jueves, 18 de mayo de 2017

Ren estuvo observando como a Assar le brillaban los ojos sólo con ver aquello que Ares había traído consigo. Dejó caer su rostro sobre la mano, dejando a los hombres hablar sobre sus planes. Por alguna razón, la chica no estaba siendo capaz de continuar con el hilo de la conversación. A veces oía lo que decían, y a veces, dejaba de escuchar. La imagen de su padre, excitado por tratar con Ares, se nublaba de vez en cuando de su vista. ¿Pero no le odiaba tanto como ella? Frunció el ceño, incómoda, sintiendo un leve dolor de cabeza.

-Ren ¿Estas bien?- se adelantó a preguntar Rash, que no le quitaba ojo de encima a su falsa hermana.
-La verdad es que no…- admitió, poniéndose en pie y creando el silencio en la sala. –Yo… voy a descansar ¿De acuerdo? El viaje no me ha sentado demasiado bien- Assar asintió, pidiendo a su hija que se retirase cuanto antes si esto era así. Ren no dijo nada. Sólo se marchó, por alguna razón, cada vez a paso más acelerado.

La mujer llegó a la que había sido su habitación hasta hacia unos meses, no sin antes pasar los las letrinas y vomitar. Se desplomó sobre la cama, rodeada de cojines y sábanas de múltiples colores. Era tan cómoda y mullida en comparación con el futón que suspiró de puro placer cuando se acomodó. Se hizo un ovillo, y sin darse cuenta, aun siendo de día, se quedó totalmente dormida.

Cuando despertó, no había sido a causa de una pesadilla, sino de sentir a alguien cerca. Abrió los ojos repentinamente, sorprendida, más se relajó cuando vio a Ares sentado al borde de la cama, a su espalda. Le tenía preocupado. -¿Por qué?- Llevaba horas dormida. Al entender eso, Ren frunció el ceño y dirigió las miradas a las celosías, comprobando que no entraba ni un ápice de luz por las mismas. -¿Ya es de noche…?- preguntó, entre remolona y dolorida. Según Ares, ya estaban todos durmiendo. -¿En serio?- no podía creérselo. Sin embargo, así era –Lo siento… no me he dado cuenta- se disculpó, pero sin moverse un ápice de su posición acostada. Sintió como la mano dura y ancha de Ares recorría su frente, en busca de algún signo de enfermedad. No halló nada. –No estoy enferma. Solo estoy cansada- ¿Cansada aun? ¿Después de todas las horas de sueño? Ren suspiró… no quería pensar en esa posibilidad que le rondaba la cabeza. –Déjame, Ares… por favor… no me encuentro bien- dijo, pero sin tono borde, sin querer ofender, sin ánimos de nada. Volvió a cerrar los ojos, buscando una manera de despejar aquel malestar. A los pocos segundos, sintió como el brazo del hombre rodeó toda su cintura. Se había acostado a su lado, en la misma posición, para acariciar de forma muy suave y relajante la piel desnuda de la cadera, que se dejaba entrever de entre los ropajes de Ravat que por fin vestía. Se dejó hacer en aquellas cálidas caricias, en aquella proximidad con el hombre… ¿Era la primera noche que estaban tan unidos sin un sexo fingido por parte de Ren? ¿Era la primera noche en la que ella realmente se sintió a gusto, a pesar del malestar? Odiando admitir que así era, se dejó entregar al sueño una vez más. Ares… ¿Qué se podía hacer con él?

Se despertó con una nueva pesadilla, justo cuando empezaba a amanecer. No despertó a Ares por suerte, que seguía durmiendo tras su espalda. Sintiéndose descansada y mejor de condiciones, salió de la cama sin hacer ruido y se vistió con ropajes cómodos y frescos.

