miércoles, 17 de mayo de 2017

Cuando Ren entró en la habitación dispuesta a ataviarse como era debido para el largo viaje de regreso a casa que le deparaba, encontró que Ares estaba sentado en el marco de la ventana, observando el nublado cielo inamobible de Shin. La chica suspiró al verle ahí, fingiendo una enorme preocupación, alegando que estando enfermo debería estar en la cama y no tan a disposición del inclemente tiempo, pues se hallaba descamisado. Todo ello se debía al calor, el intenso calor febril que le atenazaba. Estaba sudando. Algunas gotas le perlaban la frente, la espalda e incluso el pecho. Aún así, Ares encontró energías para mirarle y sonreirle con dulzura -No te preocupes por mí. Qué clase de Umbra seré si una simple fiebre me mantiene metido en la cama- Ren bufó ante ese comentario, no sabiendo si era por el orgullo testarudo del Shin o porque sabía que no era una simple fiebre. La chica comenzó a desnudarse para ponerse el oscuro uniforme que los Shin le habían obsequiado, siendo esta una de las veces en las que Ares no apartó la mirada y estudió su cuerpo desde la distancia. El hombre sonreía. Era verdaderamente hermosa. A pesar de la fiebre, no le hubiese importado seguir en al cama con ella por un instante -¿Puedo saber a dónde vas?- preguntó entonces, al percatarse de que estaba preparándose para una batalla. Mientras la chica se vestía, explicó que había llegado una carta desde Ravat, firmada por su padre Assar, pidiendo ayuda a los Shin -¿E ibas a marcharte sin decirme nada?- Ares se puso en pie y se acercó a la chica. Tosió. Ren le miró con las cejas alzadas ¿Es que acaso serviría de algo? Estaba enfermo. Una vez estuviese lista se marcharía con las Vakiri, Shan y un grupo de Sombras -¿Qué ha sucedido?- Ren sopesó unos instantes lo que ocurría y le narró a Ares el contenido de la carta. Todo sobre la Deidad, que al parecer, había despertado y andaba suelta por las dunas de Ravat causando miseria y destrucción -¿Y pretendes ir sin mi? ¿Estás loca?- fue a coger su propia ropa cuando Ren le miró furibunda y poco paciente ¿De verdad la consideraba tan rematadamente débil? ¿Hasta para viajar a su propia casa y ayudar a su padre necesitaba la protección de su "querido esposo"? -Si se te considerara débil ni siquiera tendrías un uniforme para la batalla, ni un katar, ni nada a tu disposición- decía Ares con cierta dificultad mientras se desnudaba. Ren tampoco apartó la mirada ese día -Sé que eres tan capaz como yo- la miró por encima del hombro -Pero no pienso quedarme en casa mientras te juegas la vida enfrentándote a una Deidad. De hecho, dudo muchísimo que sea posible frenar a una Deidad- Ren se cruzó de brazos. Al menos tenía que intentarlo. Ravat era su hogar -Lo sé- asintió Ares -Por eso también iré contigo. Es tu hogar, eres mi esposa, y le debo la alianza a tu padre. Haremos lo que podamos- entonces una idea le vino a la mente, haciéndole sonreir -De hecho... creo que soy el más conveniente- Ren quiso saber a qué se refería -No te preocupes, lo descubrirás en su debido momento. Pero solamente yo podré hacer lo que tengo en mente- le guiñó un ojo cuando terminó de vestirse. Ren se preguntaba si era un tipo extraordinariamente fuerte o es que simplemente estaba fingiendo encontrarse mejor de lo que mostraba, porque a pesar del mal color en la piel, la mirada vidriosa y los sudores, parecía estar bien anímicamente ¿Cual era la razón? Daba igual, realmente. Si le acompañaba podría seguir envenenándole, de manera que no era tampoco un gran problema. Quizá incluso encontrara la posibilidad de matarle en Ravat. Ren no discutió más con su esposo al respecto y esperó a que todo estuviese preparado.

