizá era la primera vez en años que Hades gritaba a todo pulmón. Sin embargo, la creciente sensación de emociones y nerviosismo en Ren comenzaron a hacer bullir el reiki en su interior. No tardó en verse rodeada por un halo de reiki siniestro, tan frío como el de Hades. El hombre la soltó y retrocedió con un ágil movimiento a pesar de tener una sola pierna, apoyado en la vara. Tanto así que se desplazó varios metros hacia atrás casi deslizándose sobre la superficie del suelo. Se miró la mano. Le vibraba, le ardía del frío que tenía en la piel, como si la hubiese tenido enterrada en hielo durante larguísimas horas. Casi no podía flexionar los dedos -Maldita seas... es cierto...- Ren gruñó cuestionándole por qué le amenazaría con una mentira -Desconozco tus motivaciones... pero este hecho me hace deducir que, definitivamente, tengo que vigilarte veinticuatro horas mientras vivas. Hécate es demasiado...- empezaba a hablar para sí mismo, perdiéndose en sus pensamientos. Ren quiso reconducir la conversación lo más veloz posible al tema que le ocupaba. Su reiki volvía a atenuarse conforme se calmaba, a pesar de estar ante un ser tan deleznable como era Hades. La chica quiso oir una respuesta acerca de su proposición de mantener a Ares en completa ignorancia sobre su origen Yanagi. Hades no le prestaba atención, ensimismado en sus pensamientos, sombrío y callado. Ren lo llamó con voz alzada, obligándole a mirarla. Podía hubicarle en la sala. Podía sentir el reiki ceniciento del hombre abotargado en un mismo punto concreto. Estaba desconcentrado -No llegarás nunca a comprender, con tu mente limitada de adoradora de los bosques y los ríos, lo terriblemente placentero que resultaría para mí revelar la realidad de tu origen en estas tierras. Sonreiría después de muchos años viendo cómo te clavan en una cruz de madera y te dejan a merced de los cuervos... para deshacernos de ti y de ese sacrilegio que llevas en el vientre, maldita bruja de los bosques- gruñía. Ren se llevó una mano al vientre -De no ser porque la criatura crece y abulta tu piel tampoco tendría noticias de semejante herejía... Hécate me quiere fuera de su tablero...- meditaba -De ser así... está bien- confirmó -Si quieres pactar con la muerte, la muerte acepta el trato. Harás cuanto desees, cuando lo desee, a cambio del silencio más sepulcral de mis labios ¿No es así?- Ren asintió, convencida, respirando hondo -De acuerdo... entonces desnúdate- dijo, helando los huesos de la chica. Ren quiso que repitiera sus palabras, rezando a cualquier poder superior que la escuchase para que hubiese entendido mal sus palabras -Quítate la ropa. Ahora- hubo un largo momento de silencio. Ninguno de los dos se movió -Sabía que no cumplirías el trato- entonces se sorprendió un poco al ver que la chica llevaba sus manos hacia la ropa. No se desnudó despacio, ni mostró más dudas. Se quitó las prendas con desdén, a toda velocidad, no dejando cabida para la fantasía y la curiosidad. Lo que había ante el ojo sano de Hades era una mujer embarazada de poco tiempo, pero algo notorio. Sus pechos estaban contorneados, redondos y firmes, engrandecidos por el mero hecho de estar embarazada. Sus caderas se ensancharon un tanto. Tenía un aire muy atractivo. Para Hades, sin embargo, seguía siendo igual de repugnante que cualquier otro ser humano. Se aproximó hasta ella muy despacio y con delicadeza, acarició ambos pechos. La piel estaba algo tensa, los músculos algo duros. Palmó un poco de más y Ren encogió el rostro debido al ligero dolor de un calambre. Hades descandió la mano hasta su vientre mientras