En la fortaleza, aun todos dormían. Todos menos Assar, que interceptó a su hija desde el Ojo. Con un gesto de manos, la hizo acercarse junto a él, hasta su habitación. Cerró la puerta a sus espaldas. Ya ella esperaba cual iba a ser su pregunta.
-¿Y bien?-
-¿El qué?- quiso saber ella. ¿Hablaba de su salud o de todo en general?
-¿No tienes nada que contarme? Son muchos días en Midna desde tu boda-
-Sí, lo sé- hablaba insegura. Por alguna razón, se sentía incómoda.
-¿Algún avance? No estás en cinta aún ¿No?- Aquella pregunta puso aún más tensa a la chica, que por alguna razón, comenzó a sudar.
-No… no aún- Assar suspiró desesperado –Pero sí hay avances- ante aquella afirmación, al hombre volvieron a brillarle los ojos.-Antes de adelantar nada, me gustaría pedirte una cosa, padre. Las Vakiris están embarazas de hijos del clan Wulf. Quiero que Ravat las ayude- comenzó a decir mientras Assar se rascaba la barba –Quisiera que se las atendiera con consideración, por los servicios prestados hasta ahora. Ha sido una violación, por lo tanto, no es ésta región la que ha incumplido el trato de procrear con clanes fuera del matrimonio.-
-Ve al grano, hija. ¿Qué quieres?-
-Que a pesar de eso, nos responsabilicemos de los niños. Quiero que un médico les dé la posibilidad de no tenerlos a quienes no lo deseen. Y a quienes sí quieran seguir adelante… que se las ayude. Hécate me dijo que las asesinase, y yo no quiero. Además, podemos sacar ventaja. Esos niños con sangre Wulf… podrían servir como una alianza con el mismo clan. Nosotros los criamos aquí, los entrenamos aquí y nos servirán aquí, a cambio de que ellos mismos tengan descendencia sólo dentro del clan Wulf. Ellos lo necesitan, y nosotros, podemos estar en pos de negociar- al decir aquello, Assar suspiró y asintió.
-Está bien. Ahora, cuéntame-
 –Helios está muy enfermo. Morirá- sentenció con la voz. –Hécate me pidió que enviase a los mejores médicos de Ravat a Midna. Está… desquiciada- Assar dio una leve palmada y sonrió orgulloso.
-¿Veneno? Eso es, estrellita. ¡Justo lo que esperaba de ti! ¿Y qué más?-
-Yo… estuve envenenando a Ares también, pero… se ha recuperado-
-¿Y a qué se debe eso?-
-Le envenenaba con… besos, ya sabes- confesó, sintiendo como enrojecía y le ardían las orejas por tener que hacer imaginar a su padre la realidad. –Pero no me he encontrado bien durante el viaje y no ha habido contacto entre los dos desde entonces. No ha servido para nada- terminó por decir mientras Assar meditaba.
-Déjalo estar… de momento. Ese hombre nos será de utilidad antes de que muera con el resto de sus familiares- aquellas palabras, por primera vez, no sonaron tan bien en los oídos de la chica. -¿Y ese Van?-
-Ese Van se llama Shan- replicó -Todo bien… te dije que confiaras en mí- musitó.
-¿Qué es eso que oigo en tu voz? ¿Tristeza? ¿Remordimientos? ¿Te estas encariñando de ese hombre?
-Shan me ayuda, padre. Siempre está conmigo, apoyándome. Piensa igual que nosotros. Él también perdió a su familia por culpa de los Shin. Alberga la venganza en su interior, tal y como yo- explicó.
-Hija mía, no es…-
-Y Ares…- le interrumpió –También… parece pensar… de forma parecida. Él no acepta lo que su familia le hizo a la mía y… padre, creo que él no…- el restallido de una bofetada, resonó a lo largo de toda la estancia. Ren tenía la cara cruzada y una creciente rojez en su mejilla. Casi estaba sin aliento. ¿Qué… había hecho?
-¿Qué quieres decir con eso? ¿Tienes remordimientos, Ren...?- preguntó de forma tranquila, conteniendo una ira cada vez más intensa en su interior. La mujer no pudo contestar, no pudo hablar, por lo que Assar terminó por estallar  -¡Porque no te crié para tener remordimientos, niña! ¡¿Es que te estás enamorando?! ¡¿Es eso?!- gritó, alzando de nuevo la mano llena de anillos plateados, pero sin llegar a abofetearla de nuevo - ¡¿Te trata bien por las noches, te hace lo que te gusta y estás encaprichada con él?!- la miró de forma fría  -¡Piensa, Ren! ¡¡¡Piensa!!!- con ojos llorosos, la chica miró a su padrastro, sin poder pronunciar palabra pero con la boca aún abierta. -¡Recuerda todo lo que han hecho! ¡Recuerda lo que su existencia implica! ¡Recuerda que si fallas, la memoria de tus padres estará manchada para siempre!- Ren tembló.
-Pero…-
-¡No hay peros que valgan! ¡Cumple con tu deber! ¡Cumple con tu apellido! ¡Tú no estás hecha para amar, Ren! ¡Tú no estás hecha para eso!- ante aquellas palabras, la chica solo pudo tragar saliva, ponerse en pie y salir corriendo de la habitación. Le había dolido mucho aquellas palabras, habían herido toda su sensibilidad y no podía contener las lágrimas.