Movilizar las tropas fue una tarea ardua. Shan, Ayesha y sus Vakiri, Ren y Ares aguardaban en el gran patio de entrenamiento a un batallón de Sombras que se fueron reuniendo uno tras otro. Finalmente se formaron columnas en una agrupación de doscientos Sombras, casi la mitad del ejército élite de toda Shin. Si iban a enfrentarse a una Deidad, necesitarían todo el poder de la aldea. Aún así, sabían que de esos doscientos regresarían muy pocos. Un ambiente de tristeza reinaba entre las tropas. Querían volver a ver a sus familias. Antes de partir, Hades se personó ante las tropas -Ares- dijo con voz siniestra -¿Estás seguro?-
-¿Cómo no estarlo?- sonrió -Es una alianza. Debemos nuestro favor a Ravat-
-Son doscientos de nuestros mejores hombres y mujeres- gruñó -Directos a la muerte por...- miró a Ren -...un útero donde gestar un hijo de poder monstruoso- Ren dio un paso al frente y lo miró directo a los ojos vacíos de la máscara. Ante esa muestra de coraje, Hades se quitó la máscara un instante, mostrando su rostro medio desfigurado, cadavérico y la ausencia de uno de sus ojos. Su cabello caía sobre su rostro a mechones siniestros -¿Tienes algo que decir, mujer?-
-Hades, suficiente- terció Ares -Sé que valoras mucho nuestro ejército, tanto como yo, pero es nuestro deber-
-Me hablas de deber...- gruñó. Su mandíbula se movía de forma grotesca cuando hablaba, ahora que la máscara no le ocultaba el rostro -Tú y Hécate habéis faltado al deber del clan casándote con la Radih- a Ren le llamó la atención que no la llamase madre
-Ya hemos hablado suficiente de este tema- frunció el ceño Ares
-En ningún momento esperé que fueseis a malgastar la vida de nuestro pueblo por un país extranjero ¿Realmente esperáis detener a la Deidad? Sus propios nombres dicen claramente lo que son. Poderes que escapan al entendimiento de nosotros los humanos- decía cada vez más malhumorado
-He dicho que no tenemos más que hablar, Hades. Como futuro Umbra, espero que te acostumbrs a obedecer mi palabra sin discutir- Ares estaba haciendo un esfuerzo por mantenerse sobrio mientras una terrible jaqueca le estaba aquejando la cabeza por discutir con Hades. Éste último gruñó de forma furiosa, disparó una última mirada a Ren y se dio media vuelta para marcharse
-Lamento muchísimo su intervención- suspiró Ares, algo maredo -Es demasiado orgulloso y...- se tambaleó. La chica le sostuvo. Le urgió por última vez a que se quedara en casa -¿Nos vamos?- sonrió. Esa fue su respuesta.

Para no ser demasiado llamativos y retrasar el viaje, el ejército se dividió en varios grupos de número reducido para repartir mejor la comida. Se había calculado que, llevando a las Vakiri y debido al estado de Ares, tardarían un par de semanas, quizá tres, en llegar a Ravat. Se ordenó a los Sombras que fuesen lo más rápido que pudiesen y se entregaran al servicio del Vikar, mientras que Ares y compañía llegarían tan rápido como les permitiesen las circunstancias. De esa manera, los Sombras partieron primero como centellas, desapareciendo en el aire de tan veloces que se movían. Una vez listos, Ares y los demás se pusieron en marcha también, ignorando que en la pagoda de las orillas, Hades se había reunido con cinco Sombras a su servicio -Señor- dijo el Sombra líder -Acaban de partir-
-Pues id... reuníos con ellos. Mezclaros con sus filas. Vosotros sobreviviréis- terció malicioso -Vuestro trabajo es la Radih. Recabad toda la información que podáis de Ravat. Sed mis ojos y oidos. Y cuando regresen, o tengáis la oportunidad, haceros pasar por extraños y matad a la Radih. No inmiscuáis al clan. El asesino de la chica no debe ser un Sombra ¿Lo habéis entendido?- los Sombras asintieron -Partid pues- ordenó, tajante. Los Sombras se desvanecieron a la orden. Hades, mientras tanto, se giró hacia una mesa donde tenía diversos papiros y pergaminos que se dispuso a leer y estudiar en silencio, con una simple vela iluminando su estancia oscura.