giraba en torno a ella. Pasó la mano por su cintura, por sus muslos, hasta que finalmente agarró con firmeza uno de los gluteos de la chica mientras, muy de cerca, respiraba cerca de su nuca, sintiendo el embriagador aroma del tinte de su cabello. Abrió la boca medio destrozada para sacar una lengua húmeda que recorrió el hombro y parte del cuello de Ren, que estoica, se mantuvo definitivamente firme, aún casi destrozándose las manos de tanto apretarlas -Vístete- ordenó de nuevo y Ren podría jurar que nunca antes se había engalanado con tanta velocidad y maestría. Con la voz temblorosa quiso saber qué pretendía de ella ¿Sexo? ¿Lo que quería era humillarla de esa manera? -Lo que quiero, mujer, no es asunto tuyo- cortó, borde, mientras cogía un objeto de una mesa. Se aproximó hacia ella y lo siguiente que Ren sintió fue el gélido beso de un filo acerado que le laceró la piel, haciendo manar sangre, concretamente de la flexión del codo. Hades recogió la sangre en una especie de pequeño frasco de cristal hasta que se hubo llenado por completo -De momento no necesito más- dijo con desprecio -Cuando requiera más sangre te llamaré- ¿Sangre? ¿Para qué quería su sangre? -No volveré a repetirte que no te concierne. Vuelve a preguntar...- amenazó siseante. Ren asintió -Márchate de una vez- se alejaba de Ren hacia su mesa cuando ésta volvió a insistir antes de partir ¿Por qué? ¿Por qué, hacía poco más de dieciséis años, masacró a su clan junto al resto del clan y su padre? -No voy a darte lecciones de historia- suspiró aburrido -He dicho que te vayas- Ren dio un paso al frente. Recordó que era parte del trato. Hades la hubiese echado por las malas de no ser porque volvía a sentir que el reiki de la muchacha escalaba hasta picos de altura improbables para un ser humano. Sopesó la posibilidad de que realmente, algún día, llegase a poder controlar el poder de Nibiru. Lo concibió finalmente terriblemente improblable -Mi buen padre decidió masacrar al clan porque asesinabais a nuestros aldeanos. Nada más- resumió. Ren ya sabía esa parte de la historia, pues Ares la narró viajando hacia Ravat ¿Pero por qué así? Debía haber una razón -¿La razón?- Hades lo sopesó en silencio durante un largo rato -¿Debe existir una razón como tal?- Ren quiso creer que sí -Tal vez la razón es que el clan Yanagi y el clan Shin no están hechos para coexistir. Y para detener los asesinatos de nuestros aldeanos decidimos hacerlo así. Desde entonces no han habido más guerras. Somos emisarios de la muerte y sólo la muerte brinda la paz...- Ren aseguró que estaba loco si creía que había conseguido la paz ¡Había matado a su familia, a su hermano, con sus propias manos! -Y tú has asesinado al mío. Has hecho tu justicia- dijo sin emoción alguna, cansado de ella -Lárgate de mi habitación- ordenó, pero Ren dio un paso al frente. Había matado a Itto a sangre fría y eso no quedaría así. Hades se giró hacia ella -Asesiné a tu hermano como él me hubiese matado a mí- se excitaba recordando el combate -Me arrebató el brazo y la pierna, así como el ojo y me deformó media cara ¿Consideras que eso es sangre fría? Tuvimos un duelo de honor. Y simplemente fui mejor que él- Ren, llevada por la rabia, aseguró que algún día le arrebataría más que un brazo y una pierna -Ya he tenido suficiente de tus bravatas de niña huérfana que no soporta el ciclo de la existencia- hizo un gesto con la mano. La puerta de la habitación de Hades se abrió y una fuerza invisible, un espíritu, la empujó hacia el exterior. La puerta se cerró ante las narices de Ren, sólo para volverse imposible de abrir.