Al salir de aquella habitación, corrió por los pasillos hasta ser interceptada por Shan. No le vio venir, no lo sintió si quiera. Sólo interrumpió su paso y la agarró por los brazos, como si la hubiese estado siguiendo desde que dejó a Assar atrás.
-¿Ren? ¡Ren! ¿Que te pasa?- preguntó preocupado, viendo como la mujer ni tan siquiera le miraba. Solo empujaba hacia delante. Necesitaba irse.
-Déjame, Shan-
-No, eh... ¡Eh! Mírame- tomándola de la barbilla, la obligó a mirarle. La chica pudo ver como se abrían sus ojos al contemplar la mejilla, que ciertamente, cada vez le dolía y ardía más, causando incluso calambre en su mandíbula. -¿Quien te ha hecho eso? Ha sido tu padre ¿No?-
-No, Shan. No ha sido él. Déjame irme por favor. Quiero irme.-
-Te he visto salir de su habitación.-
-¡Que no ha sido él, te digo! ¡Déjame!- sollozó, soltándose del agarre del hombre, quien terminó por ceder. 
-¿A donde vas?-
-Fuera. Voy a estar en la aldea-
-¿Tú sola? ¿En serio?-
-Déjame hacerlo, por favor...- volvió a sollozar, incapaz de contener el río de lágrimas que estaban derramándose por su rostro. -Cuando Ares se despierte... no le dejes venir. No se lo permitas, por favor. No quiero verle...- Shan frunció el ceño, pero terminó por asentir. Cuando lo hizo, Ren desapareció de su vista rápidamente.

La chica, pasó todo el día en la aldea. Primero, se refugió en las lindes de la población, en la que se hallaba todo un mar de arena. Se sentó allí, observando las dunas. Aunque hacía calor, necesitaba pensar, reflexionar sobre lo que estaba sintiendo. Necesitaba volver a sentir aquellos deseos de venganza y apartarse de todos aquellos sentimientos que... el simple hecho de pensar en Ares le proporcionaban. ¿Y si estaba confundida? ¿Y si Assar tenía razón? ¿Y si de verdad no podía amar? No debía perdonar a Ares, no podía perdonarle cuando toda su familia había asesinado a la suya. No merecía su perdón... ¿No? Incapaz de aclarar sus pensamientos, se secó las lágrimas con cuidado tras un rato, y se encaminó al centro de la aldea.

Decidió tomarse la ayuda humanitaria de su mano, de manera que estuvo hasta bien tarde ayudado a los aldeanos en todo lo que necesitasen, observando los desperfectos que la Deidad había ocasionado y prometiendo que los problemas se arreglarían pronto. Compró comida y ropa a gente que había perdido gran parte del mobiliario, y... se dedicó a no pensar.

