-Qué honor que se hable de mí- dijo la voz de la mujer mientras abría la puerta, con una severidad pocas veces vista con anterioridad por parte del Van y la chica -¿Interrumpo algo?- sonrió maliciosa
-Umbra Hécate- Shan bajó la cabeza -Sólo hablamos sobre...-
-Me da igual de lo que hablarais- interrumpió ella -Completamente igual. Oh, Van, no tienes ni idea, de corazón, de lo poco que me importan los temas de conversación que mantenéis tantas veces a solas últimamente, mientras mi hijo se marcha en busca de una solución para los ojos de una ingrata- acusó con voz alzada. Ren le dirigió la mirada pese a las vendas. Quiso contestar, pero Shan se adelantó
-¿Ingrata?- gruñó el Van -¿Cómo te atreves a llamarla ingrata? Ella simplemente ha soportado... de todo, en esta maldita tierra- estalló Shan
-Comprendo- asintió Hécate -De manera que por fin ponemos cartas sobre la mesa ¿No es así?- decía de pronto calmada, complacida por haber descubierto los sentimientos ocultos de ambos
-Las cartas están sobre la mesa desde hace mucho tiempo, maldita sea. Conozco bien ya tus intenciones. Sé que te desharás de Ren en cuanto de a luz. Confiésalo-
-¿Por qué me desharía de la esposa de mi hijo? Shan de Van, espadachín vagabundo, mucho me temo que estás enajenado. Y podría adivinar que es por rabia y celos, por lo que te diriges a mí con semejante altanería. Me hiere en el alma, de hecho, el silencio de Ren ¿Imagino que el sentimiento es mutuo?- Ren no comprendió -Ahora que Ares se marcha, en tu soledad, ingrata como acuso, te regodeas con la compañía de este hombre. Os observo cada día. Siempre juntitos, allá donde vayáis. Y mirad por dónde, os encuentro a solas en la habitación, hablando en un ambiente algo tenso- sonrió -Tal vez sí me empiece a interesar, ahora que lo pienso, vuestra conversación ¿De qué hablábais?- Shan estuvo a punto de decir algo, pero cerró la boca y mantuvo el silencio y la mirada a Hécate -Lo que me suponía...- la mujer alzó vagamente una mano y un par de Sombras entraron en la habitación
-¿Qué pretendes?- Shan echó mano a la katana -No deis un paso más-
-No te resistas, Van- advirtió Hécate -Será peor-
-Atrás he dicho- desenvainó su hoja -U os juro que...- Hécate suspiró y simplemente, se desvaneció. Cuando Shan se quiso dar cuenta, la tenía detrás -¿C-cómo...?- la mujer sostenía un kunai en el gaznate del hombre
-Pobre hombre- se lamentó Hécate con voz queda -Como todos soléis hacer, subestimáis a las mujeres- Hécate apartó el kunai y un Sombra golpeó fuertemente a Shan en el cuello, aprovechando su guardia baja, para dejarlo inconsciente -Encerradle donde no pueda volver a encontrarse con Ren hasta nuevo aviso- los hombres se lo llevaron. Ren gritó por Shan, por ayudarle -Hazte un favor a ti misma, Ren...- la agarró del cuello con fuerza, pero sin lastimarla, impidiendo que siguiera a los Sombras -... y no seas absurda. Estás demostrando que tengo razón, a fin de cuentas ¿Piensas engañar a mi hijo? ¿Es eso? Adelante, pero primero da a luz. No toleraré que ese niño se críe con una mujer adultera y un vagabundo Van piojoso- el reiki de Ren comenzó a descontrolarse debido a su rabia, pero Hécate, al contrario que Hades, no se asustó. La mujer clavó un dedo en el vientre abultado de la embarazada Ren y fortificó el sello, anulando por completo el reiki de Ren durante horas. La chica perdió la fuerza en las piernas y no cayó de bruces gracias a que Hécate la sostenía, que luego, la ayudó a sentarse sobre el futon -Descansa niña. Descansa por el bien de mi nieto. Una vez des a luz... tendremos tiempo de sobra para hablar sobre lo acontecido aquí- estuvo a punto de marcharse, pero disparó una última mirada afilada a Ren aunque ésta no la pudiese ver -Ah... Si te veo cerca de la celda del Van, te sacaré el niño yo misma y te colgaré de los riscos de Midna para que te devoren los pájaros-