Assar se hallaba encontrado en asiento primordial en la sala del Vikar, agasajado por dos hermosas muchachas que apenas habrían cumplido la mayoría de edad hacía pocos meses. Le acariciaban el torso desnudo mientras le besaban las mejillas y las orejas. Le daban graciosos mordisquitos por el cuello, por los hombros y labios. Assar se dejaba querer, relajado, dejando que sus manos traviesas se colaran en cualquier hueco que encontrasen en las chicas, que trataban de no ser muy escandalosas con sus jóvenes gemiditos virginales. Assar les había prometido una vida de lujos y alegrías, donde no volverían a pasar calvarios, calor, hambre o sed, a cambio de que le demostrasen cuanto eran capaz de amar a un hombre, a un salvador. Ambas muchachas eran errantes, vagabundas de las dunas. Les había relagado unas hermosas ropas de Radih para comenzar a conquistar sus corazones y ahora las tenía ahí, postradas por él, deseando desnudarlo sólo con el fin de conseguir una vida feliz. Cuando estuvieron a punto de meter las manos en los pantalones del hombre, las puertas se abrieron con gran estruendo -¡ES UN MALDITO ULTRAJE!- rugió Rash, entrando en la sala con cartas abiertas en la mano -¿¡Qué significa todo esto!?- vociferó alzando los papeles, airándolos al viento -¿¡Cómo se han atrevido!?- Assar suspiró, aburrido, mientras las chicas miraban a Rash sin saber qué hacer o decir
-Mis pequeños pajarillos del desierto, podeis ver que mi hijo está un poco estresado y... quizá también le interesa algo de cariño- las chicas asintieron y se dirigieron hacia él. No llegaron a tocarle cuando Rash las apartó con una ráfaga de viento convocada, arrojándolas por los limpios suelos. Doloridas y frágiles casi rompen a llorar de terror. Assar bufó -Maldito seas mocoso...- formuló un único sello y las chicas se calmaron. Comenzaron a sonreir, a disfrutar, a bailar solas en mitad de la sala, envueltas en una ilusión que les hacía ver todo cuanto habían soñado -¿Qué cojones te pasa, Rash?-
-¡ESTO!- le arrojó las cartas -¡MALDITA SEA! ¡¿Me estás diciendo que le ha sucedido eso a Ren desde hace semanas y no me entero de nada!?-
-Aah... si vuelves a gritar una vez más...-
-¿¡Qué!?- Assar se puso en pie con la fuerza de un vendaval, autoritario
-No tengas la osadía Rash. Últimamente vienes faltándome el respeto constantemente, desobedeciendo cada orden que te doy. No te toleraré mucho más, por mucho que seas mi hijo-
-De la misma forma que yo no puedo tolerar la injusticia ¡Te da igual lo que le pase a Ren! ¡Es como tu hija!-
-¡No es mi hija!- clamó -¡Y si lo fuera, ten por seguro que no permitiría que babeases tanto por el suelo que ella pisa, mocoso!- señaló
-Aún así...- apretó la mandíbula -Mientras ella sufre toda clase de vejaciones, tú estás aquí, con fulanas...-
-Y tú deberías hacer lo mismo. Es un lastre lo de su ceguera, pero el haber sida imbuida con una Deidad le dota de un poder inconmensurable que, espero, sepa aprovechar. El plan está saliendo mucho mejor de lo esperado. Cuando menos lo esperen, los Shin simplemente serán cenizas y ella se alzará triunfante. Entonces la región será nuestra. Shizune como Midna, todo será nuestro territorio, hijo mío-
-¿Y si Ren no sobrevive?-
-Daños colaterales, siempre existen en las guerras-
-¡No!- tronó de nuevo -No pienso utilizarla como un peón en una estúpida guerra- Assar se vio envuelto en llamas, de pronto. Rash estaba usando ilusiones contra él
-Oh... mi pobre, pobre, pobre y estúpido Rash...- Assar formuló un sello y Rash comenzó a ver cómo del suelo brotaba agua que apagaba las llamas de su ilusión y se alzaba, inundando la estancia, hasta el techo. Sin aire que respirar, se empezaba a angustiar. El oxígeno se le acababa por momentos mientras su padre le miraba con toda la serenidad del mundo. Sabía que era otra ilusión, pero no era lo bastante poderoso como para quebrarla. No podría contra las técnicas de su padre en un cara a cara. Poco a poco su visión se fue volviendo borrosa. Pequeños puntitos brillantes empañaron su mirada. Todo se volvió oscuro. Rash sucumbió, inconsciente. Cuando abrió los ojos estaba en su habitación, en la cama, maltendido. Algún Vakiri le habría traido por orden de su padre,  ese condenado que estaba jugando con la vida de Ren. Rash tomó una decisión tras pasar largos ratos deliberando en silencio en su estancia. Debía encontrar la forma de superar las ilusiones de su padre y convencerle de que la vida de Ren era primordial.

