martes, 23 de mayo de 2017

Aquella misma noche, mientras Ares y Ren dormían desnudos bajo el futón plácidamente, la chica se desveló. No fue una de sus pesadillas, ni mucho algo malo que provocase su desvelo. Simplemente, había sentido algo. No sabía descifrar qué, ni de donde había provenido. Por un momento, temió que Hades se hubiese acercado, pero no hacía frío y estando Ares con ella, no lo hacía. Miró de un lado para otro de la habitación, pues no dormía con las vendas, y en la oscuridad, era mucho mejor percibir las formas para ella. Sin embargo, nada. Allí no había nada.

Ares se despertó al sentirla moverse. Pensando que se trataba de una de sus comunes pesadillas, le acarició el brazo y le pidió que volviese a acostarse. -¿No lo notas?- al decir aquello, el hombre abrió los ojos y se sentó junto a ella. No percibía nada. –Yo sí… Es como… Reiki- Ares frunció el ceño, extrañado. Allí en la habitación no había nadie, sólo estaban ellos dos. –No…- al decir aquello, sintió como algo en el interior de su vientre se movía. El bebé parecía mover las piernas, o los brazos o… a saber. Sólo pudo sentirlo ella, de manera que llevó la mano rápidamente al vientre. –Es… es él- dijo perpleja. –El reiki proviene de él- Ares llevó su mano también al vientre, y esta vez, si pudo sentirlo. Ambos se quedaron sin palabras. ¿Cómo algo tan diminuto y con tan pocas semanas podía mostrar una hilera de reiki tan notable? Ante aquel silencio, Ren sonrió. –Sólo espero que no sea un imprudente como tú- Aquellas palabras soltaron una risa sonora en Ares, que aún no apartaba la mano del vientre. -¿Estás bien?- quiso saber la chica, al contemplar al hombre algo obnubilado. No le pasaba nada, afirmó. Simplemente, le daba tristeza pensar que hubiese crecido tan rápido durante todo su viaje. –Y cada día lo hará más y más rápido…- continuó la chica, con un deje de preocupación que no escapó a oídos de Ares –Me preocupa Hécate. No quiero que intervenga más entre el bebé y yo. No es suyo… no quiero que piense que es suyo. Es nuestro. Me comprometí a casarme contigo, me comprometí a tener un hijo que no quería- dijo con dureza –Pero yo... es tuyo, Ares. Es tú hijo, y por eso le quiero. Pero aunque no lo desease, aunque entendiese esto como una tortura, tampoco tendría ningún derecho a decidir sobre nosotros- se quejó –Ya es suficiente tortura saber que tengo a un demonio encerrado en mí, justo donde él está creciendo- suspiró. Las manos de Ares ahora acariciaban las líneas oscuras del sello dibujadas a lo largo del vientre. -¿Y si sale?- No iba a salir, no podía salir, y eso era algo que Ares tenía claro. La ayudó a volver a recostarse sobre la cama, de manera que él hizo lo mismo. –Empiezo a tener miedo de todo esto. Me da miedo que el tiempo siga avanzando. Me da miedo que nazca- confesó, agarrándose la parte baja del vientre. -¿Y si no puedo con ello? ¿Y si el dolor me supera?- aquella pregunta volvió a provocar una risa en Ares, quien dudó que una mujer como ella, después de todo, no soportarse el dolor de un parto. –Qué sabrás tú…- gruñó con mimo en la voz. –A veces sueño que nace…- sonrió. Ares quiso saber cómo era en sus sueños su hija. -¿Hija? ¿Crees que es una niña?- sonrió. Colocando un brazo bajo la nuca, divagó despierto. Si, creía que era una niña. –Una niña…- Con los ojos claros y el pelo como una nube oscura, prosiguió el hombre. Al decir aquello, la sonrisa se borró del rostro de Ren. Si se parecía a ella… sería pelirroja o pelirrojo. ¿Qué haría entonces? Aquel silencio, Ares lo tomó como si a su mujer no le gustase la idea de que fuese una niña –No, no. Una niña está bien…- sonrió de nuevo –Nell, Nyx, Rainy…- Ares la miró sin entender –Son nombres bonitos. ¿No? Aun… no hemos pensado ninguno y el médico dice que nacerá en cuatro meses, más o menos- ¿Y si era niño? –Pues… no sé- dijo pensativa. Gin, dijo Ares. -¿Gin?- Era pequeño y sencillo. Conforme más se lo repetía en su cabeza, a Ren cada vez le sonaba mejor. Aun así, sería una niña, aseguró Ares. –Sí… es posible. Nell la poderosa. Nyx la del reiki prematuro- bromeó, consiguiendo que Ares también riese. Finalmente, acabó acariciándole el pelo a su mujer. Se alegraba de que al menos soñase con el bebé y no con aquellas pesadillas –Ya…- nunca le había contado con qué soñaba –Es que… son cosas de cuando era pequeña, sin importancia. No pasa nada, de verdad. Era muy asustadiza y cualquier cosa me provocaba malos sueños. Me sigue pasando ahora- mintió, abrazándose a él para evitar que siguiese indagando. -¿Te vas a ir mañana otra vez?...- preguntó con tristeza, a lo que el hombre asintió. –Estoy bien así, Ares… no me pasa nada por no ver… y cada vez distingo mejor las cosas- Aquello le daba igual. Iba a encontrar un remedio para antes de que naciese el bebé, sí o sí. Ren suspiró, apagada, sintiendo aún aquel reiki tan leve, que de alguna forma, la tranquilizaba y le aportaba serenidad. –Si tú tan solo comprendieras… que mi único remedio es tenerte aquí conmigo…-