A partir de ese entonces, el ambiente se volvió mucho más opresivo en la torre Shin. Con la ausencia de Shan, los minutos de Ren se hacían eternos. Ayesha también estaba mayormente apartada de la embarazada, debido a que Hécate mantenía a las Vakiri bajo una constante supervisión y les encargaba trabajos anodinos simplemente para mantenerlas ocupadas y alejadas. El día pasó como si estuviese encerrada en un pequeño cubo de pequeñas dimensiones, agobiada, con el corazón encogido y falta de respiración. Al día siguiente, tampoco se personó en la habitación de Hades para hacer una nueva entrega de sangre para los experimentos que el hombre estaba llevand a cabo, estaba harta, estaba enferma de todo y de todos. Sin embargo, sabía que tarde o temprano él llegaría, pues como él siempre decía, la muerte viene. Y lo hizo. El frío ambiente le erizó los vellos de la nuca. Hades se personó sin siquiera abrir la puerta. Ren comenzaba a cuestionarse si Hades estaba muerto y simplemente era un espíritu vengativo que la atormentaba en aquella torre. O simplemente, estaba desarrollando unas dotes que nunca antes había mostrado -Cuan valiente te muestras, mujer, por no aparecer en mi habitación. Requiero más de tu sangre- Ren se negó tras unos instantes de silencio, aún sentada sobre el futon -Entonces tendré que contarle a mi hermano la realidad de tu situación- Ren se mantuvo en silencio -Ya veo...- Hades afiló la mirada -Percivo una rabia ardiente en tu pecho ¿Es eso? ¿Has alcanzado ya tu límite?- Ren se concentraba en el reiki para poder verle, para poder apreciar cada movimiento que hiciese. No había persona en el mundo en quien confiase menos que en Hades, ni siquiera Hécate. Ella era fría, déspota, pero Hades era verdaderamente cruel y sus motivaciones desconocidas simplemente enervarían a cualquiera -Tendré que hacerlo por la fuerza- dijo a la vez que se avalanzaba hacia ella con una larga aguja en la mano. Ren se levantó veloz, tanto como pudo, para eludirle. Le pesaba el vientre. Demonios. No podía defenderse con todo su potencial. Sentía movimiento en su interior. El bebé sufría -Pones en riesgo la vida del monstruo. Bien- terció el hombre, a lo que Ren respondió que no pondría jamás la vida de su hijo, menos aún lo hacía al no darle más sangre para sus siniestros propósitos. Además, Hades, que siempre había sido frío y calmado, sereno, se había extralimitado y había demostrado interés en obtener la sangre. Ahora era ella la que sabía que no le interesaba tanto la idea de revelarle la realidad a Ares, sino obtener la preciada vitalidad Yanagi -Ya poseo más que suficiente. Realmente es otra sangre distinta que hay en ti la que quiero hoy- Ren entendió en seguida que se trataba de su hijo. El reiki comenzó a fluir de ella. Aseguró que destrozaría Shin. Que haría lo que fuera por liberar a la Deidad a cambio de que ese hombre no pusiera un dedo encima de su hijo. Hades se mantuvo en silencio, evaluando la situación a raíz de todo cuanto ya sabía de ella y su día a día. No obstante, sería un desperdicio que lograse romper el sello, que aunque improblable, no era del todo imposible -De acuerdo, mujer- dijo por fin tras un largo silencio -Por hoy, tú ganas. Mientras ese monstruo habite tu vientre. Cuando salga de ahí... será mío- tal como pronunció la última palabra, Hades y su reiki desaparecieron por completo. Ren cayó de rodillas a la tarima, temblando, con los ojos escociéndoles al llenarse de lágrimas. No soportaba Shin. No soportaba al clan. No lo aguantaría por mucho más. Deseaba irse de allí. Deseaba poder haberse ido con Shan.