Un par de semanas después, cuando Ren despertó y se preparó para salir de la habitación, notó un cambio significativo que no se había producido en el último mes en el que Ares había estado ausente: Shan no estaba en la puerta ¿A dónde habría ido? Deambulando por los pasillos se encontró con Ayesha, que muy, muy sonriente, le indicó que lo encontraría en el patio de armas, donde entrenaban los soldados. Con cierta pesadez en el cuerpo y aún poniendo a prueba sus dotes para guiarse a través del reiki, consiguió llegar. Fue entonces cuando sintió ese reiki tan familiar -Hola Ren- saludó cordial y cálido el hombre, por fin, después de un mes y medio de ausencia. La chica no pudo evitar sonreir. Ares se aproximó a ella y la abrazó con ganas, levantándola en vuelo. La chica se abrazó a él con las mismas ganas. Era difícil imaginar que le podría haber echado tanto de menos -¿Cómo te encuentras, preciosa?- la dejó de nuevo en el suelo y ella aseguró estar bien, con una mano en el vientre, por supuesto
-Como te decía, ha hecho grandes avances- dijo Shan cruzado de brazos
-Ya lo veo. Ha llegado hasta aquí sin ningún problema- sonrió -Te lo agradezco, Shan-
-No se merece ningún agradecimiento. Es por su bien. Nunca está de más debido a... bueno-
-¿Qué ocurre?-
-Ren... creo que será mejor que se lo cuentes. En algún lugar más privado-

Fue en la habitación de ambos donde ella le contó lo sucedido. Le narró los hechos acaecidos aquella noche, cuando Hécate, ebria, llegó con unos Sombras y la llevaron al altar donde le sellaron a la maldita bestia en su interior. Ares no daba crédito a cada detalle que Ren le relataba, pues la chica recordaba cada sensación como si la estuviese viviendo en ese preciso instante. La expresión de sorpresa de Ares no se desvanecía ni en un momento, hasta que finalmente frunció el ceño muy molesto, irradiando furia. Con pasos apresurados salió de la habitación, imposible de ser retenido ni siquiera por Shan. A sabiendas de que algo malo podía suceder, el Van ayudó a Ren a caminar más deprisa siguiendo al Shin, que surcaba los pasillos a toda velocidad hasta llegar, finalmente, a la habitación donde siempre residía su madre: la sala de reuniones. Cuando la puerta se abrió, la mujer le dirigió una mirada perezosa. Estaba pálida, terriblemente consumida -Hijo mío...- se fue a poner en pie, pero Ares hizo un sello y un poder invisible, una mano espiritual, la despojó de la copa de vino y la arrojó contra la pared. Luego, la misma fuerza espectral la arrojó contra el asiento donde ella siempre pretendía ostentar el cargo de Umbra. Algo dolorida, con un ojo cerrado para soportar el dolor, miraba a su hijo -¿Qué... significa esto?-