A la mañana siguiente, todos se despidieron nuevamente de Ares. El hombre se cargó de provisiones, incluido un mapa en el que había señalado los puntos que ya había recorrido. Todo estaba listo para marchar. Sólo quedaba despedirse de su mujer.
Allí, en la puerta principal, una apagada Ren aguardaba con las manos entrelazadas y la cabeza cabizbaja. –No me gusta que te vayas, Ares. Cuando te vas… todo es más complicado- admitió –Casi no puedo dormir por las noches pensando que estarás haciendo o que te habrá pasado- Ares le tomó el rostro con las dos manos, pidiéndole que dejase de temer por él –No puedo si no te quedas- sintió un dulce beso en la frente y una caricia de despedida sobre su vientre. No podía hacer nada. –Dos meses, Ares- dijo –No tardes más de dos meses. No quiero que siga creciendo y tú no estés. No quiero que llegue el día que nazca y tú no estés. Júrame que no vas a tardas más de dos meses ¿Entendido? Júramelo- Ares se lo juró, sosteniéndole la mano. Y luego, se la soltó. Ares desapareció, como ya lo había hecho una vez. Y con él, todas las esperanzas de Ren se fueron y los temores aparecieron de nuevo. Una vez más, sintió un frío helado en la espalda… -Tú eres el remedio… Ares. No tardes-

Las semanas pasaron. El vientre creció. Ares no apareció.

Quedaba un mes  para que el bebé naciera. Quizá menos. Ren se encontraba cansada continuamente. Le dolía la espalda y el pesado vientre casi hacía que no pudiese caminar durante demasiado tiempo. Quizá, parte de la culpa, tuviese que echarse sobre Hades. La chica y él cumplieron sus partes. Hades deseaba su sangre, como Ren ya había sabía. El fin, lo desconocía.

Fue una terrible tarea mantener ocultas sus visitas a la habitación del demacrado hombre, sobre todo cuando empezaba a tener a todos cada vez más encima. Que cada vez se acercarse más la fecha señalada y Ares no apareciese, empezaba a escamar a todos, y a Ren, a torturar por dentro, quien se veía así misma cargando sola con el embarazo y el parto. Tuvo que dejar de entrenar con Shan, porque no encontraba ganas ni fuerzas para hacerlo. Tuvo que dejar de pasear con Ayesha, para que esta no sospechase de sus planes ocultos. Prácticamente, tuvo que dejarlo todo de lado. Centrarse en ella, en el bebé, en que su secreto no fuese descubierto y en que Hécate dejase de controlar cada cosa que hacía, era ahora lo primordial. Por ello, aquella tarde, volvió a visitar a Hades.
Ya sabía cómo actuar. Cerró la puerta a sus espaldas y se sentó en pequeño banco. Sabía dónde estaba cada cosa, porque a pesar de todo, cada noche de entrenamiento con Shan le había servido de algo. Con dificultad, se acomodó de manera que la barriga no le molestase en la labor que iba a hacer. –Déjame a mí- dijo, sabiendo que Hades tenía el cuchillo de siempre en la mano.
-¿Por qué? ¿Ya te has cansado?-
-Porque no me fío de ti. No puedo permitir que me falte sangre ahora, ¿Entiendes?-
-Tú y ese monstruo… no seré yo quien se apene si muere-
-Tampoco seré yo quien lo haga si eres tú quien cae. Dame el cuchillo.-
-Ni hablar. Acatas mis órdenes ¿Recuerdas?- Ren suspiró, y en vez de cederle el brazo, le cedió la mano.
-En la palma. Saldrá la suficiente- Sin avisar, Hades le dio un tajo en la palma de la mano. Ren sintió el dolor y el escozor, pero lo aguantó. La sangre se derramó en uno de esos tarros que el hombre guardaba. –Estas buscando mi reiki ¿No? Quieres el reiki de mi clan-
-Te dije que esto no es asunto tuyo, mujer- Ren guardó silencio. No merecía la pena discutir. Se puso en pie, dispuesta a marcharse. –Mañana quiero más. También quiero ver qué puede darme ese monstro. Huelo su reiki desde aquí-
-¡¿Qué?! ¡¿Estás loco?!-
-Contén tus gritos. Mañana quiero saber si puedo encontrar lo que estoy buscando ahí dentro.- señaló a su vientre-  Si no quieres dármelo, Ares sabrá que has estado mintiendo todo este tiempo y morirás. ¿Se te olvida ya, hermana?- dijo con asco en la voz.
-No eres más que un cobarde que se esconde tras una máscara- dijo con asco y ojos acuosos, imaginando lo que podría pasar o… lo que podría estar buscando –No puedes pedirme eso… va a nacer dentro de poco y…-
-Me da igual. Si muere, para mí será un problema menos. O vienes mañana o muérete ya, tú decides- Conteniendo las lágrimas, Ren abrió la puerta y se marchó.