Apenas un par de días después, regresó Ares, por fin. El hombre cruzó los patios de la torre Shin con una sonrisa exultante. Su viaje no había dado los frutos deseados pero había encontrado un objeto que quizá pudiese servir de alguna manera. Querría preguntarle a Shan, enseñárselo a Ren y discutirlo con ambos. Estaba completamente seguro de que de alguna forma podría funcionar. Una piedra reiki de los Yanagi, cargada con el viejo reiki de antes de la guerra. El reiki de la vida y la creación, el reiki de la sanación. El hombre no recibió bienvenidas aquella vez. Hécate ignoraba su regreso, así como las Vakiri y Shan no estaban por ninguna parte. De esa manera, Hades se dirigió raudo hacia la habitación que compartía con Ren. Cuando abrió la puerta, ella le detectó en seguida. Incluso antes de abrirla, ella ya sonreía sabiendo que era él. Ambos se abrazaron con una fuerza indescifrable y se fundieron después en un apasionado beso repleto de amor y cariño, hasta que Ares sintió que algo no iba bien -¿Ren? ¿Va todo bien?- preguntó amable, a lo que ella intentó afirmar que sí, pero no sonó convincente -No... algo ocurre- se extrañó -¿Te encuentras bien? ¿Está bien el bebé?- acudió veloz a palpar la barriga de su esposa, que cariñosa le acarició la mano. Insistía en que todo estaba bien -¿Y Shan? No le he visto por ninguna parte. Le dije que no se separara de ti... ¿Ha cumplido?- ella fue a asentir con velocida, pero se temió lo peor cuando le sintió llegar. Esa maldita sombra. La peor de las sabandijas. Hades estaba ahí
-¡Hermano!- llamó, extrañamente animado
-¿Hades?- Ares se giró extrañado -¿Qué haces aquí?-
-He podido apreciar que habías regresado de nuevo. Supuse que estarías aquí con tu agradable esposa-
-¿Te encuentras... bien?- Ares tenía un mal presentimiento -Te veo extrañamente cordial. Y tú nunca...-
-Oh... siempre fui muy cordial, hasta que los de su calaña me lo arrebataron todo. Nos lo arrebataron, Ares ¿Recuerdas?- sonrió. Maldita sea, sonrió profusamente. Y fue escalofriante
-¿Su calaña?- miró a Ren -¿De qué estás hablando? ¿Qué pretendes?- se puso serio -No hemos tenido problemas con los Radih en ningún momento-
-No, no con los Radih. Pero sí con los Yanagi-
-¿Y qué tienen que ver los Yanagi en todo esto?-
-En que estás casado con la última superviviente del clan-
-Deliras. Ren es hija de Assar Radih- bufó -Te estás volviendo completamente loco...- entonces Hades hizo lo impensable. Su brazo malherido, el brazo inmóvil que colgaba muerto a su costado, se alzó. Se movió, saludó con agilidad. Aún tenía un color pálido en la piel pero... podía moverlo -¿Cómo... es posible?-
-Sangre Yanagi- dijo entusiasmado -La sangre de los Yanagi, el reiki que en ella anida, tiene propiedades curativas, Ares. Lo sabes. Padre nos habló de ello... ¡Es la prueba definitiva!- se echó a reir de forma escandalosamente perversa -¡Los Yanagi aún viven! ¡VIVEN EN ELLA!- reía y reía -La tienes ahí... ¡Justo ahí!- la señaló -¡La última de todos ellos, casada contigo! Llevando el fruto de vuestra lujuria en sus entrañas mientras se ha reido de todos nosotros ¡EN NUESTRAS CARAS!- Ren alzó la voz para asegurar que no se trataba de eso en absoluto ¡No pretendía burlarse! -¿Entonces qué?- dio un paso al frente Hades, apoyado en la vara -¿Por qué? Di la razón ¡Di la razón, maldita mujer!- reía
-Ren...- Ares la miraba con estupor -Ren... ¿Es... cierto?- la chica tuvo la enorme tentativa de negarse -Dime la verdad... Yo...- Ares alzó una mano -Dime la verdad... sólo te daré una oportunidad. Sé sincera o te equivocarás conmigo para siempre-
-Eso, sé sincera- decía con voz carrasposa Hades -Di la verdad, hermana- Ren se mantuvo en silencio unos instantes
-Di la verdad... teniendo en cuenta que sé que debí morir en Ravat...- aquellas últimas palabras fueron un mazazo emocional para Ren, que se sintió terriblemente acorralada. Apretando los dientes y las manos, tratando de que el corazón no se le saliese por la boca, confesó la verdad. Sí... ella era descendiente de los Yanagi
