martes, 23 de mayo de 2017

Las palabras de Ren cayeron en un completo saco roto en cuando Hades sólo se percató de la única palabra llamativa que había salido de sus labios, y aquella fue el nombre de la sagrada bestia Nibiru, la Deidad encerrada en Shin y custodiada por el clan desde hacía eones. La dura y mortecina mano de Hades se alzó a toda velocidad, como una serpiente con las fauces abiertas, hasta agarrar el cuello de la chica. La asió con tanta fuerza que Ren dio un respingo mientras sentía sus dedos cerrarse entorno a su gaznate, exprimiéndola de oxígeno -¿Qué... has dicho?- murmuró, lleno de ira. Estaba temblando. Era la primera vez que Ren veía en Hades algún tipo de emoción humana ¿Tenía miedo? ¿O simplemente estaba furioso? ¿Es que... él no lo sabía? -¿Qué clamas respecto a la Deidad, mujer...?- Ren trataba de respirar. Le era imposible hablar. Era impresionante, verdaderamente impresionante, el nivel de fuerza física que un hombre como Hades poseía. Nunca nadie le había agarrado con tanta fuerza. Incluso tratando de sacudirse, la mano de Hades no se aflojaba ni una milésima. Rayos, si ni siquiera fue capaz de sentir la mano aproximarse hacia ella. Ese hombre era verdaderamente peligroso, un enemigo a batir cuanto antes mejor -Habla- ordenó, aflojando un poco la presa. Ren inspiró ansiosa una bocanada de aire antes de poder articular palabra. Muy despacio, se limitó a narrar lo acontecido aquella noche. El cómo Hécate, su madre, la había arrastrado hasta el templo y le había depositado a ese monstruo en sus entrañas -¿Osas llamar a la Deidad monstruo...?- masculló sorprendido -Tú, sucia y repugnante Yanagi, no cuentas con la menor de las potestades para llamar monstruo a Nibiru ¡Y menos aún para amenazarme, a mí, con desatar su ira para destruir mi aldea!- vociferó como un demonio. Quizá era la primera vez en años que Hades gritaba a todo pulmón. Sin embargo, la creciente sensación de emociones y nerviosismo en Ren comenzaron a hacer bullir el reiki en su interior. No tardó en verse rodeada por un halo de reiki siniestro, tan frío como el de Hades. El hombre la soltó y retrocedió con un ágil movimiento a pesar de tener una sola pierna, apoyado en la vara. Tanto así que se desplazó varios metros hacia atrás casi deslizándose sobre la superficie del suelo. Se miró la mano. Le vibraba, le ardía del frío que tenía en la piel, como si la hubiese tenido enterrada en hielo durante larguísimas horas. Casi no podía flexionar los dedos -Maldita seas... es cierto...- Ren gruñó cuestionándole por qué le amenazaría con una mentira -Desconozco tus motivaciones... pero este hecho me hace deducir que, definitivamente, tengo que vigilarte veinticuatro horas mientras vivas. Hécate es demasiado...- empezaba a hablar para sí mismo, perdiéndose en sus pensamientos. Ren quiso reconducir la conversación lo más veloz posible al tema que le ocupaba. Su reiki volvía a atenuarse conforme se calmaba, a pesar de estar ante un ser tan deleznable como era Hades. La chica quiso oir una respuesta acerca de su proposición de mantener a Ares en completa ignorancia sobre su origen Yanagi. Hades no le prestaba atención, ensimismado en sus pensamientos, sombrío y callado. Ren lo llamó con voz alzada, obligándole a mirarla. Podía hubicarle en la sala. Podía sentir el reiki ceniciento del hombre abotargado en un mismo punto concreto. Estaba desconcentrado -No llegarás nunca a comprender, con tu mente limitada de adoradora de los bosques y los ríos, lo terriblemente placentero que resultaría para mí revelar la realidad de tu origen en estas tierras. Sonreiría después de muchos años viendo cómo te clavan en una cruz de madera y te dejan a merced de los cuervos... para deshacernos de ti y de ese sacrilegio que llevas en el vientre, maldita bruja de los bosques- gruñía. Ren se llevó una mano al vientre -De no ser porque la criatura crece y abulta tu piel tampoco tendría noticias de semejante herejía... Hécate me quiere fuera de su tablero...- meditaba -De ser así... está bien- confirmó -Si quieres pactar con la muerte, la muerte acepta el trato. Harás cuanto desees, cuando lo desee, a cambio del silencio más sepulcral de mis labios ¿No es así?