martes, 2 de mayo de 2017

-Nadie aquí te teme, desconocido- le advirtió, guardando las distancias con él. Por alguna razón, el pisar aquellas tierras, conseguía que la chica hablase con calma y parsimonia. Si bien sentía la ira en su interior, no encontraba oportuno ese momento para expresarla. Simplemente aguardó y se armó de paciencia. -Sólo evito derramar sangre sobre la tierra que está volviendo a crecer- añadió. -¿Cual es tu nombre, Van?- preguntó. El hombre alzó la vista. Ren pudo vislumbrar su rostro mejor, aunque aun oscurecido por la sombra de su sombrero de paja. Tenía el pelo castaño colocado detrás de las orejas y una barba descuidada del mismo color. Era moreno de piel y sus ojos, del color de una avellana. No, no podía pertenecer a aquellas tierras. Ella era la única. Ilusa.
-Mi nombre es Shan-
-Shan... ¿Que haces aquí? Estas tierras ya no son de nadie. Como bien has dicho, pertenecían a los Yanagi, un clan extinto.-
-Y sin embargo, tú y tu séquito de histéricas las estáis pisando-
-Las mujeres a las que llamas histéricas y yo, solo estamos de paso-
-Al igual que yo-
-¿Y a donde quieren llevarte tus pasos?-
-A ningún lugar, de momento. Sólo camino de aquí allá-
-Entonces ¿Te confiesas a ti mismo como un errante?-
-Algo así- bufó, sonsacado una media sonrisa que consiguió aliviar un poco la tensión que Ren tenía. La chica relajó los hombros, su postura en general. -¿Donde os llevan vuestros pasos, entonces?- Ren sintió como Ayesha la miraba de reojo. ¿Era seguro hablar? Si realmente era un Van, suponía que sí. Y si no... le asesinaría, como pensaba a hacer con más gente, en un futuro muy cercano.
-Nos dirigimos a Midna. Mi padre, Assar Radih, quiere mantener unos lazos de cordialidad fuertes con los Shin-
-Así que los Shin...- El hombre se reservó los comentarios.
-¿Realmente eres de Van?- preguntó repentinamente la chica, quien no podía contener su curiosidad al respecto de sus habilidades.
-Así es-
-Tenía entendido que los Van no poseían Reiki-
-Como he dicho, mi señora Ren de los Ridah, yo no soy un Van cualquiera- volvió a repetir, con aires de seguridad y confianza. Ren le miró de arriba abajo, guardando silencio.
-¿Tienes hambre, Shan de Van? Tenemos suficiente pan de lavash-
-¿Me estáis ofreciendo comida sin pedir nada a cambio?
-Te ofrezco comida a cambio de conversación- aquella afirmación provocó una carcajada corta en el hombre, quien terminó por asentir, de acuerdo con el plan -Acamparemos aquí ¿De acuerdo?- Las Vakiri estuvieron de acuerdo, aún recelosas por la intrusión de aquel hombre a mitad de viaje.

Las mujeres, con el maquillaje de kohl cada vez más diluido por el sudor, comenzaron a encender una fogata a la vez que sacaban de sus bolsas, las cuales colgaban en diagonal sobre la espalda, algunos de los víveres que había traído. Ren ayudó en aquella tarea, sin poder dejar de lanzar de vez en cuando curiosas y tristes miradas a la gran cabeza del dragón de madera, la cual había quedado a sus espaldas.