-Aaah- gimió Hades -El placer de la verdad revelada...- había algo en su comportamiento inusual, o quizá fuese su verdadera naturaleza. Parecía estar loco, desquiciado. Realmente sentía placer observando la escena
-¿Pero... y Assar? ¿La boda...? ¿Todo...?- Ares no daba crédito -¿Cómo puedes ser Yanagi si...?- Ren procedió a narrar la verdad. Ella fue la única superviviente de la masacre Yanagi hacía más de dieciseis años, operada por Caronte Shin y su Segundo, Hades. Mataron a su familia, a los aldeanos, a todos. Ella escapó gracias a un guardián de madera que la llevó hasta la frontera, huyendo de la infestación Shin. Allí la recogió Assar Radih, que la crió como a su hija, mientras ella se devoraba a sí misma en el camino de la venganza y el odio -¿Pero por qué...? ¿Por qué Assar entonces querría casarte conmigo si somos tu mayor dolor?- no comprendía. Entonces Ren confesó el plan, como muestra de buena fe. Desesperada confesó los planes de Assar para borrar al clan Shin de la mera existencia y para eso ella sería el cebo, una Yanagi haciéndose pasar por una Radih que se casaría con el sucesor del clan, con Ares, para exterminarlos desde dentro. Así ella se vengaría por la destrucción de su clan y Assar conseguiría no tener mayores enemigos. Ares dio un paso atrás, como golpeado fuertemente por la realidad, intentando respirar con serenidad -Tú... viniste aquí para matarme...- musitó. Ella no lo negó, pero alegó amarle de verdad. Todo cambió con la forma en la que la trataba
-Pero no cambió para Helios- malmetió Hades, sonriente y sin máscara, antes de darse la vuelta -Creo que merecéis estar a solas...- y entre risas se marchó
-H-helios... ¿Lo hiciste tú?- la miraba desquiciado -Ren... ¿¡Mataste a mi hermano!?- Ren bajó la cabeza ante aquel colosal grito. Ares sabía tener presencia e intimidaba cuando se enfurecía. La chica no podía dar marcha atrás, de forma que asintió. Los ojos de Ares se llenaron de lágrimas -Viniste... para matarme- repitió -No lo hiciste... pero sí mataste a mi hermano Helios. Mataste al menor y más indefenso, al más joven, que tanto tenía por delante para descubrir- se le quebró la voz -Y aún así has sido capaz de dormir a mi lado, de acostarte conmigo... y de llevar a mi hijo en tus entrañas- Ren no sabía qué decir, más que derramar lágrimas desoladas y dolorosas -Ren...- Ares comenzó a llorar por igual, junto a la chica, aunque tratando de contenerse para poder hablar -¿Dónde más estaba la treta, Ren? ¿Shan es tu amante? ¿Ayesha y las Vakiri son también asesinas enviadas por Assar? ¿¡Qué más me ocultas!?- Ren aseguró que nada más y que todo había cambiado, sólo debía escucharla -¿¡Dónde está Shan entonces!?- ¡Encerrado, por su maldita madre! Le narró cómo Hécate apareció para llevárselo. Ares en ese preciso instante salió de la habitación, llevando a Ren del brazo hasta las mazmorras.
[Bleach OST - Compassion]
A pesar de haber sido pocos días, Shan estaba deplorable. Era el único en las mazmorras y se le veía sucio, sudoroso, con las ropas llenas de barro y la barba más larga de lo normal al no poder recortársela. El pelo le caía pegado sobre la frente. Las mazmorras de Shin eran especiales debido al clima del lugar. La humedad era constante, flotando en el ambiente, mientras que al no correr una gota de aire, el calor se hacía insoportable debido a las múltiples antorchas. Mezclado con la humedad, el cuerpo humano tendía a sudar de forma copiosa, dejando siempre con muy mal aspecto y sucios a los prisioneros. El Van escuchó llegar los pasos pero no prestó atención. Se sobresaltó al oir la voz de Ares llamándole -¡Shan!- el hombre alzó la mirada ipso facto
-¿Ares? ¿Ares, has vuelto?- se acercó a los barrotes, para ver cómo Ares traía con ojos vidriosos a Ren, que lloraba bajo la venda negra que le cubría los ojos -¿Qué... ha pasado?-
-¿Tú tienes algo que contarme, también?- preguntó
-¿A qué te refieres...?-