- Ren asintió, convencida, respirando hondo -De acuerdo... entonces desnúdate- dijo, helando los huesos de la chica. Ren quiso que repitiera sus palabras, rezando a cualquier poder superior que la escuchase para que hubiese entendido mal sus palabras -Quítate la ropa. Ahora- hubo un largo momento de silencio. Ninguno de los dos se movió -Sabía que no cumplirías el trato- entonces se sorprendió un poco al ver que la chica llevaba sus manos hacia la ropa. No se desnudó despacio, ni mostró más dudas. Se quitó las prendas con desdén, a toda velocidad, no dejando cabida para la fantasía y la curiosidad. Lo que había ante el ojo sano de Hades era una mujer embarazada de poco tiempo, pero algo notorio. Sus pechos estaban contorneados, redondos y firmes, engrandecidos por el mero hecho de estar embarazada. Sus caderas se ensancharon un tanto. Tenía un aire muy atractivo. Para Hades, sin embargo, seguía siendo igual de repugnante que cualquier otro ser humano. Se aproximó hasta ella muy despacio y con delicadeza, acarició ambos pechos. La piel estaba algo tensa, los músculos algo duros. Palmó un poco de más y Ren encogió el rostro debido al ligero dolor de un calambre. Hades descandió la mano hasta su vientre mientras giraba en torno a ella. Pasó la mano por su cintura, por sus muslos, hasta que finalmente agarró con firmeza uno de los gluteos de la chica mientras, muy de cerca, respiraba cerca de su nuca, sintiendo el embriagador aroma del tinte de su cabello. Abrió la boca medio destrozada para sacar una lengua húmeda que recorrió el hombro y parte del cuello de Ren, que estoica, se mantuvo definitivamente firme, aún casi destrozándose las manos de tanto apretarlas -Vístete- ordenó de nuevo y Ren podría jurar que nunca antes se había engalanado con tanta velocidad y maestría. Con la voz temblorosa quiso saber qué pretendía de ella ¿Sexo? ¿Lo que quería era humillarla de esa manera? -Lo que quiero, mujer, no es asunto tuyo- cortó, borde, mientras cogía un objeto de una mesa. Se aproximó hacia ella y lo siguiente que Ren sintió fue el gélido beso de un filo acerado que le laceró la piel, haciendo manar sangre, concretamente de la flexión del codo. Hades recogió la sangre en una especie de pequeño frasco de cristal hasta que se hubo llenado por completo -De momento no necesito más- dijo con desprecio -Cuando requiera más sangre te llamaré- ¿Sangre? ¿Para qué quería su sangre? -No volveré a repetirte que no te concierne. Vuelve a preguntar...- amenazó siseante. Ren asintió -Márchate de una vez- se alejaba de Ren hacia su mesa cuando ésta volvió a insistir antes de partir ¿Por qué? ¿Por qué, hacía poco más de dieciséis años, masacró a su clan junto al resto del clan y su padre? -No voy a darte lecciones de historia- suspiró aburrido -He dicho que te vayas- Ren dio un paso al frente. Recordó que era parte del trato. Hades la hubiese echado por las malas de no ser porque volvía a sentir que el reiki de la muchacha escalaba hasta picos de altura improbables para un ser humano. Sopesó la posibilidad de que realmente, algún día, llegase a poder controlar el poder de Nibiru. Lo concibió finalmente terriblemente improblable -Mi buen padre decidió masacrar al clan porque asesinabais a nuestros aldeanos. Nada más- resumió. Ren ya sabía esa parte de la historia, pues Ares la narró viajando hacia Ravat ¿Pero por qué así? Debía haber una razón -¿La razón?- Hades lo sopesó en silencio durante un largo rato -¿Debe existir una razón como tal?- Ren quiso creer que sí -Tal vez la razón es que el clan Yanagi y el clan Shin no están hechos para coexistir. Y para detener los asesinatos de nuestros aldeanos decidimos hacerlo así. Desde entonces no han habido más guerras. Somos emisarios de la muerte y sólo la muerte brinda la paz...- Ren aseguró que estaba loco si creía que había conseguido la paz ¡Había matado a su familia, a su hermano, con sus propias manos! -Y tú has asesinado al mío. Has hecho tu justicia- dijo sin emoción alguna, cansado de ella -Lárgate de mi habitación- ordenó, pero Ren dio un paso al frente. Había matado a Itto a sangre fría y eso no quedaría así. Hades se giró hacia ella -Asesiné a tu hermano como él me hubiese matado a mí- se excitaba recordando el combate -Me arrebató el brazo y la pierna, así como el ojo y me deformó media cara ¿Consideras que eso es sangre fría? Tuvimos un duelo de honor. Y simplemente fui mejor que él- Ren, llevada por la rabia, aseguró que algún día le arrebataría más que un brazo y una pierna -Ya he tenido suficiente de tus bravatas de niña huérfana que no soporta el ciclo de la existencia- hizo un gesto con la mano. La puerta de la habitación de Hades se abrió y una fuerza invisible, un espíritu, la empujó hacia el exterior. La puerta se cerró ante las narices de Ren, sólo para volverse imposible de abrir.