Y así, fue como todo sucedió. Los días transcendieron sin mayores circunstancias más que el hecho de que Ares parecía encontrarse mejor cada día, aunque por el contrario, Ren, de vez en cuando, sufría algunos pequeños mareos y ganas de vomitar. Las Vakiri, por su parte, también tenían diversos síntomas de los embarazos que la mayoría llevaban y por ello, como estaba previsto, se retrasaban. Cruzar la frontera de Midna hacia el país de Shizune mejoró bastante el estado anímico de Ren, que envuelta de toda clase de vida, se volvió más fuerte para soportar aquellas afecciones que sufría. Sin embargo, no conseguía encontrar ánimos para buscar motivos para estar besando a Ares sin ton ni son y seguir envenenándole, por lo que el muchacho recuperaba sus fuerzas de forma constante, más cada día. De seguir así, todo el trabajo que ya llevaba a sus espaldas se perdería. Ren lo sabía y lo maldecía, pero no podía acostarse con él en mitad del bosque, rodeados por Shan y las Vakiri. Tendría que esperar. Ares había tenido suerte de que la chica no se encontrara en sus óptimas condiciones, pero la oportunidad volvería, seguro que sí. De ese modo transcurrieron las semanas y Shizune iba tristemente acabando su rastro, dejando paso a climas más calurosos y más secos, conforme se acercaban a Ravat. Cuando en la distancia ya se distinguían enormes dunas, bancos de arena y piedra seca por doquier, supieron que habían cruzado la frontera. Para Ares, aquello era una nueva experiencia. El calor comenzó a asfixiarle -Nunca imaginé que existiese un lugar tan caluroso- se pasó una mano por la frente. Incluso tuvo que hacerse algo de hueco en los ropajes para que entrase la brisa, aunque fuese caliente y arenosa. Shan se echó a reir
-Ay, el Umbra, que se nos seca- se encogió de hombros -Dicen que donde más fuerte brilla la luz, más oscura es la sombra. Esto debería fortalecerte- se burló
-Vete al infierno- suspiró Ares -Me pregunto, Ren, cómo podías vivir aquí- eso mismo pensó ella de Midna cuando cruzó la frontera -Es más fácil soportar el frío y la humeda lluvia que esto. Es sofocante-
-Sofocante es tu hermano Hades, si se me permite, y lo soportáis con bastante diligencia- Ren se rió ante el comentario -Seguro que este sol abrasador quema menos que su mirada- sonrió Shan
-¿Tienes algún problema con Hades?-
-¿Quién no tiene un problema con Hades?- se burló el Van -De hecho, el propio Hades tiene problemas con Hades- aquel comentario arrancó una sonrisa a Ares
-No puedo negar que tengas algo de razón- se rascó la nuca -Aunque puedo aseguraros que antes no era así- el viento del desierto agitaba los cabellos de los presentes
-Así que una vez tuvo corazón- siguió burlándose -Imagino que también era más guapo antes-
-Sigue siendo mi hermano, Shan, no abuses de tu humor demasiado- advirtió, aunque sin severidad. Ares comprendía perfectamente que Hades fuese objeto de odio. Desde la guerra contra los Yanagi, debido a sus heridas, cambió para siempre
-¿Y puedo saber cómo era antes?- se cruzó de brazos Shan -Me da curiosidad- Ren lo miró de reojo. Acusó su temible curiosidad -Ah, Ren, qué bien me conoces- le guiñó el ojo a la chica
-Hades solía ser amable, atento y bastante animado- recordó Ares
-Animado, oh sí... seguro que le gustaba bailar incluso- rió Shan