Anduvo de prisa, conteniendo las lágrimas, hacia su habitación. Estaba tan asustada y tan perdida, que no sintió el reiki de Shan acercarse a ella. Tan poco le sentía, que no pudo evitar que se colase dentro de la habitación.
-Eh, eh… Ren ¿Qué te pasa? Estás temblando-
-Déjame, Shan. Por favor, vete. Si te vas es mejor. Si no preguntas es más seguro-
-¿Seguro? ¡Por favor! ¡Ren!. Te he visto salir de la habitación de Hades y te está sangrando la mano.- Ren no dijo nada –No vienes a entrenar, estás apagada y cansada todos los días y apenas sonríes. Entiendo que Ares no esté, pero, te recuerdo que una vez tuve una mujer y que esa mujer estuvo embarazada de mi hijo. Tú no te estás pareciendo en nada a ella-
-Shan, por favor…-
-Si no me lo cuentas, tendré que enterarme por mí mismo. Si tan peligroso es, supongo que no querrás que lo haga. Y créeme, estoy muy cabreado hoy y no estoy dispuesto a soportar ninguna tontería.-
-¿Qué te pasa…?-
-Me pasa que esta noche casi me mata una ilusión-
-¿Una ilusión?-
-Una ilusión que ha dejado un camino de arena en toda la habitación. Una ilusión que casi me cuesta la vida. Por eso había venido a buscarte-
-Pero… solo en Ravat pueden…-
-Eso mismo pienso yo, así que habrá que buscarle una explicación. Pero primero, dime, ¿Qué te pasa? ¿Qué demonios quiere Hades y por qué te sangra la mano?- Aquella situación empezaba a sobrepasar a Ren, que solo quería estar tranquila de una maldita vez. No pudo aguantar más.
-Hades lo sabe. Sabe que soy Yanagi. Lo sabe desde hace ya un tiempo y a cambio de su silencio le estoy dando sangre. Quiere buscar algo en mi reiki y no se lo qué. Y ¿Sabes? Lo he aguantado porque me da igual, me da igual mientras Ares no sepa nada y nos deje en paz. Pero quiere… mañana quiere extraer algo de aquí- se tocó el vientre –Y no… por ahí no puedo pasar Shan. No quiero que le haga nada. No quiero que le haga nada a mi hijo- sollozó, intentando contener las lágrimas.
-Pues no se lo des. Es tu hijo. ¿Qué clase de madre estás siendo si permites que ese monstruo juegue con tu embarazo?-
-Pero… pero Ares…-
-¡Al cuerno con Ares, Ren! ¡Queda un mes para que nazca su hijo y ni si quiera se ha dignado a pasar todo el tiempo en el que se ha gestado contigo! ¡¿Piensas que puedes mantener una mentira toda tu vida?! ¡¿Piensas que él nunca se enterará de quien eres y de todo lo que has hecho?! ¡Espabila Ren! ¡Espabila!- gritó malhumorado. -¡Tus actos tendrán consecuencia tarde o temprano, y no estoy dispuesto a que siga en juego nuestra venganza, o por lo menos la mía!- al comprobar que Ren estaba asustada ante sus gritos y que estaba manteniendo la cabeza cabizbaja para soportarlo, se tranquilizó. –Tampoco estoy dispuesto a que te pase nada ¿De acuerdo? No estoy dispuesto a que ese hijo de puta juegue contigo… me da igual si Ares me ha pedido que te cuide o no. Si lo estoy haciendo es porque yo lo quiero así. Te valoro, Ren- confesó –Y porque te valoro, tengo que decirte que esto ya… está llegando al límite. Si Hades sabe quién eres ¿De verdad confías en que jamás lo cuente? Y si no lo hiciera ¿Confías en que jamás Ares te descubra? Aunque sólo sea porque sospeche de tus técnicas Radih, aunque sólo sea porque ve tu pelo… o yo que sé, porque el bebé nace enteramente Yanagi… Esto se está acabando Ren. No te queda mucho tiempo más si quieres que tú y tu hijo salgáis los dos ilesos de este plan- Ren siguió guardando silencio, porque todo cuanto decía, siendo los mayores miedos de la chica, eran todos verdad. – Si quieres que tu plan salga lo mejor posible… vámonos- Ren le miró –Vámonos esta noche. Huyamos de aquí. Ven conmigo a Chiriku, a las Tierras Baldías. Te ayudaré a tener a ese niño y huiremos de aquí hasta que puedas volver a reconstruir tu plan. El bebé va a nacer y ya no puedes hacer nada-

-Shan…- no sabía que decir. No sabía qué hacer. No sabía nada…

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