Aquella misma noche,
mientras Ares y Ren dormían desnudos bajo el futón plácidamente, la chica se desveló.
No fue una de sus pesadillas, ni mucho algo malo que provocase su desvelo.
Simplemente, había sentido algo. No sabía descifrar qué, ni de donde había
provenido. Por un momento, temió que Hades se hubiese acercado, pero no hacía
frío y estando Ares con ella, no lo hacía. Miró de un lado para otro de la
habitación, pues no dormía con las vendas, y en la oscuridad, era mucho mejor
percibir las formas para ella. Sin embargo, nada. Allí no había nada.
Ares se despertó al
sentirla moverse. Pensando que se trataba de una de sus comunes pesadillas, le
acarició el brazo y le pidió que volviese a acostarse. -¿No lo notas?- al decir
aquello, el hombre abrió los ojos y se sentó junto a ella. No percibía nada.
–Yo sí… Es como… Reiki- Ares frunció el ceño, extrañado. Allí en la habitación
no había nadie, sólo estaban ellos dos. –No…- al decir aquello, sintió como
algo en el interior de su vientre se movía. El bebé parecía mover las piernas,
o los brazos o… a saber. Sólo pudo sentirlo ella, de manera que llevó la mano
rápidamente al vientre. –Es… es él- dijo perpleja. –El reiki proviene de él-
Ares llevó su mano también al vientre, y esta vez, si pudo sentirlo. Ambos se
quedaron sin palabras. ¿Cómo algo tan diminuto y con tan pocas semanas podía
mostrar una hilera de reiki tan notable? Ante aquel silencio, Ren sonrió. –Sólo
espero que no sea un imprudente como tú- Aquellas palabras soltaron una risa
sonora en Ares, que aún no apartaba la mano del vientre. -¿Estás bien?- quiso
saber la chica, al contemplar al hombre algo obnubilado. No le pasaba nada,
afirmó. Simplemente, le daba tristeza pensar que hubiese crecido tan rápido
durante todo su viaje. –Y cada día lo hará más y más rápido…- continuó la
chica, con un deje de preocupación que no escapó a oídos de Ares –Me preocupa
Hécate. No quiero que intervenga más entre el bebé y yo. No es suyo… no quiero
que piense que es suyo. Es nuestro. Me comprometí a casarme contigo, me
comprometí a tener un hijo que no quería- dijo con dureza –Pero yo... es tuyo,
Ares. Es tú hijo, y por eso le quiero. Pero aunque no lo desease, aunque entendiese
esto como una tortura, tampoco tendría ningún derecho a decidir sobre nosotros-
se quejó –Ya es suficiente tortura saber que tengo a un demonio encerrado en
mí, justo donde él está creciendo- suspiró. Las manos de Ares ahora acariciaban
las líneas oscuras del sello dibujadas a lo largo del vientre. -¿Y si sale?- No
iba a salir, no podía salir, y eso era algo que Ares tenía claro. La ayudó a
volver a recostarse sobre la cama, de manera que él hizo lo mismo. –Empiezo a
tener miedo de todo esto. Me da miedo que el tiempo siga avanzando. Me da miedo
que nazca- confesó, agarrándose la parte baja del vientre. -¿Y si no puedo con
ello? ¿Y si el dolor me supera?- aquella pregunta volvió a provocar una risa en
Ares, quien dudó que una mujer como ella, después de todo, no soportarse el
dolor de un parto. –Qué sabrás tú…- gruñó con mimo en la voz. –A veces sueño
que nace…- sonrió. Ares quiso saber cómo era en sus sueños su hija. -¿Hija? ¿Crees
que es una niña?- sonrió. Colocando un brazo bajo la nuca, divagó despierto.