-No era precisamente bailarín. Pocos en Shin lo son- rememoró -Pero siempre estaba de aquí para allá ¿Entiendes? No paraba quieto. Siempre entrenaba junto a mi padre. Desde la guerra con los Yanagi todo cambió para él-
-Claro que sí, tuvo muy... mala pata- se echó a reir, recordando su falta de pierna
-Eh- Ares frunció el ceño -Suficiente. No tienes idea de cuánto ha sufrido-
-Puedo imaginarmelo Ares pero... ¿Fue el único que sufrió?- preguntó cargado de intenciones. Ren se puso tensa
-Claro que no. Mi padre enfermó gravemente debido al uso excedido del Espectro y murió a causa de ello. Mi madre también sufrió esa pérdida, tanto como Hades. Helios apenas acabab de nacer y yo era pequeño, mi relación con mi padre era más la relación de un alumno con un maestro. Sentí su pérdida, sí, pero sé que entre Hades y él había algo más. Y por supuesto, mi madre- reflexionó
-¿Pero y los Yanagi?- Shan detuvo el paso, por lo tanto Ares también. Debido a ello, todo el grupo se detuvo para mirar a ambos hombres. Ren apretaba los puños -¿Los Yanagi no sufrieron? Quiero decir... justificas el comportamiento de Hades como el de un héroe que perdió el futuro en batalla ¿Nunca le has juzgado por ser un asesino? ¿O a tu padre?-
-¿A qué viene esa pregunta, Shan?- Ares comenzó a perder el sentido del humor -Estás tocando un tema escabroso del que los Shin no nos sentimos orgullosos-
-Te equivocas en gran medida, compañero- afiló la mirada Shan -Tu madre se recrea en ello. Tu hermano Helios, cuando se encontraba mejor, también hablaba de lo poderosos que erais los Shin e incluso ensalzaba las grandezas de tu padre y tu hermano Hades en Shizune para abrir de piernas a más de una-
-¿Has espiado a mi hermano?-
-Y Hades sólo se piensa en la grandeza. Sólo piensa en el clan, en el triunfo, en la victoria, por eso se quejó asqueado de que viniesemos a ayudar al Vikar Assar ¿No es así?- ignoró la pregunta de Ares -Por lo tanto sólo me queda saber qué opinas tú, como futuro Umbra. Dime Ares ¿Qué opinas de la masacre que tu clan trajo a las hermosas tierras de Shizune? ¿Estás de acuerdo en que fue un holocausto o lo llamas grandeza, victoria y justicia como dice tu madre?- entonces, se hizo un tenso silencio. Los ojos de Ren estaban fijos, clavados en el rostro de Ares. Lo miraba tan fijamente que hasta se le secaban. Temía que la respuesta del hombre la sacara de juicio y lo matase ahí mismo. La chica comenzó a luchar contra sí misma, conteniendo su reiki, que hervía por salir
-Yo tenía trece años- dijo el Shin -Era apenas un niño cuando mi padre decidió llevar la guerra a Shizune-
-Trece años ya te convierte en un hombre- regañó Shan -Cuando tienes edad para apreciar atributos femeninos, tienes edad para entender la batalla-
-Pero- Ares alzó la voz, para aclarar que no había terminado -No por tener trece años no comprendía lo que sucedía. Casi a diario, soldados Yanagi ejecutaban aldeanos de Midna en la frontera, porque querían anexinarnos terreno. Consideraban que Shizune era demasiado pequeña y que nosotros, los Shin, ostentabamos tierras que por herencia de los antiguos les pertenecía- Ren abrió los ojos como platos ¿Qué? No pudo contener la lengua a la hora de hablar y decir que jamás había oido tamaña versión -Sé que en todas partes se conoce la historia de lo que sucedió entonces- dijo mirando a su esposa -Pero ninguno quiso saber el motivo por el que se fue a la guerra. Mi padre decidió poner fin al asunto cuando se convirtió en imposible encontrar a los ejecutores-
