Assar se hallaba encontrado en asiento primordial en la sala del Vikar, agasajado por dos hermosas muchachas que apenas habrían cumplido la mayoría de edad hacía pocos meses. Le acariciaban el torso desnudo mientras le besaban las mejillas y las orejas. Le daban graciosos mordisquitos por el cuello, por los hombros y labios. Assar se dejaba querer, relajado, dejando que sus manos traviesas se colaran en cualquier hueco que encontrasen en las chicas, que trataban de no ser muy escandalosas con sus jóvenes gemiditos virginales. Assar les había prometido una vida de lujos y alegrías, donde no volverían a pasar calvarios, calor, hambre o sed, a cambio de que le demostrasen cuanto eran capaz de amar a un hombre, a un salvador. Ambas muchachas eran errantes, vagabundas de las dunas. Les había relagado unas hermosas ropas de Radih para comenzar a conquistar sus corazones y ahora las tenía ahí, postradas por él, deseando desnudarlo sólo con el fin de conseguir una vida feliz. Cuando estuvieron a punto de meter las manos en los pantalones del hombre, las puertas se abrieron con gran estruendo -¡ES UN MALDITO ULTRAJE!- rugió Rash, entrando en la sala con cartas abiertas en la mano -¿¡Qué significa todo esto!?- vociferó alzando los papeles, airándolos al viento -¿¡Cómo se han atrevido!?- Assar suspiró, aburrido, mientras las chicas miraban a Rash sin saber qué hacer o decir
-Mis pequeños pajarillos del desierto, podeis ver que mi hijo está un poco estresado y... quizá también le interesa algo de cariño- las chicas asintieron y se dirigieron hacia él. No llegaron a tocarle cuando Rash las apartó con una ráfaga de viento convocada, arrojándolas por los limpios suelos. Doloridas y frágiles casi rompen a llorar de terror. Assar bufó -Maldito seas mocoso...- formuló un único sello y las chicas se calmaron. Comenzaron a sonreir, a disfrutar, a bailar solas en mitad de la sala, envueltas en una ilusión que les hacía ver todo cuanto habían soñado -¿Qué cojones te pasa, Rash?-
-¡ESTO!- le arrojó las cartas -¡MALDITA SEA! ¡¿Me estás diciendo que le ha sucedido eso a Ren desde hace semanas y no me entero de nada!?-
-Aah... si vuelves a gritar una vez más...-
-¿¡Qué!?- Assar se puso en pie con la fuerza de un vendaval, autoritario
-No tengas la osadía Rash. Últimamente vienes faltándome el respeto constantemente, desobedeciendo cada orden que te doy. No te toleraré mucho más, por mucho que seas mi hijo-
-De la misma forma que yo no puedo tolerar la injusticia ¡Te da igual lo que le pase a Ren! ¡Es como tu hija!-
-¡No es mi hija!- clamó -¡Y si lo fuera, ten por seguro que no permitiría que babeases tanto por el suelo que ella pisa, mocoso!- señaló
-Aún así...- apretó la mandíbula -Mientras ella sufre toda clase de vejaciones, tú estás aquí, con fulanas...-
-Y tú deberías hacer lo mismo. Es un lastre lo de su ceguera, pero el haber sida imbuida con una Deidad le dota de un poder inconmensurable que, espero, sepa aprovechar. El plan está saliendo mucho mejor de lo esperado. Cuando menos lo esperen, los Shin simplemente serán cenizas y ella se alzará triunfante. Entonces la región será nuestra. Shizune como Midna, todo será nuestro territorio, hijo mío-
-¿Y si Ren no sobrevive?-
-Daños colaterales, siempre existen en las guerras-
-¡No!- tronó de nuevo -No pienso utilizarla como un peón en una estúpida guerra- Assar se vio envuelto en llamas, de pronto. Rash estaba usando ilusiones contra él
-Oh... mi pobre, pobre, pobre y estúpido Rash...- Assar formuló un sello y Rash comenzó a ver cómo del suelo brotaba agua que apagaba las llamas de su ilusión y se alzaba, inundando la estancia, hasta el techo. Sin aire que respirar, se empezaba a angustiar. El oxígeno se le acababa por momentos mientras su padre le miraba con toda la serenidad del mundo. Sabía que era otra ilusión, pero no era lo bastante poderoso como para quebrarla. No podría contra las técnicas de su padre en un cara a cara. Poco a poco su visión se fue volviendo borrosa. Pequeños puntitos brillantes empañaron su mirada. Todo se volvió oscuro. Rash sucumbió, inconsciente. Cuando abrió los ojos estaba en su habitación, en la cama, maltendido. Algún Vakiri le habría traido por orden de su padre, ese condenado que estaba jugando con la vida de Ren. Rash tomó una decisión tras pasar largos ratos deliberando en silencio en su estancia. Debía encontrar la forma de superar las ilusiones de su padre y convencerle de que la vida de Ren era primordial.
