lunes, 22 de mayo de 2017

Las manos de Ares se quedaron congeladas en el acto, en cuanto hubo terminado de vestirse, al oir la llamada de su mujer. Tal vez había oido mal ¿No? Debía de ser eso. Se giró, despacio, lo bastante para mirarla por encima del hombro. Ojalá ella pudiese devolverle la mirada, pero sabía que la chica estaba sumido en la gran oscuridad, en una negrura tan profunda como el aura que rodeaba a todo el castillo. Ares frunció los labios al ver que la chica apretaba las mantas del futon con fuerza, con nervios. Le temblaba la barbilla. A Ares también comenzó a temblarle -¿Qué has dicho?- cuestionó en un hilo de voz. Ren lo repitió. Estaba embarazada -¿Estás segura?- la chica asintió, inmersa en su soledad interior. Sintió los pasos de Ares aproximándose hacia ella. Esperaba cualquier cosa, cualquier palabra. Deidades, incluso un completo desdén. La situación en la que se hallaban los alrededores no eran para una noticia semejante, pero no podía dejar que se marchara. No podía quedarse sola en esa torre, en el hogar de los Shin, desamparada, sin la protección de Ares contra la furia de una madre como Hécate, que había perdido al menor de sus hijos, su ojo derecho, y ante la posible confabulación para asesinarla. Sin embargo, lo que sintió fue el intenso calor del cuerpo de Ares cuando la abrazó, fuerte, estrechándola contra su pecho. Acariciaba los cabellos de la joven con un mimo que la chica desconocía. Era la primera vez que la acariciaba así. Se sentía una muñeca de porcelana, suave y frágil, a punto de romperse. Y podría romperse en brazos de Ares. Quizá no había un lugar mejor dónde desquebrajarse por completo. Nadie mejor que él para recoger sus pedazos. Serían las únicas manos donde estaría a salvo, aún rota y desvencijada, tal y como estaba -¿Desde cuando... lo sabes?- preguntó entonces, por fin. La chica no supo qué decir. Temía que se enfadase si le contaba la verdad, pero ¿Qué otra cosa podía hacer? ¿Mentirle y decirle que se había enterado ipso facto debido al médico? Sería un error. Ares podría hablar con el médico y descubrir la verdad. Saltaría la tapadera y sería mucho peor. Ren tragó saliva y algo cabizbaja aún en el pecho de Ares confesó que empezó a tener dudas sobre un posible embarazo cuando llegaron a Ravat. Ren no podía ver, pero por el suave suspiro de Ares, le pareció intuir que estaba sonriendo. La chica le pidió confiada, al haberle contado el secreto, que no se marchara. Le necesitaba con ella, sobre todo en esos momentos tan difíciles -Oh, Ren... ¿Cómo no podría marcharme? ¿Cómo podría quedarme aquí?- le sostuvo el rostro con ambas manos, con suavidad. La chica tomó las manos del hombre con las suyas. Quedándose, dijo, simplemente quedándose, a su lado, hasta que todo mejorase -Y esperar...- ella corroboró. Sí, esperar. El médico había dicho que con el tiempo, quizá, todo sanara como era debido y... -El bebé nacería y quizá no podrías verle- dijo, sin intención de ser hiriente, pero sus palabras sonaron como cuchillas. Ren reunió valor para contraatacar alegando que podría verle más adelante -Negarle a una madre la visión de su hijo recién nacido es un castigo que no le desearía ni al peor de mis enemigos- un escalofrío recorrió la espalda de Ren, sólo de pensar en que Ares la considerara así, su enemiga. Era estúpido -Me has dado el empuje que necesitaba para partir- suspiró -Lo siento, Ren. Te prometo que volveré- cuando fue a soltarla, la chica el agarró con fuerza ¿¡De verdad se iba a ir!? -Tengo que hacerlo. Encontraré algún remedio para tus ojos y...- ¿¡Qué remedio!? Si un médico ya la había diagnosticado ¿Cómo demonios esperaba encontrar un remedio? Simplemente iba a dejarla sola e indefensa -Lo hago por ti, y ahora por el futuro que yace en tus entrañas- en ningún momento Ares se había extralimitado. Hablaba suave, cálido y calmado, casi en susurros. Desde el momento en que Ren le mencionó el embarazo, Ares había entrado en una especie de trance. Una convicción suprahumana había tomado control de su mente. La chica fue comprendiendo lentamente que iba a resultar imposible hacerle entrar en razón. Era un hombre que sólo sabía sacrificarse por ella. Y demonios, diablos y mil centellas, ella era la última persona en el mundo que se merecía ese trato por parte de Ares -Lo siento, Ren- la besó en la frente con suma suavidad -Y gracias- la chica se quedó congelada unos segundos ¿Qué quería decir con "gracias"? -Por hacerme padre- sonrió, hablando con la voz algo rota, entre emocionado y triste. Se marchó veloz. La fragancia del hombre permaneció unos instantes en la habitación, aún en la piel de Ren. Era tan complicado para él partir como para ella quedarse. Sólo le faltaba esperar, y recurrir a cualquier Deidad si es que podían escucharla, para que no tardase en volver...

