jueves, 25 de mayo de 2017

[Final Fantasy XV OST - 70. Song of the Stars]

Las palabras de Ren, por un instante, tardaron en llegar a Ares. El hombre sostenía al pequeño con una sonrisa tan tierna y cálida, mientras trataba de que sus ojos no cayesen de lleno sobre el niño. Gin, tan frágil, tan hermoso. Ares jamás pensó encontrar nunca sentimiento semejante en su interior. Sólo de pensar en lo que podría haber sucedido si no hubiese recapacitado, de no haber reflexionado sobre Ren y sus sentimientos hacia ella. El hecho de que tuviese el sello en su pequeña barriguita aún significaba mucho, pero Ares había tomado la decisión inmediata de que no permitiría que nada, absolutamente nada, le sucediese a ese bebé. Pero fue entonces cuando alzó la mirada hacia la madre, hacia la mujer que quería -¿Ren...? Yo... quería decirte que...- la sonrisa poco a poco se congeló en su rostro -¿Ren...? ¿Me oyes?- entonces la sonrisa se desvaneció por completo y las últimas palabras que oyó de ella se hicieron realidad en su mente -No... espera. No... ¡Ren!- se acercó hacia ella arrastrando las rodillas, abrazando al pequeño, que se movía y lloriqueaba tembloroso en sus brazos -Espera, espera, espera... Ren por favor, no puedes hacerme esto. No ahora. Ahora no- la sacudió con suavidad, pero aún así la chica no reaccionó lo más mínimo. El reiki se esfumaba por momentos, al punto de alcanzar niveles peligrosos. No tardó en volverse completamente indistinguible -¡REN!- vociferó desesperado, con las lágrimas acudiendo a sus ojos. El bebé lloraba -No, no, no. No, no Ren. Ahora no, maldita sea. Ssshhh, ssshhh... espera pequeñín, aguarda campeón, deja que papá... deja que... papá...- se le rompió la voz, se le cerró la garganta, un lamento salió con fuerza de sus labios -Mierda...- habló con un hilo de voz, derrotado, doblado en sí mismo, amparando al niño. Entonces tomó una rápida decisión. No podía ser. No iba a permitirlo. Tenía que encontrar la manera. Quizá aún estaba a tiempo. Ares se quitó la ropa de la parte superior del cuerpo y envolvió el cuerpo del pequeño Gin para depositarlo junto a su madre. Tan tapadito, parecía un bultito adorable. El niño parecía estar a gusto. Los ropajes llevaban la mezcla del aroma de ambos padres. Era como estar en casa -Aguarda ¿De acuerdo? Duerme, duerme Gin. Mamá va a volver ¿Sí?- repetía y repetía, desesperado, moviéndose a toda prisa. A pesar de frío que hacía en el bosque en pleno amanecer, Ares se armó de valor para recolocar a Ren con cuidado contra e árbol que tenía detrás. Le abrió un poco los ropajes de la parte superior del tronco, en la zona de los pechos y cargó un poco sus manos con electricidad -Vamos Ren...- puso las manos sobre el corazón de la chica y una leve descarga sacudió el cuerpo de la mujer. Nada sucedió -Venga, no me hagas esto- sonrió entre lágrimas. Sonrisa desgarrada, triste y desquiciada -No le dejes solo- musitó volviendo a aplicar una descarga -No soy quién. Soy su padre y no he estado a su lado. Soy tu esposo y no he estado a tu lado- sollozó, volviendo a aplicar una descarga más -¡Ren...!- pero la chica no contestaba. Su rostro apagado seguía colgando pesadamente sobre uno de sus hombros, con los ojos cerrados y los labios destrozados por la sequedad. El calor desaparecía de su carne con mayor premura de la que Ares hubiese esperado. Signos de un corazón que había dejado de latir, señales de un alma que se había marchado. Ares no pudo contenerse más. Tomó al bebé, abandonándose al llanto, abandonándose a sí mismo. Se arrastró de nuevo hacia Ren con el pequeño en su regazo y se abrazó contra ella, para que Gin pudiese estar acompañados de ambos, aunque fuese sólo una última vez -Ren...- lloró el hombre desconsolado, tan roto, que ni su voz se alzaba en quebrantos. Su cuerpo se convulsionaba por el dolor, por los llantos, deseando, implorando, que todo hubiese sido de una manera diferente...