Assar se hallaba encontrado en asiento primordial en la sala del Vikar, agasajado por dos hermosas muchachas que apenas habrían cumplido la mayoría de edad hacía pocos meses. Le acariciaban el torso desnudo mientras le besaban las mejillas y las orejas. Le daban graciosos mordisquitos por el cuello, por los hombros y labios. Assar se dejaba querer, relajado, dejando que sus manos traviesas se colaran en cualquier hueco que encontrasen en las chicas, que trataban de no ser muy escandalosas con sus jóvenes gemiditos virginales. Assar les había prometido una vida de lujos y alegrías, donde no volverían a pasar calvarios, calor, hambre o sed, a cambio de que le demostrasen cuanto eran capaz de amar a un hombre, a un salvador. Ambas muchachas eran errantes, vagabundas de las dunas. Les había relagado unas hermosas ropas de Radih para comenzar a conquistar sus corazones y ahora las tenía ahí, postradas por él, deseando desnudarlo sólo con el fin de conseguir una vida feliz. Cuando estuvieron a punto de meter las manos en los pantalones del hombre, las puertas se abrieron con gran estruendo -¡ES UN MALDITO ULTRAJE!- rugió Rash, entrando en la sala con cartas abiertas en la mano -¿¡Qué significa todo esto!?- vociferó alzando los papeles, airándolos al viento -¿¡Cómo se han atrevido!?- Assar suspiró, aburrido, mientras las chicas miraban a Rash sin saber qué hacer o decir
-Mis pequeños pajarillos del desierto, podeis ver que mi hijo está un poco estresado y... quizá también le interesa algo de cariño- las chicas asintieron y se dirigieron hacia él. No llegaron a tocarle cuando Rash las apartó con una ráfaga de viento convocada, arrojándolas por los limpios suelos. Doloridas y frágiles casi rompen a llorar de terror. Assar bufó -Maldito seas mocoso...- formuló un único sello y las chicas se calmaron. Comenzaron a sonreir, a disfrutar, a bailar solas en mitad de la sala, envueltas en una ilusión que les hacía ver todo cuanto habían soñado -¿Qué cojones te pasa, Rash?-
-¡ESTO!- le arrojó las cartas -¡MALDITA SEA! ¡¿Me estás diciendo que le ha sucedido eso a Ren desde hace semanas y no me entero de nada!?-
-Aah... si vuelves a gritar una vez más...-
-¿¡Qué!?- Assar se puso en pie con la fuerza de un vendaval, autoritario
-No tengas la osadía Rash. Últimamente vienes faltándome el respeto constantemente, desobedeciendo cada orden que te doy. No te toleraré mucho más, por mucho que seas mi hijo-
-De la misma forma que yo no puedo tolerar la injusticia ¡Te da igual lo que le pase a Ren! ¡Es como tu hija!-
-¡No es mi hija!- clamó -¡Y si lo fuera, ten por seguro que no permitiría que babeases tanto por el suelo que ella pisa, mocoso!- señaló
-Aún así...- apretó la mandíbula -Mientras ella sufre toda clase de vejaciones, tú estás aquí, con fulanas...-
-Y tú deberías hacer lo mismo. Es un lastre lo de su ceguera, pero el haber sida imbuida con una Deidad le dota de un poder inconmensurable que, espero, sepa aprovechar. El plan está saliendo mucho mejor de lo esperado. Cuando menos lo esperen, los Shin simplemente serán cenizas y ella se alzará triunfante. Entonces la región será nuestra. Shizune como Midna, todo será nuestro territorio, hijo mío-
-¿Y si Ren no sobrevive?-
-Daños colaterales, siempre existen en las guerras-
-¡No!- tronó de nuevo -No pienso utilizarla como un peón en una estúpida guerra- Assar se vio envuelto en llamas, de pronto. Rash estaba usando ilusiones contra él