-¿A dónde vas?- preguntó una voz sombría, en cuanto Ares enfiló el pasillo. Hades estaba girando la esquina en aquel momento, enfilando la dirección contraria a la que llevaba el muchacho -Vas vestido para la batalla y sin embargo, no es un duelo a muerte lo que se llora en este lugar-
-He de partir, hermano. Ren necesita que encuentre un remedio para su problema- terció
-Hécate también necesita un remedio para su problema- dijo altanero -¿Vas a buscar también solución, heredero?-
-Hades... no ahora, por favor- alzó una mano en señal de paz -Tengo que marcharme- fue a pasar junto a su hermano pero éste le detuvo interponiendo la vara en la que se apoyaba en el camino, como una barrera hacia la pared
-La familia siempre fue lo primero para ti, Ares. El honor, la lealtad, la sangre- conjuró con voz maliciosa -¿Ya se te ha olvidado? ¿Ya has arrancado las raices que te ataban a la muerte y ahora te aferras a las ilusiones que has traido del desierto?-
-Ir a por una solución para los agravios de mi esposa no son deslealtad alguna para mi clan- agarró la vara y la apartó de mala gana, apartando así el brazo de Hades -Deberías examinar tus puntos de vista, tu umbral de deslealtad y falta de compromiso con la familia-
-Tu hermano menor ha muerto y te marchas sin más-
-¡También era tu hermano!- rugió Ares para dejar un silencio en el pasillo entre ambos, tenso como nunca -...y pareces de todo, menos dolido-
-Hace mucho que dejé de sentirme parte del seno familiar. Hécate dejó de tratarme como un hijo cuando perdí mi pierna- se señaló con la vara el hueco que faltaba bajo el yukata -Y este maldito brazo inútil... y mi ojo...- su voz se cargaba de asco -Pasaste a ser el sucesor, Ares. Y para Helios siempre has sido las estrellas que usaba para guiarse. Yo no he sido nada para él, ni para Hécate-
-¿Por qué no me metes en esa lista?- preguntó Ares con un nudo en la garganta
-Desde que volví tullido has sido el único, hermano, que estuviste ahí. Padre murió. Y con su defunción llegó la soledad. Y con la soledad vino la amargura. De la amargura, enraigaron las sombras. Y tú estabas ahí. Sólo tú- gruñía -Como una luna resplandeciente en la noche más oscura, recordándome que aún falto de mis capacidades seguía siendo humano-
-Lo eres. Lo has sido y lo serás, Hades- suspiró -Yo... ¿Qué puedo hacer? De hecho... ¿Qué esperas que te diga a todo esto? ¿A dónde quieres llegar?-
-A que no esperes de mí pesar alguno por Helios o Hécate, pues eran familia, pero desconocidos. Sin embargo me embriagaría un ligero pesar si algo te ocurriese, o te desviases a caminos erroneos que te alejasen de las directrices del clan- dijo amenazante
-¿Te refieres a algo en concreto?- Ares se tensó -¿Tratas de darme un mensaje indirecto, Hades?-
-En absoluto- dijo tras una breve pausa -Tan sólo quisiera que me reafirmases tu compromiso con el clan y nuestro linaje. La muerte prevalece. La muerte... viene- sentenció -Y no habrá forma de huir de ella si te apartas. Sólo nos protegerá si permanecemos juntos. En la oscuridad-
-Hades...- Ares pasó a su lado por fin, poniéndole una mano en el hombro -Tras la guerra contra Shizune y la devastación del clan Shin. Tras la muerte de nuestro padre. Ahora, tras la muerte de nuestro hermano menor Helios... creo que no puedo estar más de acuerdo con la perspectiva de que la muerte no es aliada de nadie. No nos protege. Nos aguarda con la fiereza que aguarda a las demás personas. La muerte viene, sí- repitió -Pero viene a por todos nosotros. Y por eso me marcho, para proteger a mi esposa, a mi familia, de la misma- se marchó, entonces, enfilando el pasillo. Hades permaneció en completo silencio unos segundos hasta que simplemente se desvaneció como un espejismo. Nunca estuvo ahí realmente.