-¡¿POR QUÉ!?- tronó su voz, que se pudo oir desde todas partes. No tardaron en llegar Sombras que rodearon a Ares. Shan y Ren llegaron justo en el momento para verle siendo apuntado por una decena de katanas que casi le envolvían por completo
-Ares... ¿Te has vuelto loco? ¿Atacas a tu propia madre...?-
-¡¿POR QUÉ HAS HECHO ESO!?- tronaba, desgañitándose, dejándose la voz, con lágrimas en los ojos -¿¡Con qué derecho te crees para someter a Ren, a mi esposa, a semejante ritual monstruoso!?-
-¡Tengo la potestad para salvaguardar el clan!- rugió ella -Es mi deber como Umbra perpetuar nuestra estirpe. Es sólo un seguro-
-Un seguro... maldita seas. Te has vuelto loca ¡Completamente loca! ¡Podrías haberla asesinado!- apretaba los puños
-Señor Ares, sugerimos cordialmente que trates de calmarte- dijo uno de los Sombras -No quisieramos emplear la fuerza-
-Adelante ¡Usad la fuerza!- se preparó Ares
-No será necesario- dijo Hécate -Ares, tarde o temprano entenderás que tengo razón-
-¡Jamás! ¿¡Qué razón podrías tener!? Ella... en ningún momento ha hecho nada para ganarse semejante hostilidad por parte de este clan ¡Y sin embargo cada vez empeoráis más su calidad de vida!-
-Quizá si pasase menos tiempo con el Van podría comprenderlo- terció entonces Hécate, mirando a Ren por encima de Ares -Pero hijo, me preocupa el futuro de vuestro matrimonio y por tanto, mi nieto- sonrió malvada
-¿Qué tratas de decir?- Ares frunció tanto el ceño que hasta le dolía
-Que ahora que marchas a buscar soluciones para su ceguera, ese hombre no se separa de ella ni ella de él. Están... constantemente juntos-
-Yo le pedí a Shan que cuidase de ella-
-No puedes pedirle a un hombre que cuide de la mujer que amas- dijo ella con evidente enfado -Pues el amor es traicionero, el corazón es bandido, la mente es perversa y el cuerpo es débil. La carne es frágil para la carne. Deja a un hombre y una mujer a solas, permite que se conozcan y congenien ¡Y la propia naturaleza, como la vida y la muerte, obrará! Tarde o temprano surgirá el deseo por parte de uno de los miembros y el otro sucumbirá. Y me temo, que en este caso, Ren y el Van se llevan excepcionalmente bien, además de pasar tanto tiempo juntos...-
-No voy a aceptar esas sugerencias- negó Ares
-En tal caso sigue siendo igual de necio y estúpido, pero no retiraré el sello. No puedo hacerlo sin condenarnos a todos-
-Si vuelves a poner una mano encima de Ren, Hécate- no la llamó madre, ni volvería a hacerlo -Me ocuparé de ostentar ese asiento por mí mismo, sin esperar a que me otorgues el puesto, aunque sea a la fuerza. Entonces, sólo entonces, te enseñaré cual es el lugar de una madre y no el de una dictadora cruel-
-Por esta vez, fingiré no haber oido eso, Ares- dijo cruel, con unos ojos fríos que denotaban desdén -Marchaos todos. Ahora- ordenó tajante. Ares se dio la vuelta y marchó de la habitación, seguido de Shan y Ren, mientras Hécate los seguía con la mirada.