Un par de semanas después, cuando Ren despertó y se preparó para salir de la habitación, notó un cambio significativo que no se había producido en el último mes en el que Ares había estado ausente: Shan no estaba en la puerta ¿A dónde habría ido? Deambulando por los pasillos se encontró con Ayesha, que muy, muy sonriente, le indicó que lo encontraría en el patio de armas, donde entrenaban los soldados. Con cierta pesadez en el cuerpo y aún poniendo a prueba sus dotes para guiarse a través del reiki, consiguió llegar. Fue entonces cuando sintió ese reiki tan familiar -Hola Ren- saludó cordial y cálido el hombre, por fin, después de un mes y medio de ausencia. La chica no pudo evitar sonreir. Ares se aproximó a ella y la abrazó con ganas, levantándola en vuelo. La chica se abrazó a él con las mismas ganas. Era difícil imaginar que le podría haber echado tanto de menos -¿Cómo te encuentras, preciosa?- la dejó de nuevo en el suelo y ella aseguró estar bien, con una mano en el vientre, por supuesto
-Como te decía, ha hecho grandes avances- dijo Shan cruzado de brazos
-Ya lo veo. Ha llegado hasta aquí sin ningún problema- sonrió -Te lo agradezco, Shan-
-No se merece ningún agradecimiento. Es por su bien. Nunca está de más debido a... bueno-
-¿Qué ocurre?-
-Ren... creo que será mejor que se lo cuentes. En algún lugar más privado-
Fue en la habitación de ambos donde ella le contó lo sucedido. Le narró los hechos acaecidos aquella noche, cuando Hécate, ebria, llegó con unos Sombras y la llevaron al altar donde le sellaron a la maldita bestia en su interior. Ares no daba crédito a cada detalle que Ren le relataba, pues la chica recordaba cada sensación como si la estuviese viviendo en ese preciso instante. La expresión de sorpresa de Ares no se desvanecía ni en un momento, hasta que finalmente frunció el ceño muy molesto, irradiando furia. Con pasos apresurados salió de la habitación, imposible de ser retenido ni siquiera por Shan. A sabiendas de que algo malo podía suceder, el Van ayudó a Ren a caminar más deprisa siguiendo al Shin, que surcaba los pasillos a toda velocidad hasta llegar, finalmente, a la habitación donde siempre residía su madre: la sala de reuniones. Cuando la puerta se abrió, la mujer le dirigió una mirada perezosa. Estaba pálida, terriblemente consumida -Hijo mío...- se fue a poner en pie, pero Ares hizo un sello y un poder invisible, una mano espiritual, la despojó de la copa de vino y la arrojó contra la pared. Luego, la misma fuerza espectral la arrojó contra el asiento donde ella siempre pretendía ostentar el cargo de Umbra. Algo dolorida, con un ojo cerrado para soportar el dolor, miraba a su hijo -¿Qué... significa esto?-