Las estrellas empezaban a dibujarse en el cielo cuando Ren, mientras apuntaba mentalmente que un techo de una vivienda necesitaría una reparación urgente para que no desapareciese con la próxima tormenta de arena, sintió una fuente de reiki acercarse por su espalda. Esperó que fuese Shan, o no, seguramente Ares, porque no le había visto en todo el día y debía estar preocupado. Sin embargo, para su sorpresa, fue Rash quien estaba observándola.
-¿Hermana? ¿Donde te habías metido?- Ren oclutó la mejilla agachando el rostro.
-Yo... vine a ayudar. Assar dijo que la ayuda en la aldea era primordial.
-¿Y era necesario desaparecer sin más? No has venido a comer. ¿Has comido?-
-Sí- mintió. No sentía hambre ninguna. Al contrario, solo de imaginar que comía, le entraban nauseas.
-Oye... padre está un poco tenso hoy y cuando todos han preguntado por ti, él dijo que estabas bien y no añadió nada más- se acercó -Ren, ¿Me estás escuchando? ¿Que ha pasado?- el hermano se acerco lo suficiente como para tomarla del brazo y moverla. Descubrió el golpe en la cara. Una mancha morada y amarillenta que surcaba todo el pómulo. -Hermanita ¿Que es eso? ¿Quien te ha hecho eso?- al ver que no respondía, se enervó -¡¿Ha sido Ares?! ¡¿Ese hijo de puta te ha pegado?!- al comprobar que todo podría acabar en un malentendido, la chica le ordenó que callase shistándole. 
-No, Rash. Ares no me ha hecho nada... ha sido padre-
-¿Padre? ¡¿Por qué?!-
-No... quiero hablar de eso-
-Está bien, no me lo cuentes. Pero dime al menos si ha sido por el plan- tras pensarlo detenidamente, la chica terminó por asentir. -Joder...- bufó -Sabía yo que este plan no traería más que problemas- murmuró. -¿Estas bien, al menos? ¿Te duele?-
-No te preocupes, no es nada-
-Si yo hubiera estado delante, te juro que no te hubiese pegado. Yo no lo habría permitido. Yo nunca habría permitido nada de esto- repentinamente, la abrazó. Ren se dejó abrazar por su hermano. Otro punto de vista de todo aquello, la aliviaba. -Júrame que todo está bien. Júrame que no estas sufriendo y que nada de lo que ha pasado es culpa de ese... que dice ser tu marido- dijo con asco.
-Rash, de verdad. No pasa nada con él. Él no ha hecho nada-
-Eso espero... puede que no seas mi hermana de sangre- dijo en voz muy baja -Pero para mi, eres más que eso. Y te prometo que pase lo que pase, decidas lo que decidas hacer con ese plan... yo te voy a apoyar y siempre te voy a ayudar. Jamás, jamás te haré daño como padre te lo ha hecho. Hay que estar muy loco para ponerte la mano encima... y dejar marcado un rostro como el tuyo- le acarició la mejilla al decir aquello. Ren se sintió incómoda y se retiró rápidamente. -¿Vas a volver ya a casa?- la chica suspiró... Qué remedio... 
-¿Y que diré de esto? No quiero que nadie sepa que ha sido padre quien me ha pegado-
-Dí que te caíste y te diste un golpe con algo en el proceso. O dí que te has metido una pelea. Si te quieren, no insistirán- dijo con cierta malicia.
-Está bien... diré eso-
-Anímate- le dio un leve golpecito en el hombro -Al menos, estas en casa- Ren dejó ver una forzada sonrisa. Siempre había sentido lástima de Rash porque era excesivamente cariñoso e inocente. Siempre le había inspirado ternura porque nunca había sido capaz de ver lo que ella realmente sentía, por mucho que se esforzase. Llamaba casa a algo que Ren solo tomaba como un refugio y no como un verdadero hogar. Si verdaderamente tuviese que sentirse feliz por estar en casa... supondría que ya habría matado a todos los Shin, incluido Ares. Ares... si mataba a Ares... ¿Podría ser feliz de verdad...?.





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