-Así que había un motivo- Shan se llevó una mano a la barbilla -¿Eso es lo que me estás diciendo?-
-Lo que estoy explicando es el motivo que conocí entonces- suspiró -Pero lo que mi padre y mi hermano hicieron fue infernal- confesó -Asesinaron a nuestros aldeanos, insultaron a Midna y a nuestro clan, pero el castigo fue desmedido, completamente desproporcionado. Quizá si hubiesemos hablado con los líderes Yanagi...-
-Nunca imaginé que un Shin pensase en la diplomacia- Shan torció la boca -¿Podría haber servido de algo?-
-Yo quiero pensar que sí. Como ha servido con Assar Radih- señaló a Ren -La guerra no es la solución. Y menos aún lo es el exterminio de toda una línea de sangre, y encima incinerar su tierra. Doy gracias a las Deidades porque Shizune haya recobrado el verde y la belleza que sé que ostentó por aquel entonces- miró fijamente a Shan -Tienes tu respuesta aquí, Van. Espero que estés satisfecho. No, no estoy orgulloso ni celebraré lo que mi padre ni mi hermano hicieron en Shizune. Pero por el hecho de que son mi familia, tampoco toleraré un odio indiscriminado hacia ellos en mi presencia, porque insulta a mi sangre. Quizá sean imperfectos, pero hubo un tiempo en el que pude aprender a quererles, debido a que aunque hoy en día se empeñe en demostrar que no, sé que Hades era humano y tenía emociones. Y sé que mi madre era buena y bondadosa, cariñosa con sus tres hijos. Caronte, mi padre, era severo y duro, pero se preocupaba por nuestro futuro y bienestar ¿Era un asesino? Sí, lo fue, igual que mi hermano, pero no he podido odiarles, porque no siempre fueron unos asesinos para mí- se hizo un largo silencio, hasta que por fin, Shan chasqueó la lengua
-Te comprendo, Ares. Disculpa. Sé que es un tema difícil pero quería saber lo que anida dentro de tu cabeza y de tu corazón- sonrió ampliamente -Perdonad el retraso- dijo a las Vakiri y a Ren, siendo esta última la que estaba calmádose tras oir los pensamientos de Ares. Era el único Shin que no aprobaba lo que pasó, el único que admitía que era un asesinato... ¿Por qué se empeñaba en hacer tan difícil el hecho de matarle? ¿Por qué mirara como lo mirara, siempre tenía razones para ser catalogado de completo inocente? Volvieron a ponerse en marcha entonces. Les faltaban unas cuantas horas para llegar a la fortaleza Radih, posiblemente lo hicieran en el ocaso -Ah, una última cosa, Ares-
-Qué- preguntó cansado, tanto por el calor como por hacerle recordar aquellos tiempos
-¿Qué fue lo que le pasó exactamente a Hades? ¿Te lo contó alguna vez?- Ares lo pensó en largo silencio
-No, no me lo contó- mintió descaradamente, pero tan bien que Shan asintió, crédulo. No le extrañaba la idea de que Hades se reservase, orgulloso, el motivo de sus heridas. Sin embargo Ren sabía que no era así. Empezaba a conocer a Ares más que cualquiera de los presentes, quizá más que su propia madre a esas alturas. Y supo, por la forma en la que miraba al infinito, perdido en sus recuerdos, que mentía.