-¡¿POR QUÉ!?- tronó su voz, que se pudo oir desde todas partes. No tardaron en llegar Sombras que rodearon a Ares. Shan y Ren llegaron justo en el momento para verle siendo apuntado por una decena de katanas que casi le envolvían por completo
-Ares... ¿Te has vuelto loco? ¿Atacas a tu propia madre...?-
-¡¿POR QUÉ HAS HECHO ESO!?- tronaba, desgañitándose, dejándose la voz, con lágrimas en los ojos -¿¡Con qué derecho te crees para someter a Ren, a mi esposa, a semejante ritual monstruoso!?-
-¡Tengo la potestad para salvaguardar el clan!- rugió ella -Es mi deber como Umbra perpetuar nuestra estirpe. Es sólo un seguro-
-Un seguro... maldita seas. Te has vuelto loca ¡Completamente loca! ¡Podrías haberla asesinado!- apretaba los puños
-Señor Ares, sugerimos cordialmente que trates de calmarte- dijo uno de los Sombras -No quisieramos emplear la fuerza-
-Adelante ¡Usad la fuerza!- se preparó Ares
-No será necesario- dijo Hécate -Ares, tarde o temprano entenderás que tengo razón-
-¡Jamás! ¿¡Qué razón podrías tener!? Ella... en ningún momento ha hecho nada para ganarse semejante hostilidad por parte de este clan ¡Y sin embargo cada vez empeoráis más su calidad de vida!-
-Quizá si pasase menos tiempo con el Van podría comprenderlo- terció entonces Hécate, mirando a Ren por encima de Ares -Pero hijo, me preocupa el futuro de vuestro matrimonio y por tanto, mi nieto- sonrió malvada
-¿Qué tratas de decir?- Ares frunció tanto el ceño que hasta le dolía
-Que ahora que marchas a buscar soluciones para su ceguera, ese hombre no se separa de ella ni ella de él. Están... constantemente juntos-
-Yo le pedí a Shan que cuidase de ella-
-No puedes pedirle a un hombre que cuide de la mujer que amas- dijo ella con evidente enfado -Pues el amor es traicionero, el corazón es bandido, la mente es perversa y el cuerpo es débil. La carne es frágil para la carne. Deja a un hombre y una mujer a solas, permite que se conozcan y congenien ¡Y la propia naturaleza, como la vida y la muerte, obrará! Tarde o temprano surgirá el deseo por parte de uno de los miembros y el otro sucumbirá. Y me temo, que en este caso, Ren y el Van se llevan excepcionalmente bien, además de pasar tanto tiempo juntos...-
-No voy a aceptar esas sugerencias- negó Ares
-En tal caso sigue siendo igual de necio y estúpido, pero no retiraré el sello. No puedo hacerlo sin condenarnos a todos-
-Si vuelves a poner una mano encima de Ren, Hécate- no la llamó madre, ni volvería a hacerlo -Me ocuparé de ostentar ese asiento por mí mismo, sin esperar a que me otorgues el puesto, aunque sea a la fuerza. Entonces, sólo entonces, te enseñaré cual es el lugar de una madre y no el de una dictadora cruel-
-Por esta vez, fingiré no haber oido eso, Ares- dijo cruel, con unos ojos fríos que denotaban desdén -Marchaos todos. Ahora- ordenó tajante. Ares se dio la vuelta y marchó de la habitación, seguido de Shan y Ren, mientras Hécate los seguía con la mirada.