Si, creía que era una niña. –Una niña…- Con los ojos claros y el pelo como una
nube oscura, prosiguió el hombre. Al decir aquello, la sonrisa se borró del
rostro de Ren. Si se parecía a ella… sería pelirroja o pelirrojo. ¿Qué haría
entonces? Aquel silencio, Ares lo tomó como si a su mujer no le gustase la idea
de que fuese una niña –No, no. Una niña está bien…- sonrió de nuevo –Nell, Nyx,
Rainy…- Ares la miró sin entender –Son nombres bonitos. ¿No? Aun… no hemos
pensado ninguno y el médico dice que nacerá en cuatro meses, más o menos- ¿Y si
era niño? –Pues… no sé- dijo pensativa. Gin, dijo Ares. -¿Gin?- Era pequeño y
sencillo. Conforme más se lo repetía en su cabeza, a Ren cada vez le sonaba
mejor. Aun así, sería una niña, aseguró Ares. –Sí… es posible. Nell la
poderosa. Nyx la del reiki prematuro- bromeó, consiguiendo que Ares también riese.
Finalmente, acabó acariciándole el pelo a su mujer. Se alegraba de que al menos
soñase con el bebé y no con aquellas pesadillas –Ya…- nunca le había contado
con qué soñaba –Es que… son cosas de cuando era pequeña, sin importancia. No
pasa nada, de verdad. Era muy asustadiza y cualquier cosa me provocaba malos
sueños. Me sigue pasando ahora- mintió, abrazándose a él para evitar que
siguiese indagando. -¿Te vas a ir mañana otra vez?...- preguntó con tristeza, a
lo que el hombre asintió. –Estoy bien así, Ares… no me pasa nada por no ver… y
cada vez distingo mejor las cosas- Aquello le daba igual. Iba a encontrar un
remedio para antes de que naciese el bebé, sí o sí. Ren suspiró, apagada,
sintiendo aún aquel reiki tan leve, que de alguna forma, la tranquilizaba y le
aportaba serenidad. –Si tú tan solo comprendieras… que mi único remedio es
tenerte aquí conmigo…-
A la mañana siguiente,
todos se despidieron nuevamente de Ares. El hombre se cargó de provisiones,
incluido un mapa en el que había señalado los puntos que ya había recorrido.
Todo estaba listo para marchar. Sólo quedaba despedirse de su mujer.
Allí, en la puerta
principal, una apagada Ren aguardaba con las manos entrelazadas y la cabeza
cabizbaja. –No me gusta que te vayas, Ares. Cuando te vas… todo es más
complicado- admitió –Casi no puedo dormir por las noches pensando que estarás
haciendo o que te habrá pasado- Ares le tomó el rostro con las dos manos,
pidiéndole que dejase de temer por él –No puedo si no te quedas- sintió un
dulce beso en la frente y una caricia de despedida sobre su vientre. No podía
hacer nada. –Dos meses, Ares- dijo –No tardes más de dos meses. No quiero que
siga creciendo y tú no estés. No quiero que llegue el día que nazca y tú no
estés. Júrame que no vas a tardas más de dos meses ¿Entendido? Júramelo- Ares
se lo juró, sosteniéndole la mano. Y luego, se la soltó. Ares desapareció, como
ya lo había hecho una vez. Y con él, todas las esperanzas de Ren se fueron y
los temores aparecieron de nuevo. Una vez más, sintió un frío helado en la
espalda… -Tú eres el remedio… Ares. No tardes-
Las semanas pasaron. El
vientre creció. Ares no apareció.
Quedaba un mes para que el bebé naciera. Quizá menos. Ren se
encontraba cansada continuamente. Le dolía la espalda y el pesado vientre casi
hacía que no pudiese caminar durante demasiado tiempo. Quizá, parte de la
culpa, tuviese que echarse sobre Hades. La chica y él cumplieron sus partes.
Hades deseaba su sangre, como Ren ya había sabía. El fin, lo desconocía.