-¡A vuestro asqueroso plan de asesinato!- soltó a Ren, aunque no lo hizo con enfado -Ella ha confesado ¿Qué hay de ti?- Shan mantuvo un respetuoso silencio observando a Ren y valorando la situación -¿Y bien?- preguntó Ares impaciente
-De perdidos al río ¿No?- sonrió apagado -Está bien, Ares Shin. No soy su guardaespaldas. No al menos cuando la conocí. Estaba de camino a Midna con sus Vakiris cuando nos encontramos. Simplemente soy un viajero que se vio arrastrado voluntariamente tras sus pasos- se encogió de hombros -¿Por qué? Porque comparto su visión. Los Shin trajisteis la enfermedad al mundo. De la guerra vino el hambre y las enfermedades. Tenía una mujer y un hijo que murieron por vuestra culpa-
-¿Hay alguien que no me rodee hoy día que no tenga planes de asesinarme?- se cuestionó severo y con la mirada alta, altivo
-Pocas personas en este mundo querrían a los Shin vivos. Sois una enfermedad, sois la peste que asola los campos, los ganados y a las poblaciones. Un mal cáncer que debe ser erradicado a toda costa. Y voto a las Deidades porque no lloraré el día que desaparezcais- dijo vehemente Shan
-Eres muy valiente- valoró Ares
-Estar tras unas rejas te infunde valor a la hora de encarar a un miembro de la familia más hija de puta que jamás he podido conocer. Aunque es una lástima, tú parecías tener potencial. Aunque mirándote ahora, creo que lo has perdido-
-Tienes toda la maldita razón del mundo- Ares desenvainó la katana que llevaba a la espalda
-¡Eh! ¡¿Qué vas a hacer!?- Shan estiró el brazo entre los barrotes, pero no alcanzaba a Ares -¡No le pongas una mano encima, cabronazo! ¡Déjanos ir!- clamó -¡Le pedí a Ren que se marchase conmigo! ¡No le hagas daño! ¡Sólo déjanos partir y no volveremos nunca a esta tierra! ¡Hazlo aunque sea por el bebé!- Ares observaba furibundo al Van, con la katana temblando, tintineando, en su mano
-¿Qué clase de monstruo crees que soy?- de un rápido tajo, destrozó la cerradura de la celda y la puerta se abrió -Sal de ahí- ordenó. Shan obedeció con paso dudoso
-¿De verdad... vas a dejarnos ir? ¿Y tu madre?-
-Poco os importa lo que haga con mi madre- le entregó la katana a Shan -Idos. Partid de una maldita vez- Ren alargó una mano hacia Ares, pero éste apartó el brazo
-No me toques, Ren- las lágrimas le brotaron como cataratas de los ojos -Por favor... no me toques- la chica lloró a su vez. Ares cogió aquella piedra reiki de los Yanagi y se la entregó a Shan -Encontré esto durante el viaje. Quizá le pueda servir para algo, para... remediar sus ojos. Llévatela. Ayúdala. Sanala y protégela-
-Ares...- Shan no sabía qué decir
-Marchaos ya. No dejéis que os encuentren- concluyó
-Pero... quizá podríamos... si tú...-
-¡QUE OS MARCHÉIS!- rugió con fuerza. Un relámpago tronó en el cielo, en el exterior de la mazmorra. El reiki de Ares estaba terriblemente descontrolado. Se oían susurros en las mazmorras. Almas en pena. Espíritus que reaccionaban a su reiki, a su sangre Shin, a la muerte a la que él pertenecía -Porque si la sigo viendo aquí, Shan... si os sigo viendo aquí delante de mí...- se le quebró la voz -No... no podré contenerme... por favor...- dada la situación, Shan decidió ser práctico. Tomó a Ren de la mano y echó a caminar a toda velocidad. Ren forcejeaba. No quería. Tenía que hablar con Ares. Le llamaba gritando, pero él no respondía. Debía partir, era por su bien y por el del bebé. Ojalá pudiese haber acabado de otra manera. Ares salió de la mazmorra momentos después, con la mirada perdida. Estaba lloviendo de forma copiosa. Las gotas borraban las lágrimas de su rostro mientras él alzaba la cara al cielo nuboso. Ahora tendría que contener a Hécate, a Hades... y aplacar sus propios sentimientos, que sería lo más complicado. Al recapacitar sobre lo ocurrido, la rabia le invadió por completo. Abrió las manos y gritó desgañitándose hacia la tormenta sobre él. Comenzaron a caer rayos y relámpagos por doquier. Una tormenta eléctrica ocasionada por el desengaño y el dolor de un corazón roto en mil pedazos.