[Naruto The Last OST - Snow]
Desde entonces, los días parecieron mejorar. Hécate se mantuvo distante, prácticamente desaparecida, sin molestar a Ren ni a Ares. Shan se mantenía alejado para darles privacidad, así como Ayesha. Otra buena noticia fue para Ren que Hades también parecía estar ausente, cumpliendo por completo el trato que habían hecho. De esa manera, sólo quedó disfrutar. Un día tras otro, Ares paseaba con ella de la mano. Era agradable, se atrevía a confesar Ren, deambular relajada, sin utilizar el reiki, guiada sólo por la cálida mano del hombre al que añoraba, con quien se sentía segura y sabía, que a su lado, poco o nada tendría que temer. Pasear por los jardines, por la aldea, mientras que su visión era un mar de manchas borrosas, se convirtió en una nueva experiencia. Porque ahoa sólo era el tacto de Ares y la voz del muchacho lo que daba forma a todo cuanto la rodeaba. Ren aprendía, de la misma manera que Ares lo estaba haciendo, que el tiempo y las perspectivas cambiaban las emociones de las personas. Ambos se estaban sinteindo ya tan terriblemente cerca, tan arraigados el uno al otro, que no podían dejar de hablar, de narrarse historias el uno al otro, sobre todo Ares. Le contó acerca del mes que estuvo de viaje. Cómo escaló montañas en Rodgar en busca de plantas. Cómo recorrió los valles verdes de Shizune y sus ríos de agua clara. Incluso coqueteó con tierras Van y sus medicinas rústicas, pero nada parecía ser lo que buscaba. Se enfrentó a bandidos, durmió bajo la lluvia, comió bajo un sol incesante. Nadó en aguas heladas y se dejó las manos en las rocas escarpadas, así como ayudó a animales y a personas que estaban en peligro. El viaje fue toda una experiencia para él y no se guardó ningún detalle, sobre todo en las noches, cuando antes de dormir, le contaba distintos cuentos a Ren para ayudarla a abrazar el sueño. Y fue aquella noche, cuando Ares ya llevaba cerca de un par de semanas en Shin, ambos bajo el futón, cuando se le confesó que a pesar de tanta adversidad, todo merecía la pena si era por ayudarla. Ren, sin embargo, no entendía por qué, o no lo quería entender. Si él sólo supiera. Si él pudiese comprender las calamidades que ella había traido a su familia... -A fin de cuentas, me estoy dando cuenta de que, con el paso del tiempo, he aprendido a vivir para alguien más- dijo con una sonrisa que Ren podía intuir, casi verla con sus propios ojos -Siempre fui un hombre arraigado a las culturas de mi aldea, de mi país. Siempre he sido leal al clan y me he mantenido firme en seguir las órdenes que se me daban. He perseguido la senda del honor con la espada en la mano y la mirada fija en el horizonte, hasta que apareciste tú. Entonces descubrí que hay otros caminos que pueden resultar mucho más atractivos, mucho más amables. Caminos que traen tiempos mejores a las tormentas del alma- le acarició la mejilla con suavidad -Es por eso Ren que, si voy a vivir por y para ti, si es el camino que escojo recorrer, no pretendo en absoluto permitir que nada me pare los pies. Ni mi madre, ni mi hermano, ni el clan... ni ninguna enfermedad o agravio que se nos presente. Encontraré la forma de curar tus ojos de una vez, lo antes posible. Te lo prometo- ambos se mantuvieron en silencio en la oscuridad, apegados, uno cerca del otro, cuando a Ren le asaltaron las dudas. Se cuestionaba por qué, después de dos semanas, el chico no había tenido la más ligera tentativa de tocarla. Ella le había añorado, y debía admitir que echaba de menos sus manos, que había aprendido quizá a disfrutar de aquellas noches a su lado. Ahora lo echaba de menos... y él se mantenía a su lado, pero carente de deseo ¿Era por su cuerpo? ¿No la consideraba ya atractiva? ¿O quizá sólo esperaba de ella un hijo que, una vez naciese, lo separaría de ella? Ares se echó a reir de forma simpática, cálido, comprensivo. La atrajo hacia sí y le besó la frene con cariño -Eres preciosa. Y estás preciosa. Da igual si estás embarazada, si estás con una venda en los ojos. Eres sin duda la mujer más hermosa que he conocido jamás ¿Y sobre el deseo? Oh, Ren... las cosas que podría hacerte el resto de mi vida- entonces, como un impulso, Ren le besó.