Fue en la caida del sol, como una bola roja que se consumía apagándose bajo las dunas, cuando llegaron a Radih, la fortaleza donde residía el clan. Cruzaron la aldea sin llamar demasiado la atención, salvo por las Vakiri. Las reconocieron decenas de personas. Algunas incluso pudieron ver a sus familiares de camino a la fortaleza, fundiéndose en besos y abrazos llenos de lágrimas. Tendrían mucho de qué hablar respecto a lo que llevaban en su vientre, sobre todo aquellas que tuvieron algún amor en Radih. Ayesha, Ares, Ren y Shan continuaron hacia la fortaleza, ascendiendo en el largo camino hasta las puertas de la misma, donde les esperaban Assar y Rash, debido a que los informantes del Vikar los habían visto aproximarse a la aldea -¡Hija mía!- sonrió Assar, abrazándola con fuerza. Ren, de nuevo, se sintió sana y salva. Ahora estaba en su casa, con su padrastro. Sin Hécate, sin Hades... se sentía repleta de poder y seguridad, salvo por las nauseas que de vez en cuando la seguían afectando -¿Cómo ha sido el viaje? ¿Agotador, verdad?-
-Hermana- sonrió Rash, repleto de ilusión -Estoy encantado de tenerte de vuelta- se acercó a ella y la besó en la mejilla con una delicadeza especial que no pasó por alto a Shan ni a Ares
-Ares Shin- sonrió Assar al muchacho -Es todo un honor para mí recibirte en mi hogar, a ti y a tus hombres, que han llegado hace unos días. Están repartidos por la aldea, les he mandado labores. Espero que no te importe-
-En absoluto Vikar- asintió, honorable -Mis Sombras son tus soldados-
-Por favor, llámame Assar. Eres el esposo de mi hija- dijo complaciente -Y... tú- miró a Shan -Eras el Van que se unió a mi hija ¿Verdad?- Ren corrió a corregir que, en efecto, era aquel guardaspaldas -Sí, ya. Le recuerdo- su mirada era dura esa vez -Y por último la gran capitana Ayesha. Estás distinta, mi buena mujer-
-Mi Señor- asintió en una reverencia -Es para mí un gran placer estar de nuevo en Radih, a su servicio-
-Oh, no, hija mía. Tú eres la capitana de la guardia de Ren. Tú ya no me perteneces como soldado. Respondes ante Ren- asintió, viendo sonreir a Ayesha -Algo me dice que estarás más a gusto teniéndola a ella bajo tu custodia-
-Me honra, mi Señor- dijo alegre
-Por favor, pasad. Pasad todos. Tenemos mucho de qué hablar- mucho era poco calificativo para todo cuanto problema había en Ravat.

La fortaleza era preciosa a los ojos de Ares. La edificación, los adornos dorados, todo tenía un gusto particular que le resultaba terriblemente llamativo y atractivo. Además, la piedra con la que estaba construida no asimilaba el calor exterior del sol, de manera que los pasillos y las habitaciones eran refrescantes, resultando todo un placer para los sentidos el entrar dentro de la fortaleza. Assar los guió por los pasillos como si fuese una visita turística, mientras buscaban la sala de reunión. El último paradero antes de esa sala era el Ojo, el jardín central, simplemente maravilloso. Finalmente llegron al gran habitáculo donde Assar se sentó sobre una escalinata, donde reposaba un enorme cojín de color morado con tonos dorados. El hombre se acomodó y suspiró de placer al relajarse -Por favor, tomad asiento- señaló a un montón de cojines blancos y dorados que había en fila en paralelo a las paredes de la habitación, para dejar completamente libre el centro de la sala. Ares se sentó junto a Ren, pero el otro sitio libre junto a la chica lo ocupó Rash con suma velocidad, dejando a Shan sentándose al otro lado de la habitación, frente a Ren, junto a Ayesha -Seguramente, mi buen amigo Ares Shin, te preguntarás el por qué de este tipo de colocación para una reunión- sonrió -Aquí en Radih tenemos formas muy distintas de hacer las cosas-
-Puedo imaginarlo- le devolvió Ares la sonrisa
-Oh, no, no creo que te lo imagines- rió