-
Habían pasado horas desde que marcharon y habían logrado recorrer unos kilómetros a pesar de que a Ren le costaba avanzar. A la chica le costaba seguir el paso de Shan con el alma tan rota, destrozada. El Van decidió parar a descansar unos instantes. Desde allí, él podía ver la lejana torre Shin, donde había un cúmulo de relámpagos que sabía, no eran precisamente naturales. La ira de Ares era incontrolable y sabía que había sido una sabia decisión el dejar atrás al hombre para que se calmara. Ayudando a Ren a sentarse bajo un árbol, extrajo la piedra reiki que Ares le entregó -Ren... esto... es lo mismo que lo que te regalé- la chica estaba distraida -El reiki de tu gente está aquí, el otro ojo del dragón...- la chica sacó el collar, siempre bien oculto, y lo acarició -Permíteme...- Shan se lo quitó un instante para engarzar la otra piedrecita, atada una junto a otra con una nueva cuerdecita, quedando una graciosamente sobre la otra -Oye... ¿Y si...?- le quitó las vendas. Ren seguía pensativa -Ren, escúchame- le agarró del rostro -Atiéndeme ¿De acuerdo? Intenta usar el reiki de las piedras. Intenta... curarte, como hiciste con Ares ¿Vale? Quizá funcione- Ren alzó la cabeza hacia Shan con pesadez -Vamos. Hazlo. Por tu bien y por el de tu ojo. Necesitas ver el mundo que te rodea. Necesitas verle la cara cuando nazca- a Ren se le encogió la barbilla, pero Shan tenía razón. La chica llevó sus manos hacia las piedras y comenzó a conectar su reiki con el collar, de forma que mutuamente intercambiaban energías y las transmutanab del uno al otro. De esa manera, Ren pudo comenzar a sanarse a sí misma, dedicando unos largos y tensos minutos a la labor. Finalmente, cuando abrió los ojos y miró a Shan, la forma del hombre se reveló definitivamente, clara como la luz de la luna. Podía verle. Sus ojos estaban bien... gracias al reiki de su padre, que perduraba en las piedras. La chica volvió a llorar desconsolada, abrazada a Shan. Ojalá hubiese podido ver a Ares una última vez.
Pasó un día completo desde entonces y la torre Shin parecía un cementerio. Ni siquiera había Sombras deambulando por los pasillos. Ares ordenó un completo silencio a todas las tropas, asegurando que decapitaría a cualquiera que le molestase. Esa orden, sin embargo, no se aplicaba a la Umbra Hécate, o así ella lo consideraba, pues se personó a la mañana siguiente en la habitación de Ares, abriendo la puerta con delicadeza. Allí estaba su hijo, arrodillado frente a la ventana, meditando, en silencio -Ares-
-Márchate- contestó él con poca paciencia
-Demando tu atención y sobre todo tu respeto. Quería hablarte de Ren-
-No tengo nada que hablar sobre ella-
-Es tu esposa. Seguramente te interese-
-No me interesa- concedió, seco y diligente. Hécate miró a todas partes de la habitación y arqueó una ceja
-¿Dónde está, por cierto? ¿Con el Van, otra vez? Venía a hablarte de ello-
-Se ha ido- dijo Ares
-¿Cómo que se ha ido? ¿Qué quieres decir?-
-Se ha marchado, con Shan. Para siempre-
-¿¡Qué!?- la mujer montó en cólera -Esa maldita ramera ¡Cómo se atreve! ¡He de recuperar al niño antes de que...!- se puso a formular sellos, pero Ares la detuvo con un veloz movimiento acercándose a ella
-No le harás daño-
-Idiota... estás tan ciego que no consigues ver...-
-No le harás daño- recalcó, más serio
-Suéltame- tiró de sus manos para que Ares la soltase, pues le estaba haciendo daño -¿Por qué tuvo que morir Helios y no tú o Hades?- dijo despiadad dándose media vuelta y marchándose. Ares, despacio, cerró la puerta de su habitación.