-Oh... mi pobre, pobre, pobre y estúpido Rash...- Assar formuló un sello y Rash comenzó a ver cómo del suelo brotaba agua que apagaba las llamas de su ilusión y se alzaba, inundando la estancia, hasta el techo. Sin aire que respirar, se empezaba a angustiar. El oxígeno se le acababa por momentos mientras su padre le miraba con toda la serenidad del mundo. Sabía que era otra ilusión, pero no era lo bastante poderoso como para quebrarla. No podría contra las técnicas de su padre en un cara a cara. Poco a poco su visión se fue volviendo borrosa. Pequeños puntitos brillantes empañaron su mirada. Todo se volvió oscuro. Rash sucumbió, inconsciente. Cuando abrió los ojos estaba en su habitación, en la cama, maltendido. Algún Vakiri le habría traido por orden de su padre,  ese condenado que estaba jugando con la vida de Ren. Rash tomó una decisión tras pasar largos ratos deliberando en silencio en su estancia. Debía encontrar la forma de superar las ilusiones de su padre y convencerle de que la vida de Ren era primordial.

Un par de semanas después, cuando Ren despertó y se preparó para salir de la habitación, notó un cambio significativo que no se había producido en el último mes en el que Ares había estado ausente: Shan no estaba en la puerta ¿A dónde habría ido? Deambulando por los pasillos se encontró con Ayesha, que muy, muy sonriente, le indicó que lo encontraría en el patio de armas, donde entrenaban los soldados. Con cierta pesadez en el cuerpo y aún poniendo a prueba sus dotes para guiarse a través del reiki, consiguió llegar. Fue entonces cuando sintió ese reiki tan familiar -Hola Ren- saludó cordial y cálido el hombre, por fin, después de un mes y medio de ausencia. La chica no pudo evitar sonreir. Ares se aproximó a ella y la abrazó con ganas, levantándola en vuelo. La chica se abrazó a él con las mismas ganas. Era difícil imaginar que le podría haber echado tanto de menos -¿Cómo te encuentras, preciosa?- la dejó de nuevo en el suelo y ella aseguró estar bien, con una mano en el vientre, por supuesto
-Como te decía, ha hecho grandes avances- dijo Shan cruzado de brazos
-Ya lo veo. Ha llegado hasta aquí sin ningún problema- sonrió -Te lo agradezco, Shan-
-No se merece ningún agradecimiento. Es por su bien. Nunca está de más debido a... bueno-
-¿Qué ocurre?-
-Ren... creo que será mejor que se lo cuentes. En algún lugar más privado-

Fue en la habitación de ambos donde ella le contó lo sucedido. Le narró los hechos acaecidos aquella noche, cuando Hécate, ebria, llegó con unos Sombras y la llevaron al altar donde le sellaron a la maldita bestia en su interior. Ares no daba crédito a cada detalle que Ren le relataba, pues la chica recordaba cada sensación como si la estuviese viviendo en ese preciso instante. La expresión de sorpresa de Ares no se desvanecía ni en un momento, hasta que finalmente frunció el ceño muy molesto, irradiando furia. Con pasos apresurados salió de la habitación, imposible de ser retenido ni siquiera por Shan. A sabiendas de que algo malo podía suceder, el Van ayudó a Ren a caminar más deprisa siguiendo al Shin, que surcaba los pasillos a toda velocidad hasta llegar, finalmente, a la habitación donde siempre residía su madre: la sala de reuniones. Cuando la puerta se abrió, la mujer le dirigió una mirada perezosa. Estaba pálida, terriblemente consumida -Hijo mío...- se fue a poner en pie, pero Ares hizo un sello y un poder invisible, una mano espiritual, la despojó de la copa de vino y la arrojó contra la pared. Luego, la misma fuerza espectral la arrojó contra el asiento donde ella siempre pretendía ostentar el cargo de Umbra. Algo dolorida, con un ojo cerrado para soportar el dolor, miraba a su hijo -¿Qué... significa esto?-