Ren estaba tumbada en la cama, pensativa, acariciándose el vientre. Le frustraba el simple hecho de no poder adivinar cuanto tiempo pasaba por no poder apreciar la luz del día. No sabía si Ares se había marchado hacía ya un rato o no, perdía la noción del tiempo. La torre de los Shin era tan silenciosa, tan callada. Parecía un cementerio... hasta sentía el frío, un frío intenso que la llevó a taparse hasta la barbilla. Empezó a tiritar. No, definitivamente no era una sensación comparativa. Hacía frío de verdad. La temperatura descendió tan brúscamente que no le hubiese extrañado exhalar vaho al bufar. Temblaba bajo las mantas. Tardó unos instantes entonces al darse cuenta de que ni siquiera era el clima, pues comenzó a tener calor bajo las mantas. El frío lo sentía en su interior. Ese frío era reiki. No estaba sola en la habitación -Hola, hermana- dijo con voz ronca e infernal Hades, que se hallaba en la sala ¿Cómo había entrado, él de entre todos, sin que ella lo percibiese? -Vengo a ver cómo te encuentras- Ren no sabía qué decir. De entre tantas veces que se había podido encontrar con Hades, las palabras siempre fueron parcas, escasas y apagadas como lumbre bajo la lluvia. Sin embargo era la primera vez que se veía tan indefensa. Por la sangre de los Yanagi, Ren nunca había sentido tanto terror. Hades era la última persona viva con la que Ren querría encontrarse de cara y a solas en su situación actual. Aún así hizo lo posible por guardar la compostura y agradecer a su "hermano" por la preocupación y la visita -Ares se ha marchado- musitó. Ella asintió que lo sabía -Por eso creo que ha llegado el momento de que tú y yo tengamos una conversación, larga y privada- dijo con malvada voz

Mientras tanto, Ares se acercaba al patio, dispuesto a salir. Allí, junto a un pequeño riachuelo que pasaba por el patio central, se hallaba un Shan distraido que veía cómo un junco recogía agua y la soltaba de vuelta en el riachuelo. Era hipnótico y relajante. Percibió a Ares antes de que éste le dijese nada -Aunque sea un lugar tenebroso he de admitir que Shin tiene a veces su encanto. En esos días en los que el ánimo es gris y sólo te apetece ver correr el agua y oir la lluvia...- sonrió -Este sitio es el lugar ideal para ello ¿No crees?-
-Tengo que marcharme- dijo Ares sin rodeos -Cuida de Ren por mí-
-¿A dónde crees que vas? Tu esposa te necesita. Dile a tu madre que encargue a otro la misión-
-Nadie me ha encargado nada. Parto por mi cuenta y riesgo. Voy a buscar una solución para Ren-
-¿Para Ren? ¿Para su ceguera? ¿Eres idiota?- afiló la mirada -Ni siquiera el médico ha podido hacer nada ¿Qué demonios crees que vas a poder hacer tú?-
-Quizá haya otros métodos medicinales en otras tierras-
-Oh, sí- bufó Shan -Pídele a los Wulf sus hunguentos de sangre y tuétano. O quizá te digan que orines en los ojos a Ren durante tres fases lunares-
-Deja las chanzas- se cruzó de brazos Ares, serio -No conseguiremos nada haciendo precisamente eso, nada-
-Ella te necesita-
-Y yo necesito que esté bien. No voy a permitir que siga en ese estado mientras lleva a mi hijo en su vientre- Shan mantuvo una mirada firme a Ares
-Enhorabuena- mintió -No lo sabía- Ares asintió
-¿Puedo contar contigo para cuidar de ella? ¿Para protegerla... de lo que sea?-
-Sí...- musitó -Claro... ¿Quién si no? Las Vakiris y yo estaremos al tanto de su estado-
-Bien. En ese caso, por favor, no la dejes sola ni un instante-
-No, yo... Me dirijo para allá-
-Gracias Shan, de corazón. Lo lamento pero tengo que ir para sentir que al menos hago algo por su bienestar-
-Descuida. Lo entiendo. Lo entenderá- asintió de nuevo y Ares correspondió. El Shin se marchó en ese momento -Idiota presuntuoso... tu ausencia lo va a empeorar todo...- marchó furioso hacia la habitación de Ren.