Shan y Ren intentaban avanzar lo más rápido que podían. Se acercaban a Chiriku, pero sabían que no lo lograrían. El Van hacía horas que había detectado un gran número de reikis aproximándose desde el este, seguramente Sombras que habían ido a buscarlos. Ren se preguntaba por qué, si había sido Ares el que les había permitido marchar -Posiblemente no sea cosa de Ares- terció el hombre, avanzando sin cesar. Entonces, Ren tropezó. Fue inevitable. No había dejado de llover desde que se marcharon y el terreno estaba cenagoso y húmedo, resbaladizo. La chica casi se torció el tobillo y afortunadísimamente, cayó de culo y el bebé no sufrió más daño que un repentino estrés que lo llevó a golpear desde el interior del vientre -¡Ren! Maldita sea...- intentó ayudarla, pero a la chica le dolía el tobillo demasiado. Intentó sanarse con su técnica Yanagi, pero el reiki de las piedras no se había restablecido todavía, no eran fuente de poder suficiente -Mierda, mierda, mierda...- Shan cerró los ojos y se concentró más allá de la lluvia. Casi podía verlos. Estaban cerca. Los reikis se acercaban -Ren... me temo que no hay escapatoria- musitó el hombre. La chica le miró lastimosa, llevándose las manos al vientre -Escúchame... yo...- le tomó una muñeca -Perdóname por esto- la mano de Shan se cargó de reiki y apretó. El hueso de la muñeca de Ren crujió, dislocado. La chica gritó -¡Lo siento!- dijo él -Pero debe aparentar que te he secuestrado, que realmente te he llevado a la fuerza, que tú querías regresar y yo no te lo permití- Ren alegaba que era una locura ¡Pondrían precio a su cabeza! -Posiblemente ya lo tenga- sonrió triste -Si no es aquí, es en Ravat. Recuerda que tuve un asesino arenoso en mi habitación- Ren le contemplaba estupefacta, sin saber qué decir -Por favor- le acarició la mejilla -Por favor... di que es mi culpa. Sobrevive. Y salva al pequeño- le puso una mano en el vientre -Por favor Ren- ella asintió con sumo dolor -Yo me ocultaré. Volveré cuando las cosas se hayan calmado. Buscaré la forma de estar siempre vigilándote. Velaré por tu bienestar- le sonrió -Ya vienen...- se recordó a sí mismo -Siento tener que dejarte sola Ren... pero te prometo que volveré. Da a luz y trata de ponerte a salvo. Regresaré a por ti- entonces, sin que la chica lo esperara, la tomó de la parte posterior de la cabeza y la besó dulcemente en los labios. Cuando se separó de ella, la chica no sabía qué decir. Él la miraba con un cariño cálido y sincero -Cuídate. Cuídate a ti misma, cuídate de los Shin... y de Assar- y desapareció, en la nada, como si fuese humo. Momentos después, una patrulla de Sombras rodeó a Ren, katanas en mano. La chica sollozaba con el ceño fruncido. Alegó que el Van que la había secuestrado había escapado tras dislocarle la muñeca y el tobillo.
[Bleach OST - Never meant to belong]
Cuando regresaron, casi había pasado un día más. Llevarla a cuestas fue una tarea laboriosa, debido a que Hécate ordenó que no se le hiciese daño alguno al bebé que ella portaba en sus entrañas. Cuando llegaron a la torre Shin, Ren estaba echa un desastre. Empapada con la ropa enfangada y lo peor, el cabello casi desteñido por completo debido a las lluvias. Una vez estuvo de vuelta, la llevaron a la sala de reuniones, donde aguardaba Hécate para dar instrucciones. Allí estaba Ares también, y su mirada se clavó con tanto dolor en los ojos de Ren, que parecían haber recuperado su color, siendo consciente de que ella le miraba con la misma claridad que él a ella. Sin embargo, fue el color de su cabello, cobrizo en lugar de negro, lo que hizo que su corazón se detuviese por un instante
-¿Qué significa esto?- preguntó Hécate, poniéndose de pie cuando la vio ahí, con el rostro ceniciento y su cabello rojizo -¿Por qué ese cambio de...? Un momento... ese color...- Ares se puso en pie sin decir una palabra, simplemente se marchó. Al pasar junto a Ren, ésta quiso tocar sus ropas