[Naruto The Last OST - Snow]

Desde entonces, los días parecieron mejorar. Hécate se mantuvo distante, prácticamente desaparecida, sin molestar a Ren ni a Ares. Shan se mantenía alejado para darles privacidad, así como Ayesha. Otra buena noticia fue para Ren que Hades también parecía estar ausente, cumpliendo por completo el trato que habían hecho. De esa manera, sólo quedó disfrutar. Un día tras otro, Ares paseaba con ella de la mano. Era agradable, se atrevía a confesar Ren, deambular relajada, sin utilizar el reiki, guiada sólo por la cálida mano del hombre al que añoraba, con quien se sentía segura y sabía, que a su lado, poco o nada tendría que temer. Pasear por los jardines, por la aldea, mientras que su visión era un mar de manchas borrosas, se convirtió en una nueva experiencia. Porque ahoa sólo era el tacto de Ares y la voz del muchacho lo que daba forma a todo cuanto la rodeaba. Ren aprendía, de la misma manera que Ares lo estaba haciendo, que el tiempo y las perspectivas cambiaban las emociones de las personas. Ambos se estaban sinteindo ya tan terriblemente cerca, tan arraigados el uno al otro, que no podían dejar de hablar, de narrarse historias el uno al otro, sobre todo Ares. Le contó acerca del mes que estuvo de viaje. Cómo escaló montañas en Rodgar en busca de plantas. Cómo recorrió los valles verdes de Shizune y sus ríos de agua clara. Incluso coqueteó con tierras Van y sus medicinas rústicas, pero nada parecía ser lo que buscaba. Se enfrentó a bandidos, durmió bajo la lluvia, comió bajo un sol incesante. Nadó en aguas heladas y se dejó las manos en las rocas escarpadas, así como ayudó a animales y a personas que estaban en peligro. El viaje fue toda una experiencia para él y no se guardó ningún detalle, sobre todo en las noches, cuando antes de dormir, le contaba distintos cuentos a Ren para ayudarla a abrazar el sueño. Y fue aquella noche, cuando Ares ya llevaba cerca de un par de semanas en Shin, ambos bajo el futón, cuando se le confesó que a pesar de tanta adversidad, todo merecía la pena si era por ayudarla. Ren, sin embargo, no entendía por qué, o no lo quería entender. Si él sólo supiera. Si él pudiese comprender las calamidades que ella había traido a su familia... -A fin de cuentas, me estoy dando cuenta de que, con el paso del tiempo, he aprendido a vivir para alguien más- dijo con una sonrisa que Ren podía intuir, casi verla con sus propios ojos -Siempre fui un hombre arraigado a las culturas de mi aldea, de mi país. Siempre he sido leal al clan y me he mantenido firme en seguir las órdenes que se me daban. He perseguido la senda del honor con la espada en la mano y la mirada fija en el horizonte, hasta que apareciste tú. Entonces descubrí que hay otros caminos que pueden resultar mucho más atractivos, mucho más amables. Caminos que traen tiempos mejores a las tormentas del alma- le acarició la mejilla con suavidad -Es por eso Ren que, si voy a vivir por y para ti, si es el camino que escojo recorrer, no pretendo en absoluto permitir que nada me pare los pies. Ni mi madre, ni mi hermano, ni el clan... ni ninguna enfermedad o agravio que se nos presente. Encontraré la forma de curar tus ojos de una vez, lo antes posible. Te lo prometo- ambos se mantuvieron en silencio en la oscuridad, apegados, uno cerca del otro, cuando a Ren le asaltaron las dudas. Se cuestionaba por qué, después de dos semanas, el chico no había tenido la más ligera tentativa de tocarla. Ella le había añorado, y debía admitir que echaba de menos sus manos, que había aprendido quizá a disfrutar de aquellas noches a su lado. Ahora lo echaba de menos... y él se mantenía a su lado, pero carente de deseo ¿Era por su cuerpo? ¿No la consideraba ya atractiva? ¿O quizá sólo esperaba de ella un hijo que, una vez naciese, lo separaría de ella? Ares se echó a reir de forma simpática, cálido, comprensivo. La atrajo hacia sí y le besó la frene con cariño -Eres preciosa. Y estás preciosa. Da igual si estás embarazada, si estás con una venda en los ojos. Eres sin duda la mujer más hermosa que he conocido jamás ¿Y sobre el deseo? Oh, Ren... las cosas que podría hacerte el resto de mi vida- entonces, como un impulso, Ren le besó.