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La chica se despertó, sin esperarlo, en mitad de la nada. Le costó ponerse en pie, pero sorprendentemente no le dolía el cuerpo. Automáticamente, la imagen de Ares y el bebé acudió a su mente ¿Dónde estaban? Llamó por ellos, pero nadie contestó. Sólo la rodeaba una gigantesca penumbra, una oscuridad profunda y tangible. Estaba sola, no sentía frío o calor alguno. Sintió miedo, un miedo escalofriante que le recorrió cada ápice de su cuerpo. Se abrazó a sí misma. Tenía ganas de llorar. Aún tenía sangre en sus manos y entre sus piernas, con las ropas manchadas ¿Es que acaso... realmente ella había...?

[Persona 5 - The Poem of Everyone's Soul]

Mas de pronto sintió compañía. Alguien tras ella posó una mano suave y gentil sobre su hombro. La chica sintió recelos de darse la vuelta, pero cuando la dulce voz de una mujer la llamó por su nombre, su corazón se encogió. Reconocía esa voz, de entre todas las voces que existían en el mundo, esa voz siempre sería inolvidable para ella -Has pasado por mucho, mi pequeña...- susurró cálida, tierna, con un amor inconmensurable. Ren se volvió con la cara de piedra, incapaz de mostrar más expresión que mantener la boca abierta de puro estupor. Su madre. Estaba allí. Era ella. De verdad era ella. Le estaba hablando... y estaba más hermosa que nunca. Tan hermosa como el día del festival en que toda la masacre ocurrió -Hola mi amor- le acarició la mejilla y entonces Ren se desmoronó en unas lágrimas tan desbordadas a la vez que se lanzaba a los brazos de su adorada madre. Ella le correspondió con comprensión, acariciándole la nuca, estrechándola fuerte contra sus brazos -Llora querida, llora... Yo también lo haría si pudiera...-
-Siempre fuiste un corazón indomable. Me conmueve pensar en verte llorar- dijo entonces otra voz que golpeó a Ren en el corazón con la precisión de una flecha mortal. Al lado de su madre estaba Ryu, su padre, tan amable y risueño como siempre era -Permíteme a mí también abrazarla, Nara. La he añorado tanto como tú- y una vez el hombre abrazó también a su hija, Ren sabía que estaba en el lugar donde la felicidad alcanzaba su corazón. Les dijo cuanto les quería, cuanto los había añorado a ambos. También quiso saber de sus hermanos ¿Dónde estaban? ¿Podía verlos también? ¿Itto, Sadame? -Ren... cariño...- sonrió el hombre acariciándole los cabellos -No podrás verlos... nunca más- la chica no entendía por qué, si ellos estaban ahí -Esto... esto no es el otro mundo, querida-
-Escucha a tu padre y a tu madre, porque esto es importante. Muy importante: estás en el filo de la vida y la muerte. Tu alma aún no se ha marchado del mundo terrenal. Estás en las puertas... y no te permitiremos entrar- Ren no creía lo que oía ¿¡Cómo!? ¿¡Por qué!? ¡Podría estar con ellos! -Aah, Ryu... los corazones jóvenes olvidan rápido- dedicó una mirada profundamente cariñosa a su esposo
-Ren, mi niña- Ryu le tomó el rostro entre las poderosas manos -¿No olvidas nada? ¿No hay nada que hayas dejado atrás hace muy poco tiempo, antes de despertar en esta siniestra oscuridad?- entonces Ren se percató de que sus padres parecían desprender un halo de luz extraño, como si brillaran en contraste a esa penumbra. Sopesó la pregunta de sus padres y entonces cayó en la cuenta. Se llevó la mano al vientre. Gin... y Ares. Estaban en el bosque y ella... ¿Y ella...? Por las deidades, se llevó la mano a la boca para contener aquella amalgama de emociones que la envolvieron -No es tu momento- sentenció Ryu -No es la hora que te pertenece para venir aquí Ren. No es tu lugar. Aún falta mucho tiempo para ti- sonrió entusiasmado, como padre, alegre de que su hija siguiese viviendo -Y cuan curioso es... ese destino que te aguarda, volver al mundo de los vivos... está en manos del sucesor de quien nos condenó a estas tinieblas- dijo sin perder un ápice de alegría