-Nuestro modo de vida es difícil de imaginar- dijo Rash con cierto desdén -Y mucho más de imitar. Presta atención, Ares. Seguro que nunca has visto algo igual-
-Por favor, Rash, silencio- pidió Assar con paciencia -Bien. Supongo que mi hija Ren ya te ha informado de por qué he pedido que vinierais hasta aquí, esta lejana tierra- Ares asintió -La Deidad despertó hace poco menos de un ciclo. Ha causado graves problemas a este país. El clan Zavat y los Radih nos hemos unido en todo nuestro deber de reparar los destrozos de la Bestia, pero me temo que no somos suficientemente poderosos para aplacarla-
-Si requerís la ayuda de los Shin, me honra que nos hayáis avisado, pues por ello somos aliados-
-Somos poderosos- terció Rash -Pero la Bestia requiere de un gran número de manos que la detengan-
-En efecto- apuntó Assar, no menospreciando el poder de los Radih. Rash sonrió al ver que su padre le daba la razón -Considero que para que podáis comprender bien la magnitud de la situación, debería proporcionaros pruebas visuales de lo que sucede-
-¿Pruebas visuales? ¿Cómo es posible?- frunció el ceño Shan
-En seguida lo comprobarás...- musitó Assar con altivez, realizando una sucesión de sellos con ambas manos para canalizar el reiki. Luego dirigió una mano hacia el frente, hacia la zona amplia y libre de la habitación. La iluminación de las lámparas y velas se atenuó progresivamente hasta que, como un espejismo, ante los ojos de todos se formó el desierto de Ravat a vista de águila, en miniatura
-Esto es...- Ares musitó -¿Las técnicas ilusorias de los Radih...?-
-Observa- sonrió Rash, orgulloso. De las dunas del desierto, de pronto, comenzó a surgir una montaña. Gigantesca, grotesca, del color de la piedra. Momentos después se percataron de que no era una montaña, sino un gigantesco ser, un monstruo con forma similar a una ballena enorme y pedregosa, de cuerpo amplio pero muy alargado, con tres pares de aletas largas con afiladas garras en sus extremos. Su gigantesca boca carecía de dientes, pero no los necesitaba. Sus ojos parecían esmeraldas que refulgían en su cuerpo enorme y grisaceo, repleto de runas igualmente verdosas. Era tremendamente enorme a pesar de que sólo había asomado la cabeza de entre las dunas. Rugió. Y su voz, a pesar de ser una ilusión empequeñecida, restalló en toda la fortaleza. Un poderoso viento azotó huracanado los desiertos. La ilusión se transformó, barrida por el viento, para mostrar aldeas completamente arrasadas, destrozadas, hechas añicos. Decenas, centenas de muertos por doquier. Niños llorando sobre los cadáveres de sus padres. Padres llorando el cuerpo de un niño sepultado por la arena. Sangre por doquier, por cuerpos mutilados por las fuertes ondas cortantes del viento. Ese era el poder de la Deidad, un ser que había despertado furioso por alguna razón desconocida
-Es... horrible- terció Ares
-Nunca creí poder presenciar un poder semejante ¿A cuantos kilómetros estaba de las aldeas?-
-Estimamos que acababa de despertar, lo que significa que debía estar en el Templo de Djini, en las lindes de desierto- comentó Rash, reflexivo y con cierto tono altivo
-Exacto- corroboró Assar, ignorando al Van y hablando directamente a Ares y Ren -Desconocemos su paradero actual, pero es evidente que ha sobrepasado las barreras del templo. Djini, cuentan nuestros antiguos, es una de las Deidades más violentas. No se registra actividad de la Bestia desde hace siglos. Desconozco la razón por la que ha despertado y tan furiosa- suspiró -Así que esto es cuanto necesito de Shin, Ares: ayuda humanitaria para la gente, no sólo de mi aldea, sino de todo el país. El clan Zavat ha sufrido grandes pérdidas, así como los pueblos del país. Radih es la zona que menos ha sufrido de momento, pero como habréis podido apreciar en la aldea, hay inquietud y hay desperfectos por los terremotos que Djini ha causado al moverse entre las dunas. Es posible que haya vuelto a entrar en letargo, ya que ha pasado bastante tiempo sin dar nuevas señales de vida, pero eso me lleva al segundo punto que necesito: poder militar. Fuerza bruta. No podemos permitir que la Bestia siga libre por más tiempo. Quién sabe los estragos y las calamidades que nos traerá- se cruzó de brazos