 [Naruto The Last - Goodbye forever]

Le besó lenta pero profundamente y Ares correspondió con un cariño inmedible mientras la rodeaba con los brazos. Ambos se quedaron en silencio después, unidos frente con frente, respirando al unísono -Te quiero, Ren. Quiero que lo sepas... y que no lo olvides nunca, pase lo que pase- Ren asintió muy despacio con la cabeza y le susurró que ella le quería tanto como él, para finalmente volver a fundirse en un dulcísimo beso mientras esta vez era Ren quien despojaba despacio a Ares de sus ropajes. El hombre se dejó desnudar, esperando su turno con paciencia, mientras sus labios chasqueaban insaciables por beber el uno del otro. El calor de la pasión los sacudió a ambos en seguida y los besos no tardaron en acompañarse por jadeos y gemidos de deseo y ganas. Ares le quitó con extrema suavidad los ropajes a Ren, revelando sus senos desnudos, así como su vientre ligeramente redondeado por el embarazo. Ares no dudaba en dar calidez a los pechos de la chica con suavidad, pero de ninguna forma dejaba de dar suaves caricias a su vientre. Entonces Ren se alzó ligeramente y Ares la ayudó, como si hubiesen pactado una coreografía. La chica se quiso sentar muy suavemente sobre él mientras Ares, ligeramente tendido, la sostenía del trasero con suavidad, ayudándola a acomodarse sobre el miembro, sintiendo la calidez del cuerpo de la chica al penetrarla. Entonces llegaron los jadeos y los gemidos aflorando con fuerza, mientras Ren se movía suavemente con un va y ven seductor, ayudada por la fuerza de Ares que la hacía moverse con suavidad sosteniendo su peso, sintiendo cada vez con más intensidad la dureza del hombre dentro de ella, tanto como él sentía su humedad y su calor, mientras se besaban sin cesar, sin parar siquiera para respirar. La habitación entró en un enorme ambiente de calidez y ambos sintieron sus cuerpos húmedos por la exudación debido a la pasión que los envolvía. Ren movía aún más sus caderas mientras Ares la cargaba y la bajaba con algo más de rapidez a la vez que recorría su cuello con bocados suaves y dulces lamidas. La piel de la chica sabía al paraiso. La adoraba. Definitivamente la quería y no podía ser más feliz sintiendo cómo ella había aprendido a quererle a él de la misma forma. El simple hecho de acariciar la espalda de la chica mientras ella sucumbía al placer que ambos se procuraban lo enviaba a planos lejanos donde sólo existían ellos dos y nadie más. Fue tal su conexión que hasta sus reikis parecieron fundirse y desaparecer, inexistentes, formando una única unidad mezclada con el propio deseo. Siendo así, los dos perdieron el conocimiento sobre límites físicos y las horas. Hicieron el amor durante largos minutos sin detenerse, cada vez con más intensidad. Mientras Ares apretaba con fuerza los gluteos de Ren y ligeramente los separaba para facilitar la penetración, movía las caderas al compás que dejaba a la chica caer sobre su cuerpo para llegar tan adentro como buenamente pudiese, arrancando gemidos de placer de la garganta de Ren, de lo más profundo de su ser, mientras esta hundía sus dedos en la espalda del hombre, a la vez que Ares besaba sus pechos y devoraba su piel. El climax no tardó en llegar momentos después, en un orgasmo intenso que bloqueó sus mentes y sus cuerpos a pesar de que se seguían moviendo el uno contra el otro con cada vez más intensidad y pasión. De esa manera ambos se llenaron el uno del otro, en cada definición de la palabra, física y emocionalmente, mientras volvían se volvían a unir frente con frente, jadeantes de cansancio y deseo, de cariño y amor, empezando ambos a sonreir y a reir en voz baja mientras se hacían caricias y se daban dulces besos, recostándose el uno frente al otro. Esa noche sería la primera, la noche más dulce y hermosa de sus vidas. Y la última, hasta un tiempo en que ni siquiera ellos sabrían medir.