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Con el fallecimiento de Ren y la desaparición de su reiki, los árboles del bosque volvieron a su estado natural. Ares no se había movido del sitio, aún llorando junto a Ren mientras Gin parecía haberse dormido, quizá mecido por los silenciosos lamentos de su padre. Ares estaba tan obnuvilado que no oyó los pasos acercándose, despacio, serenos y confiados. Un buen número de Sombras, al rededor de una patruya de quince soldados, rodearon el árbol en el que estaba Ren y por lo tanto, a Ares y al pequeño -En nombre de nuestra señora Umbra Hécate Shin, quedas detenido Ares Shin por alta traición. Serás llevado de vuelta hasta la torre donde nuestra máxima señora juzgará tus acciones de liberar a la prisionera Ren Radih y de poner en peligro el futuro linaje del clan Shin- el Sombra que parecía capitanear al resto desenvainó su katana y el resto hizo lo mismo. Ares seguía sollozando en el cuerpo de Ren, haciendo caso omiso a las advertencias de los perseguidores
-Sabes Ren... creo que lo he pensado...- le acarició la mejilla -La muerte de Helios me perseguirá de por vida pero... a mí... no me mataste...- masculló -Pudiste haberlo hecho tantas veces y... aún así...-
-Ares Shin. Señor- llamó el Sombra, acercándose -Por favor. Haznoslo fácil. No queremos combatirte- advirtió nuevamente
-Y este niño... lamento no haberme dado cuenta antes de que las cosas realmente pueden cambiar...- besó su fría frente con un cariño desmedido -Perdóname, allá donde estés... perdóname...-
-Entréganos al niño- el capitán se acercó definitivamente a Ares y extendió la mano hacia el bebé
-Si tocas a mi hijo te abriré en canal- advirtió, dejando a un lado la pena y abrazando a la ira, a la impotencia, a la rabia desmedida. El Sombra se detuvo, quieto como una estatua
-Son órdenes de la Umbra-
-Mi madre...- sonrió pesaroso -Mi madre... ¿Qué me ha otorgado mi madre, para que yo deba ofrecerle a ella...?- depositó al bebé sobre el regazo de Ren, tomando los brazos de la chica y poniéndolos de forma que abrazase al niño. Realizó una técnica tras unos sellos y una cúpula vaporosa rodeo a la mujer y al bebé. Un escudo del más allá -No le ofreceré más... que lo que yo desee ofrecerle. Mi madre ha perdido el juicio, Hades ha perdido el juicio, Assar Radih perdió el juicio...- un momentaneo llanto le golpeó el pecho -Sólo Ren terminó demostrando que la razón puede volver a quien ha entrado en una espiral de locura y obsesión...- se secó las lágrimas
-Nosotros... lamentamos oir eso. Pero debemos cumplir las órdenes. Por favor, entréganos al bebé y acompáñanos de vuelta a Shin-
-Este mundo ha perdido... toda razón de ser... Me doy cuenta- hablaba solo. Ni siquiera se dirigía al capitán Sombra -Todo por cuanto creí vivir... ahora se reduce a...- se giró para mirar a Gin y a Ren
-Lo lamento, Señor Ares. Unidad, tomad a Ares y al bebé. Dejad el cuerpo- aquellas palabras calaron en Ares El hombre realizó unos veloces sellos sin que los Sombras apenas se diesen cuenta

[Naruto Shippuden OST - Otsutsuki Kaguya theme]