En ese preciso instante, Hades aún permanecía frente a Ren. La chica estaba visiblemente nerviosa -¿Hay algo que temas, Ren?- la chica negó con la cabeza ¿Es que acaso debía temer algo? preguntaba sin saber exactamente hacia dónde mirar. La voz de Hades parecía provenir de diferentes sitios -Pareces nerviosa, asustada. Es como si ocultases algo ¿No ocultarías nada a la familia, no es así?- ella afirmó. Nada de secretos para la familia. Hades sonrió bajo la máscara -¿Y me consideras tu familia?- el hombre era astuto, endemoniadamente astuto y afilado como la más diestra de las katanas. Ren no fue capaz de confirmarlo como un familiar -Desde que llegaste, mujer, he advertido en mi hermano la sombra de la duda. Ares, poco a poco, se ha ido enamorando de ti, contra todo pronóstico. Ahora se marcha, vuela fugaz, como un ave en una tormenta, buscando refugio. Mas no busca refugio para sí mismo, sino para su pareja, que aguarda en el nido, bajo techo, cuando es él quien se moja y recibe las tormentas sobre sus hombros- Ren intentaba descifrar sus palabras ¿La estaba culpando de todo lo que ocurría? ¿Era posible que él... supiese algo? -Como hermano mayor de Ares, me veo en la responsabilidad de procurar su felicidad- añadió -Y empiezo a pensar que tú, tanto como Hécate, lo alejáis de su felicidad- Ren discutió esa afirmación. Ella no pretendía hacerle daño -¿No? Qué extraño, pues le estás convirtiendo en un hombre débil. Un hombre débil que se acabará consumiendo a sí mismo en el engaño perpetuo. Ares se está transformando en aquello que el clan Shin ha odiado desde hace generaciones, alguien que da la espalda a las directrices y las convicciones. Casado por tratado con una hija de un clan forastero y no contento con ello, empieza a dejar que sus sentimientos se reafirmen por ella. Fue honrado con el regalo de la daga de Padre y la porta consigo, mas no le da utilidad. No riega su hoja con la sangre de los enemigos. No comulga con las sombras. No desentraña los misterios de la muerte. Y aún así... será el sucesor- Ren señaló que advertía un gran resentimiento y envidia en las palabras de Hades. No era preocupación lo que el tullido albergaba por Ares, sino un profundo rencor -Silencio, mujer- sugirió -Pues no he pedido tu opinión. Ya que es precisamente tu punto de vista el más fútil e insulso que pueda haber en esta torre, más incluso que mi cegada progenitora, Hécate- Hades se acercó a Ren. La chica sintió su frío reiki como el hielo. La perturbaba -Aah...- jadeó el hombre -Desde que llegaste... este olor... esta sensación...- Ren tembló de asco y pavor ¿Qué? ¿Qué le pasaba? -Nunca pude olvidar... este sentimiento- se quitó la máscara, aún sabiendo que Ren no podía verle -Tu reiki... tu...- llevó la mano hacia la chica, acariciando la piel de su cuello. Ren se rebulló incómoda, apartándose. Hades la aferró de la garganta con tenacidad -Quieta- ordenó frío y tenebroso. Su mano descendió por el cuello y lentamente fue separando los ropajes de la joven hasta exponer al aire sus senos desnudos. Ren se tapó velocísima antes de que lograra conquistar su objetivo. Sintió de pronto el peso del hombre sobre ella -¿Podrás detenerme, mujer...?