-Es todo un milagro que siga intacta- la sorprendió el hombre por la espalda.
-¿Qué sabes de esta estructura?- preguntó Ren sin querer alertarse.
-Varias cosas-
-Vaya. ¿Eres una especie de sabio? Un Van que usa Reiki y conoce de la historia de estas tierras-
-Dejando mis habilidades de lado ¿Quien no sabe del conflicto que aquí se libró hace ya dieciséis años?- Ren guardó silencio, tomando asiento sobre el suelo. Lo hizo sin querer. Había troncos bien apostados por las Vakiri, cojines puestos con intenciones de no sentir la rudeza del suelo húmedo sobre el trasero. Y sin embargo, Ren se sentó sobre él como si nada, admirando una vez más la enorme cabeza de dragón que allí yacía. Shan hizo lo mismo que ella, por alguna razón. -Si mis pesquisas son ciertas, esto no es más que el vestigio de un enorme poder.
-¿Qué poder?-
-El que Ryo, el último líder del clan Yanagi, poseía-
-¿Pensáis que esto es el resultado de una técnica de aquel hombre?- Preguntó la chica, como si ella no supiese nada al respecto.
-¿Qué si no?-
-Podría ser una forma caprichosa de la naturaleza-
-La naturaleza tiene muchos caprichos, pero ninguno tan elaborado como este- rió -Fíjate ahí- señaló con el brazo a una zona oscurecida en la madera -Un poco más de fuego a esa zona y la cabeza hubiese acabado siendo más que cenizas- Ren siguió la dirección de su dedo, embobada ante su apreciación -Todo este bosque fue presa de un grave incendio-
-Si aquí hubo un incendio, esa cabeza no debería estar  ahí-
-A eso me refiero cuando hablo de un enorme poder- Una vez más, Ren mantuvo el silencio.
-Mi señora Ren, debéis comer- Ayesha se acercó a ambos, ofreciéndole solo a ella un pan de lavash blando y bien envuelto en telas. Cuando vio que la chica tomaba uno para comer, a regañadientes, le cedió otro a Shan. Éste, simplemente, le dedicó a la ruda mujer una amplia sonrisa socarrona.
-Gracias Ayesha. Come y descansa.- La mujer asintió y se retiró mientras Shan la seguía con la mirada.
-Tu paseo por Midna debe ser muy importante para que tengas a tu disposición a todas estas mujeres. Eres la envidia de cualquier hombre medio, Ren.- La mujer le miró a los ojos, inexpresiva. No le había hecho gracia el comentario. -¿Por qué Ren?-
-¿Cómo?-
-Ren no es un nombre de Ravat-
-¿También eres entendido en la cultura Ravat?-
-Un poco de todo- sonrió
-Mi nombre es Rennah Radih, no Ren. Es solo que Ren... suena mejor- mintió.
-Coincido- dio un mordisco al pan, saboreando la textura blanda y esponjosa, aunque a la vez fina de la masa. -Curioso sabor-
-No sabes tanto de la cultura Ravat si no habéis comido pan de lavash-
-Se lo suficiente, mujer, para andarme con ojo allá donde voy y conocer la tierra que piso. Poco más-
-Tambien el Reiki-
-Sí, eso también- bufó, algo pesado por la insistencia de la chica.
-¿Por qué sabes usarlo, siendo Van?-
-Por inconformista. Quizá por rebeldía.-
-Sé mas conciso. Estás comiendo mi pan.-
-Me tendrás que dar algo más de pan si quieres descubrir todos mis secretos- sonrió, escudriñando los ojos claros de la chica. Cualquiera diría que esa mirada portaba algo más que intenciones, pero Ren, las rechazó.
-¿Y vale mi pan el saber de tu versión de la historia? La que ocurrió aquí-
-Es... posible- Suspiró. Ren prestó toda atención cuando Shan se dispuso a hablar. El hombre se ajustó el sombrero, relajando además su postura sobre el suelo -Sé lo mismo o menos que el resto del mundo. Que algo hicieron los Yanagi que no sentó nada bien a los Shin. Puede que sobrepasaran los límites del poder, como esta cabeza muestra. Puede que incumplieran algún tratado, o puede, simplemente, que solo fuese un mal día para todos...- La mujer se puso tensa de repente. Su rostro reflejó un sentimiento frío y duro. Quería saber lo que otros pensaban sobre el conflicto, más allá de las opiniones de los Radih. Siempre había pensado que el mundo entero debía estar en su contra, pues no había otra explicación a la masacre. Sin embargo, la simple idea de tener que oír por primera vez la opinión de un tercero sobre lo que ocurrió, la estaba atacando por dentro - Hay que tener en cuenta que todo el clan Yanagi murió ese día, así como la mayoría de todo Shizen, de toda la vida que éste albergaba. Por tanto, si podemos contar con una versión de lo ocurrido, solo encontraremos la de los Shin, lo que coloca al bando perdedor en una posición muy justa aunque todos estén muertos- las palabras del hombre martilleaban en la cabeza de Ren, quien tenía los puños cerrados y los nudillos blancos de tanta tensión -No se si esto puede decirse o no... Y la verdad es que me da igual. Pero si en algo estoy de acuerdo... es en que los Shin sobrepasaron cualquier error que los Yanagi cometiesen. Aquel castigo fue... desmedido- Ren suspiró y después asintió. Ese hombre estaba de acuerdo con ella, pensaba igual que ella. Sintió como si su cuerpo pesase menos por un momento. -¿Puedo preguntar el por qué de tu curiosidad?-
-Porque me siento ajena a lo que pasó. Mi padre, Assar, no encontró explicaciones. A día de hoy, aún no las tiene.-
-Debéis sentiros afortunados en Ravat por no formar parte de aquella guerra-
-Tanto como vosotros los de Van- ambos sonrieron por un momento en un pequeño momento de complicidad. -¿Sigue siendo mi pan un pago escaso para revelar tu secreto?- insistió.
-Este pan es solo un cuarto de lo que vale uno de tantos que tengo-
-¿Y ese precio podría suplirse con un trabajo?- El hombre, por un segundo, se quedó sin palabras. No entendía a donde quería llegar Ren -Dices que tus pasos no te llevan a ningun lugar de momento. ¿Quieres que te lleven a Midna? Habrá más pan de lavash durante el viaje-
-Espera, espera, espera... ¿Me estas ofreciendo acompañarte?-
-Te estoy ofreciendo un pago-
-Vaya, si que eres buena empleadora-
-¿Aceptas o no?- preguntó tajante, como si la respuesta estuviese sujeta a una cuenta atrás muy corta.
-Me lo pensaré durante la noche, si no es molestia.-
-Puede que cuando despiertes, nosotras ya no estemos aquí-
-O puede que quien no esté sea yo, así que dime al menos a donde vas exactamente para formular esos lazos de paz, por si me apetece seguirte- aquella respuesta tomó por sorpresa a la chica, que se mordió el labio y se obligó a seguir hablando.
-Voy al hogar de los Shin. Intuyo que residiré allí durante un tiempo. Puede decirse, que estoy acudiendo a mi propia boda- Aquellas últimas palabras resonaron con disgusto en la voz de la chica, quien empezaba a encontrar la manera de hacer más ameno el viaje. Ese hombre, Shan, era demasiado misterioso. Avivaba su curiosidad.

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