El ambiente del bosque se ensombreció. A pesar de ser de buena mañana, con el sol alzándose en el amanecer, una repentina noche yació sobre la arboleda. No había luz solar y el suelo se llenó de bruma. Una bruma fría y helada como el reiki de Ares en ese preciso instante. Sus ojos refulgían con un tono azulado blanquecino, mortecino, como si fuese la luz de la luna -Este lugar... no tiene valor cuando quienes merecen vivir se marchan, y quienes esperan a la muerte ríen sobre su triunfo- formuló un último sello. De la espesura del oscurecido bosque y la bruma surgieron susurros y voces. Unas extrañas siluetas se dibujaban tras los árboles. Ojos brillantes observaban desde todas partes, escondidos. Era un ambiente escalofriante y terrorífico. Los Sombras se quedaron paralizados ante el horror. El poder del clan Shin era aberrante, una blasfemia
-¡Debemos detenerle! ¡Cortadle las manos si hace falta!- gritó el capitán Sombra abalanzándose sobre Ares, sin saber que de la bruma surgirían unos zarcillos sombríos que rodearon el cuerpo del hombre hasta consumirlo por completo, como una crisálida de sombras. Entonces, se comprimió. Los huesos y la carne restallaron. La sangre comenzó a brotar de esa oscuridad
-Esta es mi decisión... Condenaré mi existencia, seré un monstruo. Llevaré la marca de la muerte en mis manos... pero no dejaré que Gin crezca sin su madre- sentenció -Es una criatura inocente que nada tiene que ver con las guerras de nosotros, los adultos monstruosos que queremos decidir su destino... ¡NO LO PIENSO TOLERAR BAJO NINGUNA CIRCUNSTANCIA!- todos los soldados se vieron atrapados por las sombras y sufrieron el mismo destino que el capitán, sepultados por la oscuridad. Entonces, la bruma blanquecina comenzó a rodear a Ren. Ares se giró hacia ella y se acuclilló ante el cuerpo de su esposa -Por favor Ren... regresa...- las lágrimas volvieron a agolparse en sus ojos -Lo sé... y lo he llegado a comprender... Yo también te quiero- formuló un último sello para ejecutar la técnica en su totalidad. Una marca apareció en su mano izquierda, como un círculo negro en la palma de su mano. Del mismo, surgieron unas lineas oscuras que se dibujaron por todo su brazo hasta alcanzar el pectoral izquierdo, a la zona del corazón. Allí arraigó el símbolo de la muerte, reduciendo la esperanza de vida que le quedaba a Ares a la mitad del tiempo que viviría hasta alcanzar la muerte natural. Podían ser varios años más, podía ser pocos años más, podían ser meses o días, él nunca podría saberlo. Pero sabía, de todo corazón... que merecía la pena.

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[Naruto Shippuden OST - The guts to never give up]

Ren, aún con sus padres en la más funesta oscuridad, se vio envuelta en un halo de luz al igual que ellos. Perpleja, la chica se miró las manos llenas de sangre seca por haber sostenido a su hijo. Se preguntó, preocupada, qué ocurría. Nara y Ryu sonrieron tan complacidos que hasta se abrazaron. La madre de Ren se limpió unas socorridas lágrimas mientras el hombre se llevaba una mano al pecho completamente esperanzado -Mi amor... mi vida... vuelves al lugar al que perteneces- Ren dijo que no, no aún, sólo unos minutos más ¡Necesitaba decirles tantas cosas y escuchar otras tantas! ¡Tenía muchas preguntas! -Pero también tienes un hijo al que ver... al que cuidar y malcriar. Un hijo precioso que espera, ansioso, los besos de su madre. Y un hombre que...- suspiró -Parece que da la vida por ti- Ren quiso saber qué significaba eso -Pregúntaselo tu misma- rió Ryu
-Cariño... no te desesperes. Hemos venido a verte, y estaremos a tu lado todo el tiempo del mundo, aunque no puedas vernos y no puedas escucharnos, recuerda que estamos ahí, al igual que tus hermanos. Tennos presente siempre como nosotros a ti... y no tengas prisa por volver con nosotros- sollozó Nara -Por favor... vive, hija mía. Vive, crece, envejece, madura, sé responsable, aliméntate como debes y no pases frío. Déjate querer tanto como hacías cuando eras una niña...- casi no pudo contener las lágrimas, tapándose los labios con las manos, viendo como Ren poco a poco iba alejándose de ellos, pues una fuerza invisible, lentamente, tiraba de ella, sin forma de luchar
-Ren- llamó Ryu mientras ella se alejaba y se iluminaba más -Has crecido y te volviste una vengadora. Has cometido actos que nunca podrás olvidar, pero tampoco olvides las buenas acciones que has hecho y harás para redimirte- recordó, caminando hacia ella, aunque no la podría alcanzar -Ocurra lo que ocurra, eres nuestra hija- alzó la voz para que lo oyese, ya estaba lejos -¡Eres nuestra hija, Ren! ¡Porta con orgullo el apellido Yanagi! ¡Equivócate y aprende de tus errores!- alzó aún más la voz -¡Estamos orgullosos de ti! ¡No lo olvides jamás!-