-¡¿POR QUÉ!?- tronó su voz, que se pudo oir desde todas partes. No tardaron en llegar Sombras que rodearon a Ares. Shan y Ren llegaron justo en el momento para verle siendo apuntado por una decena de katanas que casi le envolvían por completo
-Ares... ¿Te has vuelto loco? ¿Atacas a tu propia madre...?-
-¡¿POR QUÉ HAS HECHO ESO!?- tronaba, desgañitándose, dejándose la voz, con lágrimas en los ojos -¿¡Con qué derecho te crees para someter a Ren, a mi esposa, a semejante ritual monstruoso!?-
-¡Tengo la potestad para salvaguardar el clan!- rugió ella -Es mi deber como Umbra perpetuar nuestra estirpe. Es sólo un seguro-
-Un seguro... maldita seas. Te has vuelto loca ¡Completamente loca! ¡Podrías haberla asesinado!- apretaba los puños
-Señor Ares, sugerimos cordialmente que trates de calmarte- dijo uno de los Sombras -No quisieramos emplear la fuerza-
-Adelante ¡Usad la fuerza!- se preparó Ares
-No será necesario- dijo Hécate -Ares, tarde o temprano entenderás que tengo razón-
-¡Jamás! ¿¡Qué razón podrías tener!? Ella... en ningún momento ha hecho nada para ganarse semejante hostilidad por parte de este clan ¡Y sin embargo cada vez empeoráis más su calidad de vida!-
-Quizá si pasase menos tiempo con el Van podría comprenderlo- terció entonces Hécate, mirando a Ren por encima de Ares -Pero hijo, me preocupa el futuro de vuestro matrimonio y por tanto, mi nieto- sonrió malvada
-¿Qué tratas de decir?- Ares frunció tanto el ceño que hasta le dolía
-Que ahora que marchas a buscar soluciones para su ceguera, ese hombre no se separa de ella ni ella de él. Están... constantemente juntos-
-Yo le pedí a Shan que cuidase de ella-
-No puedes pedirle a un hombre que cuide de la mujer que amas- dijo ella con evidente enfado -Pues el amor es traicionero, el corazón es bandido, la mente es perversa y el cuerpo es débil. La carne es frágil para la carne. Deja a un hombre y una mujer a solas, permite que se conozcan y congenien ¡Y la propia naturaleza, como la vida y la muerte, obrará! Tarde o temprano surgirá el deseo por parte de uno de los miembros y el otro sucumbirá. Y me temo, que en este caso, Ren y el Van se llevan excepcionalmente bien, además de pasar tanto tiempo juntos...-
-No voy a aceptar esas sugerencias- negó Ares
-En tal caso sigue siendo igual de necio y estúpido, pero no retiraré el sello. No puedo hacerlo sin condenarnos a todos-
-Si vuelves a poner una mano encima de Ren, Hécate- no la llamó madre, ni volvería a hacerlo -Me ocuparé de ostentar ese asiento por mí mismo, sin esperar a que me otorgues el puesto, aunque sea a la fuerza. Entonces, sólo entonces, te enseñaré cual es el lugar de una madre y no el de una dictadora cruel-
-Por esta vez, fingiré no haber oido eso, Ares- dijo cruel, con unos ojos fríos que denotaban desdén -Marchaos todos. Ahora- ordenó tajante. Ares se dio la vuelta y marchó de la habitación, seguido de Shan y Ren, mientras Hécate los seguía con la mirada.