-¡No oses tocarle!- vociferó Hécate con dureza -¿Te has atrevido a engañarnos?- dijo acercándose a ella y tomándole unos mechones de pelo -Astuta, muy astuta, pequeña zorra...- Ren no tenía ánimos ni para enfrentar a Hécate. Ésta le propinó una sonora bofetada capaz de girarle el rostro a la chica y de dejarle la mejilla colorada -Llevadla a la habitación de invitados. La quiero custodiada día y noche. Cerrad bien las puertas y ventanas. No saldrá de allí hasta que de a luz- sentenció. Ren fue arrastrada por los pasillos mientras un apagado y sombrío Ares contemplaba la escena desde la distancia, con un enorme nudo en la garganta. Fue a altas horas de la noche cuando Ares se personó en aquella habitación, donde Ren se dejaba caer contra una pared, pensativa. El hombre la observaba con dureza, aún preguntándose a sí mismo cómo ella había sido capaz de hacerle algo así, cuando él sólo trató de hacerla feliz en cada aspecto posible. La chica nisiquiera alzó la mirada para encontrar su mirada. No quería su odio, ni su rabia. Quería al Ares que había perdido y sabía que no lo iba a recuperar, no así, no suplicándole -¿Qué ha sido de Shan?- Ren suspiró apagada. Le contó que se había marchado -¿Va a volver a por ti?- la chica negó con la cabeza -¿Debería creerte?- Ren no respondió -Ojalá hubiese sido de otra forma Ren, si es que te llamas así- se dio media vuelta para marcharse. La chica le llamó una última vez, sólo para asegurarle que retenerla ahí era una estupidez. Alegó que no tenía intención alguna de dar a luz en la torre Shin, no cerca de Hécate, ni cerca de Hades. Pues Hades se había aprovechado también de ella. Le había extraido sangre bajo la premisa de no contarle a Ares la verdad y ahora estaba utilizando esa sangre para sanarse a sí mismo. También quería la de su hijo... y si lo traía al mundo bajo ese techo, tanto Hécate como Hades, hienas hambrientas, se abalanzarían sobre él. Ares no dijo nada, ni siquiera la miró. Sólo salió de la habitación sin más que decir.
[Bleach OST - Torn Apart]
Los días comenzaron a sucederse, uno tras otros. Daban igual los días y las noches, no paraba de llover. Las gotas furiosas repiqueteaban contra las ventanas cerradas y custodiadas de la habitación de Ren, mientras que iban y venían Sombras a traerle comida. A pesar de no tener hambre, la joven se obligaba a comer para dar fuerza a su bebé. Sin embargo, se genaba de verdad a dar a luz en el hogar de los Shin. Cuando pasaron dos semanas encerrada en esa maldita habitación, empezó a sentir que se acercaba el momento. Aferrada a la esperanza de encontrar alguna solución, o de que Ares recapacitase, la chica se llevó las manos al vientre y concentró su reiki para adormecer al bebé, para calmar su cuerpo, para impedir el parto y retrasarlo lo antes posible. Sin embargo, semejante esfuerzo comenzó a debilitarla. Con el paso de los días su piel se tornaba blanquecina, sus ojos se apagaban, su cara contraíauna expresión macilenta y de mejillas delgadas y chupadas. Ren enfermaría de seguir así y quizá hasta no pudiese concebir al bebé en un estado seguro, pero debía hacerlo. Debía proteger a su hijo a toda costa, de quien fuese, aunque ello la llevase a la muerte.
Fue quizá la providencia que Ares abriese la puerta aquella última noche, mientras la chica yacía tumbada en el suelo, debilitada, con grandes ojeras por apenas dormir. El hombre se arrodilló junto a ella y la tomó entre sus brazos, sosteniendo su apagado rostro. Los ojos de Ren se llenaron de lágrimas mientras sonreía apagada. Era él. Ares. Había vuelto. La estaba sosteniendo. La estaba mirando. Parecía un sueño, un sueño agradable. Él le preguntaba que qué había hecho para estar así, pero ella apenas le oía bien. Sólo una voz hueca, una voz ahogada que no se podía deletrear. Se limitó a sonreir mientras las lágrimas le rodaban por las mejillas -Tonta, maldita sea...- murmuró Ares, viéndola débil, cansada, con ganas de poca cosa más que de poder descnasar -Deja de forzar tu reiki- le dijo -¿Me oyes?- le acarició la mejilla por un instante -¡Ren!- la chica espabiló por un instante. Reaccionó por fin. No era un sueño -Deja de forzar tu reiki- ella se negó. No pariría ahí -No vas a parir aquí. Tú y yo, nos vamos- la cargó en brazos -Aguarda ¿De acuerdo? Resiste. Ya nos vamos- Ren se agarró al cuello de Ares mientras la cargaba. Con los ojos cargados de lágrimas susurró palabras de agradecimiento -No tienes nada que agradecerme... También es mi hijo- los dos se miraron a los ojos y por fin, se pusieron en marcha.
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