Porque eres nuestra hija, y te querremos siempre con todo nuestro corazón

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[Naruto Shippuden OST - I Have Seen Much]
Ren abrió los ojos y un montón de lágrimas acumuladas cayeron como cascadas por sus mejillas. Al sobresaltarse al volver en sí, Gin despertó y comenzó a llorar. Ren, al percatarse de que aquello no era un sueño, lentamente comenzó a comprender que de alguna forma había... regresado. Tanta fue la congoja que la envolvió, que abrazó al bebé con todo su amor y lo besó de formas infinitas, acurrucándolo contra su, de nuevo, cálido pecho. Fue entonces cuando reparó en la presencia de un hombre ante ella, algo alejado, apoyado contra un árbol, con mal aspecto. Estaba descamisado debido a que sus ropajes envolvían al bebé. Desde su mano izquierda, por el brazo y hasta el pecho, se alzaban unas extrañas ruñas que convergían sobre su corazón. Ares estaba completamente agotado. Su rostro estaba apagado y tenía hasta ojeras. Habían pasado horas. El sol de la mañana ya los iluminaba. No había rastro alguno de los Sombras, desvanecidos por completo. Al ver que la chica le miraba con mirada perdida, Ares sonrió y un fino hilillo de sangre cayó por la comisura de sus labios -Hola Ren...- dijo con una voz cargada de pesar. Ella le devolvió el saludo, sabiendo en la situación que ahora se encontraban, en paz, con el niño sano y salvo, y sin perseguidores al parecer -Me he ocupado de los Sombras... nadie más te molestará- la chica sonrió y volvió a mirar al bebé, haciéndole mimos con el dedo índice. Entonces, tras un pequeño silencio, ella recapacitó y decidió hablar con Ares, de tú a tú... cara a cara. Primero... ¿Cómo lo había logrado? ¿Cómo... la había traido de vuelta? -Una antigua técnica prohibida del clan Shin. Los Sombras me ayudaron, por decirlo de algún modo... y el reiki de tu... collar- ¿El collar? El reiki de su padre... ahora lo entendía. Debido a ese reiki ambos pudieron acudir a ella cuando falleció. Agarró el collar con fuerza y sollozó apretándolo contra su pecho. Luego quiso saber qué eran esas marcas en su brazo y pecho -El precio por traerte de vuelta- sonrió, simplemente, sin decir nada más. Ella no necesitaba saber la oscura verdad -¿Qué piensas hacer ahora, Ren...?- preguntó entonces Ares, contemplándola con el niño en brazos. La chica no apartaba los ojos de su bebé, y contemplándolo con tanto amor, viendo tanta belleza y tanta dulzura... decidió que no quería más batallas. Estaba harta, confesó. Con la barbilla encogida clamó que quería estar con su hijo, como sus padres querrían, que viviese una vida feliz, apartada del dolor, apartada de la miseria. Que simplemente... vivira y le diese a Gin la mejor vida posible -Comprendo...- ella entonces le miró y se preguntó lo mismo ¿Qué haría ahora él? Sabía la verdad, sabía lo que ella pretendía, lo que hizo y lo que estuvo a punto de hacer. Helios... murió por ella. Ares negó con la cabeza -Esta vida es muy frágil y corta, Ren... para sumirse en la venganza. Fuiste la causante, pero aunque suene cínico... tal vez mi hermano hubiese muerto de cualquier otra afección debido a la clase de vida imprudente que llevaba- suspiró pesadamente -Sólo... lamento que tuviese que llegar a ocurrir...- apretó los puños -Pero eso no cambia el hecho de lo que he llegado a sentir... y que seas la madre de mi hijo- Ren entonces suspiró -Quiero que te marches, Ren... Márchate para poder vivir una vida plena, feliz, con Gin, como ambos merecéis- ella asintió despacio. Recalcó que ella quería marcharse. No volvería a pisar Shin, y menos con Gin en sus brazos -Estoy de acuerdo...- para ambos, se volvió terriblemente difícil continuar con la conversación -Sabes... que no podré acompañarte. Volverás a Ravat, el que ha sido tu hogar desde que Assar te acogió- Ren asintió -Y para mí... es mi enemigo- Ren deseaba que no fuese así -Pero es así... conspiró contra nosotros. No puedo estar allí- la chica lo comprendía -Además... yo... debo volver y... aplacar los ánimos en Shin. Debo controlar a mi madre y a Hades. Impedir que cometan más locuras, más asesinatos. Frenaré la caza que se ha lanzado contra Shan... y quizá algún día pueda volver contigo. Tal vez con él, allí...- Ren le suplicó que no acabase esa frase -...De acuerdo...- entonces ambos se mantuvieron en un profundo silencio,  mirándose el uno al otro durante largos minutos.