[Naruto The Last OST - Snow]

Desde entonces, los días parecieron mejorar. Hécate se mantuvo distante, prácticamente desaparecida, sin molestar a Ren ni a Ares. Shan se mantenía alejado para darles privacidad, así como Ayesha. Otra buena noticia fue para Ren que Hades también parecía estar ausente, cumpliendo por completo el trato que habían hecho. De esa manera, sólo quedó disfrutar. Un día tras otro, Ares paseaba con ella de la mano. Era agradable, se atrevía a confesar Ren, deambular relajada, sin utilizar el reiki, guiada sólo por la cálida mano del hombre al que añoraba, con quien se sentía segura y sabía, que a su lado, poco o nada tendría que temer. Pasear por los jardines, por la aldea, mientras que su visión era un mar de manchas borrosas, se convirtió en una nueva experiencia. Porque ahoa sólo era el tacto de Ares y la voz del muchacho lo que daba forma a todo cuanto la rodeaba. Ren aprendía, de la misma manera que Ares lo estaba haciendo, que el tiempo y las perspectivas cambiaban las emociones de las personas. Ambos se estaban sinteindo ya tan terriblemente cerca, tan arraigados el uno al otro, que no podían dejar de hablar, de narrarse historias el uno al otro, sobre todo Ares. Le contó acerca del mes que estuvo de viaje. Cómo escaló montañas en Rodgar en busca de plantas. Cómo recorrió los valles verdes de Shizune y sus ríos de agua clara. Incluso coqueteó con tierras Van y sus medicinas rústicas, pero nada parecía ser lo que buscaba. Se enfrentó a bandidos, durmió bajo la lluvia, comió bajo un sol incesante. Nadó en aguas heladas y se dejó las manos en las rocas escarpadas, así como ayudó a animales y a personas que estaban en peligro. El viaje fue toda una experiencia para él y no se guardó ningún detalle, sobre todo en las noches, cuando antes de dormir, le contaba distintos cuentos a Ren para ayudarla a abrazar el sueño. Y fue aquella noche, cuando Ares ya llevaba cerca de un par de semanas en Shin, ambos bajo el futón, cuando se le confesó que a pesar de tanta adversidad, todo merecía la pena si era por ayudarla. Ren, sin embargo, no entendía por qué, o no lo quería entender. Si él sólo supiera. Si él pudiese comprender las calamidades que ella había traido a su familia... -A fin de cuentas, me estoy dando cuenta de que, con el paso del tiempo, he aprendido a vivir para alguien más- dijo con una sonrisa que Ren podía intuir, casi verla con sus propios ojos -Siempre fui un hombre arraigado a las culturas de mi aldea, de mi país. Siempre he sido leal al clan y me he mantenido firme en seguir las órdenes que se me daban. He perseguido la senda del honor con la espada en la mano y la mirada fija en el horizonte, hasta que apareciste tú. Entonces descubrí que hay otros caminos que pueden resultar mucho más atractivos, mucho más amables. Caminos que traen tiempos mejores a las tormentas del alma- le acarició la mejilla con suavidad -Es por eso Ren que, si voy a vivir por y para ti, si es el camino que escojo recorrer, no pretendo en absoluto permitir que nada me pare los pies. Ni mi madre, ni mi hermano, ni el clan... ni ninguna enfermedad o agravio que se nos presente. Encontraré la forma de curar tus ojos de una vez, lo antes posible. Te lo prometo- ambos se mantuvieron en silencio en la oscuridad, apegados, uno cerca del otro, cuando a Ren le asaltaron las dudas. Se cuestionaba por qué, después de dos semanas, el chico no había tenido la más ligera tentativa de tocarla. Ella le había añorado, y debía admitir que echaba de menos sus manos, que había aprendido quizá a disfrutar de aquellas noches a su lado. Ahora lo echaba de menos... y él se mantenía a su lado, pero carente de deseo ¿Era por su cuerpo? ¿No la consideraba ya atractiva? ¿O quizá sólo esperaba de ella un hijo que, una vez naciese, lo separaría de ella? Ares se echó a reir de forma simpática, cálido, comprensivo. La atrajo hacia sí y le besó la frene con cariño -Eres preciosa. Y estás preciosa. Da igual si estás embarazada, si estás con una venda en los ojos. Eres sin duda la mujer más hermosa que he conocido jamás ¿Y sobre el deseo? Oh, Ren... las cosas que podría hacerte el resto de mi vida- entonces, como un impulso, Ren le besó.