Fue una terrible tarea
mantener ocultas sus visitas a la habitación del demacrado hombre, sobre todo
cuando empezaba a tener a todos cada vez más encima. Que cada vez se acercarse
más la fecha señalada y Ares no apareciese, empezaba a escamar a todos, y a
Ren, a torturar por dentro, quien se veía así misma cargando sola con el
embarazo y el parto. Tuvo que dejar de entrenar con Shan, porque no encontraba
ganas ni fuerzas para hacerlo. Tuvo que dejar de pasear con Ayesha, para que
esta no sospechase de sus planes ocultos. Prácticamente, tuvo que dejarlo todo
de lado. Centrarse en ella, en el bebé, en que su secreto no fuese descubierto
y en que Hécate dejase de controlar cada cosa que hacía, era ahora lo
primordial. Por ello, aquella tarde, volvió a visitar a Hades.
Ya sabía cómo actuar.
Cerró la puerta a sus espaldas y se sentó en pequeño banco. Sabía dónde estaba
cada cosa, porque a pesar de todo, cada noche de entrenamiento con Shan le
había servido de algo. Con dificultad, se acomodó de manera que la barriga no
le molestase en la labor que iba a hacer. –Déjame a mí- dijo, sabiendo que
Hades tenía el cuchillo de siempre en la mano.
-¿Por qué? ¿Ya te has
cansado?-
-Porque no me fío de ti.
No puedo permitir que me falte sangre ahora, ¿Entiendes?-
-Tú y ese monstruo… no
seré yo quien se apene si muere-
-Tampoco seré yo quien
lo haga si eres tú quien cae. Dame el cuchillo.-
-Ni hablar. Acatas mis órdenes
¿Recuerdas?- Ren suspiró, y en vez de cederle el brazo, le cedió la mano.
-En la palma. Saldrá la
suficiente- Sin avisar, Hades le dio un tajo en la palma de la mano. Ren sintió
el dolor y el escozor, pero lo aguantó. La sangre se derramó en uno de esos
tarros que el hombre guardaba. –Estas buscando mi reiki ¿No? Quieres el reiki
de mi clan-
-Te dije que esto no es
asunto tuyo, mujer- Ren guardó silencio. No merecía la pena discutir. Se puso
en pie, dispuesta a marcharse. –Mañana quiero más. También quiero ver qué puede
darme ese monstro. Huelo su reiki desde aquí-
-¡¿Qué?! ¡¿Estás
loco?!-
-Contén tus gritos.
Mañana quiero saber si puedo encontrar lo que estoy buscando ahí dentro.-
señaló a su vientre- Si no quieres dármelo,
Ares sabrá que has estado mintiendo todo este tiempo y morirás. ¿Se te olvida
ya, hermana?- dijo con asco en la voz.
-No eres más que un
cobarde que se esconde tras una máscara- dijo con asco y ojos acuosos, imaginando
lo que podría pasar o… lo que podría estar buscando –No puedes pedirme eso… va
a nacer dentro de poco y…-
-Me da igual. Si muere,
para mí será un problema menos. O vienes mañana o muérete ya, tú decides- Conteniendo
las lágrimas, Ren abrió la puerta y se marchó.
Anduvo de prisa,
conteniendo las lágrimas, hacia su habitación. Estaba tan asustada y tan perdida,
que no sintió el reiki de Shan acercarse a ella. Tan poco le sentía, que no
pudo evitar que se colase dentro de la habitación.