[Naruto Shippuden OST - Rainy day]

Momentos después, Ren emprendió el camino. Paso a paso, sentía la triste y desgarradora sensación de alejarse de Ares, del padre de su hijo, el hombre al que amaba. No hubo ningún abrazo, no hubo ningún beso. La despedida no hubiese acabado de haberlos habido y ambos lo sabían. Se entendieron con la mente. Los dos comprendieron el uno en el otro que, por mucho que lo deseasen, por mucho que les doliera, debían dejarse marchar con rapidez. Así se alejaba, quizá para siempre, del amor que había conocido. Del hombre que, a fin de cuentas, a pesar de su ira, a pesar de que ella hubiese matado a su hermano, la había salvado ya tantas veces... Miró atrás por última vez para verle allí, de pie, entre los árboles, mientras la luz del sol se filtraba entre las hojas de los árboles y le iluminaban a ratos. Sentía sus ojos atravesándola. Casi recordaba sus manos tocándola... pero era lo mejor. Ella lo hacía por Gin... y Ares también. Era el motivo por el que se separaban... y no por ello dejaba de ser descorazonador. Ares, al igual, la veía marchar con una enorme pesadumbre. Deseó que no hubiese vuelto a mirar atrás, pues sintió que si lo volvía a hacer una vez más no podría dejarla ir, o se marcharía con ella lejos, donde nadie los encontrase. Pero el buen hombre sabía que tenía trabajo que hacer. Por eso permaneció allí quieto, junto al árbol que vio nacer a su hijo, contemplando como en lo que se había convertido su vida se alejaba, madre e hijo, esposa y único amor en su vida, se alejaba de él para poder vivir en paz y dar la vida que se merecía el pequeño. Se sintió débil sólo de pensar en no volver a verles nunca, tanto que se apoyó en el tronco del árbol. Pensó en que quizá, en el futuro, lograra cambiar las cosas. Por ello, mientras llegaba el día en que pudiese cambiarlo todo, esperaba junto al árbol viendo como Ren había desaparecido y le bañaba la luz del sol por última vez, porque sin ella, sin el pequeño, la luz de su vida se había marchado para siempre -Adiós Ren, adiós Gin...-

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