- cuando la húmeda lengua del hombre recorrió su mejilla hasta la comisura de sus labios, para la chica fue más que suficiente. Unas enredaderas surgieron del suelo y amenazaron con aferrar a Hades. Una vez envuelto, comenzaron a apretar con más y más fuerza, mientras Ren gruñía de furia, haciendo que de las zarzas brotaran espinas enormes y punzantes que penetraban y serraban la piel del hombre. Lentamente, atravesaban el cuerpo de lado a lado. Entonces, el peso de Hades desapareció -Yanagi- sentenció la voz furiosa del hombre -Tu olor. Tu sencia. El aroma de tu reiki. Eres una Yanagi- señaló el hombre. Ren no daba crédito ¿Cómo se había librado? ¡Maldita sea! ¡Si lo hizo fue para librarse de él de una maldita vez por todas! -Apestas a bosque desde kilómetros y nadie parece sentirlo. Nadie recuerda ya a los Yanagi, pero yo sí- reveló -Porque fuisteis vosotros los que me convertisteis en... esto- gruñó furioso -Fue Itto Yanagi quien me arrebató mi futuro, pero gustosamente yo le arrebaté la vida a ese desgraciado...- Ren montó en cólera en un instante ¿¡Él mató a su hermano Itto!? A pesar de su ceguera, a pesar de arriesgarse, la ira la llevó a formular sellos y convocar de pleno sus poderes. Hades lo percibió. Éste invocó al Espectro y una enorme mano fantasmal huesuda atrapó a Ren, inmovilizándola. Apretaba hasta casi hacer crujir sus huesos. La chica gemía de dolor -Qué valiente...- bufó -Ah... pero no, no te mataré aún. Ahora que conozco tu secretito vas a serme de gran utilidad, mujer Yanagi- la observaba con detenimiento -Te ocuparás... me ayudarás a hacer ver a mi hermano lo equivocado que está. Por tu bien... no cuentes a nadie esta, mi pequeña visita...- la puerta se abrió en ese momento, entrando Shan en la habitación de Ren. La chica tosía. El Espectro desapareció en el mismo instante que la puerta se abrió, así como Hades, ya que Shan no parecía percibirle, ni siquiera el reiki. Ren tampoco parecía encontrarle por ninguna parte ¿Había sido una pesadilla... o es que Hades tenía cartas bajo la mesa que ni siquiera Ares sabía utilizar?

En cuanto cayó la noche, Ren recibió una nueva e inesperada visita en su habitación. Los pasos distinguidos y el olor a vino delataron a Hécate en cuestión de segundos. La mujer estaba ahí y al parecer, no sola. Shan fue invitado cordialmente a abandonar la estancia, según Hécate, porque sólo su hijo podía compartir habitación con ella durante la noche -Mis disculpas, Umbra Hécate. Pero Ares me pidió...-