[Naruto The Last - Goodbye forever]
Le besó lenta pero profundamente y Ares correspondió con un cariño inmedible mientras la rodeaba con los brazos. Ambos se quedaron en silencio después, unidos frente con frente, respirando al unísono -Te quiero, Ren. Quiero que lo sepas... y que no lo olvides nunca, pase lo que pase- Ren asintió muy despacio con la cabeza y le susurró que ella le quería tanto como él, para finalmente volver a fundirse en un dulcísimo beso mientras esta vez era Ren quien despojaba despacio a Ares de sus ropajes. El hombre se dejó desnudar, esperando su turno con paciencia, mientras sus labios chasqueaban insaciables por beber el uno del otro. El calor de la pasión los sacudió a ambos en seguida y los besos no tardaron en acompañarse por jadeos y gemidos de deseo y ganas. Ares le quitó con extrema suavidad los ropajes a Ren, revelando sus senos desnudos, así como su vientre ligeramente redondeado por el embarazo. Ares no dudaba en dar calidez a los pechos de la chica con suavidad, pero de ninguna forma dejaba de dar suaves caricias a su vientre. Entonces Ren se alzó ligeramente y Ares la ayudó, como si hubiesen pactado una coreografía. La chica se quiso sentar muy suavemente sobre él mientras Ares, ligeramente tendido, la sostenía del trasero con suavidad, ayudándola a acomodarse sobre el miembro, sintiendo la calidez del cuerpo de la chica al penetrarla. Entonces llegaron los jadeos y los gemidos aflorando con fuerza, mientras Ren se movía suavemente con un va y ven seductor, ayudada por la fuerza de Ares que la hacía moverse con suavidad sosteniendo su peso, sintiendo cada vez con más intensidad la dureza del hombre dentro de ella, tanto como él sentía su humedad y su calor, mientras se besaban sin cesar, sin parar siquiera para respirar. La habitación entró en un enorme ambiente de calidez y ambos sintieron sus cuerpos húmedos por la exudación debido a la pasión que los envolvía. Ren movía aún más sus caderas mientras Ares la cargaba y la bajaba con algo más de rapidez a la vez que recorría su cuello con bocados suaves y dulces lamidas. La piel de la chica sabía al paraiso. La adoraba. Definitivamente la quería y no podía ser más feliz sintiendo cómo ella había aprendido a quererle a él de la misma forma. El simple hecho de acariciar la espalda de la chica mientras ella sucumbía al placer que ambos se procuraban lo enviaba a planos lejanos donde sólo existían ellos dos y nadie más. Fue tal su conexión que hasta sus reikis parecieron fundirse y desaparecer, inexistentes, formando una única unidad mezclada con el propio deseo. Siendo así, los dos perdieron el conocimiento sobre límites físicos y las horas. Hicieron el amor durante largos minutos sin detenerse, cada vez con más intensidad. Mientras Ares apretaba con fuerza los gluteos de Ren y ligeramente los separaba para facilitar la penetración, movía las caderas al compás que dejaba a la chica caer sobre su cuerpo para llegar tan adentro como buenamente pudiese, arrancando gemidos de placer de la garganta de Ren, de lo más profundo de su ser, mientras esta hundía sus dedos en la espalda del hombre, a la vez que Ares besaba sus pechos y devoraba su piel. El climax no tardó en llegar momentos después, en un orgasmo intenso que bloqueó sus mentes y sus cuerpos a pesar de que se seguían moviendo el uno contra el otro con cada vez más intensidad y pasión. De esa manera ambos se llenaron el uno del otro, en cada definición de la palabra, física y emocionalmente, mientras volvían se volvían a unir frente con frente, jadeantes de cansancio y deseo, de cariño y amor, empezando ambos a sonreir y a reir en voz baja mientras se hacían caricias y se daban dulces besos, recostándose el uno frente al otro. Esa noche sería la primera, la noche más dulce y hermosa de sus vidas. Y la última, hasta un tiempo en que ni siquiera ellos sabrían medir.
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