-Eh, eh… Ren ¿Qué te
pasa? Estás temblando-
-Déjame, Shan. Por
favor, vete. Si te vas es mejor. Si no preguntas es más seguro-
-¿Seguro? ¡Por favor! ¡Ren!. Te he visto salir de la habitación de Hades y te está sangrando la mano.-
Ren no dijo nada –No vienes a entrenar, estás apagada y cansada todos los días
y apenas sonríes. Entiendo que Ares no esté, pero, te recuerdo que una vez tuve
una mujer y que esa mujer estuvo embarazada de mi hijo. Tú no te estás
pareciendo en nada a ella-
-Shan, por favor…-
-Si no me lo cuentas,
tendré que enterarme por mí mismo. Si tan peligroso es, supongo que no querrás
que lo haga. Y créeme, estoy muy cabreado hoy y no estoy dispuesto a soportar
ninguna tontería.-
-¿Qué te pasa…?-
-Me pasa que esta noche
casi me mata una ilusión-
-¿Una ilusión?-
-Una ilusión que ha
dejado un camino de arena en toda la habitación. Una ilusión que casi me cuesta
la vida. Por eso había venido a buscarte-
-Pero… solo en Ravat
pueden…-
-Eso mismo pienso yo,
así que habrá que buscarle una explicación. Pero primero, dime, ¿Qué te pasa?
¿Qué demonios quiere Hades y por qué te sangra la mano?- Aquella situación
empezaba a sobrepasar a Ren, que solo quería estar tranquila de una maldita
vez. No pudo aguantar más.
-Hades lo sabe. Sabe
que soy Yanagi. Lo sabe desde hace ya un tiempo y a cambio de su silencio le
estoy dando sangre. Quiere buscar algo en mi reiki y no se lo qué. Y ¿Sabes? Lo
he aguantado porque me da igual, me da igual mientras Ares no sepa nada y nos
deje en paz. Pero quiere… mañana quiere extraer algo de aquí- se tocó el
vientre –Y no… por ahí no puedo pasar Shan. No quiero que le haga nada. No
quiero que le haga nada a mi hijo- sollozó, intentando contener las lágrimas.
-Pues no se lo des. Es
tu hijo. ¿Qué clase de madre estás siendo si permites que ese monstruo juegue
con tu embarazo?-
-Pero… pero Ares…-
-¡Al cuerno con Ares,
Ren! ¡Queda un mes para que nazca su hijo y ni si quiera se ha dignado a pasar todo el tiempo en el que se ha gestado contigo! ¡¿Piensas que puedes mantener una mentira toda tu vida?! ¡¿Piensas que él
nunca se enterará de quien eres y de todo lo que has hecho?! ¡Espabila Ren! ¡Espabila!-
gritó malhumorado. -¡Tus actos tendrán consecuencia tarde o temprano, y no
estoy dispuesto a que siga en juego nuestra venganza, o por lo menos la mía!-
al comprobar que Ren estaba asustada ante sus gritos y que estaba manteniendo
la cabeza cabizbaja para soportarlo, se tranquilizó. –Tampoco estoy dispuesto a
que te pase nada ¿De acuerdo? No estoy dispuesto a que ese hijo de puta juegue
contigo… me da igual si Ares me ha pedido que te cuide o no. Si lo estoy
haciendo es porque yo lo quiero así. Te valoro, Ren- confesó –Y porque te
valoro, tengo que decirte que esto ya… está llegando al límite. Si Hades sabe quién
eres ¿De verdad confías en que jamás lo cuente? Y si no lo hiciera ¿Confías en
que jamás Ares te descubra? Aunque sólo sea porque sospeche de tus técnicas
Radih, aunque sólo sea porque ve tu pelo… o yo que sé, porque el bebé nace
enteramente Yanagi… Esto se está acabando Ren. No te queda mucho tiempo más si
quieres que tú y tu hijo salgáis los dos ilesos de este plan- Ren siguió
guardando silencio, porque todo cuanto decía, siendo los mayores miedos de la
chica, eran todos verdad. – Si quieres que tu plan salga lo mejor posible…
vámonos- Ren le miró –Vámonos esta noche. Huyamos de aquí. Ven conmigo a
Chiriku, a las Tierras Baldías. Te ayudaré a tener a ese niño y huiremos de
aquí hasta que puedas volver a reconstruir tu plan. El bebé va a nacer y ya no
puedes hacer nada-
-Shan…- no sabía que
decir. No sabía qué hacer. No sabía nada…
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