-Ella estará conmigo. Es la esposa de mi hijo, me ocuparé personalmente de su bienestar. Regresa a tu habitación, Van- ordenó definitivamente, comprendiendo Ren que Shan debía marchar. Una vez a solas, el ambiente se enrareció. Definitivamente lo que Ren presuponía se estaba haciendo realidad. Estar a solas sin Ares en la torre era un infierno. Hades sabía la verdad y la había estado sospechando desde hacía tiempo por culpa del reiki. Ahora Hécate también buscaba algo ¿Se habría chivado Hades? ¿Estarían confabulando? -¿Cómo estás?- preguntó con voz neutra. Ren quiso afirmar que estaba simplemente bien -¿Emocionada?- ¿Por qué debería estarlo? -Estás embarazada- afirmó. Ren se sintió sudar frío -Hablé con el médico- ¿Por qué? ¿Por qué tendría que habérselo dicho? -No te sorprendas...- decía con voz ronroneante, desafiante y amenazadora -No hay nada que se me escape en mi hogar. Nadie me oculta secretos... salvo tú, al parecer- Ren acudió deprisa a defenderse, a alegar que si no había dicho nada era debido a la pérdida de Hel... -Silencio- ordenó -No menciones el nombre de mi hijo. Que nadie mencione el nombre de mi hijo. Lo he ordenado a toda la maldita aldea- concluyó impaciente. Ren guardó silencio -Porque ay, niña... no tienes ni idea. No tienes la menor idea de lo que va a suponer para ti tener a esa criatura. No tienes idea, ni la más mínima pizca de comprensión, del amor tan grande que albergarás por su vida, por su bienestar, por sus miradas y sus sonrisas, por su porvenir y felicidad- narró -Te deshangrarás cuando se haga un pequeño corte que apenas sangre, te romperás en pedazos si se lastima un brazo o una pierna. Morirás de pena si llora aunque sea por un triste capricho... Los hijos son las cadenas que nos atan a una vida de miserias, a cambio de un amor desenfranado e incomprensible. Es el mayor de los castigos a cambio de ser verdaderamente feliz ¿No te parece irónico?- Ren la escuchaba con paciencia -Con la desgracia ocurrida a mi precioso hijo- se le rompió la voz, pero la recompuso enseguida -Tú eres la portadora de la esperanza de este clan- ¿Y Ares? ¿Qué había de Ares? -Ares... mi niño grande...- cuanta mentira percibió Ren en esa frase -Es tan imprudente al marchar de esta manera que lo ha hecho para buscar cura a tus heridos ojos... Ay, niña, es un gran hombre, un orgullo para mí, como madre. Sin embargo, no debemos de olvidar que va a la batalla, que acude a la guerra, que es siervo de la muerte. Tu hijo es la nueva semilla. Y crecerá para jerminar nuevas. Un clan necesita linaje, necesita sucesión...- Ren estaba de acuerdo pero ¿Qué tenía que ver eso ahora mismo? Estaba de pocas semanas. Aún faltaba mucho ¿Qué pretendía decirle? -Eres la primera mujer, Ren, que va a dar a luz un hijo Shin sin formar parte de la aldea, del linaje de nuestros ancestros. Pues aunque los habitantes de Shin no pertenecen a la rama principal del clan, provienen de viejas uniones de sangre que mantienen fuerte nuestra estirpe. Tú la mezclas, con Ares. Vas a dar a luz a una nueva generación. Un poderoso futuro para mi clan- sentenció -Y quiero asegurarme de que nunca... me lo arrebates- ¿Por qué habría de arrebatarle nada? No, al contrario. Ren sería su madre. Ren no podía arrebatarle a Hécate lo que no era suyo -Cuan confundida estás, niña- chasqueó los dedos y un grupo de Sombras que la había acompañado noquearon a Ren con un seco golpe en la nuca, para luego cargarla y llevarla, junto a Hécate, al pequeño temblo de Nibiru, donde contrajo matrimonio con Ares.