 [Naruto The Last - Goodbye forever]

Le besó lenta pero profundamente y Ares correspondió con un cariño inmedible mientras la rodeaba con los brazos. Ambos se quedaron en silencio después, unidos frente con frente, respirando al unísono -Te quiero, Ren. Quiero que lo sepas... y que no lo olvides nunca, pase lo que pase- Ren asintió muy despacio con la cabeza y le susurró que ella le quería tanto como él, para finalmente volver a fundirse en un dulcísimo beso mientras esta vez era Ren quien despojaba despacio a Ares de sus ropajes. El hombre se dejó desnudar, esperando su turno con paciencia, mientras sus labios chasqueaban insaciables por beber el uno del otro. El calor de la pasión los sacudió a ambos en seguida y los besos no tardaron en acompañarse por jadeos y gemidos de deseo y ganas. Ares le quitó con extrema suavidad los ropajes a Ren, revelando sus senos desnudos, así como su vientre ligeramente redondeado por el embarazo. Ares no dudaba en dar calidez a los pechos de la chica con suavidad, pero de ninguna forma dejaba de dar suaves caricias a su vientre. Entonces Ren se alzó ligeramente y Ares la ayudó, como si hubiesen pactado una coreografía. La chica se quiso sentar muy suavemente sobre él mientras Ares, ligeramente tendido, la sostenía del trasero con suavidad, ayudándola a acomodarse sobre el miembro, sintiendo la calidez del cuerpo de la chica al penetrarla. Entonces llegaron los jadeos y los gemidos aflorando con fuerza, mientras Ren se movía suavemente con un va y ven seductor, ayudada por la fuerza de Ares que la hacía moverse con suavidad sosteniendo su peso, sintiendo cada vez con más intensidad la dureza del hombre dentro de ella, tanto como él sentía su humedad y su calor, mientras se besaban sin cesar, sin parar siquiera para respirar. La habitación entró en un enorme ambiente de calidez y ambos sintieron sus cuerpos húmedos por la exudación debido a la pasión que los envolvía. Ren movía aún más sus caderas mientras Ares la cargaba y la bajaba con algo más de rapidez a la vez que recorría su cuello con bocados suaves y dulces lamidas. La piel de la chica sabía al paraiso. La adoraba. Definitivamente la quería y no podía ser más feliz sintiendo cómo ella había aprendido a quererle a él de la misma forma. El simple hecho de acariciar la espalda de la chica mientras ella sucumbía al placer que ambos se procuraban lo enviaba a planos lejanos donde sólo existían ellos dos y nadie más. Fue tal su conexión que hasta sus reikis parecieron fundirse y desaparecer, inexistentes, formando una única unidad mezclada con el propio deseo. Siendo así, los dos perdieron el conocimiento sobre límites físicos y las horas. Hicieron el amor durante largos minutos sin detenerse, cada vez con más intensidad. Mientras Ares apretaba con fuerza los gluteos de Ren y ligeramente los separaba para facilitar la penetración, movía las caderas al compás que dejaba a la chica caer sobre su cuerpo para llegar tan adentro como buenamente pudiese, arrancando gemidos de placer de la garganta de Ren, de lo más profundo de su ser, mientras esta hundía sus dedos en la espalda del hombre, a la vez que Ares besaba sus pechos y devoraba su piel. El climax no tardó en llegar momentos después, en un orgasmo intenso que bloqueó sus mentes y sus cuerpos a pesar de que se seguían moviendo el uno contra el otro con cada vez más intensidad y pasión. De esa manera ambos se llenaron el uno del otro, en cada definición de la palabra, física y emocionalmente, mientras volvían se volvían a unir frente con frente, jadeantes de cansancio y deseo, de cariño y amor, empezando ambos a sonreir y a reir en voz baja mientras se hacían caricias y se daban dulces besos, recostándose el uno frente al otro. Esa noche sería la primera, la noche más dulce y hermosa de sus vidas. Y la última, hasta un tiempo en que ni siquiera ellos sabrían medir.

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