-Así que quieres llevar la guerra a una Deidad, señor y guardián de los elementos- terció Shan, torciendo una sonrisa burlona -No creo que sea el movimiento más sabio, si me permites, Assar-
-Vikar Assar- corrigió el hombre -Eres un invitado, Van- inquirió severo -Solicito tu respeto-
-Mis más sinceras disculpas- asintió Shan, disparando una rápida mirada a Ren
-Sin embargo, padre, tal vez el Van tenga razón- añadió Rash -Luchar contra la Deidad... es algo que jamás se ha hecho, a pesar de que somos poderosos-
-No recuerdo haber criado a un hijo para la cobardía- dijo de mala gana Assar -Si no tienes ideas que aportar guarda silencio o márchate a tu habitación, donde te puedas sentir a salvo de la Bestia- gruñó, hiriendo los sentimientos de Rash. Ren no comprendía la tensión que había de pronto entre padre e hijo -Ares ¿Qué puedes ofrecerme?- preguntó solícito
-Ofrezco a todos los hombres y mujeres que han venido hasta aquí valientemente respetando la alianza que nuestro clan posee con el tuyo- tomó la mano de Ren ante Assar y Rash, siendo éste último el que se tensó como una vara de acero, apretando la mandíbula -Soy el esposo de tu hija, por lo que como ella forma parte de mi clan, yo me considero parte de los Radih- enunció solemne -Y daré mi vida por proteger estas tierras y a la gente que mora en ellas- Assar sonrió complacido
-Eres digno hijo de tu padre. Tienes el carácter de Caronte- elogió
-No- corrigió Ares -Soy mejor que él-
-¡Eso es!- dio una palmada Assar, soltando una risotada que hizo eco en la sala -Todo hijo debe superar a su padre, en todos los aspectos. Me enorgullece saber que mi hija está en buenas manos-
-Tanto como yo en las suyas- acarició la piel de la mano de Ren con mimo -Pero no he concluido-
-Por favor, continúa- ofreció con un gesto de la mano
-No sólo mis Sombras ayudarán a reconstruir, yo también lo haré si es necesario. Me consta que aquel a quien llamáis Van con desprecio es un buen hombre y un mejor guerrero, una espada que llegó a ser capaz de vencerme en un combate ceremonial- Assar miró a Shan -Así que, antes de proseguir, quisiera que se le tratara con la misma cordialidad que a mí. Es un gran protector para Ren y un excelente guerrero que, sin duda, prestará su mano para mantener a raya a la Deidad- Shan asintió agradecido ante las palabras de Ares. Assar asintió por igual, concediendo a regañadientes el beneplácito al Van
-¿Consideras que un espadachín Van es capaz de luchar contra una Deidad y sobrevivir?- reflexionó Assar
-Tanto como yo. Mientras estemos unidos- sonrió Ares con diligencia
-¿He de dar por hecho que tienes un plan?- se rascó la barba Assar, pensativo
-Uno que debemos ir desarrollando. Pues al servicio de Ravat pongo no sólo mis armas, sino mi sangre. Utilizaré todo poder que poseo para frenar la ira de Djini... y esto- sacó de sus ropas un viejo pergamino oscuro. Assar afiló la mirada
-¿Qué es eso?- preguntó Rash, intrigado
-El Sello de las Nueve Puertas de Thanatos- anunció, para comprobar el brillo de la mirada de Assar
-Ares Shin...- empezó a reir el Vikar -Nos depara un gran futuro... y con tu poder de mi lado, seguro que podré salvar esta tierra- dijo con voz complacida, ocultando una gran cantidad de intenciones, que sólo Shan pareció percibir. Tras la reunión, seguro que habría muchas cosas que hablar...

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