[Naruto Shippuden OST - Ritual Extended]

Ren recuperó la consciencia cuando sintió que su espalda chocaba con algo duro, piedra, al tacto. Estaba sobre una especie de altar que no recordaba que antes estuviese allí. Ardía de rabia por no poder ver qué estaba sucediendo a su alrededor, pero sentía el calor de las llamas. Había velas, antorchas, fuentes de luz la rodeaban. Sintió las manos ágiles de Hécate desnudarla, abriéndole el yukata por completo hasta la altura del bajo vientre, casi exponiendo su mayor intimidad femenina. Ren trató de zafarse, pero estaba inmóvil. Sentía que algo tiraba de sus brazos, presas gélidas, heladas. Cadenas de acero le mantenían los brazos separados y el pecho y el vientre expuesto, así como unas cadenas también le sujetaban las piernas ¿¡Estaba loca!? ¿¡Qué pretendía hacer!? ¡Ares se enteraría de lo que estaba sucediendo! -Eres muy estúpida si crees que temo a lo que me hijo sea capaz de hacer...- se echó a reir -Ares no se enfrentará a mí por esto, pues esto es lo que él querría. Es el seguro de vida del clan. Es nuestro futuro. Nuestro porvenir. Regocíjate Ren, pues vas a portar el mayor poder del clan en tu vientre, junto al futuro- ¿¡Qué quería decir!? ¡Estaba loca, completamente loca! -Ah, sí... eso me decía a veces Caronte, mi amado Caronte... y le encantaba. Mi amor loco y desmedido por este linaje y por el día de mañana...- Ren no dejaba de moverse, no dejaba de zafarse. Ni siquiera podía invocar sellos para librarse con sus plantas o cualquier técnica a la que pudiese recurrir. Estaba completamente a la merced de Hécate -Ahora guarda silencio querida... Te va a doler un poco- ¿Qué quería decir con eso...? Hécate formuló una larga sucesión de sellos mientras los Sombras que rodeaban el altar de piedra donde se hallaba Ren parecían farfullar una sombría y oscura canción, como una oración, un ritual siniestro y tenebroso. Ren seguía tirando en vano, agotándose. En poco tiempo le comenzaron a doler las muñecas, las sentía cálidas y húmedas. Se estaba haciendo heridas sangrantes. El canto proseguía y Hécate seguía formulando la larguísima sucesión de sellos -Sello de las Nueve Puertas de Thanatos: Liberación- promulgó la mujer. Un enormísimo estallido de reiki sacudió la estancia. Tan poderoso que Ren se sentía desfallecer, que la aplastaba contra la roca como una hormiga. Ese poder, ese amasijo de energía le era familiar. Era como estar ante Djini ¿Podía ser? ¿Hécate estaba liberando a Nibiru? ¿¡La Deidad de Midna!? -Habita este nuevo recipiente, Nibiru, nuestro Señor- rezó Hécate, enferma, obnuvilada y enamorada de ese poder. El reiki era tebroso, tan negro como el del Espectro. La masa de energía que surgía de la gigantesca estatua comenzaba a tomar forma de un rostro similar al de un felino amenazante y rugiente -Habita a este nuevo templo, el cuerpo de esta mujer... y protege a nuestro clan como siempre lo has hecho ¡Bendice a nuestro futuro! ¡Cuida nuestro legado!- volvió a formular una rápida sucesión de sellos -Sello de Artemiss- volvió a rezar antes de clavar los dedos con fuerza sobre la piel del estómago de Ren. En ese preciso instante, los dedos de Hécate parecían témpanos de hielo, pero no fue lo peor. El reiki de Nibiru rugió con fuerza y comenzó a invadir el propio reiki de Ren. La chica comenzó a gritar como no había gritado jamás en su vida, ni siquiera recordando la masacre de su familia. El reiki de esa bestia era tan enorme que parecía que su propio curpo no lo toleraría e iba a reventar. Ren sentía como si sus huesos se desencajaran despacio, poco a poco. Como si sus músculos comenzaran a retorcerse hasta que cada fibra se descomponía en mil pedazos. Su corazón se aceleraba hasta ritmos insoportables, al borde de un infarto. Sus pulmones se llenaban con el aire que cogía para seguir gritando. Su estómago ardía. Su vientre en general dolía y ardía como nunca. Su cuerpo comenzó a convulsionar violentamente mientras el reiki seguía penetrando. Ren percibía como ese maldito ser monstruoso se estaba adueñando de ella. Un aura oscura envolvía por completo su cuerpo mientras Hécate observaba complacida. Ren permaneció así durante horas, hasta el amanecer, sintiendo esa incesante tortura mientras el reiki se abría paso por su propia esencia, a través de su alma, hasta que por fin llegó a su cabeza, donde oyó rugir a la bestia Nibiru con todo su potencial. Se vio pequeña, diminuta, ante un ser tan colosal. Cuando todo el reiki terminó de entrar en la chica, Hécate giró la mano como si fuese una cerradura y el sello se dibujó en el vientre de Ren como un triángulo encerrado dentro de un círculo de runas y glifos. La chica estaba desfallecida, pareciendo incluso estar muerta de tan pálida que se hallaba, envuelta en sudor -Ahora... eres completamente mía- sentenció Hécate con una mirada entornada, repleta de maldad.

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